DOS A LA SEMANA

¿OTRA REVOLUCIÓN?

Jorge Aragón Campos

            Pasan los días y, con cada uno, va quedando cada vez más claro que el gobierno federal ni entiende, ni puede, ni quiere resolver la crisis que enfrenta.

Me sorprende la falta de reflejos de Peña Nieto, así como su incapacidad para leer la situación, aunque no debiera extrañarme pues hace ya un año que cambió con brusquedad su narrativa.

Habiendo dado una lección de ajedrez político, con la nominación de Eruviel Ávila para el estado de México, el presidente ya no nos ha vuelto a sorprender con otra muestra de desprendimiento pragmático, de hecho se ha dedicado a hacer exactamente lo contrario.

De que sus dos gallos en el gobierno siempre han sido Chong y Videgaray no se discute, pero el año pasado, más o menos por estas fechas, cometió un error de párvulos: destapó su juego… a favor de Videgaray.

Cuando el secretario de Hacienda se emperró en sus proyecciones de crecimiento, en contra de todos los organismos financieros mexicanos e internacionales, fue obvio que el tipo ya era un lastre para el gobierno, con mayor razón cuando no tuvo los pantalones para dar la cara, y mandó a un subsecretario a tragar camote con la aceptación del error flagrante en los cálculos oficiales. Al menos yo, esa mañana, mientras veía la conferencia de prensa, di por hecho que en la tarde removían a Videgaray. Me equivoqué de cabo a rabo, pues lo que siguió fue el espaldarazo presidencial, lo cual fue interpretado como debía ser: el delfín es éste.

A más de uno debió molestarle.

¿Se acuerdan ustedes cuál fue el factor desencadenante para la debacle salinista? Fue la nominación de Colosio en el otoño de 1993. “Salinas optó por el hijo que nunca tuvo, en lugar del hermano que nunca tuvo”, solíamos decir, refiriéndonos a Colosio y a Manuel Camacho respectivamente. A partir del destape ya no hubo dudas sobre el intento de impulsar un maximato, y menos de tres meses después ya teníamos el levantamiento zapatista. El resto ni para que se los cuento, ustedes deben recordarlo muy bien.

¿Qué hay una conspiración para tumbar al gobierno? No lo dudo ni tantito. ¿Quiénes son los conspiradores? Miembros de la clase política y empresarial, que se ven excluidos en el reparto de los últimos despojos de nuestra ya magra riqueza, tal y como ocurrió hace veinte años.

¿Qué no es así como inician todas las revoluciones? Es decir, con pleitos entre las élites.

DOS A LA SEMANA

EL FRACASO CULTURAL

Jorge Aragón Campos

            Con motivo de los festejos de nuestra ciudad, tuve el honor de compartir créditos con Ronaldo González y Francisco Padilla en una mesa redonda sobre políticas culturales.

Ante la estatura de los otros dos exponentes, opté por hacer a un lado todo esfuerzo de teorización sobre el tema y mejor me fui por el camino de la tragedia, nuestra tragedia.

Poniendo a un lado el periodo del general Leyva Velázquez, porque todo lo excepcional debe ser visto por aparte, la verdad es que las políticas culturales en Sinaloa se inician con el gobierno de Alfonso G. Calderón, quien fundara DIFOCUR. Desde entonces la cultura ha formado parte de la labor gubernamental y cada gobierno ha impreso su sello característico, aunque a todos los unifica el fracaso.

Terminologías al margen, se debe reconocer que la aspiración de las políticas culturales es aportarle a la calidad de vida de los sinaloenses, incidiendo en la parte intangible de los satisfactores que contribuyen a crear el perfil del ciudadano, un renglón en el que, por decir lo menos, hemos sufrido un retroceso gigantesco.

Después de tantos años de esfuerzo, al menos aquí en Culiacán no tenemos ningún indicador que nos permita decir que estamos mejor que antes, muy al contrario, los culichis cada vez parecemos más animales que seres humanos; nuestro grado de incivilidad a crecido a niveles de vergüenza, con el regreso de conductas que ya habíamos superado, como los embarazos de adolescentes, cuyo índice ya va para varios años disparándose, sin dejar de mencionar el espíritu suicida que se ha apropiado de nuestros jóvenes, y que cada fin de semana tiñe de rojo las páginas de los periódicos con accidentes automovilísticos mortales, que más que accidentes son verdaderas estupideces que nunca debieron ocurrir. Lo peor de todo es que resulta motivo de orgullo el ser irresponsable, parrandero y jugador, además de resultar abominables las conductas propias de gente con un mínimo de educación y respeto a las normas de convivencia civilizada. Ya no es un problema de pobreza cultural lo que padecemos, es de miseria moral.

A ese grado hemos retrocedido, es un verdadero crimen el que hemos cometido todos los que presumimos de “hacerle a la cultura”, y nos obliga a repensar todo lo hecho y el grado de compromiso y esfuerzo que le dedicamos. Más vale y encontremos la manera de hacerlo bien (bien, no mejor), porque las consecuencias de nuestros desaciertos ya nos alcanzaron a todos.

DOS A LA SEMANA

43 AÑOS NO SON NADA

Jorge Aragón Campos

… y menos si los comparamos con los que tiene de vida nuestra universidad, pero cuarenta y tres son los que cumple radiouas y la verdad es que vale la pena festejarlos y desearle larga vida a nuestra radio.

Es casi medio siglo de vida, donde la constante de radiouas ha sido la de romper el paisaje radiofónico sinaloense: desde su primer día, la emisora universitaria ha sido diferente a lo que de manera común se puede escuchar en el cuadrante, y al día de hoy ya cosecha lo sembrado. Radiouas, desde hace algunos años es la opción predilecta de un gran número de sinaloenses, al grado de contar con niveles de audiencia más que aceptables, convirtiéndola en una de las cinco estaciones más escuchadas en Sinaloa; La radio, por ser un espacio abierto y expuesto al escrutinio ciudadano diariamente, es sin lugar a dudas un referente necesario a la hora de medir la relación entre la UAS y el pueblo de Sinaloa, y es innegable entonces que nunca como hoy la universidad cuenta con el aval de la población, algo que muy pocas instituciones públicas pueden presumir.

El fenómeno actual de audiencia de radiouas, es un hecho inusitado en sus más de cuatro décadas de vida y he de decir que no es gratuito, tiene su razón de ser en la buena labor realizada por quien ha roto todos los records de permanencia en su dirección, Wilfrido Ibarra, que desde su llegada lo hizo con un diagnóstico muy claro: lo más importante para una radio es lo que sale al aire. Ese ha sido el distintivo de su gestión, la calidad de la programación, que se ha traducido en la preferencia de un público que no le regatea fidelidad en la sintonía: radiouas es de las más escuchadas porque cuenta con la mejor programación, porque responde al perfil de un radioescucha más inteligente y más exigente, que encuentra en ella un satisfactor acorde a su demanda de entretenimiento, información y argumentación.

Claro que todo esto no lo ha hecho sólo el director, para su buena fortuna (y la del auditorio) ha contado con el apoyo de cuatro rectores (Gómer Monárrez, Cuén Ojeda, Corrales Burgueño y el actual, Guerra liera), que han entendido bien la importancia de contar con un medio de comunicación fuerte e influyente, y han dejado operar a quien ha dado muestras fehacientes de saber lograrlo; por supuesto mucho tiene que ver también el equipo de empleados y colaboradores de la radio, al grado de que el propio Ibarra nos elevó hace tiempo a la honrosa categoría de “Duvalines” (porque no nos cambia por nada). Y dije “nos” porque, todos lo saben, desde hace años tengo la fortuna de participar con el programa “la feria”, una producción que, a pesar de todos nuestros desvaríos y las vergüenzas que le hacemos pasar, la ha sostenido en su horario original. Por eso y muchas otras razones, larga vida a radiouas y que podamos ser testigos de sus siguientes cuarenta y tres años. Nada me daría más gusto.