Jorge Luis Telles Salazar
Han transcurrido once años desde la última vez que Tomateros de Culiacán jugó su última serie final en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico. A finales de enero de 2004 se enfrentó a Yaquis de Obregón a quienes doblegó en cinco trepidantes partidos para adjudicarse su campeonato número nueve. Y ahí se estacionó por todo este tiempo. Siete series semifinales sí; pero todas perdidas, por una u otra circunstancia. Lo más parecido a una maldición gitana, sin duda.
Y durante estos años, el equipo de casa se estacionó en esos nueve títulos, en tanto que Naranjeros de Hermosillo, campeonísimo indiscutible, llegó a 15 coronas y otros equipos comenzaron a acercársele peligrosamente a Culiacán. Venados de Mazatlán, por ejemplo, ya tiene ocho y Yaquis de Obregón, siete, tras acreditarse tres en forma consecutiva. Tomateros, insistimos, ni tan siquiera pudo calificar a una gran final en este lapso, a pesar del registro de cuando menos tres campañas en las que fue número uno en el calendario regular.
De cualquier modo, Culiacán, con nueve, es el segundo más ganador del lauro máximo en la poderosa pelota invernal y esa distinción ya nadie se le va a quitar al menos por un año más. Lejos de eso, ahora Tomateros tiene la firme posibilidad de ajustar diez, a propósito de este duelo de siete encuentros ante los Charros de Jalisco, que arrancará la noche de este miércoles en el estadio “Panamericano” de la perla tapatía.
En contraparte, si los guindas no salen airosos de esta serie final, entonces este periodo de once años se alargará a doce y se convertirá en la sequía campeonil más prolongada en la historia de la franquicia. La última vez que pasó algo similar fue entre la temporada 1984-1985 y la 1995-1996. En ese periódo, sin embargo, Tomateros participó en tres series finales las que perdió, obviamente: en 1986 en la revancha de los Aguilas de Mexicali; en 1990 contra los Naranjeros de Hermosillo y en 1995, de nuevo frente al club de la capital del vecino estado de Sonora.
Más atrás, solo tuvieron que transcurrir tres años, entre el primero (1967) y el segundo (1970); siete, entre el segundo (1970) y el tercero (1977); seis, entre el tercero (1977) y el cuarto (1983); dos, entre el cuarto (1983) y el quinto (1985) y esos once, entre el quinto (1985) y el sexto (1996). Posteriormente, Culiacán repitió en el 97 – para su único bicampeonato – y cinco años después, en 2002, conquistó el octavo. Y dos temporadas después, en la 2003-2004, llegó el noveno y último. En esos lapsos, sin embargo, hubo cuando menos una serie final de por medio: en el 80 contra Naranjeros de Hermosillo y en el 90 ante Potros de Tijuana, además de las tres, entre el 85 y el 96.
Y bueno, la verdad es que once años sin campeonato, son muchos, demasiados para una organización de tanta jerarquía, como la de Tomateros de Culiacán, una de las franquicias beisboleras más exitosas de la Mexicana del Pacífico. Y el tener cinco finales perdidas no es consuelo para nada. Ganarlas es lo que verdaderamente enriquece la historia de un equipo. El triunfo, dicen, no es lo más importante. ¡Es lo único!
Casualmente, aquella noche gloriosa de finales de enero de 2004, Benjamín Gil, el manager actual, fue uno de los grandes héroes de la coronación, en ese quinto partido contra los Yaquis de Obregón: literalmente, el cubano Ariel Prieto lanzaba lumbre hacia el pentágono; pero Gil le encontró uno de esos balazos, allá por el sexto inning, y se lo regresó, de línea, por la pradera derecha, para un espectacular doblete que remitió al pentágono las dos carreras que marcaron la diferencia en el marcador. El mismo Benjamín se encargó de consumar el out 27, al capturar un globo por el short de Alfredo Amézaga, el último bateador de la tribu de aquel memorable partido, ante la enorme celebración en el “Angel flores”, como cada vez que se vive una coronación.
Años atrás, en 1997, el propio Gil le conectó un trueno por arriba del campo corto a Juan Acevedo, para sellar el título número siete de Tomateros. En esa ocasión la víctima fue Naranjeros de Hermosillo, el gran rival, al que Culiacán le arrebató el privilegio de representar a México, en su propio parque, en la serie del Caribe de ese año, en la que los guindas, por cierto, finalizaron en segundo sitio, tras caer en el juego definitivo ante la siempre poderosa representación de República Dominicana.
Hoy día, Benjamín Gil es el timonel. Más años de edad y más kilos de peso. Más tranquilo de carácter y con un estilo propio de jugar al beisbol, ante la ausencia de los bateadores de largo alcance. Gil ha llegado más lejos de lo que muchos le pronosticaban y ya es el candidato más firme a Manager del año, pase lo que pase en la serie titular.
Como pelotero, Gil fue el gran líder del equipo en aquella década fantástica entre 1994 y 2004, con cuatro títulos y dos subcampeonatos, resumidos en seis series finales.
Hoy también lo es.
Y tiene a unos Tomateros de Culiacán motivados, entusiasmados y con una sola consigna: el décimo campeonato.
Ojalá.
=0=
Bien.
La serie titular iniciará en la ciudad de Guadalajara por una sencilla razón: los Charros de Jalisco fueron mejores que los Tomateros en juegos ganados y perdidos durante la temporada regular. Jalisco fue el número uno; Culiacán, el dos.
Los dos primeros partidos se desarrollarán en la perla tapatía, miércoles y jueves, a partir de las 19. 30 horas, tiempo de Culiacán. Tercero y cuarto, sábado y domingo, aquí en el “Angel Flores” y un posible quinto, el lunes, también aquí, en lo que sería – suceda lo que suceda – la despedida al legendario parque. Si para entonces la situación sigue sin definirse, jugarían, otra vez, miércoles y jueves, en el “Panamericano”.
Abrir en casa una serie de postemporada, llámese “repesca”, semifinal o final, siempre representa una ventaja toda vez que se trata de cuatro partidos posibles con el factor localía a favor.
Esto, sin embargo, no es determinante.
En el caso de Tomateros de Culiacán, en tres de las ocho finales ganadas – el primer título, en 1967, se acreditó en un rol corrido – los guindas han iniciado en gira y en dos de ellas se han coronado aquí, en un quinto desafío. El único título, fuera del “Angel Flores”, se conquistó en el 85, en Mexicali.
O sea: dificil, por supuesto, pero una serie final, por si misma, es complicada para los dos contendientes. Jugar mal u otorgar ventajas, de un modo u otro, suele ser fatal a la hora del balance final.
Dentro de eso, hay una clave, si no vital, si sumamente importante: triunfar en cuando menos uno de los dos encuentros en la casa del rival. Eso empareja el aparente factor a favor.
Claro, perder los dos primeros no define la serie; pero si dificultará mucho las cosas.
Con esa misión, creo, van los Tomateros de Culiacán a Guadalajara: traerse cuando menos uno de los dos encuentros en disputa. A como de lugar.
Ahora que si se vienen con los dos de regreso pues mucho mejor.
¿No lo cree?
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Y bueno.
A reserva de alguna modificación de última hora, en la serie de campeonato Benjamín Gil utilizará a la misma rotación de abridores con la que se le jugó contra Mexicali: Anthony Vázquez, Juan Pablo Oramas, Arnold León y Salvador Valdez. Es una línea de inicialistas de lujo, con todo y los problemas que tuvieron para mantener bajo control a lo que era una poderosa artillería de Mexicali.
Y al no elegir a ningún pitcher como refuerzo para la gran final, Gil seguirá el mismo patrón: Oscar Villareal, como cerrador; Gery Majewski, Dennis Reyes y Jesús Castillo, como preparadores y Jorge Reyes, Marco Camarena, Héctor Daniel Rodríguez y Manny Barreda, como relevistas intermedios, más Francisco Campos, que está listo para cualquier eventualidad.
En su orden al bat existe la posibilidad de algunos movimientos, con la incorporación de Carlos Valencia al equipo. El “Chapis”, refuerzo tomado de los Yaquis de Obregón, fue el campeón bateador de la actual temporada y sería ilógico dejarlo en el banquillo.
Problema para Gil: Ramiro Peña es el segunda base de Tomateros y no creemos que sea sustituído por Valencia.
Algo se le ocurrirá a Benjamín de aquí a mañana. Debe.
Por lo demás, es un hecho que ya Cory Aldridge será relegado a turnos como emergente puesto que Rusell Branyan ya comenzó a batear. Rico Noel está apagado a la ofensiva; pero es un pelotero apto para el estilo de Benjamín y Joey Meneses e Ismael Salas, además de Maxwell León, parecen firmes en la titularidad.
Pendientes pues.
Suerte a Tomateros.
Y a ustedes: que Dios los bendiga…