Culiacán no es Así

Jorge Aragón Campos                                   jaragonc@gmail.com

No sé si a ustedes, pero a mí me molesta de sobre manera que Culiacán aparezca entre las ciudades más inseguras y violentas de México, cuando es una absoluta falsedad: Culiacán no es así.

A decir verdad, las ciudades son su gente y los culichis somos gente abierta y alegre, sencilla y sin dobleces, lo que pasa es que como ocurre en todas partes uno debe hacer lo que ve, por ello el visitante aquí puede andar a sus anchas por las calles siempre y cuando no use el claxon, porque alguien se puede ofender y le pondría un buen balazo o mínimo una madriza, por provocador; de igual manera, es conveniente conducir siempre despacio (mientras no traiga a nadie con prisa atrás) y nunca rebasar a nadie, pues puede lastimar susceptibilidades y llevar la situación al mismo punto: plomo o trompones.

En Culiacán ya contamos con excelentes restaurantes, a donde podemos asistir con toda la familia y si tenemos suerte, nuestra visita puede coincidir con la de algún buchón que pagará la cuenta de todos los comensales, nada más habrá que entregarles los celulares a sus guaruras y no moverse del sitio hasta que no se vayan ellos, pero si la agarran larga… ¿quién le hace el feo a una amanecida pisteando y tragando?

Para la vida nocturna contamos con muchos muy buenos antros, para el visitante de fuera es conveniente asistir en grupos de hombres y no invitar a bailar a ninguna muchacha, tampoco deben quedarse viéndolas fijamente ni decirles nada, porque las mujeres culichis son muy hermosas, mientras más hermosas más cirujeadas y por lo mismo más atractivas, porque suelen tener un patrocinador que acostumbra ser celoso, poderoso y matón; mejor vayan a un antro gay y bésense entre ustedes, que aquí en Culiacán basta con alejarse de los problemas para no verse metido en ellos. De hecho hay que esconderse para que no los encuentren.

Culiacán de noche es zona de oportunidades para la mejor convivencia, pero mientras más tarde sea sí es conveniente tomar algunas precauciones, pues para entonces ya están operando los retenes policiacos y esos sí son cabrones, salvo usted haya tenido el buen tino de rentar un buen carro, como un Hummer o una limusina Cadillac (aconsejables los vidrios polarizados), entonces podrá usted contar hasta con servicio de escolta con torretas prendidas y todo lo demás, sin olvidar el derecho ciudadano a atropellar mínimo un ciclista y dos peatones sin que nadie le diga nada.

Enumero sólo una parte de los muchos atractivos que ofrece nuestra capital, pues viene un nuevo gobierno que ojalá y sí sepa aprovechar nuestras numerosas ventajas competitivas para convertirnos en polo de atracción turística, que no entiendo por qué no lo somos ya, como si nos hiciera falta algo más.

DOS A LA SEMANA

EL PRIMER GRITO

Jorge Aragón Campos                                       jaragonc@gmail.com

Me acuerdo de todo salvo del año (¿1981? ¿1982?), Toledo Corro se plantaba por primera vez en el balcón del palacio estatal para encabezar la ceremonia del 15 de septiembre. No le fue bien.

Una o dos horas antes, en la explanada de la plazuela rosales, por primera vez en la historia de la UAS un rector se disponía a hacer lo mismo que el gobernador: homenajear a los héroes que nos dieron patria con todo el rigor protocolario (ni modo: la forma debe corresponder al fondo.). Y así es desde entonces.

Eran los tiempos de la última gran guerra entre un gobernador y la universidad, desde el tercer piso se lanzaban acusaciones a la UAS como nido de comunistas extranjeros, voceros de ideologías exóticas y quinta columna de los aviesos intereses de Moscú; la respuesta de los universitarios, fue demostrarle al político mostrenco que el altar de la patria no se ubica en las catacumbas del sistema, sino en las mentes de sus jóvenes. ¡Cárajo! Sigo escribiendo como padre de la patria ¿Pues qué me pasa?

Sergio López y un servidor nos aventamos las dos, porque él andaba con la ventolera de mover “un torito” y Miguel Tamayo (QEPD), como organizador de la fiesta uaseña, le había prometido uno de los dos que se soltarían… hasta después del castillo, ya que no hubiera familias. Ah pinche Sergio qué mal se vio. Ambos estábamos en la época de tres cajetillas de cigarros diarios, y éste menso no sabía que cuando le prenden la pirotecnia al torito, dejar de correr no es opción porque si lo haces te chamuscas con la pólvora; para fortuna de él, los fuegos no duran ni cinco minutos, así que llegó al final de la carrera nada más con medio corazón y los dos pulmones saliéndosele por la boca. De colon y bazo no sabría decirles. Además eso no es asunto de ustedes ni materia de este artículo. Nos divertimos como enanos y concluimos a tiempo para irnos al de Toledo, con el Ernesto Trejo y alguien más sumado a nuestro grupo.

Toledo salió al balcón de palacio rodeado de su séquito, el presidente del Supremo Tribunal de Justicia entre ellos, quien se paró a un lado del góber, usurpando el espacio que le correspondía a la primera dama: Toledo, de forma sutil pero aun así notoria para la muchedumbre, le decía que se moviera pero el ruido no le permitía hacerse oír, por lo que recurrió al viejo expediente de meterle un pinche codazo en el costado, que le sacó a alguien del público un espontaneo ¡Epa oiga! Exclamado, eso sí, con un méndigo vozarrón que se oía hasta el Zapata. La raza irrumpió en una carcajada colectiva que puso a Toledo a sudar frío (en serio, se le notó), pero viejo lobo de mar entendió que era ahora o nunca: se lanzó a matar e inició con el clásico ¡Mexicanos! Mejor no lo hubiera hecho: la voz le salió toda tembeleque e insegura, hagan de cuenta la vocecita del “titino”. Nadie le respondió. Los del público habíamos quedado helados al oírlo gritar por primera vez. Toledo no se amilanó y volvió a repetir su llamado…y otra vez le salió la misma horrenda vocecita, y otra vez entró el mismo gritón al quite: ¡Ya bájate del guayabo! Y sobrevino el acabose: la risión se generalizó. El góber ya desesperado y sin saber que hacer, soltó toda la retahíla de héroes a ver si así nos apaciguaba. Le resultó. La situación fue de tanta pena ajena, que sobre la marcha fuimos dejando la risa para entrarle a los vivas. Los culichis no fuimos generosos con él, nada más no fuimos crueles, y tuvimos la inteligencia para saber que ya lo habíamos humillado.

Quise compartirles la anécdota, pues veo crecer en redes sociales la invitación a no asistir al Zócalo este día quince. Me parece prudente hacerle caso. La irritación popular es tan grande, que más vale no mezclar a la institución presidencial con multitudes.

DOS A LA SEMANA

EL PAR VIAL EN LLUVIAS III

Jorge Aragón Campos                                   jaragonc@gmail.com

Por si no se habían dado cuenta, dejé para el último las consecuencias políticas, buenas y malas, del primer par vial de Culiacán.

A Sergio Torres, nadie le podrá negar ser uno de los pocos alcaldes culichis que se atrevió a realizar cambios verdaderos, el par vial es sin duda el mejor ejemplo de ello, pues como proyecto impostergable existe desde…¡veinticinco años atrás! Su necesidad estaba fuera de discusión ¿qué había qué hacer entonces para generar una razonable animadversión contra lo que al principio contaba con una práctica unanimidad? Y conste que el actual, es el primer alcalde que cumple su periodo completo desde los tiempos de Jesús Vizcarra, un periodo no sólo largo sino terriblemente accidentado que como ciudad nos puso en situación de crisis, lo cual operaba a favor de Torres: bastaba con llevársela tranquila los tres años, devolviéndole a la capital la estabilidad perdida para lograr un balance positivo a su gestión, pero prefirió correr el riesgo nada más que no para cubrirse de gloria, sino para volverse la bichi.

Lo primero que hizo nuestro alcalde fue arrojar dudas sobre su desempeño, desde el inicio de su mandato comenzó a demostrar que trae en la cabeza: aire, si no es que humo. ¿Qué pasó con la puntada de los circos? ¿Qué pasó con la puntada del cabildo abierto? ¿Qué pasó con la puntada de los morrines? ¿Qué pasó con…? Y esto por mencionar nada más los casos que en este momento se me ocurren. Total, que para cuando intentó hacer un trabajo serio ya no había dudas sobre su incapacidad, de hecho no faltaron quienes comenzaron a dudar de su cordura pero tampoco es para tanto, simplemente su temperamento chicharronero es demasiado pronunciado y ello hace pensar en otras cosas, pero no, es nada más eso.

Después de aprovechar los primeros meses de su gobierno, para dejar bien establecido que en su administración no se mueve la hoja de un árbol si no es por voluntad expresa de él, se le viene la etapa final del par vial y su monumental dislate de entregarles todo a los camioneros: ahora resulta que sobre la Serdán no circula ningún camión. La primera consecuencia es que todos entramos en sospecha ¿desde cuándo el transporte urbano ha hecho algo bueno por Culiacán? ¿Qué tiene de malo el par vial como para que los camioneros se nieguen a recorrerlo? ¿Por qué ellos no y nosotros sí? Nunca pensé en decir esto: el transporte urbano si tiene algo de positivo para Culiacán. Lo acabamos de descubrir. La Aquiles Serdán, a diferencia de la Obregón, es ya por mérito propio el segundo autódromo de esta capital, pues al no contar con tráfico de camiones carece de esos “obstáculos naturales”, que frenan la tendencia natural de los culichis hacia las altas velocidades. Está muy, muy, muy, peligrosa y para variar la autoridad en lugar de remediarlo está tratando de empeorarlo aún más: no puede uno detenerse sobre la calle ni para levantar un herido porque de inmediato llega la patrulla, y esto es extensivo a todo el par, excepto por la Obregón desde Zaragoza hasta Ciudades Hermanas. Alguien que me explique. Fue tan mala la decisión, que en cuanto llegó a donde sí vive gente (la chapule) comenzaron las protestas, que para variar fueron atendidas con mayores y peores ocurrencias: ahora resulta que sí hay estacionamiento por la Serdán/Juán de la Barrera, pero sólo en la parte donde viven más gritones. Otra vez: Alguien que me explique. Y luego se le viene lo del drenaje pluvial…y para que les platico si ustedes ya lo saben. Qué tristeza, qué coraje. No digo más.