ZONA POLITEiA: Sin democracia interna, morena va al fracaso (2)


24 de noviembre de 2021


César Velázquez Robles

El presidente López Obrador va a contracorriente de un reclamo que se extiende entre las bases de morena, excluidas de toda decisión: abrir la organización al debate, a la libre circulación de las ideas, a oxigenar un ambiente interno enrarecido, a abrir las puertas y ventanas para que entre el aire vivificador que dé sentido a un proyecto, a una propuesta; a dejar de lado métodos profundamente antidemocráticos de designación de candidatos a puestos de elección popular, que quizá todavía puedan ofrecer buenos rendimientos en la perspectiva de los comicios del año venidero, pero que llegarán muy desacreditados a las elecciones presidenciales de 2024. Pero el presidente no quita el dedo del renglón: insiste una y otra vez en que la encuesta es el método más democrático, el que garantiza la unidad y cohesión interna. Hace una defensa –como él mismo dijo, numantina— del método de la encuesta, como lo establecen los estatutos de morena: “Yo estoy de acuerdo con las encuestas, quitan un problema y a mí también. Nada de tapados”, defiende, sostener “que no haya imposiciones, que haya democracia y que represente el mejor, mujer u hombre. Difícilmente el pueblo se equivoca, sí se equivoca, pero menos que los caciques, que los jefes”. Ah, pero claro, las encuestas tienen que estar bien hechas, precisó, cualquier cosa que eso signifique. Estarán bien hechas, como la democracia, cuando gane; estarán mal hechas cuando su candidato pierda, también como la democracia.

El senador Ricardo Monreal sabe que con el método de las encuestas –que ya se sabe, son encuestas unidigitales–, no tiene ninguna opción de hacerse con la candidatura presidencial. Exige, reclama, demanda, procesos internos abiertos en los que la militancia pueda discutir con entera libertad proyectos y propuestas, y quiénes pueden impulsarlos. Lo hace con cuidado, evitando toda confrontación con el Supremo. Sabe que ahora lleva las de perder, aunque inevitablemente, de mantener esa posición, habrá de producirse un enfrentamiento: “El presidente tiene siempre su opinión; es muy respetada, pero falta el debate en el Congreso de Morena. Y yo voy a intentar con razones y con seriedad expresar por qué creo que deben innovarse y democratizarse estos procesos internos, pero eso no implica que vaya a confrontarme con el presidente ni con Mario Delgado. Los respeto, ellos tienen opinión y la están sosteniendo. Yo tengo una opinión distinta. Tengo razones para pensar en eso y los delegados o los convencionistas, los que van a la Convención Democrática o al Consejo o al Congreso, congresistas, van a debatir sobre este tema, se lo aseguro. Es un tema inevitable, se lo aseguro y yo me someto a lo que la mayoría del Congreso decida”.
El método de las encuestas es una involución en la vida interna de los partidos, es la extinción de las más elementales formas democráticas. Significa la instauración de modalidades autoritarias de conducción; es la cancelación de la crítica; es todo lo contrario de lo que presupone el ejercicio de la autonomía política e intelectual de la militancia. Nada más alejado de un partido moderno, libertario, portador de un proyecto de futuro. Morena, no hay duda, es la antítesis de un partido de hombres y mujeres libres. Frente a ello, Monreal asume la defensa de los más elementales derechos de la militancia, en estos términos: “Hoy estamos en una etapa nueva, porque cuando constituimos Morena nuestro principal argumento fue democracia y justicia, y sigue siendo un reclamo y por eso creo que no debe nadie sentirse ofendido porque estamos pidiendo procesos internos más claros y más democráticos. La encuesta es un método que para mí está desgastado y yo creo que deberíamos promover, provocar elecciones primarias. En todo el mundo se realizan. Todos los partidos las practican en el mundo y México no puede estar atrás en la democratización de los procesos internos”.


Desde uno de los frentes de la oposición, se trabaja con este mismo espíritu. Es el esfuerzo en el que, por ejemplo, participa, Cecilia Soto, quien este lunes escribió en Excelsior lo siguiente: “Creemos que los partidos políticos son indispensables, pero queremos generar una dinámica que les influya. Por ejemplo, queremos construir una candidatura presidencial a través de un proceso largo de primarias abiertas, en las que participen quienes se sientan con méritos suficientes para dirigir el país. Participar en debates, encuestas, encuentros, mesas de análisis, etcétera, de tal manera que la candidatura se vaya construyendo de manera natural. Lo mismo para el programa con el que se gobernaría. Exponerlo al examen de la ciudadanía, enriquecerlo, criticarlo.”
Éste, ciertamente, sería un proceso virtuoso. Haría de los participantes auténticos ciudadanos que en un ambiente de libertad podrían contrastar sus proyectos y propuestas de futuro, de su vida comunitaria, de su vida colectiva. Fortalecería una cultura de la participación política democrática y sería una contribución formidable a la construcción de ciudadanía, uno de nuestros grandes déficits. El impulso que un proceso de esta naturaleza daría a la participación ciudadana, sería formidable. Podría emerger, así, una candidatura natural, dotada de una muy amplia base social de apoyo, legitimada porque representaría los anhelos, las demandas y las aspiraciones de muy amplios grupos sociales. Bien lo dice Cecilia Soto: “…eso es lo que queremos: convencer a ciudadanos y ciudadanas de la importancia de participar en el nivel que sea en los procesos políticos que afectan sus vidas… Queremos construir y desarrollar una alternativa, con programa y candidaturas probadas en debates, que convenza sobre la superioridad de la democracia y la separación de poderes, sobre los modelos de populismo con los que simpatiza el gobierno actual.”
Es una propuesta ilusionante. Trasciende las fronteras partidistas y ofrece un horizonte más promisorio liberando a todos de anteojeras ideológicas. Puede que la propuesta no fragüe, pues habrá resistencias, mezquindades y espíritus de secta, pero valdría la pena apoyar un esfuerzo de esta naturaleza. Pero también hay una poderosa reserva moral y espiritual que reivindica la libertad, la democracia, el derecho a decidir, a pensar y actuar con libertad y autonomía política e intelectual. Ahí están las grandes posibilidades de futuro.
POLITEiA ya está en circulación
El número 78 de la revista POLITEiA ya está en circulación. Tenemos una deuda con nuestro compañero y amigo editor Nicolás Vidales Soto, quien trabajó horas extras para tener listo esta nueva edición correspondiente a los meses de noviembre y diciembre, que incluye un ensayo central, Reforma y melancolía en López Obrador, de Carlos Calderón Viedas, e incorpora cuatro excelentes ensayos sobre las perspectivas económicas, políticas, sociales y culturales de Sinaloa, a propósito del inicio de una nueva gestión institucional que desde el pasado primero de noviembre encabeza Rubén Rocha Moya.


POLITEiA, gracias a su compromiso de mantener un alto listón de calidad en sus colaboraciones, ha ganado un sitio entre las revistas de referencia en el ámbito del análisis político. Sin duda, un gran mérito en un ambiente donde esfuerzos de esta naturaleza son poco alentados, incluso por entidades que tienen como propósito alentar y estimular la libre circulación de las ideas. Pero el respaldo de nuestros lectores nos ha permitido mantener presencia en un mercado, como el de las revistas de análisis político, muy salvaje y competido.
Es nuestro propósito que ese respaldo del que hemos disfrutado en años pasados se mantenga ahora y en el futuro. Sinaloa es mucho más que los estereotipos con que se nos ha presentado en otras partes del mundo. Es también cultura, es talento, es esfuerzo intelectual. Y la revista es, junto a muchas otras manifestaciones de cultura, una expresión de ese esfuerzo que creemos debe alentarse. Es una revista nacional e internacional hecha por sinaloenses. ¡Apoyemos este proyecto!
Si usted está dispuesto a apoyar este proyecto, pida sus ejemplares a nuestro distribuidor exclusivo, Cayetano González, en la esquina de Rubí y Buelna, colonia Centro.

ZONA POLITEiA: Sin democracia interna, morena va al fracaso (1)

23 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

La exigencia de democracia en la vida interna, ha sido siempre una constante en la historia de los partidos políticos. Esta exigencia se contrapone con la tendencia natural de las organizaciones al verticalismo en la toma de decisiones. Sobre este tema hay una vasta literatura y un texto clásico para entenderlo es el de Robert Michels, quien formuló la llamada Ley de Hierro de la oligarquía partidaria. Hace apenas unos días, alguien nos lo recordaba: quien dice organización, dice oligarquía. La organización da origen al dominio de los elegidos sobre los electores; de los mandatarios sobre los mandantes y de los delegados sobre los delegadores.

Asumiendo que esta es la realidad de la vida partidista de izquierda, derecha o centro, siempre ha estado presente la exigencia de democracia. Recuerdo, como parte de ese tránsito por la izquierda comunista aquella famosa frase maoísta, precisamente en demanda de democratización: “que cien flores se abran, que florezcan cien escuelas ideológicas”. La verdad es que la frase condensaba toda la demagogia de la vida de los partidos. El control por la cúpula, el papel decisivo de la nomenklatura, el famoso centralismo democrático, fueron siempre factores que inhibieron el despliegue de las potencialidades y capacidades de las organizaciones partidistas para discutir en un ambiente de libertad y tolerancia proyectos y propuestas diversas. No había más línea que la dictada desde arriba, y todo disenso debía ser aplastado. La expulsión era el destino. De ahí otra expresión siniestra de la época: el partido se fortalece depurándose.

Después de unos 150 años de existencia de la forma partido, que sigue siendo a lo largo del tiempo prácticamente igual, las estructuras verticalistas son prácticamente las mismas. No están diseñadas para propiciar la libre circulación de las ideas, no hay, en consecuencia, democracia en la vida interna, las ideas se petrifican porque no existen mecanismos que propicien la confrontación, la discusión respetuosa y civilizada. Los métodos de elección de sus dirigentes y candidatos están controlados y manipulados, y solo de vez en cuando saltan por los aires, sobre todo cuando se acumula la irritación de la militancia sobre sus dirigencias.

En el caso mexicano, la larga etapa de dominación del PRI se caracterizó, al igual que el sistema político en su conjunto, por un acentuado autoritarismo. El intento democratizador de los años 60 muy pronto se dio por concluido con un mensaje siniestro para quienes eventualmente decidieran continuarlo. La ruptura priista de 1987 fue, precisamente, un reclamo por la ausencia de métodos mínimamente democráticos de elección de candidatos. Se entendió que se jugó con dados cargados y el reclamo encendió a amplios sectores de la dirigencia y la militancia, que expresaron en las urnas su decisión de romper con esa práctica política.

Ciertamente, la pasarela fue fraudulenta. Había una decisión tomada y se impuso a troche y moche. Quienes abandonaron la matriz política que los incubó fueron considerados por ensalmo como los nuevos demócratas. A donde fuesen, llevarían la buena nueva: habrá patria y democracia para todos. Todo terminó en un sainete. Los mismos procedimientos, las mismas estructuras, los mismos mecanismos. Peor aún: se produjo una involución. La organización empezó a convertirse en el partido de un solo hombre. Esa concentración de poder en una figura, una especie de liderazgo carismático, providencial, que empezaba a repartir premio y castigos, admoniciones y reconocimientos, reconvirtió los escasos elementos de una cultura política democrática en una cosmovisión de las catacumbas políticas de las que no pocos militantes provenían.

Así, se consolidó un modelo político en el que no había espacio para el disenso, sin democracia interna para alentar un debate civilizado. Imperó el consenso impuesto desde arriba. Resurgió el culto a la personalidad. El Supremo decidía candidaturas, designaba o destituía dirigentes locales, conformaba liderazgos a su medida. El esquema se trasladó al poder, reproduciendo de manera ampliada todos los defectos de un estilo personal de conducción política. Así, se impuso el sistema de tómbolas y encuestas –que hasta la fecha siguen siendo un misterio no revelado— para candidaturas, que, como se ha visto, por ejemplo en el Congreso federal y en los congresos locales, en algunas gubernaturas y no pocas alcaldías, es la degradación de la política llevada a su nivel extremo. El método, evidentemente manipulado, cancela todo debate, y peor todavía, es presentado por su promotor como la quintaesencia del modelo democrático, cuando no es sino la reafirmación de un autoritarismo intolerable. Se entiende que el método encante a quienes han hecho de la abyección su mecanismo de ascenso político, pero causa pena ajena que sea defendido por quienes desde la izquierda durante años han luchado por la democracia en la vida pública y en sus organizaciones políticas.

Con ese método, se ha anunciado, se designará el candidato del poder a la presidencia de la República para las elecciones de 2024. Será el que gane la encuesta, ha dicho muy ufano el Supremo. Pero habrá resistencias y muy fuertes, dentro y fuera. Algunas son muy visibles. A ello dedicaremos una segunda parte.

POLITEiA ya está en circulación

El número 78 de la revista POLITEiA ya está en circulación. Tenemos una deuda con nuestro compañero y amigo editor Nicolás Vidales Soto, quien trabajó horas extras para tener listo esta nueva edición correspondiente a los meses de noviembre y diciembre, que incluye un ensayo central, Reforma y melancolía en López Obrador, de Carlos Calderón Viedas, e incorporar cuatro excelentes ensayos sobre las perspectivas económicas, políticas, sociales y culturales de Sinaloa, a propósito del inicio de una nueva gestión institucional que desde el pasado primero de noviembre encabeza Rubén Rocha Moya.

POLITEiA, gracias a su compromiso de mantener un alto listón de calidad en sus colaboraciones, ha ganado un sitio entre las revistas de referencia en el ámbito del análisis político. Sin duda, un gran mérito en un ambiente donde esfuerzos de esta naturaleza son poco alentados, incluso por entidades que tienen como propósito alentar y estimular la libre circulación de las ideas. Pero el respaldo de nuestros lectores nos ha permitido mantener presencia en un mercado, como el de las revistas de análisis político, muy salvaje y competido.

Es nuestro propósito que ese respaldo del que hemos disfrutado en años pasados se mantenga ahora y en el futuro. Sinaloa es mucho más que los estereotipos con que se nos ha presentado en otras partes del mundo. Es también cultura, es talento, es esfuerzo intelectual. Y la revista es, junto a muchas otras manifestaciones de cultura, una expresión de ese esfuerzo que creemos debe alentarse. Es una revista nacional e internacional hecha por sinaloenses. ¡Apoyemos este proyecto!