Amauri Sanit, pitcher de Tomateros de Culiacán

Amauri Sanit, pitcher de Tomateros de Culiacán, se perfila como el principal candidato a obtener el trofeo “Vicente Romo” al pitcher del año, por su actuación durante la pasada temporada de la Liga Mexicana del Pacífico. La decisión se conocerá el próximo jueves, una vez que la directiva, que preside Omar Canizalez, cierre la votación, en la que participan los cronistas de las ocho plazas del circuito invernal.

Sanit encabezó dos de los tres departamentos de pitcheo individual: ganados y perdidos, con 7-0 y carreras limpias admitidas, con 2. 13. Solo le faltó el de ponches, para ser el ganador de la triple corona en lo que a serpentineros se refiere.

Parecería ser, entonces, cosa de trámite o de rutina; pero no es así.

Lamentablemente, Amauri falló en la postemporada por segundo año consecutivo, de tal modo que sus excelentes números no impidieron la derrota en su única aparición en los “play offs” con los Tomateros de Culiacán. Para colmo de males, el cubano también quedó bastante mal como refuerzo de los Aguilas de Mexicali en la etapa de semifinales.

Cierto es que la estadística que cuenta para tales efectos es únicamente la del calendario regular; sin embargo, el pobre papel del antillano en sus apariciones posteriores a la campaña oficial podrían influir en la votación de la prensa especializada.

Y como Tomateros de Culiacán no es precisamente santo de la devoción de los periodistas más influyentes de la LMP, pues ¡vaya usted a saber! Dicho de otro modo: la moneda está en al aire.

Junto con Sanit hay otras cartas. Todas, sinceramente, muy interesantes.

Mire usted:

Para empezar, está Jason Urquidez, el cerrador de Naranjeros de Hermosillo, que salvó la friolera de 21 juegos y se quedó a solo uno de igualar la marca de la Liga. Urquidez registró, incluso, menor efectividad que Sanit, con 1. 02; pero sin alcanzar el mínimo de entradas reglamentarias, de acuerdo a los estatutos de la Liga.

Por ahí también, Héctor Velázquez, de los Mayos de Navojoa, que ganó ocho juegos y perdió solo uno, con 2. 17 en carreras limpias admitidas. O sea: 4 centésimas más que Sanit.

Y finalmente, Edgard Osuna, de Mexicali, con 7-2 y 2. 19.

Todos ellos, subrayamos, con magníficos números; pero no superiores a los de Sanit. De cualquier modo, insistimos, no lo de usted como seguro ganador. En estas cosas, en la Liga Mexicana del Pacífico siempre han pasado cosas extrañas y la práctica, hasta donde sabemos, no ha sido del todo eliminada.

Pendientes pues.

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Por cierto.

En los siguientes días, la directiva de la LMP también informará, a través de su página de internet, los beisbolistas que se harán acreedores a los galardones que año con año se entregan a lo más destacado de este circuito invernal.

Aquí tiene las fechas, por si le interesa:

Viernes 28 de febrero, trofeo “Cananea Reyes” al manager del año, presea que, ni dudarlo, será para el sinaloense Matías Carrillo, el timonel de Naranjeros de Hermosillo, ganador del rol corrido, campeón de la temporada 2013-2014 y monarca en la Serie del Caribe Isla Margarita-2014.

Lunes 3 de marzo, trofeo “Baldomero (Melo) Almada” al novato del año.

Y miércoles 5 de marzo, trofeo “Héctor Espino”, al Jugador Más Valioso, distinción que también recaerá, sin duda, en un integrante del equipo de Hermosillo.

En términos generales, las opiniones parecen coincidentes.

Excepto en el caso Sanit – que no tiene razón de ponerse en duda por la elocuencia de sus números – la votación de cronistas, comentaristas, reporteros y editorialistas sobre beisbol, están prácticamente definidas.

Pendientes.

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Y a propósito.

Exclusivamente como punto de referencia, nos permitimos recordarle los nombres de los peloteros que ganaron dichos trofeos el año pasado:

Alejandro Armenta, “Vicente Romo” al mejor lanzador.

Lino Rivera, “Cananea Reyes”, al manager del año.

Barbaro Canizalez, “Héctor Espino”, al Jugador Mas Valioso.

Y David Reyes, “Baldomero (Melo) Almada”, al novato del año.

Esa temporada 2012-2013 ha sido, curiosamente, una de las pocas en las que el manager campeón – en ese caso Eddie Díaz – no es nombrado también como el mejor. Ahí sí, se impuso la estadística del calendario regular, a lo largo del cual, Tomateros de Culiacán mantuvo, sencillamente, un paso impresionante.

Y recuérdese también que quien realmente merecía el trofeo “Vicente Romo”, sin menospreciar el gran trabajo del zurdo Alejandro Armenta, era Amauri Sanit, número uno en los dos departamentos; pero quedó descalificado – esa es justamente la palabra – porque le faltó una miserable entrada para acumular el número de innings reglamentarios exigidos por la Liga. Y recuerde algo más: que en su última aparición, Sanit tuvo prácticamente un día de campo; pero Lino Rivera, el manager, lo sacó del partido tras lanzar seis entradas porque este gran señor, que ya no está en los planes de Tomateros, sacó mal las cuentas, simple y sencillamente.

Todo esto, solo como mero punto de referencia, insistimos.

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A manera de colofón.

Retomamos nuestro espacio habitual tanto en este, como en otros portales de internet – y algunos medios impresos – para dar a conocer nuestros puntos de vista, sobre el tema que, después de la política, más nos apasiona en lo que a ejercicio de periodismo se refiere: el beisbol.

Es que, tras la coronación de Naranjeros de Hermosillo en la temporada 2013-2014 de la Liga Mexicana del Pacífico y en la Serie del Caribe Isla Margarita-2014, luego de los festejos y de la sequía informativa que se da en automático en este periodo, el beisbol comienza a moverse, de nueva cuenta, ahora que ya se abrieron los campos de prácticas en los Estados Unidos y que se acerca, a pasos agigantados, la campaña 2014, de la Liga Mexicana de Beisbol, con un nuevo equipo: Toros de Tijuana, que sustituye a Mineros de Minatitlán.

Así las cosas, estaremos en contacto una o dos veces por semana, según la información disponible, de aquí a septiembre venidero, cuando estaremos, de nueva cuenta, ante el arranque de una edición más de la Liga Mexicana del Pacífico, que nos presentará un atractivo adicional: un nuevo estadio, grande, moderno y funcional; el mejor de toda América Latina. Si, el de Culiacán, sede de la Serie del Caribe 2017, para no ir muy lejos.

Parece largo el camino de aquí a septiembre. Digamos que no lo es tanto. El tiempo pasa muy rápido, más para los que ya transitamos hacia la sexta década de vida.

Y sin más trámite, hasta aquí por hoy.

Ya nos fuimos.

Dios los bendiga.

PALCO PREMIER

 

Jorge Luis Telles Salazar

 

Hay quienes piensan que Chris Robertson, el jardinero derecho de los Mayos de Navojoa, dejó caer, deliberadamente, el elevadote de Carlos Gastelum en territorio de foul, para impedir que José Juan Aguilar, que estaba en la tercera base, anotara con facilidad la cuarta carrera de los Naranjeros de Hermosillo, en ese demoledor ataque de siete, en el cierre del séptimo inning, del último partido de la serie final, celebrado en el espectacular estadio “Sonora”, de la capital de la vecina entidad al norte del país.

A mi juicio, el norteamericano hizo todo lo humanamente posible por capturar el inofensivo globo, que perdió en el último momento, cuando Pepe Aguilar ya venía como bólido al pentágono, en lance natural del pisa y corre. La pelota se le escabulló, primero del guante y luego de sus manos y la situación, entonces, quedó exactamente igual: casa llena, un solo out y con Hermosillo ya arriba en el marcador, aunque por diferencia mínima de 3-2. Debió marcársele error y por ende ensuciar la posible carrera anotada, así como 6 de las siete del fulminante racimo.

De atrapar la pelota, hubiese representado el segundo out y aunque la casa hubiese seguido llena, la situación ya hubiese sido diferente para el lanzador; pero, como el beisbol castiga, al siguiente envío, el “Chispa Gastelum” respondió con una línea de hit al jardín izquierdo, que, para colmo de males, todavía pifió John Weber y ahí se le acabó el mundo a los Mayos: un 5-2, desolador, a esas alturas. Todavía Zelous Wheller – refuerzo procedente de los Algodoneros de Guasave – atizó salvaje cuadrangular por el callejón del left-center, que vino a ponerle la cereza del pastel a la victoria naranjera, forjada precisamente en ese séptimo episodio.

¿Por qué sucias 6 de esas 7 carreras?

Porque antes del turno de Carlos Gastelum, ya con el juego empatado a 2 – gracias a imparable remolcador de Jonathan Aceves – Jerry Owens (que fue el campeón bateador de la temporada) conectó una rola por la segunda base, que perdió Carlos Orrantia en su desesperación por consumar una eventual doble matanza salvadora. Fue una marfilada clara. Extrañamente el anotador oficial de Hermosillo la acreditó como hit para Owens y eso fue lo que mandó a los Naranjeros adelante 3 contra 2. El principio del gran desastre.

De regreso a la jugada de Robertson,  en terrenos de foul del jardín derecho, era obvio que ya no lograría el out en el plato, porque el fildeo era en una situación incómoda para su tiro; pero, a mi juicio, si la dejó caer intencionalmente, para evitar momentáneamente la inevitable carrera (que no creo) fue una equivocación por demás lamentable. Situaciones como éstas no son del todo extrañas en el beisbol y a lo mejor en un partido de calendario regular uno pudiera entender la reacción del pelotero a la defensiva; pero… ¿en un juego de campeonato? ¡Por favor!

Total, un elemento más a aportar en esa estrepitosa debacle de los Mayos. En ese séptimo inning de verdadera pesadilla para el manager Lorenzo Bundy y su gente.

Hasta antes de la sexta entrada, los Mayos ganaban 2-0, gracias a un cuadrangular del cubano Luis Fonseca y a un hermético pitcheo de Salvador Robles. Los seguidores de Navojoa – ubicados encima de la caseta del equipo visitante – celebraban out por out y bebían cerveza en toneles. Llegaron a estar a 9 outs de la gloria; pero, por desgracia, hay que sacar 27 y a final de cuentas, se quedaron lejos de la meta, como resultado de ese ataque demoledor de los Naranjeros, muy parecido al del tercer partido, en el octavo capítulo, en un juego que, pienso, sentenció la suerte de la tribu. Navojoa jamás debió perder ese encuentro y sin embargo…lo perdió.

Un racimo de carreras, clásico, como suceden esta clase de situaciones, cuando se dan en un partido de beisbol: bases por bolas, errores mentales, imprecisiones, desconcentraciones, equivocaciones de marcaje de parte de los señores de azul, los llamados hits “con ojos” y finalmente el gran batazo, aniquilador. En el caso que nos ocupa, habría que agregarle la complacencia del manager Bundy para su pitcher abridor: Salvador Robles. Era evidente, muy claro, que Chava ya no tenía nada en la bola porque sencillamente tiró todo a lo largo de seis entradas simplemente extraordinarias. Robles debió salir, tras embasar a los dos primeros bateadores del séptimo rollo, sin out de por medio; pero solo dejó el encuentro cuando la situación ya era prácticamente insalvable. Quizás un buen relevo hubiese vuelto a los Mayos a la vida; pero…¡qué va! Fueron sencillamente horrorosos.

Así las cosas, una entrada que comenzó con Mayos arriba 2-1, terminó con Navojoa en la lona, 8-2 y con casi 500 seguidores de la tribu desencajados en el graderío, en contraste con la euforia colectiva de los otros 16 mil 500, que llenaban el estadio “Sonora” y que sabían ya que era cosa de tiempo la conquista del campeonato número 16 de la historia.

Y fue así. Irremediablemente.

La afición de Naranjeros tiene fama de fría e indiferente; pero esto solo se da en el rol regular. Los fanáticos sufren una metamorfosis espectacular durante los “pley offs” y cuando se trata de un nuevo título, lo festejan hasta el delirio. Y es que pasa algo: la gran mayoría de estos 16 campeonatos, los ha conquistado siempre con el encuentro decisivo en gira. Pocas veces se han coronado en su parque. La última de ellas databa desde el año de 1995, justamente cuando vencieron a los Tomateros de Culiacán.

La noche del miércoles, para no ir muy lejos, el estadio parecía panteón, con un público prácticamente en silencio, desconcertado e inquieto; pero lo que pasó en el séptimo capítulo fue como un volcán en erupción.

Y bueno, nos guste o nó no queda otra cosa que decir: ¡salud campeones!.

Bien merecido.

Y hasta aquí por hoy. Ya vamos de regreso a Culiacán.

Por allá nos vemos.

Y que Dios los bendiga.

Cañeros de Los Mochis

Jorge Luis Telles Salazar

 

El sábado 18 era el día para los Cañeros de los Mochis.

Era su noche, también.

Era su gran oportunidad.

Apenas el jueves se habían apuntado un triunfo sensacional sobre los Naranjeros de Hermosillo, con ataque grande, de cuatro anotaciones, en el cierre del noveno inning, para tomar ventaja en la serie semifinal por vez primera. La confrontación, cierto, regresaba a la capital de Sonora; pero con delantera para el equipo sinaloense y con todas las condiciones anímicas y sicológicas en su favor.

Tenían que ganar ese juego, a sabiendas de que, de perderlo, implicaba darle vida, de una forma muy peligrosa, a un plantel de tanto oficio como lo es el de Hermosillo.

Y tuvieron todo para hacerlo.

Sin embargo, un lamentable, desgraciado error del paracorto Juan Carlos Gamboa le abrió las puertas a los Naranjeros para empatar a dos y para ganar en la entrada número once, después de que los Cañeros les perdonaron la vida, literalmente, en las entradas finales. Los Cañeros, en efecto, estuvieron a punto de darles el tiro de gracia en la séptima ronda; pero no les alcanzó.

Sufrieron, finalmente, una dolorosa derrota en el sexto encuentro y otra, más dolorosa todavía, en el séptimo, cuando ya las cosas se habían volteado para Hermosillo.

Lástima.

Nos quedamos a un tris de presenciar una gran página en la historia de la Liga Mexicana del Pacífico. Como un equipo modesto, de bajo presupuesto, estuvo a punto de pegarle a un grande, como lo es Naranjeros de Hermosillo.

Otra vez será.

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Y bien.

Un detalle curioso: si los Naranjeros de Hermosillo son los campeonísimos de la Liga Mexicana del Pacífico, con 15 títulos en las 55 temporadas que totaliza este circuito, pudiera decirse, entonces, que los Mayos son los subcampeonísimos, con la friolera de 8 segundos lugares, que nos lleva a una triste historia de frustraciones y desilusiones en cuanto a la noble afición del valle del Mayo.

En efecto, Navojoa ha disputado un total de diez series finales, de las cuales solo ha ganado dos. Sí, ha perdido 8 y tres en forma consecutiva: 87-88, 88-89 y 89-90, ante Potros de Tijuana, Aguilas de Mexicali y Naranjeros de Hermosillo, respectivamente.

Tan solo contra los Naranjeros, los Mayos han caído en cuatro finales, aunque déjeme decirle que les han ganado dos, para los dos únicos trofeos de monarca que adornan las vitrinas de las oficinas de Víctor Cuevas, el dueño de la franquicia, a quien le ha vuelto la sonrisa al rostro, luego de largos años de decepciones.

Esto, justificadamente, alejó a los aficionados del estadio “Manuel (Ciclón) Echeverría”, a un grado tal que el beisbol parecía muerto para aquella región de los desiertos del sur de Sonora; pero en este año se produjo un reencuentro espectacular entre público y equipo, que propició buenas entradas durante toda la temporada y grandes llenos a lo largo de las dos primeras etapas de los “pley offs”.

Curiosamente, en la última final protagonizada por los Mayos, la tribu doblegó a los Naranjeros de Hermosillo y ¡de qué forma! Los barrieron en cuatro encuentros, para cobrarse parte de la deuda con el club de la capital sonorense.

Y es que Hermosillo, a su vez, ha superado en cuatro series finales a los Mayos: en 75, 90, 92 y 94.

Como puede usted ver, no se trata, para nada, de una final inédita. Hay mucha historia en las confrontaciones campeoniles entre Mayos de Navojoa y Naranjeros de Hermosillo, que está por enriquecerse más todavía.

Las apuestas favorecen, con margen holgado, a Hermosillo; pero Navojoa jugó una muy buena pelota durante toda la campaña y mostraron un ritmo consistente y ganador.

El columnista, sinceramente, tiene sus reservas.

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Y es que hay esto:

Hermosillo fue, con mucho, el mejor team de la campaña, como lo muestran sus primeros lugares tanto en la primera como en la segunda vuelta, lo que le representó una cosecha de 16 puntos, situación que le ha traído como beneficio el abrir en casa la serie titular, con las relativas ventajas que esto significa.

Los Mayos, insistimos, fueron consistentes, jugando a un son que les dejó siempre una importante número de victorias sobre la cifra de derrotas. El clásico: no moja, pero empapa.

Un plantel de respeto, que finalizó como primero en el renglón de pitcheo colectivo, con 3. 08 de promedio de carreras limpias admitidas y tercero en bateo, con .263, solo una milésima por debajo de los Naranjeros, que marcaron .262.

Hasta aquí, la diferencia entre uno y otro no es fácil de apreciar.

Navojoa metió dos entre los diez mejores lanzadores del circuito: Héctor Velázquez, con 8-1 y 2. 17 y José Oyervidez, con 6-5 y 3. 03. Y también incrustó a dos ofensivos, dentro del top ten de bateo individual: Luis Fonseca, con .335 y Rolando Acosta, con .321.

Hermosillo no tuvo un lanzador dentro del bloque de los diez mejores; pero si dos aporreadores entre los destacados con el bat: Jerry Owens, con .361 y José Aguilar, con .307.

Las diferencias, si las hay, son mínimas.

Hermosillo, cierto, es un equipo de respeto; pero dista mucho del trabuco impresionante que fue en años pasados. Hay que subrayar la presencia de bateadores del calibre de Owens y Pepe Aguilar, así como de Zelous Wheler, Luis Alonso García y Yunesky Sánchez y serpentineros del calibre de Edgard González, Marco Zavala, Edgard Osuna, Bryan Evans y los taponeros José Cobos, Fernando Salas y Jason Urquidez.

Sin embargo, Navojoa no se queda atrás: Fonseca, Acosta, Wes Backston, John Lindsey, Chriss Robertson y John Weber, además de los pitchers ya mencionados: Velázquez y Oyervidez.

En el beisbol, cierto, todo puede pasar y de repente el mejor suele caer en cascada por el tobogán de la mediocridad; pero considero que están equivocados quienes piensan que los Naranjeros de Hermosillo se adjudicarán la final con toda facilidad.

Pudiera ser; pero asegurarlo es temerario.

Hay que darle su sitio a los Mayos de Navojoa, quienes, además, estarán con todas las aristas de la ley de las probabilidades en su favor. Y eso también cuenta en el beisbol.

En fin.

Se aceptan apuestas.

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Y hasta aquí por hoy.

Nos fuimos ya.

Dios los bendiga.