ZONA POLITEiA 02 de junio de 2022

César Velázquez Robles

* PRI: ¿llega a su fin la travesía del desierto?

*Morena: la oposición de la oposición?

Si de algo podía presumir el Partido Revolucionario Institucional (PRI), era de su capacidad de autorreforma. Esa flexibilidad para adecuarse a las circunstancias tanto en condiciones de mercados políticos cerrados como abiertos, le permitió formar parte de modo en gran medida exitoso de los cambios y transformaciones del sistema político mexicano. Si vemos en retrospectiva lo que ocurrió con los partidos de Estado de Europa del Este y, señaladamente, con el PCUS, el caso del partido mexicano difícilmente puede asimilarse a ese o esos modelos. Sigo sosteniendo que, en este caso, el PRI no fue un partido de Estado, aunque muchas de sus prácticas puedan asemejarse a ese modelo.

En la vieja Europa central y en la antigua URSS, los partidos gobernantes eran auténticos partidos de Estado, pero fueron arrollados por la sublevación social desde fines de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado, y están ahora en la irrelevancia cuasi-absoluta en condiciones de competitividad política. No es el caso del PRI: pasó de partido prácticamente único en la etapa dorada del viejo régimen semi-autoritario, a partido mayoritario en un régimen plural de partidos cuando el sistema se abrió a la competencia; luego al perder esta condición fue un partido más que fue gradualmente perdiendo poder territorial hasta llegar al momento actual en que lucha por su sobrevivencia.

Es un caso que difícilmente encuentra acomodo en las tipologías clásicas de los partidos políticos del siglo XX. Ya Giovanni Sartori en su momento explicó las enormes dificultades para intentar su inserción en los esquemas al uso. Lo cierto es que fue, prácticamente a lo largo de toda la centuria pasada, un partido relevante entre los grandes partidos en el mundo entero pero, a diferencia de muchos otros que detentaron el poder por largo tiempo, no se trató nunca de un partido ideológico, sino pragmático, que fue el sustento de gran parte de su hegemonía.

Pero, bueno, todo eso es historia pasada. Las nuevas generaciones de políticos priistas, sus dirigencias reales o formales, no están preparadas para competir por el poder político, sino para vivir de las migajas del nuevo poder. Tal es el ADN del PRI: no nació para conquistar el poder político; nació en pañales de seda desde el poder mismo para mantenerlo a toda costa. Hoy, las circunstancias han cambiado y vive con intensidad su drama. Cada vez tiene menos asideros. Va camino a la extinción. No pocos de sus viejos militantes o dirigentes han emigrado hacia nuevos cobijos de poder, y para el PRI no hay vientos favorables porque no sabe a dónde va.

Todo el espectáculo lamentable que en estos días está ofreciendo, da cuenta de que su travesía por el desierto está por llegar a su fin, pero no por que hayan alcanzado la tierra prometida. Al contrario. Se necesitaría una verdadera sublevación de su base social –que la tiene: no en balde fueron 70 años de dominación que crearon y recrearon una cultura política parroquial—para recuperar parte de la identidad perdida. Pero nadie cree falsas expectativas: ya hace más de un siglo, Robert Michels enunció la ley de hierro de la oligarquía partidaria.

Sobre este tema seguiré mañana.

 Morena: ¿oposición de la oposición? Debo decirlo sin darle muchas vueltas al asunto: el “liderazgo” (así, entre comillas) del partido gobernante es de dar pena ajena. Resulta que Mario Delgado acudió a la Fiscalía General de la República para presentar una denuncia contra los poco más de 200 diputados federales del PAN, PRI y PRD, que votaron contra la iniciativa de (contra)reforma eléctrica presentada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Los acusa de “traición a la patria”. No es una denuncia política, que se vale, sino una denuncia penal, que resulta un absurdo en una sociedad que se presume abierta, moderna y pluralista, que acepta y reconoce el disenso como una forma de la democracia liberal toda contrahecha que tenemos ahora.

Es evidente el tufillo electoral: estamos a la vuelta de la esquina de elecciones en seis entidades de la república, y hay que aprovechar. Pero hay que decir también que no es necesaria la coyuntura electoral para actuar de tal manera. Lo hizo ya hace meses el líder de la bancada de Morena en la cámara de diputados para presentar una denuncia penal nada menos que contra el Instituto Nacional Electoral, el árbitro de la contienda por el poder político.

Este asunto de las denuncias penales frente al disenso va mucho más allá de lo anecdótico y de un estilo intolerante de entender y hacer política en la sociedad democrática. Expresa, a mi juicio, una preocupante tendencia que tiene por objetivo convertirse en el actor único de la arena pública, esto es, que no acepta ni reconoce a los disidentes, es decir, la minoría, y que rechaza el legítimo derecho al desacuerdo. ¿Puede un disidente, puede el disenso ser considerado como traición a la patria? En la lógica del dirigente de morena, un político tardío o irrelevante en años pasados, sí, porque sus declaraciones, su discurso y, en consecuencia, su práctica no es la de un demócrata liberal, sino la de un demócrata autoritario, por más que esta definición pueda ser entendida como un oxímoron.

La descalificación de “traidor a la patria”, en lo que insiste el lenguaje endurecido del poder, puede terminar por conducirnos al establecimiento de un nuevo autoritarismo, contra el que muchos luchamos –por supuesto, muchos que hoy están en Morena—por desmontar e impulsar un régimen de libertades. Respetar el disenso, reconocer el legítimo derecho al desacuerdo, sigue siendo una asignatura pendiente para el bloque gobernante.

El Monopolio de la Violencia

César Velázquez Robles

*El monopolio de la violencia
*AMLO y la Cumbre
*Las elecciones del domingo

El monopolio de la violencia.- La gira del presidente López Obrador por Sinaloa el fin de semana, habría pasado como una más de las muchas que ya ha realizado por la entidad, de no haber sido por las enormes repercusiones que ha tenido la información periodística sobre un retén instalado por grupos delincuenciales en la región serrana del municipio de Badiraguato. Habituados como estamos los habitantes de esta región del país a estos retenes, que muchas veces no se sabe si son de los “buenos” o los “malos”, el asunto no ha tenido entre nosotros el impacto que ha producido en muchas otras partes del país y del extranjero.

En la “mañanera” del lunes 30 de mayo, el presidente tuvo que salir a explicar lo ocurrido tratando de quitarle hierro al asunto, como una cuestión menor, sin trascendencia: “Fuimos a hacer una gira a Chihuahua y Sinaloa, fuimos, y un escándalo por un retén, esa era la nota, y difundir que hay acuerdos con la delincuencia, pues no”.

Pero trivializar un asunto como éste es cada vez más difícil. Una decena de personas armadas con cuernos de chivo –como se conoce ese fusil de asalto que diseñó Andrei Kalashnikov– algunos de ellos vistiendo uniformes militares, bloqueando el camino, como puede advertirse con toda claridad en algunas de las imágenes difundidas en los medios, no es un asunto inocuo. Advierte la presencia de un fenómeno que da cuenta de la creciente dificultad del Estado para garantizar el control del territorio.

El viejo Leviatán está exhausto, no tiene ya la exuberancia y el vigor que no hace todavía mucho tiempo le permitía imponer su ley y ejercer la violencia que derivaba de su monopolio legítimo. Ahora ese monopolio legítimo está en disputa. Todos esos territorios sustraídos a la acción del Estado, sobre todo en entidades como Michoacán y Guerrero, pero no únicamente, dan cuenta de la gravedad y de la creciente incapacidad del Estado para ejercer su control y dominación. Simplemente, no puede garantizar la seguridad física y jurídica de sus ciudadanos, no puede asegurar la vigencia del Estado de derecho, el imperio de la ley.

Eso es lo que dicen las imágenes. Es inevitable que un sentimiento de indefensión se apodere de quienes quieren, aspiran y desean una convivencia civilizada. Es cierto también que esta cesión de territorio no empezó con este gobierno. Viene desde hace años, de aquellos tiempos en que se decidió dejar en manos de los grupos de autodefensa, esto es, de particulares, el imperio de la ley. Pero eso no es ni puede ser motivo suficiente para abdicar a la responsabilidad institucional de poner un dique a la violencia y la barbarie. 

El gobierno debería ser sensible a este reclamo, a este clamor. Tan dado a las encuestas, no le debe costar trabajo advertir que uno de los temas en que está reprobado es en materia de seguridad. La seguridad hace agua por doquier. La violencia y la impunidad siguen sentando sus reales en todos los espacios de la vida pública, ahogando la voz ciudadana que desea paz, convivencia pacífica, tranquilidad y certeza de que uno podrá regresar a casa después de cada jornada.

AMLO y la Cumbre de las Américas.- Después de unos días en que el presidente alborotó la bitachera al anunciar que no acudiría a la Cumbre de las Américas, convocada para los días del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, California, el ruido ha bajado varios decibeles. El presidente nos tuvo a todos muy entretenidos, pero el asunto ha perdido interés a medida que se acerca la fecha. Aún no decide si asiste o no, pero lo que tenía que decir, sobre todo de cara a la galería, lo dijo ya. Faltaría saber si es el mismo discurso con Ken Salazar o con autoridades estadounidenses.

Lo cierto es que el presidente aprovechó la nueva circunstancia global. Los tradicionalmente sumisos gobiernos latinoamericanos se han vuelto levantiscos y México ha reciclado el discurso sobre la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, en busca de un liderazgo regional en una América de dos velocidades. Encontró terreno fértil: Honduras, Bolivia, Argentina, en la misma línea, condicionaron su presencia a la invitación de todos, incluidos los dictadores de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Estos dijeron que no acudirían de ninguna manera, lo que liberaba al presidente mexicano de un compromiso moral contraído y de una exigencia inadmisible para quien hace las veces de anfitrión. No aprovechó la oportunidad y ahora tiene que seguir de frente con un discurso endurecido. Ya veremos las consecuencias.

Las elecciones del domingo 5 de junio.-Alea jacta est, dijo Julio César cuando cruzó el Rubicón con sus legiones en busca de las Galias. Para los partidos también la suerte está echada. No hay vuelta atrás. Lo que se hizo, se hizo. El campo de la disputa por el poder político está totalmente desequilibrado, y es muy probable que el resultado de las urnas este domingo refleje ese desequilibrio. Los más optimistas hablan de que las seis gubernaturas se repartirán por partes iguales entre los dos bloques partidistas. Los más pesimistas –que, por lo general, son optimistas bien informados— advierten que el resultado electoral será cuatro o cinco gubernaturas para Morena y aliados, y tan sólo una segura para la coalición PRI-PAN-PRD, mientras que Durango, donde tiene una muy leve ventaja, menor al margen de error de la encuesta, es una posibilidad. ¿Qué tan real o abstracta es esa posibilidad? Estamos a unos cuantos días de saberlo. ZP

DOS A LA SEMANA ¡TODOS SOMOS AMLO!

Yo no quiero creer,

Yo quiero saber.

Carl Sagan

Jorge Eduardo Aragón Campos      

Yo no me trago eso de que a diferencia de sus antecesores, AMLO es un interlocutor más cercano al México real; es otro político mexicano farsante, como suelen ser los políticos mexicanos y como suele serlo el resto de una ciudadanía que desde hace mucho tiempo comparte una visión mágica del mundo, y es por eso y es ahí donde se genera la profunda grieta que también desde mucho tiempo atrás nos divide en dos partes, la minoritaria/privilegiada/cómplice y la mayoritaria/ desposeída/ víctima.

Las reacciones que está generando el estatequieta que le acaba de poner el peje a Tatiana, ante su intención de establecer a nivel nacional el programa de verificación vehicular, que no es otra cosa que un nuevo impuesto disfrazado, son prueba documental suficiente para afirmar que con AMLO o sin él, los mexicanos somos incapaces de establecer acuerdos entre nosotros, como es natural siempre que dos fanatismos se enfrentan. En “El Amor en los Tiempos del Cólera”, en menos de dos líneas García Márquez describe y explica uno de los fenómenos más complejos de las sociedades católicas modernas: en la probable Cartagena del relato, la diferencia entre conservadores y liberales era que unos asistían a misa de seis y los otros a misa de siete.

Hay que andar muy marihuano o algo peor, para aceptar la versión presidencial de que “no estaba enterado” de las intenciones de Tatiana, cuando al día de hoy, quién diablos puede tener dudas de que, dada la Secretaría que ostenta, Tatiana es incapaz de tomarse un vaso de agua de Jamaica pues puede ser que su patrón le niegue autorización para que le den ganas de mear. Tatiana sólo fue la portavoz de una propuesta presidencial que recibió un rechazo de tal magnitud, que el peje se desistió y culpó a Tatiana y ella absorbió el golpe; ambos hicieron bien: Para eso son los funcionarios.

El verdadero tema es que el gobierno ya no tiene dinero. Antes de que agarren monte, ojo: no dije el actual gobierno, dije el gobierno. Esa es una realidad que no están dispuestos a reconocer el presidente, las sirvientas y todos los que van en medio, porque al igual que hace el presidente, no hay asunto por más grave que sea, que no podamos enfrentarlo por la vía de nunca hacer lo aconsejable, de hecho y de preferencia hacemos justo lo contrario, como vino a ocurrir con esto del nuevo impuesto, donde la sociedad se polarizó de nuevo para enfrascarse en un intercambio de supuestos, convicciones, ideas bonitas, etc. a favor o en contra de las supuestas bondades medioambientales de lo que no es otra cosa que otra edición, corregida y aumentada, del impuesto de la tenencia. Sobre el asunto de que ya no hay dinero en las arcas públicas… que se preocupe el peje que para eso es el presidente, porque yo no estoy en el gobierno y por lo tanto eso a mí no me afecta.