CARÁCTER POLÍTICO

LEONEL SOLÍS

Es tanto el ruido que se generó en abril por los eventos patrocinados por el coronavirus, que necesitamos un minuto de silencio para pasar revista a los hechos y reflexionar sobre ellos.

1.-Quienes salieron el Día del Niño a comprar Pizzas, pasteles y regalos para sus niños no lo hicieron de manera consciente del peligro para ellos y sus familias. No fue un acto de rebeldía. Eso queda claro. También nos dice que una buena parte de la sociedad, sobre todo de Culiacán,  es ingobernable y que en la capital de Sinaloa se registra una compleja problemática social.

Pero esa es otra historia.

Por ahora el mensaje del gobernador Quirino Ordaz no tuvo un tono de regaño, pero sí de lamento porque se corrió un gran riesgo y lanzó el exhorto a que no salgan a comprar regalos el 10 de mayo. Es necesario quedarse en casa, para salir pronto de este peligro.

2.- En la historia de este abril se registra una caída del 25 por ciento en las ventas de las empresas que producen proteína animal: Carne, pollo y cerdo. Las industrias que reportan esos números son Sukarne, Chata y Bachoco, principalmente. En marzo, al inicio de la crisis, las ventas se mantuvieron en buen nivel, ya que todavía los ciudadanos tenían dinero y empleo. Ahora ya no lo tienen en muchos sectores.

Se trata de un sector prioritario, por lo que se calcula y especula que las empresas no esenciales están impactadas con un 40 a 50 por ciento.

Los bancos son negocios considerados esenciales, que pueden tener puertas abiertas. Coppel tiene Bancoppel que opera al fondo de sus tiendas, en cuyos pasillos se adquieren otros artículos. Igual Panamá con su venta de pasteles  que complementa la comida preparada.

Igual sienten el bajón y también se quejan amargamente.

Y es que el sector bancario, en donde Coppel trabaja con éxito, están resintiendo los retiros de dinero, la reducción de remesas del extranjero y los retiros masivos de las afores que administran.

  “Está abajo todo –nos dicen-y en cuanto a fuga de capitales apunta unos 10 mil millones de dólares a nivel nacional”.

Para el auxilio a pequeños empresarios el Partido Sinaloense, respondió al exhorto del gobernador Quirino Ordaz. El PAS ya donó 600 mil pesos para sumarlos a la bolsa de partidos y el  gobierno. Pero la contra entrega que exige el presidente del PAS es la transparencia en la entrega de esos recursos.

3.- En la cancha del gobierno federal, aparte de que solo reparte juego a los beneficiarios de sus programas sociales, amenaza con meterles las manos a la bolsa a todos.

Un ejemplo son las universidades públicas, a cuyos consejos se les anunció que habrá recortes al presupuesto para el 2020,  aprobado legalmente.

El vicepresidente de la Asociación Nacional de Universidades y rector de la UAS, Juan Eulogio Guerra, dijo que aparte de que el gobierno federal no entregó recursos comprometidos por 200 millones de pesos a la UAS, ordenó, ilegalmente, la retención de 50 millones por parte del gobierno estatal. Fue un cobro de un préstamo del gobierno federal que no llegó.

Fue una retención que llega en el peor momento por la crisis del Coronavirus.

Por este caso y otros ANUIES está en sesión y se esperan acciones de protesta y rechazo a esta amenaza de redirigir un presupuesto ya legalizado.

Guerra aseguró a la base laboral que en ningún momento se contemplará dejarlos sin sueldos y prestaciones a lo que tiene derecho, puesto que todos están cumpliendo y redoblando esfuerzos. Pero les pidió estar muy atentos a la espada que quiere dejar caer el gobierno.

En el caso de la atención al tema de salud, Guerra dijo que la elaboración de gel y diseño y construcción de máscaras, así como ambulancias puestas a disposición de las autoridades de salud, se hacen con trabajos, innovación  y recursos de la UAS. Incluso se rechazó apoyo económico de la SEP para este trabajo. La idea es aportar sin estirar la mano en esta emergencia.

ASI LOS VEN: De la ausencia de apoyo del gobierno de AMLO para con Sinaloa, habla el dirigente del PRI en el Congreso del Estado, Sergio Jacobo: “para contar con mayores recursos para el combate al coronavirus, se deben recibir los apoyos que el Presidente Andrés Manuel López Obrador prometió y que han llegado escasa y lentamente a Sinaloa…Prácticamente le dijo: Apresúrate, aunque sea lentamente… El director de Radio UAS, Wilfrido Ibarra, le hizo una entrevista al rector Guerra sobre el nuevo ataque a las universidades públicas, pero antes escuchamos varias rolas de Óscar Chávez en esa frecuencia de FM 96.1…Recordamos Los Caifanes, de nuestras primeras asistencias al cine…Las canciones de Chavez se las escuchamos al académico doctor y periodista  Jorge Guillermo Cano hace tiempo…Hay que cuidar mucho el consumo de agua…Por ahora en Culiacán se ha presentado un estiaje leve, aseguró el Gerente General de la JAPAC, Jesús Higuera Laura, quien detalló que por el momento solo 4 comunidades han requerido atención de agua potable a través de pipas…ellas son: la Vainilla en Tepuche, La Anona en Jesús María, así como la Higuera y el Talayote en El Salado…El consumo de electricidad también será importante a partir del primero de mayo, pues cada mes sufre un ajuste…Proteger a los empleados de Su Karne, empresa socialmente responsable, fue la principal instrucción de Jesús Vizcarra Calderón presidente del consejo…Los infectados por Covid se van a su casa con la seguridad de pago de salario hasta que se recuperen…en las oficinas solo están directores y jefes de departamento…Héctor Melesio Cuen presidente del PAS consideró urgente que a las pequeñas y medianas empresas se les apoye con recursos económicos, si son préstamos a tasas de interés muy bajos, de no ser a fondo perdido…y a las familias más vulnerables, se les entregue recursos para poder que satisfagan las necesidades más elementales de una familia… El lunes entrará el programa MI NEGOCIO SIGUE Y MI NÓMINA SIGUE gracias al paquete de 3 mil millones de pesos para créditos a industria, comercio y servicios…A problemas extraordinarios, medidas extraordinarias, anunció el gobernador… Diego Sinhué, el de Guanajuato…Hay crisis sanitaria y se debe tener prudencia para quienes se presentan en oficinas gubernamentales, sin agenda y solicitando audiencia inmediata, en momentos en que no se recibe a nadie…Quédese en casa…Haga oración.

PUENTE NEGRO

¿Más caldo de cultivo para el odio?

Por Guillermo Bañuelos

Caminar al amanecer por la orilla del río, cuando todos duermen, oxigena, resetea la mente, fortalece los pulmones y el propio sistema inmunológico. Pero está prohibido. Pero deambular a cualquier hora dentro del Costco, por ejemplo, se permite.

¿Cómo? Uno entra ‘protegido’ con cualquier cubre-bocas a un bodegón inmenso, cerrado herméticamente, con ventilación artificial, sin rutas o puertas de escape seguras… a un paraíso para el COVID-19, junto a cientos de personas que posan sus manos encima de miles de artículos. No cuadra.

Esta permisividad parece un error, según la apreciación arbitraria de un ciudadano semi enclaustrado desde hace 43 días, víctima del insomnio, esclavo del tiempo y asido a escasas herramientas útiles para evitar el desespero.

Quizá está divagación sea disruptiva en el contexto de un esquema de control sanitario rígido, basado en el aislamiento del individuo, quien debe acatar las reglas y no contribuir a empeorar la situación de una ciudad convertida ya en un foco rojo. 

FOCO ROJO

Una parte importante de la población nos quedamos en casa por miedo a la muerte o por un auténtico sentido de responsabilidad con quienes nos rodean en casa y con la ciudad misma.

Otros, no. Les vale. Muchos pululan por ahí recreando el ocio, víctimas de una debilidad de carácter que les impide sujetarse a la disciplina y no ser agentes de contagio. 

Otros continúan trabajando para llevar el alimento a casa -si no, ¿quién alimentará a sus hijos?- o para no ser despedidos, más un número indeterminado de hombres y mujeres desempleados, sin dinero y sin asistencia social de ningún tipo, que salen en búsqueda del pan diario. 

¿Hacen mal estas personas? Uno haría lo mismo.

¿Sabe usted que esto ocurre alrededor nuestro? Si no lo sabe, usted vive fuera de la realidad. 

Es difícil juzgar adecuadamente a este segmento de desprotegidos 

pues desconocemos sus motivos.

En lugar de la condena automática, sería justo voltear hacia ellos y pensar desde ahora qué haremos después de la ola de infecciones y de muertes y de una nueva crisis económica que, pronostican los que saben, se avecinan. 

Despertemos.

No veamos en esta tragedia 

-nuestra tragedia-  un nuevo caldo de cultivo para alimentar más la polarización y el odio cotidiano. 

Inventándome el amor…

Víctor J. Pérez Montes

Mátame porque me muero…

Caifanes

Honestamente no recuerdo la última vez que salimos, ni siquiera recuerdo la última vez que le regalé flores; o algún detalle, una palabra agradable. Nuestra rutina era brutalmente fría, sin alguna pisca de frescura, o interés mutuo. La ternura o la suave palabra se había alejado hace mucho, pero mucho tiempo de nuestras vidas. Bueno, ahora que lo recuerdo, la última vez que intenté invitarla a un café, empezó de inmediato a poner miles de pretextos que destruían las ganas de salir o simplemente tener unos instantes conmigo.

Nuestros tiempos libres eran diametralmente opuestos, nunca había un acuerdo para comer o cenar juntos; siempre había una junta de emergencia en la oficina, o un “extra” de trabajo, o invitación por parte de otras personas “con más importancia o emergencia”, para sacar tal asunto, que tener un tiempo juntos.

¿Quién tuvo la culpa? La verdad no lo sé. Supongo que nunca hubo un interés por sacar adelante la relación. Siempre hubo algo más importante que nosotros. El trabajo, los compromisos con amigos, familiares, los proyectos profesionales. Los hijos nunca llegaron. Las visitas al médico en los primeros años fueron devastadores, recuerdo haber comprado un caballito de cedro, era una belleza artesanal. Nunca fue estrenado. Como muchas cosas, acabó en el cuarto de los “cachivaches”, en el cuarto de lo que nunca fue o nunca llegó a ser.

Mis dos hermanos menores, habían tenido familias extremadamente diferentes a la mía. Sus sonrisas, sus caras eran de gusto, de placer por la vida, ¡Claro que tenían problemas!, pero, había algo que los hacía luchar, tener la llama de la ilusión brillando sin importar que los vientos de la adversidad fueran fuertes o tempestuosos, al final del día, una sonrisa era lo que salvaba sus vidas. La mía no era así.

Las noches eran peores. Cada uno hacía cosas diferentes, yo saltaba de canal en canal para tratar de encontrar algo interesante en la televisión, y mi esposa, se clavaba en una pila de 13 a 15 libros que estaban de su lado de la cabecera, que de manera territorial cuidaba con gran recelo. Sus lentes para la lectura y sus libros, eran parte de esa escenografía de apatía que se vivía, que se olía en el aire al entrar en esa alcoba que entristecía a quien echara un vistazo.

En las mañanas, café y pan tostado con mantequilla y mermelada de frambuesa era el menú. No había muchas opciones. Levantarse por la mañana, cambiar de camisa, usar el traje que tocaba cierto día con tal o cual corbata, o en su defecto, corbata de mariposa; era parte de ese extraño ritual que había sido llevado con exactitud durante 21 años, 6 meses y 11 días.

El restorán de enfrente del Edificio Olmeda –el edificio donde laboraba- era como un pequeño oasis. Los olores entremezclados me recordaban aquellos mismos olores que salían de la rústica cocina de mi madre, con tales olores entraba en una especie de transe, al sentir el aire impregnado por todo el largo pasillo que conducía hasta las recamaras de la vieja casona en la que crecí, en las afueras de la ciudad. Los viejos llanos, que poco a poco cedían a la mancha voraz que consumía todo vestigio de naturaleza que desaparecía con el paso lastimoso de los años en ese sector de la ciudad,

Para ser exactos, habían pasados 284 días desde la primera vez que la vi. Era joven, cabello castaño, largo y con tonalidades más claras y onduladas en las puntas, sus movimientos eran con cierta gracia, una gracia que daba luz a toda su faz, con unos enormes ojos color verde, que denotaban un aire de inocencia, pero que a la vez, con sutileza mostraba un grado de picardía, que no me cansaba de mirar.

Su nariz se movía de manera graciosa, cada vez que preguntaba sobre el menú, o cuando daba algunas sugerencias del mismo. Sus mejillas eran un tipo de pintura de Rembrandt, donde los colores rosados se desvanecían  de manera suave y mezclaban una tonalidad de blanco que se detenía abruptamente con las pequeñas pecas que deben un hermoso contraste con sus cejas delgadas y delineadas.

Su figura era una poesía a la belleza. Curvilínea, esbelta, graciosa, de movimientos ligeros que parecía que cortaba el aire cada vez que hacía con graciosa y delicada energía algún ademán, que también, capturaba mis sentidos, era un suave incienso que dejaba mi atención suspendida en el aire.

Su estatura era aproximadamente de 1 metro 65 centímetros, ni alta ni baja, era totalmente perfecta. Era un ángel que se materializaba, y que había bajado desde el mismo cielo para liberarme de la agonía que vivía en mi hogar. De pronto una idea, y esa idea no era la gran idea, ni la mejor, pero era algo que podía cambiar mi monótona existencia.

Marce –Marcela era el nombre de este hermoso ángel- y yo, habíamos conversado en muchas ocasiones. Siempre me había externado, lo que le encantaría conocer otros lugares, el mar era su sueño. De manera repentina, llegaban a mi mente imágenes de ella corriendo por toda la orilla de la playa en paños menores. Su gran  y espléndida sonrisa, era una luz como un faro en la oscuridad de mi soledad. Ella despedía una energía tan especial, que lo único que podía hacer era contemplarla tanto como pudiera esa sonrisa sin ser demasiado obvio.

El día del viaje llegó. Yo había tomado por adelantado 1 semana de mis vacaciones, salí temprano de mi casa, y sin más le dije a mi esposa que me iba de vacaciones. La indiferencia fue total, un simple ¡Bye!, fue su respuesta. Sin más, pasé por Marce y nos dispusimos a salir de la ciudad. Entre más lejos dejábamos nuestras casas, más libertad sentíamos y un aire de frescura llenaba mi mente, al ver sentada a esa joven con todas las ganas de vivir y de sentir, era mi motivación de emprender esta aventura.

El camino a Playa Bonita, era un verdadero paraíso exótico. Era increíble y muy interesante la plática que esta joven de 24 años tenía, y sobre todo, que podía mantener en nuestro viaje de casi 6 horas. Me explicó que aproximadamente había leído unos 9 u 11 novelas, dentro de los últimos 3 meses, y con una sorpresiva afirmación, me dejó perplejo: Estudié Literatura y lengua española en la Universidad de la Provincia.

Con una cara de sorpresa y como de que no te lo creo, le respondí con otra incógnita: ¿Por qué trabajas en el Café? Con serenidad filosófica, me explicó: Es el negocio del papá de un compañero universitario, mi sueño es ser escritora, pero también necesito comer. Soltando una hermosa carcajada de manera espléndida, y entre pláticas reinicia sus explicaciones y toma una actitud de serenidad de manera instantánea, diciendo: Bueno, a lo mejor, me va peor como escritora, pero yo sólo quiero hacer lo que me gusta, lo que verdaderamente me apasiona, por eso estoy contigo.

Por fin  habíamos llegado a nuestro destino. Ese camino de tierra y arena entremezcladas, las diferentes enramadas de color verde intenso y las palmas de cocoteras, que a lo largo definían el camino, así como un aire fresco que se impregnaba con la salada brisa marina, daba la bienvenida a nuestra semana de libertad y amor, que sólo ese lugar era testigo de nuestro encanto.

Aquellos días habían sido excitantes de gran alegría, de hecho me habían ayudado a recordar aquel sentimiento perdido de ganas de amar y ser amado. Las risas y la buena compañía eran el común denominados existente en los primeros días, la pequeña habitación que daba hacia la playa, era la escenografía perfecta para que todo aquello fuera concretado de manera increíble.

La noche previa a nuestro regreso, me había levantado para tomar un vaso con agua, la luz de la luna y el suave ruido de las olas del mar, me habían levantado. El suave viento nocturno movía de manera lenta las cortinas de mantilla que brindaban cierta protección y privacidad al interior de la habitación; y me percaté que Marcela no estaba acostada en la cama. Pensé que habría salido al baño ya que los baños estaban en la parte trasera de las habitaciones, así que no puse mucha atención al asunto.

Sin embargo, quise echar un vistazo para asegurarme que todo estaba bien. Para mi sorpresa y extrañez, ella no estaba en el baño las sandalias que usaba estaban junto a la cama su ropa de cama estaba en la silla de un costado y en ese preciso instante empecé a pensar: ¿Saldría a la playa?, no lo pensé dos veces y fui a buscarla.

Con linterna en mano, salí con rumbo a la playa, las olas en una calma relativa brindaban una sensación de zozobra, que entre más me acercaba al oleaje, más sentía una inseguridad que me hacía latir el corazón de manera intensa, y con un escalofrío que recorría todo mi cuerpo desde la cabeza a los pies y manos, de manera contundente en todo mi cuerpo.

Pasaron unos minutos y no podía encontrarla, de pronto, en un montículo de peñascos, se notaba un antebrazo con marcas de rasguños saliendo de una de las rocas, rápidamente puse la luz de la linterna sobre el cuerpo, para mi sorpresa y gran horror era Marcela, y de manera abrupta traté de jalarla hacia la orilla, pero inmediatamente me di cuenta que le faltaba la mitad de una pierna.

Con horror y gran desesperación, empecé a gritar y voltear a todas direcciones, en ese momento, no tenía ni la mínima idea de lo que pudo haber pasado. ¡No lo sabía, se lo juro que no lo sabía!, pero aquella imagen de su cuerpo mutilado y sin vida, su cara de pánico y dolor, que externaba el suplicio de su muerte trágica ya había hecho un efecto de pánico en mi mente hasta el día de hoy.

Mientras jalaba el cuerpo sin vida a la orilla de la playa,  empecé a llamar de manera desesperada la ayuda de algunos pescadores de la zona, que por la madrugada hacían sus labores. De manera inmediata y a gritos les suplicaba ayuda. Uno de los pescadores afirmaba que había sido un ataque de caimán, que por la zona abundaban, debido a la temporada de apareamiento. A los minutos llegó la Policía local y tomó parte de lo ocurrido.

De inmediato fui llamado a declarar, y pues, aquí me tiene oficial, eso es lo que pasó prácticamente.

-¿Y cómo creerle, sí no hay quien confirme su versión de los hechos?

-Pues mientras esto se aclara, usted está detenido como presunto culpable del homicidio de la señorita Marcela Saldívar Torres.

¡Pero yo la amaba!, ¿Cómo se atreve a decir eso oficial?

-¡Señor!, ¡Cálmese por favor! ¡Así es como se procede, y necesitamos averiguar lo qué pasó! El oficial toma un breve respiro profundo, y con breve esfuerzo, continúa el interrogatorio:

-¿Usted sabía sí tenía familiares, padres, hermanos, quizá algún familiar no tan directo?

-¿Cómo dice?

-¿Sí ella tenía familia?

¡No!, bueno… ¡Nunca me habló de ellos! El lugar donde ella trabajaba, creo que era de un familiar lejano, es todo lo que sé.

-¡Pues mi amigo!, por lo pronto es todo, espero unos momentos.

El agente del ministerio público, se levantó y me dejó solo, sentado en esa silla, con la mesa en el centro de ese cuarto obscuro, iluminado por una pequeña lámpara en el medio; era obvio que la declaración no era suficiente para esclarecer o determinar el culpable de este caso.

A los 30 minutos, entraron unos agentes y sin mayor preámbulo, me tomaron a de la cabeza, y con un palo de madera, me empezaron a golpear en el cuello, lo único que pude recordar es un dolor intenso que hizo que perdiera el conocimiento por un lapso de tiempo.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo estuve inconsciente. Lo único que puedo recordar es despertar con un dolo agudo en mi cabeza a la altura de la nuca, enfrente de mí,  2 policías que me detenían la mano, para que firmara mi supuesta declaración. Totalmente mareado y sin tener un control total de mi ser, aún tengo dudas de cómo pude firmar o poner el supuesto garabato que había en el acta de la declaración de los hechos.

Lo cierto es, que terminé procesado, y así terminé en esta celda. Mi esposa jamás me vino a ver. Lo último que llegué a saber de ella, es que hace 7 años, ella se volvió a casar, que lejos de disgustarme, me agradó la idea. La cabronada que le hice no era para menos, es más, nunca me vino a ver antes y después de ser sentenciado, de esto ya va para casi 22 años.

¿Qué sí me arrepiento? ¡La verdad no! Es más, no tengo nada de qué arrepentirme. Yo no la maté, fue un infortunio, un accidente que me agarró mal parado, en el lugar y en el momento desafortunado… ¿Qué sí lo volvería hacer?, ¿Lo de Marcela?, ¡Claro que sí! Yo solo busqué ser feliz, así de sencillo, yo solo traté de estar inventándome el amor.