DOS A LA SEMANA

¿CONGRESO ENREDADO O ENREDOSO?

Jorge Aragón Campos                               jaragonc@gmail.com

En mi lejana juventud, tuve la buena suerte de contar con más de un buen gurú que generosamente me compartió sus conocimientos y experiencias; de entre ellos, recuerdo hoy a Víctor Garduño, quien me enseñara que para hablar con autoridad sobre temas que se desconocen, se necesita ser o muy chingón o muy pendejo. Así me lo dijo y así lo repito.

Sobre el caso de Lucila Ayala, que ha puesto de cabeza el mundillo político local, mientras más me informo más confuso se me vuelve: culpa mía por empeñarme en dominar los intríngulis del caso, sin poseer el bagaje legal requerido. Eso sí, si en algo le sirve, le expreso desde aquí mi solidaridad y mi apoyo, a la vez que me pongo a sus órdenes para cualquier cosa en la que ella considere le puedo ser de utilidad; no estoy metiendo las manos a la lumbre por ella: ni le resto ni le invento méritos, estoy manifestándole de manera pública mi respeto porque se lo ganó con su desempeño como servidora pública.

Pasando ahora a los dimes y diretes que de nuevo campean en nuestro Congreso, precisamente con motivo del caso Lucila Ayala, tengo claro que la actitud de los diputados sigue igual que… siempre, es decir, no desde el inicio de esta legislatura sino desde… siempre: donde la fracción mayoritaria se dedica a atender sus propios intereses de grupo -coincidan o no con los de Sinaloa-, mientras las minoritarias, en sus intentos por atravesárseles, con frecuencia adoptan posturas acordes con la conveniencia de las mayorías. Hasta aquí, todo está normal y no hay porque asustarse; bien lo aclaro Bismarck hace alrededor de un siglo: a los que les gusten las salchichas y las leyes, que no vean como las hacen.

Sin duda, el morenismo está reproduciendo las mismas conductas -que no fallas- que nos llevaron a repudiar a los restantes partidos, de lo cual tampoco debemos extrañarnos porque no sería ni la primera ni la última vez, mucho menos aquí en Sinaloa donde tenemos acumuladas las decepciónes foxista, la malovista y ahora la morenista, por lo menos en Culiacán y Ahome, con sendos alcaldes cuyo desempeño ha sido desastroso y, para variar, con un Congreso que los protege frente a la inconformidad ciudadana; sin duda es agobiante, decepcionante, deprimente -y todo lo que termine en “nte”-, asumir que de nuevo pifiaron quienes nos hicieron albergar esperanzas de un cambio para bien; de acuerdo en que está de la jodida y hasta se justifica dejarse llevar por ánimos depresivos, pero no comparto que, con la experiencia adquirida y frente a este escenario tantas veces repetido, cada vez es más frecuente encontrarse con respuestas del tipo “pues prefiero que ahora sea otro el que me chingue”.

Ahí sí yo no le entro: que te la dejen ir doblada, pasa; presumirlo como avance ya es otra cosa.

Como bien lo describió Churchill en su momento, la democracia padece de una gran cantidad de defectos pero sigue siendo lo mejor que tenemos; lo que también dijo fue que si no hemos sido capaces de crear algo mejor, es porque reclama de cada ciudadano la facultad para diferenciar entre nuestra preferencia y nuestra conveniencia: la primera es personal, la segunda es colectiva. Es fundamental no perder de vista que el primero de julio, la votación expresó el mandato para un cambio en la forma de gobernar; no fue un quítate tú para que entre otro -como ahora insisten en hacérnoslo creer-, fue un quiten estas prácticas y usen otras: no elegimos personas, elegimos ideas expresadas en propuestas. Es en el cumplimiento de estas últimas en lo que debemos concentrarnos, todo lo que apunte para otro lado es maniobra de distracción y punto.

DOS A LA SEMANA

A FAVOR Y EN CONTRA DE NOTRE DAME

Jorge Eduardo Aragón Campos             jaragonc@gmail.com

Al menos para mí, el incendio de Notre Dame fue como oxígeno puro, una completa oportunidad para renovar mi optimismo. Me explico.

En ese escenario que por momentos pareciera ser más grande que el mundo -las redes sociales-, la respuesta abrumadoramente mayoritaria fue lamentar el daño de un edificio que es patrimonio histórico de la humanidad, además de símbolo importante de la civilización occidental, lo cual no es sinónimo de que esas mismas mayorías gocen de una amplia perspectiva sobre esos conceptos que Notre Dame representa, lo que no sería ninguna novedad porque a decir verdad, así ha sido siempre: esa noción íntima y profunda de uno mismo, que se asume como perteneciente a una superestructura social que con mucho me supera, es un rasgo más heredado que adquirido.

La reacción pública ante los daños al símbolo fue de respeto, ahí radica su importancia pues al aceptarlo como representación nuestra, implica sentido de pertenencia y de orgullo respecto a lo que finalmente somos nosotros mismos.

Por supuesto, no faltó el discurso políticamente correcto que esta vez surgió, como bien lo señaló en su momento Guillermo Bañuelos, hasta que apareció don dinero en la figura  de las donaciones para la reconstrucción: satanizando nuestra despiadada misantropía al destinar recursos para un montón de piedras viejas, mientras en el mundo persisten el hambre y la guerra y exigiendo -faltaba más- nos justificáramos ante las pobres víctimas inocentes. De güeva loca. Frente a semejantes expresiones de cretinismo, resulta tentador recurrir a la premisa de Humberto Eco que acusa a las redes sociales de dar voz a los imbéciles. Y sí, les da voz a ellos… y a Humberto Eco. No me considero un optimista a ultranza, tampoco lo contrario así que basándome en mi experiencia empírica, acepto la posibilidad de que las redes también han hecho aflorar la intolerancia de una intelectualidad que reniega de su origen y de su responsabilidad civilizatoria. Frente al incendio de Notre Dame, sigue siendo notoria la poca aportación de quienes pueden hacerlo, para dotar de consistencia y racionalidad a ese impulso primario que sigue vivo en nuestra alma de occidentales y que es susceptible de ser elevado al rango de convicción: de aquí han salido la internet, la energía eléctrica, el motor de combustión interna, la democracia, las ideas de igualdad y el repudio a la esclavitud, la equidad de género, los derechos individuales, humanos, laborales… es aquí donde se invirtió la pirámide de mortalidad mediante avances médicos y sociales para que nunca como hoy, tanta gente camine a un mismo tiempo sobre la faz de la tierra; el impacto global de las aportaciones occidentales, han logrado que alcance mejores niveles de bienestar un porcentaje tan alto de la población, que era impensable hace apenas 150 años. Puede ser también que nunca como hoy, seamos tantos los que compartimos la certeza de lo que debemos seguir haciendo y lo que no, para resolver nuestros retos; todo esto, es nada más un mínimo recuento, a bote pronto, de lo que Notre Dame simboliza

DOS A LA SEMANA

#AMLO RENUNCIA

Jorge Eduardo Aragón Campos                       jaragonc@gmail.com

Perdón por la incorrección, pero la masacre de Veracruz no tiene nada de extraordinario porque ni es la primera ni es la peor; a botepronto, menciono dos que fueron perpetradas alrededor de dos décadas atrás: la primera fue en una pequeña comunidad cercana a Ensenada -El Sauzal-, donde fue fusilada una cantidad similar a la de Minatitlán, incluyendo menores de edad así como una madre con su bebé en brazos; otra fue un 14 de febrero aquí en Sinaloa, con saldo de catorce víctimas si mal no recuerdo.

La resonancia y las consecuencias que estamos viendo hoy, no son por el hecho en sí sino por el momento y por el contexto en que se dieron, pues se conjugaron una serie de elementos que ya habían puesto en el ojo del huracán el tema de la estrategia de seguridad del nuevo gobierno, la cual fue expuesta de la misma manera que el resto de las problemáticas nacionales: con un estilo de comunicación política reduccionista, que no es otra cosa que una colección de arcaísmos prianistas -hasta que sirvió para algo bueno el terminajo-, usados hoy como sustitutos de lo que fuera la deslumbrante estrategia de morena durante la campaña. Para mayores referencias, les aconsejo remitirse a la campaña de Miguel de la Madrid y a lo que fue su gobierno, sobre todo los análisis que Gabriel Zaíd hiciera durante ese periodo. Si usted es cercano a la Polevnsky, ahí le encargo coménteselo pero mencióneme: le doy el 30% de lo que caiga, porque mínimo me avienta con una pluri… le va a alcanzar para hacer dos primores.

La clase política mundial no está preocupada por un fenómeno que ya es evidente: el avance tecnológico está acelerando los procesos sociales. Lo que les asusta es la imposibilidad de saber qué tanto. El mantra de “los setenta años que aguantamos al PRI sin decir nada”, es más una aspiración que una mentira creada para distraer de lo importante: Al PAN lo aguantamos seis años y tuvo que acudir al fraude; al PRI otro tanto y le respondimos de una manera que ni al fraude pudo recurrir. Lo ocurrido con el hastag #AMLOrenuncia en Twitter, tiene varios ángulos para ser minimizado: número de usuarios, tradición hostil a AMLO, era semana santa, etc. Pero el punto es que, bien a bien, no sabemos qué implicación tiene con respecto a la nueva velocidad del cambio y eso le quita el sueño a cualquier político, con mayor razón si agregamos dos ingredientes más: en Twitter está la mayor concentración del segmento de donde suelen surgir los liderazgos carismáticos, mientras que la poca respuesta defensiva contra el #AMLOrenuncia abona a la sospecha de los bots.