OBRAS SON AMORES
Jorge Aragón Campos
Se acuerdan de aquella famosa frase que en el 2006 decía “¿Tú le crees a Roberto Madrazo? ¡Yo tampoco!”. Eso y no otra cosa fue lo que se me vino a la mente el pasado jueves, aquí en Culiacán, durante el incendiario discurso de César Camacho, presidente nacional del PRI, donde advirtió virilmente, con voz tronante, al gobernador MALOVA en demanda de respeto y no sé qué más por quién sabe cuáles motivos. Imposible no remitirse al recuerdo de aquel otro mitómano, que tanto le aportara al PRI y al anecdotario de la picaresca política mexicana.
Al ratito me explico.
No me cabe la menor duda de que a Peña Nieto le gusta venir a Sinaloa. Es notorio que nuestro presidente nos agarró de su puerquito: nos usa para entretenerse un rato jugando al gato y al ratón. Ya ven lo que dijo cuando destapó a David López, y ahora que volvió igual vino nomás para dejar nerviosa y temblando a nuestra clase política. Dije “a nuestra clase política”, porque al resto de los mexicanos nos tiene temblando desde antes por razones muy distintas y más pedestres.
En fin, que la nueva gran aportación de Peña para superar la atroz crisis sinaloense, no es precisamente una solución a la comercialización agrícola ni nada por estilo, sino algo mejor sólo para nuestra clase política: Vizcarra ya es precandidato otra vez. Lo que acaba de ocurrir con la presencia de todos estos personajes, para la gente como usted y como yo, es igual a nada: nuestra situación no se modificará ni un ápice, o sea que seguiremos empeorando.
Sin embargo, mi trabajo es hacerle al analista y encontrar significados ocultos hasta en los actos más nimios de los superestrellas de la política, así que esta vez voy a empezar por el final, es decir por las conclusiones, aprovechando que me las regaló un buen amigo, priista de toda la vida, cuando le pedí su opinión sobre todo lo ocurrido: no me cabe duda de que en Sinaloa Peña está jugando al gato y al ratón, lo que no sé es con quienes… ¿con aquellos?… ¿o con nosotros? Me dijo.
Camacho pudo haber echado todos los salivazos del mundo, como lo hizo cuando afirmó que “en el PRI la lealtad se premia”; fueron palabras vacías y falsas y lo mismo deben ser las que acaba de verter, las palabras no son signos y señales… son palabras y por lo tanto son claras y es por ello que se las lleva el viento. Lo que hay que ver son los hechos, duros y concretos, y aquí va uno al que recomiendo fijar toda nuestra atención: el proyecto de hipotecar nuestros recursos federales para la construcción de dos nuevos hospitales. Ahí vamos a saber si hay pleito o no.