DOS A LA SEMANA

LA TERE GUERRA

Jorge Aragón Campos

            Siempre tuve la idea de Tere Guerra como una luchadora social, al pendiente siempre de aquellos desamparados que resultaban víctimas del poder o del capital; ahora entiendo que yo pensaba así no porque me constara, sino porque ella no se cansaba de autoproclamarse como tal. Nada más.

El pasado viernes 18 de enero, en su columna periodística, Guerra anticipa una reactivación del “debate sobre las pensiones de los trabajadores del gobierno del Estado, y la imperfecta Ley que fue aprobada en 2009 para regularlas, con la asignación reciente que hizo el Congreso del Estado de cientos de millones de pesos para liquidar a encumbrados exfuncionarios del sexenio de Jesús Aguilar”.

Siguiendo el orden de la redacción, la primera imprecisión que vale la pena señalar es que no se trató de una asignación de parte de los diputados, sino de una (ojo) reasignación de recursos, pues el proyecto de presupuesto para el año 2013, entregado por la actual administración estatal, (otra vez: ojo.) no contemplaba un centavo para ese fin. Lo siguiente es que, caray, es bien conocido el truco de meterse a estudiar leyes para sacarle la vuelta a las matemáticas, pero tampoco hay que ser tan malo para los números, sobre todo cuando se trata de escribir artículos con mala leche, como es el caso de teresita, pues la expresión “cientos de millones de pesos” reclama que por lo menos sean doscientos, y en este caso lo reasignado por los diputados llega a solo… 190 millones. ¡Ceeeerca la bala! Y el colmo de la mala intención es su afirmación de que la suma será utilizada para “liquidar a encumbrados ex funcionarios del sexenio de Jesús Aguilar”.

Pero permítanme seguir compartiendo con ustedes lo escrito por nuestra paladina de las causas justas: “En esas fechas (2009), todavía era gobernador Jesús Aguilar, quien escuchó recomendaciones de supuestos “expertos” que le sugirieron suprimir derechos para los trabajadores de base, según para ahorrar en el gasto de pensiones. Lo paradójico y contradictorio de esas reformas, es que hoy el gobierno del Estado tiene que gastar más, no en sus empleados de base, sino en los funcionarios de confianza. ¿Dolo, mala fe, impericia, o interés de beneficiarse con la reforma? No lo sé…” aquí nuestra abogada se está brincando un pequeño dato: la nueva ley de  pensiones de los trabajadores al servicio del gobierno del Estado, es una iniciativa federal con alcance nacional, y de ninguna manera se sustenta en la eliminación de derechos para los trabajadores de base, pretende resolver un esquema que mantiene, todavía, en un estado de desamparo a los trabajadores de confianza de los gobiernos de los estados, pues (mucha gente lo ignora) a diferencia de los trabajadores municipales, que gozan de todas las prestaciones del IMSS e INFONAVIT, y los federales, que lo hacen igualmente con ISSSTE y FOVISSSTE, los estatales solo reciben servicios de salud en el ISSSTE y nada más, ninguna otra prestación. Es decir, son trabajadores de segunda clase, lo cual es violatorio no solo de las leyes laborales sino de derechos constitucionales básicos, pero ello lo agarra Tere Guerra y se lo pasa olímpicamente por el arco del triunfo, por el grave hecho de que dicha ley fue impulsada por la federación durante el sexenio de Aguilar Padilla. ¡Faltaba más! Lo que sí es verdad, quizá la única que contiene el artículo de marras, es que hoy gobierno del Estado tiene que gastar más no en sus trabajadores de base, sino en sus empleados de confianza; esto ha de ser (sospecho yo) porque la actual administración, despidió a más de mil trabajadores de confianza en sus primeros tres meses, lo cual no pudo hacer con los de base al contar estos con derechos sindicales que los amparan. ¿Qué esperaba Tere Guerra? ¿Qué indemnizaran a quienes se quedaron? ¿En qué planeta? Lo que yo me pregunto, es por qué esta supuesta defensora de las causas justas, guarda miserable silencio frente al hecho indignante de que a dos años de distancia, más de mil ex trabajadores, que representan a igual número de familias, no han recibido ni un centavo de una prestación justa, a la que tiene derecho cualquier trabajador por el simple hecho de serlo, y no solo eso sino, más preocupante aún, a la manifiesta poca disposición de la autoridad para cumplir su obligación, dada la falta de previsión contemplada en el proyecto de presupuesto para este año, aberración que afortunadamente fue atajada, aunque sea en una pequeña proporción, por los diputados locales, pero esto no significa para Guerra el cumplimiento de una obligación de nuestros representantes, sino un acto de la más puerca corrupción: “…los diputados acordaron asignar cientos de millones de pesos para ciertos ex funcionarios, no para todos, sino para los amigos de ellos.” En lo de las matemáticas no tiene caso insistir (aunque ella lo haga), a Tere no se le dan y punto, pero hay que reconocer sus facultades para la mala leche: los recursos reasignados irán a parar al Instituto de Pensiones, perteneciente al actual gobierno (como toda la administración estatal) para su aplicación. La licenciada Guerra (de algún modo hay que decirle), omite el hecho de que el propio titular del Instituto ha tenido ya acercamientos con muchos ex trabajadores, en busca de soluciones que satisfagan a todos, pues son más de mil los afectados, o sea que no todos son altos funcionarios, ni tampoco aguilaristas, pues curiosamente a los que más se les adeuda es a los que tienen mayor antigüedad, y hay entre ellos quienes estuvieron trabajando desde el sexenio de Valdez Montoya, de hecho la mayoría contaba con una antigüedad mayor a los seis años en el momento de su despido, y no son más de mil millones los que se requieren, sino una cantidad menor (los que andan en eso hablan de aproximadamente 800 millones). Lo que es el colmo, es que la propia administración estatal presenta ya otra actitud frente al problema, más conciliadora y sensible, mientras que esta abogada, que durante muchos años nos vendió la idea de su compromiso con las causas de los más débiles, se lanza a la yugular de los afectados, buscando colgarles el san Benito de aguilaristas, como si en verdad fuera un pecado de lesa humanidad. Nomás le faltó pedir les pongan una estrella amarilla en la ropa.