Las Consecuencias

Aunque parezca increíble, aquí en Culiacán nos seguimos asombrando cuando un miembro notable de nuestra notable sociedad, aparece envuelto en asuntos de narcotráfico, como acaba de ocurrir con Ignacio Muñoz, propietario de la cadena María Ferré.

Por principio de cuentas, cabe aclarar, Muñoz no es aún culpable de nada así que más vale no adelantar vísperas, porque sus problemas son con la justicia gringa, y allá sí hay leyes y quien las haga cumplir. Si al final resulta inocente, el gobierno estadounidense no lo va a poder arreglar con un “usted disculpe”, porque allá también la ineptitud del aparato de justicia está más acotada. Mucho más.

Volviendo a la idea original de este artículo, ya deberíamos de agarrar la onda y empezar a nombrar las cosas por su nombre, empezando por desaparecer de nuestro léxico la expresión “lavado de dinero”, cambiándola por “servicios financieros focalizados”.

En el México actual, desde el sexenio anterior las únicas actividades en verdad rentables son aquellas cuyo principal insumo es la corrupción, no hay negocio honrado que prospere, desde que empezaron los golpes contra nuestra economía, siendo el primero la estrategia contra el virus AH1N1, luego el impuesto a los depósitos en efectivo, después la imposibilidad de hacer tratos en dólares cuando somos frontera con el país que los emite, y ahora últimamente la reforma fiscal de Peña Nieto.

Así no hay negocio que dé.

Particularmente en Sinaloa, con esa racha de “mala suerte” que nos traemos desde el año 2011, cualquiera que presente prosperidad económica (rápida, lenta, nueva o vieja) es sospechoso de no andar bien.

En este que fuera uno de los estados más prósperos del país, hoy no es posible sobrevivir dedicándose al trabajo honrado: la agricultura se acabó, el camarón está enfermo, el mango dejó de haber, la ganadería no logra reponerse del maltrato que tuvo los dos sexenios anteriores, la minería nunca ha sido nuestra, el comercio está paralizado… en fin.

Siempre nos hemos manejado con el discurso de que somos el principal productor de alimentos del país, somos agricultores, sabemos sembrar y producir… pero por lo visto, y pese a ello, aún no aprendemos que se cosecha lo que se siembra. No sé bien a bien la historia de cada plaza sinaloense, pero en el caso particular de Culiacán, desde hace años sólo dos negocios han prosperado: los Oxxos y los casinos. Los primeros son expendios disfrazados y de los segundos no necesito dar mayores explicaciones. Con un ambiente así, no podemos contar con una economía socialmente adecuada, estamos en un momento en el cual es virtualmente imposible obtener éxito económico, mientras uno se empeñe en respetar los cánones mínimos de la civilidad, la decencia y la legalidad.

De qué nos asustamos, pues.

DOS A LA SEMANA

OBRAS SON AMORES

Jorge Aragón Campos

            Se acuerdan de aquella famosa frase que en el 2006 decía “¿Tú le crees a Roberto Madrazo? ¡Yo tampoco!”. Eso y no otra cosa fue lo que se me vino a la mente el pasado jueves, aquí en Culiacán, durante el incendiario discurso de César Camacho, presidente nacional del PRI, donde advirtió virilmente, con voz tronante, al gobernador MALOVA en demanda de respeto y no sé qué más por quién sabe cuáles motivos. Imposible no remitirse al recuerdo de aquel otro mitómano, que tanto le aportara al PRI y al anecdotario de la picaresca política mexicana.

Al ratito me explico.

No me cabe la menor duda de que a Peña Nieto le gusta venir a Sinaloa. Es notorio que nuestro presidente nos agarró de su puerquito: nos usa para entretenerse un rato jugando al gato y al ratón. Ya ven lo que dijo cuando destapó a David López, y ahora que volvió igual vino nomás para dejar nerviosa y temblando a nuestra clase política. Dije “a nuestra clase política”, porque al resto de los mexicanos nos tiene temblando desde antes por razones muy distintas y más pedestres.

En fin, que la nueva gran aportación de Peña para superar la atroz crisis sinaloense, no es precisamente una solución a la comercialización agrícola ni nada por estilo, sino algo mejor sólo para nuestra clase política: Vizcarra ya es precandidato otra vez. Lo que acaba de ocurrir con la presencia de todos estos personajes, para la gente como usted y como yo, es igual a nada: nuestra situación no se modificará ni un ápice, o sea que seguiremos empeorando.

Sin embargo, mi trabajo es hacerle al analista y encontrar significados ocultos hasta en los actos más nimios de los superestrellas de la política, así que esta vez voy a empezar por el final, es decir por las conclusiones, aprovechando que me las regaló un buen amigo, priista de toda la vida, cuando le pedí su opinión sobre todo lo ocurrido: no me cabe duda de que en Sinaloa Peña está jugando al gato y al ratón, lo que no sé es con quienes… ¿con aquellos?… ¿o con nosotros? Me dijo.

Camacho pudo haber echado todos los salivazos del mundo, como lo hizo cuando afirmó que “en el PRI la lealtad se premia”; fueron palabras vacías y falsas y lo mismo deben ser las que acaba de verter, las palabras no son signos y señales… son palabras y por lo tanto son claras y es por ello que se las lleva el viento. Lo que hay que ver son los hechos, duros y concretos, y aquí va uno al que recomiendo fijar toda nuestra atención: el proyecto de hipotecar nuestros recursos federales para la construcción de dos nuevos hospitales. Ahí vamos a saber si hay pleito o no.

DOS A LA SEMANA

EL PRESIDENTE REFORMADOR

Jorge Aragón Campos

 

No sé ustedes, pero a mí me sorprendió enormemente la entrevista que le hicieron a Peña Nieto esta semana en televisión nacional. De un presidente que busca denodadamente pasar a la historia como un reformador, como el artífice de los cimientos del México del futuro, lo menos que esperaba yo era una comunicación fresca e innovadora, y me vengo a topar con una estrategia propia de los tiempos de López Portillo, si no es que más atrás.

El fracaso ha sido evidente.

Conforme inicia el flujo de información sobre la entrevista televisiva, es claro que por ese lado Peña Nieto es un tiburón muerto: las mediciones sobre la audiencia reflejan un completo desastre, con caídas en el rating que alcanzan hasta un ochenta por ciento, lo cual sólo puede interpretarse en el sentido de que los medios utilizados, el formato, los invitados, el tema y la estrella principal fueron equivocados.

Fuera de eso, el resto a toda madre.

Todavía en 1982, un programa televisivo como el que nos acaban de regalar esta semana hubiera tenido un éxito razonable, pero pensar que hoy resultaría igual, como evidentemente lo pensaron los responsables de la comunicación presidencial, demuestra de una vez por todas que en el PRI son víctimas del síndrome de Peter Gynt, aquel personaje que se quedaría dormido durante 25 años y que despertara convencido de que solo habían transcurrido 24 horas.

Por lo que veo (con preocupación, he de decirlo), la falacia de que Peña Nieto fue impuesto como presidente por la televisión, es aceptada a cabalidad por los priistas, lo cual denota en ellos la güeva para hacer política en serio, dejando todo para más adelante (el 2018, para ser exactos) con la convicción de que les bastará arreglarse con azcarraga para, a golpe de spots, seguir ocupando Los Pinos.

El fracaso de esta semana, tiene el valor de probar la verdadera fuerza entre la opinión pública de las dos principales televisoras, de sus santones y de la institución presidencial: entre todos no hacen uno. Por otro lado, es útil también para entender a que se refiere nuestra clase política cuando recurre a la expresión “profundamente transformador”, para describir a nuestro actual presidente: no tienen la menor idea sobre lo que están hablando.

Así de sencillo.