La broma de la democracia

Marcelino Perelló*

 

Excélsior, martes 10 de julio del 2012

 

Que conste que fue Borges quien lo dijo, no yo: “La democracia es una superstición, un abuso de la estadística”. Jorge Luis fue reaccionario, lo que no siempre le impidió ser clarividente. A veces sí, pero no es en absoluto el caso de su lapidario y compacto juicio sobre la democracia, de una lucidez cegadora.

 

Y que conste también que fui yo, y no Borges el que dijo que “la democracia es la cuantificación de la razón” o dicho de otra manera: “Si son más, están en lo correcto”, lo cual es síntoma inequívoco de un delirio sicótico maniaco-depresivo.

 

Y no fuimos ni Borges ni yo los que formulamos un apotegma sin duda más antiguo: “…que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos”. Obviamente no se refiere de manera específica a la democracia y sus mecanismos, y no pretendo aquí establecer quiénes son los buenos y quiénes los malos, ni el grado o la manera en que se produjo el auxilio divino.

 

De todo ello se deduce sin dificultad que yo no soy un demócrata; no soy, ni de lejos, un acólito de la democracia. Entendida ésta, por supuesto, en su sentido estricto: los comicios, los escrutinios, la legitimación de las mayorías, y todo lo que conlleva: desde la demagogia preelectoral propagandística (léase publicitaria) hasta el aposentamiento del poder.

 

Porque hay muchos ciudadanos, demasiados, que le enjaretan a la democracia atributos y virtudes que no le corresponden y que pretenden convertirla en una especie de sinónimo —parónimo, digamos— de la libertad. De cierta libertad descafeinada.

 

Así, pretenden que de la “democracia” dependan los derechos humanos y civiles, la posibilidad de expresión y asociación sin cortapisas, el apego irrestricto a la ley y el justo castigo a quienes osen violarla; la victoria de la honestidad y la inteligencia sobre la corrupción, las trampas y la estupidez. El predominio de la tolerancia y el respeto a la razón ajena. La solución a los conflictos por medio del diálogo sensato.

 

Una justa repartición de la riqueza y la retribución equitativa del fruto del trabajo. En consecuencia, la desaparición de la pobreza y la atención competente y digna de las enfermedades. En fin, el triunfo aplastante de la verdad y la justicia sobre la mentira y la crueldad.

 

Podría haber continuado esta relación ad infínitum. Pero ahi muere. Para el lector perspicaz y de buena fe ha de ser suficiente para admitir que la democracia per se no implica nada de todo esto. Es preciso no hacerse bolas: la “democracia” es únicamente el reino del voto.

 

Esa historia de la etimología griega que nos quiere hacer tragar el “demos-kratos” como el poder del pueblo no tiene ni pies ni cabeza. Es un oxímoron inaceptable, una contradicción flagrante, pues el pueblo, por definición, es aquel sector social que carece de poder. Ya puestos, y para volver al terreno de las frases sabias, imposible olvidar al revolucionario y político francés Charles-Maurice de Talleyrand, creo, y su: “La mayoría es el peor de los tiranos”, que hace juego con la de Montesquieu (de él estoy seguro): “No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia”.

 

Yo, por mi parte, quiero hacer patente mi convicción de que un día no tan lejano la ínclita y nunca bien ponderada Real Academia dela Lengua Españolase digne establecer las comillas como un signo ortográfico obligatorio, como los acentos o las haches. Y que entonces se pueda escuchar al pequeñuelo que está haciendo su tarea, preguntar al padre: “Papá, ¿democracia se escribe con comillas?” A lo que éste contestará sin separar la vista del periódico: “Claro, hijo, ‘democracia’ se escribe siempre con comillas. Ya deberías saberlo”.

 

Que las elecciones de hace nueve días volvieron a poner de manifiesto hasta qué punto la democracia es una práctica grotesca no hace falta demostrarlo. Digamos que lo que estaba previsto ocurrió tal como estaba previsto: que el PRI, el único partido digno de ese nombre en México, ganaría por amplio margen no había nadie razonable que pudiera ponerlo en duda. Dije “nadie razonable”.

 

Las derrotas de 2000 y 2006 sólo pueden explicarse por el desgaste de 70 años de gobierno ininterrumpido, las confrontaciones internas, y por la intervención descarada de Washington, cuyo objetivo en el mundo es exterminar toda organización política estructurada, que pueda ponérsele al brinco, desde el campo socialista hasta los países latinoamericanos, pasando por Europa y, por supuesto, los países islámicos. Los gringos detestan al PRI, y si se la pelaron esta vez fue en parte porque Obama, pese a todo, será lo mismo pero no igual a sus antecesores, y en parte porque la oposición en México, de derecha, de “izquierda” y de caricatura, no podía, realmente, ser más deleznable e incapaz.

 

También estaba prevista la debacle neocristera. No podían  no tener consecuencias 12 años de demolición sistemática de las estructuras nacionales edificadas a lo largo de dos siglos, y el escandaloso crimen de convertir la Repúblicaen un gigantesco y cavernario rastro, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de la Casa Blanca, que prefiere seguir siendo blanca y que la sangre corra en su backyard.

 

Si al PRI le tomó 70 —de hecho noventa— años agotarse y marchitarse, al PAN le bastaron doce.

 

Pero tuvieron lugar también fenómenos imprevistos, como corresponde a un ejercicio contrahecho como lo es el de las elecciones democráticas.

 

Fue inesperado, en primer lugar, el éxito relativo de ese verdadero fantoche que fue el candidato de ese muégano pegajoso llamado PRD. Obtuvo más de 30% de los sufragios, en números absolutos incluso por encima de los obtenidos hace seis años. Se trata de un portento que de plano no consigo explicar. De lo que estoy prácticamente seguro es que si el muégano hubiera podido liberarse del yugo al que lo tenía (¿tiene?) sujeto el llegado de Macuspana, y hubiera sabido y podido postular a otro candidato más creíble y menos decrépito, hubiera ganado las elecciones. Aquí entre nos, en el gabinete fantasmal de López Obrador hay un par de personajes que, me cae, la hubieran hecho. Pero donde manda un pejelagarto no gobiernan los salmones.

 

También me resulta del todo incomprensible otro éxito, menor en cifras, mas igualmente sorprendente. No es necesario que se lo diga, pero igualmente se lo digo: el resultado de ese avispero más que panal, y que le permite mantener el registro. Los resultados tanto del PRD como de Nueva Alianza representan el ejemplo áureo del sentido absurdo de la democracia.

 

Finalmente, es imposible no señalar el estrepitoso desastre de las encuestadoras, que en promedio otorgaban a Peña Nieto 5% más de lo que realmente obtuvo y a López Obrador 4% menos del resultado oficial. Algo similar, aunque menos dramático, de lo que sucedió en Colombia cuando el genocida Juan Manuel Santos finalmente derrotó al matemático, ecologista, notabilísimo alcalde de Bogotá y amplio favorito Antanas Mockus.

 

Lo dicho, querido y desolado lector, la democracia es una broma. Una mala broma.

 

*Matemático

 bruixa@prodigy.net.mx

 

El veinte

Marcelino Perelló

 

Excélsior, martes 17 de julio del 2012

 

La cuestión no es nueva. Ha sido abordada por más de un pensador a lo largo de la historia, desde Sócrates el de Atenas, hasta Wilhem Reich y la Psicología de masas del fascismo, pasando por Sigmund Freud en su Psicología de las masas y análisis del yo o José Ortega y Gasset con La rebelión de las masas.

 

Se trata, pues, de un fenómeno antiquísimo, con toda seguridad muy anterior al propio Sócrates. Se trata, ya lo adivinó usted, perspicaz lector, de esa especie de ceguera, de delirio compartido que se apodera de determinados colectivos, unos relativamente pequeños, otros gigantescos, que lenta o súbitamente los vuelve irracionales y capaces de acciones, actitudes y pensamientos que nunca hubieran imaginado. Dicho de otra manera, y en mayor o menor grado, los vuelve “fanáticos”, es decir, intolerantes y autocomplacientes, apasionados. Nadie está a salvo.

 

He oído y leído no pocas veces acerca de este fenómeno, pero nunca lo había vivido de manera tan vertiginosa y descarnada. Tal vez por eso no supe identificarlo enseguida. La enajenación colectiva se produce, siempre, al amparo de la comunidad, ya sea ésta un grupo chico, pero considerable, suficiente pues, o todo un conjunto social masivo. En solitario, de manera individual, este fenómeno nunca se produce. Uno no se atrevería o, mejor, ni le pasaría por la cabeza adherir a tales impulsos y convicciones.

 

Los escenarios de tales procesos alienantes son múltiples. Tal vez la religión, las religiones, es el más notable. Los auténticos feligreses, los verdaderos fieles practicantes de cualquier culto, antiguo o reciente, grande o pequeño, son todos alienados. Fanáticos con los que no se puede, deje usted discutir, no se puede hablar de su fe y de sus dogmas. Ya lo dijo el siempre sugerente Carl Sagan: “No puedes convencer a un creyente de nada, porque sus creencias no están basadas en evidencia alguna, sino en una enraizada necesidad de creer”.

 

Que quede claro que el fanatismo alienado no se contradice en absoluto con la inteligencia, la cultura o el espíritu crítico. Corren por vías distintas. Paralelas pero distintas. Grandes hombres de ciencia han sido fervientes religiosos. No me voy a extender, pero con sólo mencionar un par de nombres mi afirmación quedará del todo sustentada. Isaac Newton fue un devoto anglicano que en los últimos 20 años de su vida abandonó la física y las matemáticas, y se dedicó al estudio dela Biblia. LouisPasteur no cantaba mal los salmos, esta vez católicos.

 

Cuando le preguntaron cómo le hacía para compaginar su fe con la ciencia, respondió: “A Dios lo dejo siempre en la entrada de mi laboratorio”. Y supongo yo que lo recogía a la salida. Me hacen gracia aquellos cristianos de pro que se burlan de los davinianos en Texas, los del Templo de Dios enla Guyanao los californianos dela Heaven’s Gate que se suicidaron para que el cometa Hale-Bopp los llevara con él. Supongo que tales fieles consideran tener a la verdad agarrada por la cola (como todos los fieles) y que creer que un hombre asesinado y enterrado resucitó y partió hacia los cielos con todo y su maltratado cuerpo, es un ejemplo impecable de racionalidad.

 

Pero las creencias religiosas no son el único ejemplo de fanatismo ciego. Aunque de manera mucho más reciente, los seguidores y las porras de los equipos deportivos constituyen otro buen ejemplo. Yo fui durante años fanático inflamado de los Diablos Rojos del México. Sé de la alegría exultante de la victoria, la eucaristía, y de la desolación desesperada, a veces hasta las lágrimas, de la derrota, el terrible castigo divino. ¿No ha visto usted acaso, fanático lector, a ese aficionado que recurre a toda suerte de hechizos y sortilegios que ayuden a su equipo, y a él de paso? De hecho el pensamiento mágico e irracional lo podemos encontrar en multitud de dominios: entre los coleccionistas de lo que sea, en los que recurren a los hechiceros y a las medicinas “alternativas”, por supuesto a todos los amantes y enamorados, de personas, situaciones o conceptos, la música “moderna”, el rock y el pop en particular, han dado y siguen dando demostraciones de histeria colectiva aparatosas, incomprensibles e inquietantes. Que si esto que si aquello, ya llegamos. Como siempre, o como casi siempre, dejo lo que realmente me interesa al final. Uno de los dominios privilegiados de la alienación colectiva es, y no podría ser de otra manera, la política.

 

A lo largo de la historia universal se ha producido una verdadera retahíla de gentíos enloquecidos tras un líder que en el trance de una metamorfosis mágica se transforma en Mesías. En el Mesías, pues Mesías sólo hay uno. Uno por ámbito y por periodo, digamos.

 

Así, de Genghis Khan a Hugo Chávez, los profetas y guías de sus pueblos han proliferado. Políticos o religiosos. A menudo ambos a la vez: Tamerlán, David, Alejandro, Carlomagno, Pedro, Iván, Napoleón, Stalin (más que Lenin), Churchill, Mussolini, Hitler, De Gaulle, el Sha, Ataturk, Nasser, Perón, Getulio, Fidel… y docenas, cientos más. Cada uno con su estilo y destino particular. Con más o menos talento. Y de repente, viéndome envuelto, sumergido en este fenómeno que yo sólo conocía de lejos, no supe identificarlo.

 

Cómo es posible, preguntaba y me preguntaba yo, que tanta gente, en principio razonable e informada, crea en tantas mentiras, en esta farsa miserable, que para los que no hemos sido seducidos no esconde ningún misterio. El único misterio es el del Flautista de Hamelín, el de los que se dejan embriagar por la melodía del Ungido.

 

Pascal Beltrán del Río, nuestro director, publicó este domingo, en su Bitácora, un hermoso y edificante texto. Hermoso, edificante y, ¡ay!, benevolente en exceso. Atribuye el actual conflicto poscomicial en México a que nuestro sistema electoral es imperfecto, y lo ha sido siempre. Nos habla entre otros de Guadalupe Victoria, de Vicente Guerrero, de Anastasio Bustamente. Y sostiene que muy pocos de los presidentes mexicanos del XIX lograron terminar su periodo.

 

Es verdad, pero me temo que tales remociones tuvieron poco que ver con las leyes electorales y mucho con la de la pólvora. El problema, Pascal Beltrán del Río, es que hubo y hay tramposos. Y no hay ley que valga para evitar las trampas. Es como si me dijeras que en el dominó del Tupinamba siempre hay escándalos porque a cada rato alguien acusa de tramposo al otro, y tú sostuvieras que era preciso cambiar las reglas del dominó. A lo mejor el dueño del Tupinamba debería colocar un cartel en la pared que dijera: “Se prohíbe hacer trampas”. Hay dos clases de chapuzas. Las de primer grado, que consisten en esconder una ficha de la manga, y las de segundo grado en que alguien acusa al otro de haber escondido una ficha, sin que sea verdad. Se para, tira la silla y arroja las fichas. Esas, las chapuzas de segundo grado, son las realmente malignas.

 

No dudo ni tantito que todos los partidos en liza cometieron irregularidades; todos son mañosos; ninguno va con el cirio y el lirio en la mano. Pero trampa, trampa, lo que se dice trampa, sólo uno la está cometiendo. Una de segundo grado.

 

El veinte me cayó de repente, como caen todos los veintes. Estamos frente a un fenómeno religioso, similar digamos, guardando todas las distancias, al dela Santa Muerte,la Cienciología,la Luzdel Mundo ola Nueva Jerusalem.En ese plano hay que abordarlo y considerarlo. Los feligreses no van a escuchar argumento alguno. Como todos. Y el Mesías, como todos, no es de fiar.

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LA UNIDAD PRIÍSTA

LAS COSAS QUE PASAN

Por: Jorge Walterio MEDINA

medinawalterio@hotmail.com

 

Diversas las reacciones generadas por la comida que las cabezas de los grupos políticos del PRI en Sinaloa, sostuvieron hace apenas unos días.

 

Para empezar resultó extraño y poco entendible para la opinión pública que la gran mayoría de los asistentes al evento de la ‘unidad’, mostraran ahora el protagonismo que no les vimos durante las campañas.

 

Difícil entender el mensaje que manda la clase política priísta, porque si la proclama es la unidad, las interrogantes surgen por todos lados.

 

La elección local del 2010 efectivamente fue un parteaguas en la historia política de Sinaloa y lo fue porque la derrota del PRI se gestó, se afirma, por la traición de muchos de sus cuadros, la mayoría por cierto presentes en la comida a la que convocó Jesús Burgos Pinto.

 

¿Unidos de verdad?

 

Presentes en la mesa principal los exgobernadores Juan Millán y Jesús Aguilar, y al lado de ellos el empresario Eustaquio de Nicolás, de quien se dice es amigo personal del futuro Presidente de México.

 

A Heriberto Galindo Quiñónez, diputado federal electo y quien fuera junto con David López, el único invitado especial de Enrique Peña Nieto en su última visita a Sinaloa,  lo sentaron en la cuarta o quinta fila.

 

Evidente pero extraño el mensaje.

 

Cuál es el futuro del PRI en Sinaloa, luego de la recuperación dela Presidenciade México, lo que, dicho sea de paso, viene muy probablemente a cambiar las reglas del juego,

 

En puerta primero  la renovación de la dirigencia estatal priísta y luego, ya dijimos aquí que el 2013 no está tan lejos como parece, las candidaturas para renovar los dieciocho ayuntamientos y las cuarenta diputaciones locales.

 

El diputado Antonio Castañeda, dirigente del comité municipal del PRI en Culiacán, ya hizo pública su aspiración de dirigir el Comité Directivo Estatal del PRI en el relevo de Jesús Burgos Pinto.

 

No se han hecho públicas, pero ya se sabe también de las aspiraciones de Jorge Abel López Sánchez, el exalcalde de Mazatlán.

 

A Castañeda se le ubica como parte de un grupo que ha alcanzado poder dentro del PRI, derivado de un fuerte trabajo con los priístas de base, con los que realizan el trabajo en las colonias y en las comunidades rurales.

 

Jorge Abel López Sánchez mantiene interesante trayectoria política y ahora pesa en su favor su cercanía con peñañietistas de primer orden, como lo son David López y Heriberto Galindo.

 

Alguien nos asegura que el proceso electoral local del 2013 alcanzara notable importancia, porque de ahí surgirá muy probablemente el próximo candidato del PRI al gobierno estatal.

 

Y qué con los senadores electos Aarón Irízar y Daniel Amador, preguntamos.

 

Apenas una sonrisa la respuesta.

 

LAS COSAS QUE PASAN

 

Jesús Enrique Hernández Chávez y Pablo Moreno Cota son de los sinaloenses que mejores cuentas rindieron como delegados del CEN del PRI en los pasados comicios, el primero en San Luis Potosí y el segundo en Colima.

 

Por rumbos del PAN donde la derrota presidencial los mantiene aturdidos y sólo así se explican los exabruptos de su dirigente nacional Gustavo Madero respecto de compra de votos y otras denuncias, se preparan para el relevo de su dirigencia estatal en Sinaloa.

 

Francisco Solano Urías está a punto de dejar la dirigencia de un partido que también en Sinaloa alcanzó lamentable derrota y que, en buena medida así ocurrió por la marcada división que el propio presidente saliente generó.

 

Mucho trabajo tendrá la próxima dirigencia panista para reposicionarse en la entidad.

 

 

 

En puerta la revisión en el Congreso del Estado de las cuentas públicas de la administración estatal y de los dieciocho ayuntamientos.

 

Se nos asegura que hay irregularidades en las mayorías de ellas, pero que serán las de tres municipios las que de plano serán devueltas por los legisladores, ante los excesos de anomalías encontradas.

 

Hablamos de El Fuerte, Sinaloa y Angostura, municipios gobernados por la coalición PAN-PRD y Convergencia, la misma que en el 2010 postuló la candidatura de Mario López Valdez y ofreció llevar a Sinaloa al cambio que la sociedad sigue reclamando.

 

Ahí mismo en la legislatura local “la Diputada RosaElvira Ceballos Rivera, Presidenta dela Comisiónde Educación Pública y Cultura, al dar el mensaje de bienvenida en la presentación dela Iniciativade Ley parala Proteccióncontrala Exposiciónal Humo del Tabaco en el Estado de Sinaloa, expresó que uno de los problemas más graves de salud pública a nivel mundial, es el consumo de tabaco, según cifras dela Organización Mundialdela Salud,  el consumo de cigarro, es la segunda causa principal de mortalidad en el mundo y ocupa el cuarto lugar entre los factores de riesgo de enfermedades más comunes.

 

Señaló que se calcula que para el 2020, el cigarrillo se convertirá en la primera causa de muerte e incapacidad por encima del sida, la tuberculosis, los accidentes de tránsito y el homicidio. México, ocupa el sexto lugar de fumadores y un primer lugar de fumadoras”.

 

Y bueno, estamos en pleno periodo vacacional y se espero que al regreso a la normalidad laboral,  se registren los ajustes de alguna manera anunciados por el gobernador Mario López Valdez.

 

Quizá también veamos por fin  la respuesta oficial a los señalamientos de múltiples irregularidades, enla Secretaríade Salud a cargo de Ernesto Echavarría.

 

Hablamos de trabajos periodísticos basados en datos de investigaciones practicadas porla Auditoría Superiordel Estado, donde,  según se dice, las irregularidades en el gasto público en Salud, brotan por todos lados.

 

Así están las cosas…