PALCO PREMIER

Jorge Luis Telles Salazar

 

¿Mejor? ¡Imposible!

En su temporada número 50 – de 56 que configuran la historia de la Liga Mexicana del Pacífico – Tomateros de Culiacán conquistó su décimo campeonato y al mismo tiempo despidió brillantemente al legendario estadio “Angel Flores”, el cual ya está en proceso de demolición, apenas unas horas después de concluida la edición 2014-2015 del poderoso circuito invernal.

Con esto, la franquicia detuvo en once, los años de sequía, equivalentes a diez temporadas completas, para igualar aquel trecho, sin título alguno, entre 1985 y 1996. Se trata de un record no deseable; pero record al fin.

Y bueno, no hay mal que dure cien años, sentencia a la que aludió el presidente del club, Juan Manuel Ley López; pero si once y justamente fueron estos los que tuvieron que transcurrir (desde el 2004 y hasta el 2015) para que los seguidores de Tomateros tuvieran el privilegio de disfrutar de un nuevo campeonato. Y si digo disfrutar me quedo corto: ¡qué manera de celebrar la coronación del equipo guinda! Algo para la historia. Sencillamente inolvidable.

Todo se conjugó: bodas de oro de la franquicia con la pelota de la costa; despedida del viejo coso de la colonia Almada y el título número diez.

A la vez, Tomateros de Culiacán se consolidó como el segundo equipo más ganador de banderines, con esos diez, contra 16 de los Naranjeros de Hermosillo, el indiscutible número uno en este renglón. Venados de Mazatlán se ha estacionado en ocho y Yaquis de Obregón en siete. Y eso que lograron tres en forma consecutiva: de la temporada 2010-2011, a la 2012-2013, incluida la Serie del Caribe que se desarrolló en el estadio Sonora, de la capital del vecino estado del norte, durante la primera semana de febrero de 2013.

Y para cerrar estos datos estadísticos, les recordamos que Culiacán ha triunfado en sus últimas tres series finales – luego de aquella de 1999, que perdió en casa ante Aguilas de Mexicali – y que es la novena ocasión que se corona en su parque, bajo el entendido de que la única vez que lo hizo en gira fue en 1985, en el entonces llamado Nido de las Aguilas. También se trató de la tercera serie titular en ganarla en cinco partidos; las tres, con arranque en el estadio rival: en 96, sobre los Venados de Mazatlán y en 2004, contra los Yaquis de Obregón.

El número favorito de los Tomateros parece ser el seis. En seis encuentros, justamente, se ha coronado cinco veces: en 1970 (Cañeros de los Mochis), en 1978 (Cañeros de los Mochis), en 1983 (Naranjeros de Hermosillo) en 1997 (Naranjeros de Hermosillo y en 2002 (Venados de Mazatlán). Solo en 1985 recorrió toda la ruta – o sea los siete juegos – para doblegar a los Aguilas de Mexicali. Las finales perdidas por Culiacán suman seis: 1972 (Algodoneros de Guasave), 1980 (Naranjeros de Hermosillo), 1986 (Aguilas de Mexicali), 1990 (Potros de Tijuana), 1995 (Naranjeros de Hermosillo) y 1999 (Aguilas de Mexicali). También en seis choques, excepto la del 99, en la que se produjo un suceso extraño en el “Angel Flores”: única ocasión en la que los aficionados de casa atestiguaron la coronación de un equipo diferente al de Tomateros de Culiacán.

Un dato más: son diez títulos; pero solo tres managers campeones: Vinicio García, en 1966 y 1970; Raúl Cano, en 1978 y Paquín Estrada todos los demás, con excepción del reciente, en el que quién se llevó los grandes méritos fue Benjamín Gil, uno de los peloteros emblemáticos en el rico historial de la franquicia guinda.

Y hasta aquí con los datos históricos. Pudieran parecer aburridos para un arranque de columna; pero no dejará mentir que también son significativos e interesantes.

Y subrayamos: ¿mejor? ¡Imposible!

Así de fácil.

=0=

Y bueno.

Benjamín Gil, jugador protagonista en cuando menos cuatro de nueve campeonatos de Tomateros, disfruta de la gloria, apenas en su primer año como manager en la Liga Mexicana del Pacífico. Lo recordamos: al concluir su ciclo con Culiacán, Benjamín siempre puso de manifiesto sus deseos de volver, como timonel, a la capital sinaloense.

Y su deseo se cumplió. Y ¡de qué forma!

Hay que decir, además, que, a diferencia de temporadas pasadas, Gil no tuvo en sus manos ninguno de aquellos “trabucos” de la década dorada (entre 1995 y 2005: cuatro títulos y hasta seis series finales disputadas), cuyo orden al bat espantaba al pitcher más templado, con tremendos aporreadores, posición por posición. El Culiacán de esa época era un equipo temible, impresionante en todos y cada uno de sus departamentos. Y ahí están los números que no dejan mentir.

Incluso, el Tomateros de principios de dicha década, tuvo estas características. En cuando menos tres de las últimas cinco campañas, Culiacán barrió con la oposición a lo largo del rol regular, al registrar números espectaculares en ganados y perdidos y obtener la cosecha mayor en cuanto a puntuación se refiere. Equipos impresionantes, ciertamente; pero que, cada uno en su turno, se vendría abajo, lastimosamente, en la postemporada, por esas cosas extrañas del beisbol.

El Culiacán de esta temporada, en cambio, fue un team compacto; pero nada de modesto, que quede claro. Una novena conjuntada por muy buenos peloteros, prácticamente un estelar por cada posición, entre jóvenes promesas, peloteros ya cuajados y los infaltables veteranos; sin embargo, con un debilidad: la ausencia de grandes cañoneros.

Jorge Vázquez se perfilaba para ocupar ese lugar; pero el “Chato” volvió a presentar problemas de salud (a mi juicio se llaman de otro modo); salió del roster y entró al mismo como Pedro por su casa, hasta que terminó por tirar la toalla definitivamente.

Gil enfrentó a este problema y a algunos más como el bajo rendimiento de los peloteros importados. Se sentó a resolver la ecuación con entrega y dedicación hasta que le encontró la cuadratura al círculo. Benjamín renunció a los batazos de largo alcance, para dedicarse a jugar el llamado beisbol pequeño. Ese que va entrada por entrada, que no termina de agradar a los viejos aficionados a este deporte; pero que, forma parte de la esencia del juego de pelota: tocar la bola una y otra vez, desde el arranque mismo del partido; estafarse todas las bases posibles y el bateo y corrido, por supuesto.

El manager de Tomateros descubrió tener la materia prima a la mano, en elementos como Rico Noel, Erik Farris, Maxwell León, Ramiro Peña, Joey Meneses e Ismael Salas, entre otros, que comenzaron a jugar a la pelota al estilo de Gil, con algo adicional: una defensiva formidable y espectacular, en la que hay que incluir también al receptor Román Alí Solís, que terminó por convertirse en uno de los líderes del plantel.

Todo este esquema, en apoyo a una línea de serpentineros también consistente, con abridores confiables y una línea de relevistas, largos, medianos y cortos, de primera calidad, con etiqueta de estelares en cualquier equipo, como Dennis Reyes, Héctor Daniel Rodriguez, Manny Barrera, Gonzalo Sañudo, Marco Camarena, Jorge Reyes y Oscar Villareal, por supuesto, en la continuación de la obra de inicialistas como Arnold León y Salvador Valdez, los más regulares de toda la temporada.

Y los resultados comenzaron a llegar: cuarto lugar en la primera vuelta y segundo en el giro complementario, para ubicarse como el segundo más ganador del rol regular, solo después de Charros de Jalisco. Doce puntos y lugar de privilegio para los “pley offs”, a lo largo de los que dejó fuera a Cañeros de los Mochis, Aguilas de Mexicali y el equipo de Guadalajara, en lo que fue la cereza del pastel.

En este proceso, Gil vivió momentos difíciles. Incluso el equipo llegó a caer hasta el sótano de la tabla al comienzo de la segunda vuelta y no fueron pocas las voces que pidieron la salida de Benjamín. La directiva del club, sin embargo, le reiteró su confianza y las cosas cambiaron de manera radical.

¿Qué hubo refuerzos?

Si. De acuerdo; pero solo uno de ellos fue factor preponderante: Anthony Vázquez, que se acreditó dos victorias en la serie final, con trabajos efectivos, sin rayar en la espectacularidad. Sin dudar de su calidad, Juan Pablo Oramas quedó a deber una buena salida y Dave Saphield – luego de que por poco y nos mata a batazos en la semifinal contra Mexicali – resultó un fiasco en toda la extensón de la palabra.

Tomateros ganó casi todos sus juegos, sin grandes batazos y hasta con menos hits que el oponente; pero supo hacer siempre más carreras que el adversario y eso es lo que cuenta en el beisbol. Su pitcheo fue otra cosa: siempre entre los tres mejores de la Liga y eso también debe tenerse en consideración.

Hubo, una vez, un equipo al que apodaron “las maravillas sin hit”. Culiacán estuvo cerca de eso. Si bateó imparables, pocos si quiere usted; pero los supo aprovechar, a base de velocidad, coraje, entusiasmo y determinación.

Ahí está el resultado, que no deja mentir.

=0=

A manera de colofón.

Del carácter y el estilo de Benjamín Gil, me quedo con tres grandes recuerdos de los últimos partidos.

El primero de ellos, cuando le quitó el bat al quinto en el orden – refuerzo extranjero – para enviar en su lugar a Sergio Omar Gastelum. Fue en la última entrada del séptimo partido contra Mexicali. Score empatado a 8 y Joey Meneses en la intermedia, tras doble. No es fácil una decisión de esta naturaleza; pero la tomó. Gastelum falló dos veces y le mantuvo la señal de toque de bola. Lo hizo finalmente, con tanta fortuna que Francisco Rodriguez, el pitcher de los Aguilas, mandó su tiro hasta el fondo del jardín derecho y ahí ganó Culiacán su pase a la gran final.

El segundo, sacar a su taponero estelar, Oscar Villareal, con el rancho en llamas. Cuarto juego de la final. Culiacán arriba 3-1, pero casa llena de los Charros, ya con dos abajo. Trajo al zurdo José Meraz a pitchearle al también zurdo Leo Heras, quien lo recibió con una línea silbante por arriba de la segunda base, donde se produjo la sensacional atrapada de Ramiro Peña para preservar la dramática victoria de Tomateros y colocar al equipo a una victoria del campeonato.

Y el tercero, en el último, al traer de nuevo a Villareal, ante la inconformidad del público y los titubeos mostrados por el cerrador de lujo en sus últimas salidas. Oscar, sin embargo, mostró gran aplomo al dominar a Amador con un globo inofensivo por el central y recetarle ponche a Smith, para el anhelado out 27 y dar paso a una histeria colectiva en el “Angel Flores”.

Así fue Gil. Respetuoso y considerado con sus peloteros; pero duro a la hora de las decisiones. Sin tentarse para nada el corazón. Como que dos gringos, uno güero y otro de color, tuvieron que tragarse su orgullo al perder la titularidad para quedarse en el duro y frío banquillo.

Los resultados, finalmente respaldan al hombre de Tijuana.

Campeón de la Liga Mexicana del Pacífico.

Y hasta aquí la dejamos por hoy.

Dios los bendiga.

PALCO PREMIER

Jorge Luis Telles Salazar

 

Han transcurrido once años desde la última vez que Tomateros de Culiacán jugó su última serie final en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico. A finales de enero de 2004 se enfrentó a Yaquis de Obregón a quienes doblegó en cinco trepidantes partidos para adjudicarse su campeonato número nueve. Y ahí se estacionó por todo este tiempo. Siete series semifinales sí; pero todas perdidas, por una u otra circunstancia. Lo más parecido a una maldición gitana, sin duda.

Y durante estos años, el equipo de casa se estacionó en esos nueve títulos, en tanto que Naranjeros de Hermosillo, campeonísimo indiscutible, llegó a 15 coronas y otros equipos comenzaron a acercársele peligrosamente a Culiacán. Venados de Mazatlán, por ejemplo, ya tiene ocho y Yaquis de Obregón, siete, tras acreditarse tres en forma consecutiva. Tomateros, insistimos, ni tan siquiera pudo calificar a una gran final en este lapso, a pesar del registro de cuando menos tres campañas en las que fue número uno en el calendario regular.

De cualquier modo, Culiacán, con nueve, es el segundo más ganador del lauro máximo en la poderosa pelota invernal y esa distinción ya nadie se le va a quitar al menos por un año más. Lejos de eso, ahora Tomateros tiene la firme posibilidad de ajustar diez, a propósito de este duelo de siete encuentros ante los Charros de Jalisco, que arrancará la noche de este miércoles en el estadio “Panamericano” de la perla tapatía.

En contraparte, si los guindas no salen airosos de esta serie final, entonces este periodo de once años se alargará a doce y se convertirá en la sequía campeonil más prolongada en la historia de la franquicia. La última vez que pasó algo similar fue entre la temporada 1984-1985 y la 1995-1996. En ese periódo, sin embargo, Tomateros participó en tres series finales las que perdió, obviamente: en 1986 en la revancha de los Aguilas de Mexicali; en 1990 contra los Naranjeros de Hermosillo y en 1995, de nuevo frente al club de la capital del vecino estado de Sonora.

Más atrás, solo tuvieron que transcurrir tres años, entre el primero (1967) y el segundo (1970); siete, entre el segundo (1970) y el tercero (1977); seis, entre el tercero (1977) y el cuarto (1983); dos, entre el cuarto (1983) y el quinto (1985) y esos once, entre el quinto (1985) y el sexto (1996). Posteriormente, Culiacán repitió en el 97 – para su único bicampeonato –  y cinco años después, en 2002, conquistó el octavo. Y dos temporadas después, en la 2003-2004, llegó el noveno y último. En esos lapsos, sin embargo, hubo cuando menos una serie final de por medio: en el 80 contra Naranjeros de Hermosillo y en el 90 ante Potros de Tijuana, además de las tres, entre el 85 y el 96.

Y bueno, la verdad es que once años sin campeonato, son muchos, demasiados para una organización  de tanta jerarquía, como la de Tomateros de Culiacán, una de las franquicias beisboleras más exitosas de la Mexicana del Pacífico. Y el tener cinco finales perdidas no es consuelo para nada. Ganarlas es lo que verdaderamente enriquece la historia de un equipo. El triunfo, dicen, no es lo más importante. ¡Es lo único!

Casualmente, aquella noche gloriosa de finales de enero de 2004, Benjamín Gil, el manager actual, fue uno de los grandes héroes de la coronación, en ese quinto partido contra los Yaquis de Obregón:  literalmente, el cubano Ariel Prieto lanzaba lumbre hacia el pentágono; pero Gil le encontró uno de esos balazos, allá por el sexto inning,  y se lo regresó, de línea, por la pradera derecha, para un espectacular doblete que remitió al pentágono las dos carreras que marcaron la diferencia en el marcador. El mismo Benjamín se encargó de consumar el out 27, al capturar un globo por el short de Alfredo Amézaga, el último bateador de la tribu de aquel memorable partido, ante la enorme celebración en el “Angel flores”, como cada vez que se vive una coronación.

Años atrás, en 1997, el propio Gil le conectó un trueno por arriba del campo corto a Juan Acevedo, para sellar el título número siete de Tomateros. En esa ocasión la víctima fue Naranjeros de Hermosillo, el gran rival, al que Culiacán le arrebató el privilegio de representar a México, en su propio parque, en la serie del Caribe de ese año, en la que los guindas, por cierto, finalizaron en segundo sitio, tras caer en el juego definitivo ante la siempre poderosa representación de República Dominicana.

Hoy día, Benjamín Gil es el timonel. Más años de edad y más kilos de peso. Más tranquilo de carácter y con un estilo propio de jugar al beisbol, ante la ausencia de los bateadores de largo alcance. Gil ha llegado más lejos de lo que muchos le pronosticaban y ya es el candidato más firme a Manager del año, pase lo que pase en la serie titular.

Como pelotero, Gil fue el gran líder del equipo en aquella década fantástica entre 1994 y 2004, con cuatro títulos y dos subcampeonatos, resumidos en seis series finales.

Hoy también lo es.

Y tiene a unos Tomateros de Culiacán motivados, entusiasmados y con una sola consigna: el décimo campeonato.

Ojalá.

=0=

Bien.

La serie titular iniciará en la ciudad de Guadalajara por una sencilla razón: los Charros de Jalisco fueron mejores que los Tomateros en juegos ganados y perdidos durante la temporada regular. Jalisco fue el número uno; Culiacán, el dos.

Los dos primeros partidos se desarrollarán en la perla tapatía, miércoles y jueves, a partir de las 19. 30 horas, tiempo de Culiacán. Tercero y cuarto, sábado y domingo, aquí en el “Angel Flores” y un posible quinto, el lunes, también aquí, en lo que sería – suceda lo que suceda – la despedida al legendario parque. Si para entonces la situación sigue sin definirse, jugarían, otra vez, miércoles y jueves, en el “Panamericano”.

Abrir en casa una serie de postemporada, llámese “repesca”, semifinal o final, siempre representa una ventaja toda vez que se trata de cuatro partidos posibles con el factor localía a favor.

Esto, sin embargo, no es determinante.

En el caso de Tomateros de Culiacán, en tres de las ocho finales ganadas – el primer título, en 1967, se acreditó en un rol corrido – los guindas han iniciado en gira y en dos de ellas se han coronado aquí, en un quinto desafío. El único título, fuera del “Angel Flores”, se conquistó en el 85, en Mexicali.

O sea: dificil, por supuesto, pero una serie final, por si misma, es complicada para los dos contendientes. Jugar mal u otorgar ventajas, de un modo u otro, suele ser fatal a la hora del balance final.

Dentro de eso, hay una clave, si no vital, si sumamente importante: triunfar en cuando menos uno de los dos encuentros en la casa del rival. Eso empareja el aparente factor a favor.

Claro, perder los dos primeros no define la serie; pero si dificultará mucho las cosas.

Con esa misión, creo, van los Tomateros de Culiacán a Guadalajara: traerse cuando menos uno de los dos encuentros en disputa. A como de lugar.

Ahora que si se vienen con los dos de regreso pues mucho mejor.

¿No lo cree?

=0=

Y bueno.

A reserva de alguna modificación de última hora, en la serie de campeonato Benjamín Gil utilizará a la misma rotación de abridores con la que se le jugó contra Mexicali: Anthony Vázquez, Juan Pablo Oramas, Arnold León y Salvador Valdez. Es una línea de inicialistas de lujo, con todo y los problemas que tuvieron para mantener bajo control a lo que era una poderosa artillería de Mexicali.

Y al no elegir a ningún pitcher como refuerzo para la gran final, Gil seguirá el mismo patrón: Oscar Villareal, como cerrador; Gery Majewski, Dennis Reyes y Jesús Castillo, como preparadores y Jorge Reyes, Marco Camarena, Héctor Daniel Rodríguez y Manny Barreda, como relevistas intermedios, más Francisco Campos, que está listo para cualquier eventualidad.

En su orden al bat existe la posibilidad de algunos movimientos, con la incorporación de Carlos Valencia al equipo. El “Chapis”, refuerzo tomado de los Yaquis de Obregón, fue el campeón bateador de la actual temporada y sería ilógico dejarlo en el banquillo.

Problema para Gil: Ramiro Peña es el segunda base de Tomateros y no creemos que sea sustituído por Valencia.

Algo se le ocurrirá a Benjamín de aquí a mañana. Debe.

Por lo demás, es un hecho que ya Cory Aldridge será relegado a turnos como emergente puesto que Rusell Branyan ya comenzó a batear. Rico Noel está apagado a la ofensiva; pero es un pelotero apto para el estilo de Benjamín y Joey Meneses e Ismael Salas, además de Maxwell León, parecen firmes en la titularidad.

Pendientes pues.

Suerte a Tomateros.

Y a ustedes: que Dios los bendiga…

PALCO PREMIER

 

Jorge Luis Telles Salazar

 

Salvador Valdez y Anthony Vázquez abrirán por Tomateros de Culiacán los dos primeros partidos, de tres seguros, en la ciudad de Mexicali, en la que se reanuda, este miércoles, la serie entre guindas y emplumados, en busca de la calificación a la gran final de la temporada número 56 de la Liga Mexicana del Pacífico. El otro contendiente surgirá del duelo Charros de Jalisco-Yaquis de Obregón, que también se reinicia, el mismo día, en la vieja Cajeme. Los dos desafíos, casualmente, están en condiciones similares: un triunfo por equipo.

¿Por qué Anthony Vázquez para el cuarto juego y no Francisco Campos, como correspondía a la rotación original planeada por el estratega Benjamín Gil?

Sencillo: porque Pancho Campos está resentido de una vieja lesión en una de sus rodillas y no se encuentra al cien por ciento. Pudiera ser que “Pancho Ponches” se recuperara en estos días y pudiera ver acción en alguno de estos tres juegos asegurados contra los Aguilas; pero, por si o por no, ahí está Anthony Vázquez, a quien la directiva del club seleccionó como refuerzo, al término de la primera etapa de los “pley offs”.

Vázquez, de raíces mexicanas, es un lanzador experimentado, quien incluso ya jugó en Grandes Ligas en 2011, para Marineros de Seatle. El último verano se le vio por doble “A” en la sucursal de los Orioles de Baltimore y en esta campaña de la LMP defendió la franela de los Venados de Mazatlán, donde lució bien: 2.70 y 2-1, en siete aperturas.

Por ahí no faltó quien criticara la decisión del club Tomateros en el sentido de aumentar su línea de serpentineros, cuando el bateo de largo alcance ha sido una de las debilidades del equipo. De acuerdo; pero la explicación es más que justificada.

Anthony es un refuerzo y lo menos que puede esperarse de él es que justifique plenamente esta condición.

El otro, usted sabe, es Juan Pablo Oramas, quien ha fallado sensiblemente en sus dos salidas. La primera de ellas, contra los Cañeros de los Mochis; la segunda, frente a los Aguilas de Mexicali. Pese a ello, Oramas seguirá en la rotación de abridores y es factible que suba a la lomita el próximo viernes en la ciudad de Mexicali. O si la serie se extiende, el domingo venidero, aquí en el “Angel Flores”.

A Oramas le han llovido las críticas por sus dos malas aperturas; pero no hay duda de su calidad. Por algo fue el mejor en ponches durante el rol regular. Y como ya no es nuevo en esto, es elevada la posibilidad de una recuperación en su próxima salida.

Ojalá.

=0=

En tanto.

Salvador Valdez, igualmente uno de los pitchers más ponchadores durante el calendario oficial, tendrá en su brazo una delicada responsabilidad: ganar el tercer cotejo representará asegurar, por lo menos, el regreso al “Angel Flores” y aumentar, por ende, las posibilidades de obtener el boleto a la serie final.

Valdez fue el ganador del sexto partido contra los Cañeros de los Mochis, aquí en Culiacán. Y deje usted la victoria: ¡lo que lució en la loma de pitcheo!.

Chava llegó al equipo de Culiacán, luego de una gran actuación en el circuito de verano, donde estuvo en la pelea por ser el mejor en varios departamentos. Con este antecedente, se le ubicó en la línea de inicialistas desde el principio y ahí se ha sostenido desde entonces, junto con Pancho Campos, otro de los abridores al arranque de la campaña.

Salvador, en quien existe toda la confianza del mundo, enfrentará a dos rivales temibles: por un lado, la poderosa ofensiva de los Aguilas de Mexicali – en la que no hay ningún desentonado – y por otro, el frío glacial que se percibe allá en esta época del año.

La “congeladora” le dicen al parque de los aguiluchos. Y el calificativo no puede ser más acertado. Eso es el Nido: una nevera en diciembre, enero y hasta febrero.

Obviamente, los caballeros Aguila están más habituados a jugar en tales condiciones atmosféricas y esto ya es una ventaja; pero, de ningún modo determinante. El factor localía también obrará a favor de los emplumados; sin embargo, tampoco esto será algo decisivo en el resultado.

Valdez puede superar esos aspectos adversos. Y sus compañeros también. Si le apoyan con carreras, desde temprano, puede sacar el resultado.

Ya lo veremos.

=0=

Y bueno.

Tras la épica victoria de la noche del domingo, cuando Tomateros de Culiacán regresó de un 7-0 para ganar 8-7, llegamos a pensar (erróneamente) que los guindas no tendrían mayores problemas para adjudicarse el segundo de la serie y forzar, por lo menos, el retorno al viejo estadio “Angel Flores”, coso que lució espectacular durante esos dos primeros choques de esta semifinal.

Sin embargo, no sucedió así.

Aguilas de Mexicali se recuperó de ese doloroso descalabro y al siguiente día se apuntó una victoria sin mayores problemas para poner la serie a la par con Londres. Esa noche no hubo regreso. Mexicali ganó con relativa facilidad aunque con escasa diferencia entre el número de hits conectados por ambos equipos.

Bueno, debe decirse que lo hecho por Tomateros el domingo no se ve todos los días. Fue, cierto, una estampa memorable que ahí quedó: para el recuerdo de los aficionados que esa noche llenamos el parque a su máxima capacidad.

Uno de los últimos juegos, por cierto, en la historia del “Angel Flores”.

Y hay que tener presente esto: el del lunes, pudo haber sido el último partido en este estadio. Será el último si uno de los dos gana los tres juegos allá en Mexicali. Y bueno, esperamos que esos sean los Tomateros de Culiacán.

Así de fácil.

=0=

A manera de colofón.

Hasta aquí por hoy.

Ya nos fuimos.

Dios los bendiga.