DOS A LA SEMANA
Jorge Eduardo Aragón Campos
El Perú cuenta con 30 millones de habitantes, 10 de ellos están en Lima, la capital, una ciudad cuya problemática presenta más de una semejanza con la nuestra; con todo y ello, desde los peruanos originales tuvieron el suficiente sentido común para no emperrarse en hacer de Machu Picchu su ciudad capital, lo cual quizá les valió para que Pizarro les pegara la pela histórica que les puso: si hubieran optado por Machu Picchu, los españoles ya no habrían encontrado una sola pepita de oro, en una nación empobrecida por el gasto descomunal de sostener una gran ciudad propia de los verdaderos dioses.
¿Pues cuánto puede costar? ¿Así como para arruinarse uno?
El Valle de México puede soportar a lo sumo 8 millones de habitantes, pues la cantidad de agua de lluvia que capta alcanza para eso nada más, el resto hay que subirlo desde donde quede más cerca: desde 1912 ya su equilibrio freático se había vuelto negativo y la ciudad comenzó a hundirse, es decir que el Valle de México está cumpliendo 110 años de batallar con el agua; el “Cutzamala” era un conjunto de presas que dotaba de agua para generar electricidad y riego para la agricultura, pero se le cambió de uso y desde 1993 se transforma en el sistema Lerma-Cutzamala, que aporta el 25% del agua que se consume en la Zona Metropolitana del Valle de México.
Ojo: estamos hablando únicamente de la cuarta parte del agua que se consume en la CDMX. Nada más el agua; nada más la cuarta parte de esa agua; no se les olvide que falta la tragadera… y todo lo demás… para, hasta entonces, comenzar a preocuparnos por la manera de bajar los desechos; para que no se les olvide, también comiencen a preguntarse para qué.
El sistema Lerma-Cutzamala es una obra mayor de ingeniería, su infraestructura inicia a 150 kilómetros de la ZMVM, en Michoacán, luego pasa por el Estado de México para, finalmente, llegar a la CDMX, en un trayecto sobre 330 kilómetros de canales abiertos, túneles y acueductos, que se vale de las seis plantas de bombeo más grandes de América Latina, para alimentar a la red con 16 000 litros por segundo con agua de lluvia de siete presas, consumiendo cada día más energía eléctrica que Toluca, la capital del Estado de México, con más de 2 millones de habitantes. Por si fuera poco, 40% del agua que corre por las tuberías del Lerma-Cutzamala se pierde debido a las fugas en el sistema. Pero miren, no cabe duda somos uno de los pueblos más suertudotes del mundo, porque la CONAGUA ya dio con una solución: según sus propias predicciones, para 2030 se tendrá que encontrar nuevo abasto similar al del actual; es decir, construir otro sistema nuevo del mismo tamaño. Va otra vez: estamos hablando únicamente de la cuarta parte del agua que se consume en la CDMX. Nada más el agua; nada más la cuarta parte de esa agua.
¿Para qué?
Pues para que el Emperador al despertar, vea por su ventana el paisaje que es de su agrado. ¿O de casualidad ustedes conocen una mejor razón para mantener a 30 millones de personas en un espacio que sólo aguanta 7? Si la presidencia no tuviera su domicilio ahí ¿Cuál hubiera sido el acicate para subsidiarle todo? Para no seguirle más lejos ¿Quién sino el presidente de la república, tiene el poder y la fuerza para dejar en punto muerto la urgente desconcentración de la mayor atrocidad urbana de la historia? Porque además ¡AHÍ TIEMBLA! Así como decían que después del DF todo es Cuautitlán (algo así), de igual manera en la CDMX todos los caminos conducen a Palacio Nacional; no nos hagamos: es una ciudad burocrática desde su origen. Hace 10 000 años (¡Ay sí! Seguramente ustedes sí se hubieran podido aguantar).
¡Ya pues! Serio de nuevo.

No tiene absolutamente nada de malo, y sí por el contrario mucho de bueno, ser una ciudad burocrática (no monárquica), es una idea de la modernidad que suma más de una experiencia y hay casos de fracaso (Brasilia), y también de éxito (Washington D.C.), pero para variar de nuevo somos excepcionales, con la única Gran Capital que desde la noche de los tiempos, se ha sostenido sobre los hombros de una nación que no tiene los recursos para mantenerla. El gran secreto es que la CDMX en realidad es una ciudad capital teocrática: le damos tanta importancia a la vida, que nos pasa de noche que el tributo sobre las tribus sometidas era en moneda y en especie, además de los corazones sangrantes. Parte de esos recursos eran utilizados para sostener una red de corredores que, desde Veracruz, traían pescado fresco de ese día para la comida del emperador.
Qué bueno que ya no ocurre así; es un alivio.
Todos nos quejamos de que nos han robado, y le agregamos que nos siguen robando, pero nadie dice cuánto, bueno, a lo largo de esta serie han aparecido algunas cantidades que le voy a pedir sea usted tan amable de sumarlas conforme las voy dando: todos los costos del AIFA, todos los del Texcoco, todas las ampliaciones al Benito Juárez desde 1985 a la fecha, también, desde entonces hasta hoy, el equivalente al consumo eléctrico diario de 9 millones de usuarios, todos los costos del sistema Lerma Cutzamala… Disciplinas como la sicología, la economía, la mercadotecnia, los casados, tienen ya bien visto un efecto de nuestras limitantes para el pensamiento abstracto: nuestra experiencia física con el dinero es el eje referencial para el concepto. O lo que es lo mismo: toda cantidad de dinero que no sea cercana a la que acostumbramos manejar, deja de existir. Si Jeff Bezos llega a 100 000 millones, para nosotros es lo mismo que si fueran 50 000, ó 25 000: las tres cantidades quedan a la misma distancia de la nuestra, sólo son números escritos en un papel. Menciono todo esto, porque no nos va a servir como excusa: El dinero que se roban es dinero que se va, y si se va es porque de algún lado llegó y por ende para algo faltó; entre otras cosas, faltó para que los pacientes de COVID no murieran asfixiados por la insuficiente presión de oxígeno en los hospitales públicos, pero desde años antes faltó para los medicamentos de las enfermedades propias de los abuelos; faltó y falta hoy, para las hemodiálisis; faltó y falta hoy, cada vez que no hay para usted un pinche curita; faltó y falta hoy, para adquirir los medicamentos contra las formas de cáncer infantil ¡INFANTIL! ¡La última frontera! Es verdad que con este gobierno llegamos al fondo y no por la falta de recursos, sino por el trato: los recursos simplemente llegaron a donde tenían que llegar (a cero) después de años de sucesivas reducciones presupuestales.
¿Cuantos corazones frescos para la piedra, por día, para sostener la ciudad del señor presidente, estamos dispuestos a seguir pagando? ¿Más o menos con cuántos alcanzaríamos los estándares propios de la modernidad? Si es aconsejable se apuren a definirlo porque, siendo muy francos, hay que andar muy cruzado con cuanta mierda ofrece este amado terruño nuestro, como para pensar que esto va a mejorar.
