Jorge Luis Telles Salazar
Para Roberto Soltero, especialista en fenómenos meteorológicos – y también enamorado de la política – no hay duda: fue una precipitación histórica. Al menos la más grande sobre Culiacán, en los últimos cincuenta años.
= Encontrar otra igual o superior, inclusive, sería remontarnos hasta la década de los cincuentas, cuando éramos unos “chavillos” – nos dice, ante los micrófonos de Radio Universidad Autónoma de Sinaloa, apenas unos minutos después de haber concluido los tremendos aguaceros que nos trajo “Manuel” a manera de generoso regalo.
Clamábamos por agua. Ya la tenemos. No fue suficiente para llenar las presas del centro del Estado; pero ahora – como paliativo a los estragos causados por este huracán de categoría Uno – el panorama agrícola es diametralmente diferente al de días atrás. Alentador, digamos.
La acumulación del vital elemento, después de 48 horas de lluvia (desde la tarde del martes hasta la tarde del jueves, entre ligera, moderada, copiosa y torrencial), fue del orden de 410 milímetros, parámetro cercano al promedio anual, lo que da una idea de la situación que se vivió en nuestra ciudad.
Así las cosas, como resultado de estas precipitaciones, el almacenamiento del líquido en la presa Sanalona se disparó a un 64 por ciento con respecto a su capacidad máxima de conservación; en la del Varejonal (por citar los nombres tradicionales de estas obras de infraestructura hidráulica), se elevó a un 31 por ciento. Los escurrimientos, sin embargo, serán copiosos en lo que resta de la semana, de tal modo que los almacenamientos todavía se incrementarán de manera importante.
Por lo que hace a la presa Eustaquio Buelna, ubicada prácticamente dentro de la ciudad de Guamuchil y alimentada por el río Mocorito, ésta rebasó en un 36 por ciento sus niveles, lo que hizo imperativos los desfogues casi de inmediato. Las presas del norte de la entidad no recibieron grandes aportaciones de “Manuel”; pero allá ya tenían buenos registros del líquido. Allá han tenido buena temporada pluvial.
Y bueno, dentro del desastre causado por el fenómeno citado, estas son las buenas noticias: el ciclo agrícola Otoño-Invierno 2013-2014, cuya programación de siembras aún no está definida, está salvado. Y posiblemente hasta sobre agua para el Primavera-Verano 2014-2014. (Ojalá)
Sobre el particular, nuestro invitado al programa Agenda Radio (martes y jueves, de 17. 30 a 18 horas), mientras afuera el cielo se cae del aguacero, nos hace una observación:
= Bueno, mi querido Jorge Luis, habría que poner las cosas sobre la balanza. Siempre será bueno tener agua en abundancia; pero, en lo económico, las cuentas no van a salir todo lo superavitarias que quisiéramos: por un lado, este fenómeno ya le pegó durísimo a los productores al destruir gran parte de la infraestructura para las siembras de hortalizas y al aniquilar los cultivos en pie; por otro, dudo que las utilidades que nos genere una excelente producción de granos sea suficiente para equiparar todo lo que gastará el gobierno para reparar tanto destrozo. (Ya dijo MALOVA: ni con mil millones de pesos se arregla el Estado)
E insiste:
= Esto, aclaro, es solo una ecuación matemática elemental. Por lo demás, preciso, siempre será mejor, mucho mejor, tener agua en exceso. No es que ya nos sobre ¿verdad? Pero por lo menos se ha disipado el fantasma de la sequía y está garantizado, por lo pronto, el nuevo ciclo agrícola que ya tenemos en puerta.
Salvo mejor opinión, amigo lector.
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Y bien.
Precisamente en nuestra última columna hacíamos esta reflexión: “Manuel” – cuando ni tan siquiera era todavía un huracán – puede resultar una bendición o una maldición para Sinaloa.
Una bendición, si el fenómeno avanza paralelo a la costa y no toca tierra puesto que nos dejará algunos daños, mínimos, pero agua suficiente como para mejorar de manera importante los niveles de las presas de la entidad. Y una maldición, en contraste, si impacta en algún punto de nuestro Estado, porque aportará, en efecto, enormes volúmenes de agua; sin embargo, los daños serán cuantiosos, con posible pérdida de vidas humanas.
Lamentablemente ocurrió lo segundo.
De acuerdo al recuento original por parte del gobierno del Estado, “Manuel”, que entró a Sinaloa como huracán de categoría Uno (con más agua que viento), causó tres pérdidas de vidas humanas – de las que se conocen hasta ahora -; cien mil damnificados en 90 poblaciones de seis municipios y daños materiales incalculables, especialmente en el patrimonio de las familias afectadas; en vías de comunicación; en instalaciones de electricidad y agua potable y en otras obras propias de la infraestructura urbana de las ciudades.
A estas alturas (viernes 20 de septiembre, a las 18. 30 horas) ya cesó la lluvia y se registra buen tiempo en toda la entidad; sin embargo todavía hay riesgos derivados de los escurrimientos hacia ríos y canales y de los desfogues que necesariamente se harán en presas y represas, paradójicamente para seguridad de la ciudadanía en general. A esto súmele la posibilidad de nuevas precipitaciones pluviales y de la formación de otras depresiones atmosféricas en la zona del Pacífico. No hay que olvidar que, de hecho, la temporada de huracanes va apenas a la mitad.
En tiempos de Antonio Toledo Corro, usted lo recuerda, hubo un año, por estas fechas, en que Sinaloa fue golpeado por tres ciclones de manera casi consecutiva y con pocos días de diferencia entre sí. Uno de ellos, nos pegó por el centro; otro por el norte y otro por el sur. Así como para no dejar sentida a ninguna región del Estado.
Pendientes pues.
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Por cierto.
Comentan por ahí que, como buen beisbolista, MaLoVa está por batear el ciclo en un partido, uno de los sueños de todo pelotero a la ofensiva.
Primero: helada.
Luego: sequía.
Y ahora: huracán.
Solo le faltaría el temblor, fenómeno poco probable, pero de ningún modo imposible. Ya hemos sentido, justo en este gobierno, movimientos telúricos más que notables, particularmente en las zonas de Guasave y Los Mochis.
Que Dios nos agarre confesados.
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Ahora que.
Como ocurre habitualmente en esta clase de calamidades, el espíritu, la solidaridad y la reciedumbre del sinaloense, sale a flote para dar un ejemplo nacional de nuestro empuje, carácter y decisión, ante lo inevitable. Ahora, hay que decirlo con todo orgullo, no ha sido la excepción.
En efecto, mientras el gobernador Mario López Valdez supervisaba las zonas afectadas por el huracán y el presidente municipal Moisés Aarón Rivas Loaiza hacía lo mismo en Culiacán, nuestra gente, desde antes del amanecer, trabajaba en la rehabilitación de sus establecimientos, de sus casas y de sus calles, en un intento de recuperar, cuanto antes, la normalidad. El espíritu humanitario, especialmente de los jóvenes, ha sido impresionante.
Paralelamente a ello fluye de manera abundante la ayuda en centros de acopio en beneficio de los damnificados, a fin de aliviar, aunque sea en lo mínimo, la dramática situación de quienes vieron perder gran parte de su patrimonio – si no es que todo – en cosa de minutos. Y hay miles de familias, por desgracia, en esta situación.
A media mañana del viernes, la situación prácticamente ya era de orden regular. Golpeada la ciudad y con huellas del paso del huracán; pero de pie. Y lista para su repunte. En este fin de semana, conducta y actitud siguen en la misma dirección.
Los sinaloenses no somos tan malos como la fama que nos hacen algunos medios de comunicación dentro y fuera del Estado.
Bendito Dios.
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A propósito:
Reconocimiento a pulso para la Universidad Autónoma de Sinaloa y su rector, Juan Eulogio Guerra Liera, con inmediata capacidad de respuesta, ante tal contingencia.
En efecto, tan solo a la posibilidad de que el huracán impactara en la entidad, el rector dispuso habilitar todas las instalaciones universitarias como albergue para los damnificados; entre ellas el Polideportivo de Ciudad Universitaria, que recibió, desde el mediodía del jueves, gran cantidad de personas afectadas por las inundaciones. Esto aquí en Culiacán. Lo mismo pasó en Navolato y en otras ciudades del Estado.
Al mismo tiempo, el rector llamó a la solidaridad de los sinaloenses a través de Radio UAS, cuyo centro de operación funge, desde el arranque de la semana, como centro de acopio para los beneficiados y la recepción ya supera las 6 toneladas de víveres y medicamentos, las cuales son enviadas de inmediato a los albergues de la UAS.
Este viernes y sábado, de manera personal, el rector coordinó las acciones de apoyo en los principales albergues, atento a las crecientes necesidades de los ahí alojados de manera temporal y que estarán ahí el tiempo que sea necesario.
Así de fácil.
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Lo que sigue es algo muy personal:
(A casi un año de distancia..
En mis 58 años de edad, me apena decirlo: Nunca, pero nunca, estuve tan cerca de mi padre como aquellas noches previas a su muerte, que me tocó cuidar de él, tanto en la casa familiar, en la vecina Costa Rica, como en el hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social, de la misma población.
Aquellas jornadas eran prolongadas, desesperadamente largas, particularmente en aquellos momentos en los que aparecía el paralizante dolor en su pecho, cosa que se registraba ya hasta dos o tres veces por noche. Era tiempo de buscar al personal médico de guardia, donde estuviese, para que le aplicara el único medicamento capaz de atenuar su sufrimiento, cuando menos por algunas horas. Era, básicamente, la responsabilidad principal.
Obviamente que dormir, aunque fuese por algunos minutos, era materialmente imposible. La administración de los fármacos era asunto de toda la jornada, aderezada con las visitas de médicos y enfermeras. Cuando no, el auxilio para ayudarlo a caminar hasta los sanitarios, para la satisfacción de sus necesidades fisiológicas, porque, terco e ideoso, como lo era, jamás aceptó el uso del cómodo. Y cuando no, los lamentos de los enfermos vecinos y sus reclamos por todo: contra la mala calidad de los alimentos; el deficiente funcionamiento del sistema de aire acondicionado; las instalaciones en general, los médicos y las enfermeras y contra el Seguro Social, en su totalidad. Contra todo, lo era todo.
En esa atmósfera tan clásica de los hospitales (de la incidencia de olores desagradables, ni se diga), en sus ratos de tranquilidad y después de pedirme, una y otra vez, mi apoyo para un cambio de posición en la incómoda cama del hospital, mi padre buscaba mi mirada; me tomaba de la mano y me contaba de lo que soñaba en esos días, invariablemente relacionados con pláticas o visitas, hasta su lecho de enfermo, de familiares ya fallecidos: de todos sus hermanos; de su papá y de su mamá; de sus cientos de primos y de sus amigos, compañeros de trabajo en el ingenio Antonio Rosales, quienes ya se le habían adelantado en el viaje sin regreso.
= Tan real, como si realmente hubiesen estado aquí – me decía, mientras yo me estremecía, víctima de negros presentimientos y cada vez más convencido de su inminente partida.
Recordaba mis travesuras de la infancia; de cómo era malo para pelear y para todos los deportes, que yo insistía en practicar; de cuando me llevó a mi primer viaje internacional, hasta el lejanísimo puerto de Mazatlán, a bordo de un destartalado auto de sitio – piloteado por un chofer a quien apodaban el “Guacho”, quizás porque siempre usaba una vieja gorra de policía – ; de cuando hizo realidad mi sueño de conocer la gran ciudad de México, a mis diez años de edad; de cuando me vine a Culiacán a estudiar secundaria en la “prevo”; de cuando inicié mi carrera de periodista y de su profunda angustia cuando, muchos años después, supo de la amenaza de muerte en mi contra por una nota publicada en un diario de Ciudad Juárez, Chihuahua, del que era director; de cómo despilfarró su poco dinero, cuando tuvo la oportunidad de multiplicarlo y de cómo hizo sufrir a mi madre, a la que “no me alcanzará la vida para pedirle perdón”.
En fin.
En mis 58 años de existencia, nunca lo sentí tan cerca, tan mío, tan mi padre, como en aquellas largas noches en las que me correspondió su cuidado, ya con la sombra de la muerte aleteando sobre su persona.
Bendita idea la de acompañarlo en aquellas, las últimas noches de su vida.
Benditas noches.)
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CORTOS.- A través del organismo denominado Fuerza Sinaloense, el diputado federal Jesús Valdez abrió centro de acopio en Hidalgo y Obregón, en apoyo a los damnificados por el huracán “Manuel” y desde la mañana del viernes pasada llevan víveres, medicamentos y ropa a los necesitados. Le auxilia en esta tarea el diputado electo, Oscar Valdez, quien tomará posesión del cargo el primero de diciembre venidero. Enhorabuena…ORALE.- A verdaderas marchas forzadas ha trabajado la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Culiacán, para solucionar el problema de desabasto de agua, motivado por los daños sufridos por casi todas las plantas potabilizadoras tras el impacto del huracán. La tarde de hoy sábado, el servicio se había re establecido en casi un 80 por ciento y para mañana domingo se reanudara por completo…OJO.- Donde los problemas son más serios es en las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad. Sindicaturas y colonias sin luz; sin embargo también se labora tiempo extra para resolver la situación y a cada hora regresa la energía eléctrica a más hogares de la ciudad y de la zona rural de la municipalidad. Bien…GULP.- Severos daños sufrió el flamante edificio del Poder Legislativo Estatal, como consecuencia de las inundaciones provocadas por el meteoro. El agua llegó hasta el salón de plenos, donde provocó una serie de destrozos que tendrán que ser rehabilitados en el curso de los próximos días, según lo asegurado por la diputada local Rosa Elena Millán Bueno, presidenta de la junta de coordinación política del Congreso del Estado. Y es que esta legislatura tiene muchos pendientes aún. Enterados…ANOTELO.- Los tres senadores priistas por Sinaloa (Diva Hadamira Gastelum Bajo, Daniel Amador Gaxiola y Aarón Irizar López) postergaron, por unos días, la realización de su informe de labores, originalmente programado para este sábado, 21 de septiembre, en el auditorio “Benito Juárez” de Culiacán, para sumarse a las tareas de auxilio a la población damnificada por el huracán. En el curso de la semana darán a conocer la nueva fecha. Y ya le conteramos…EPALE.- Lo que también se suspendió, por la misma razón, fue la visita a Culiacán del dirigente nacional del Frente Juvenil Revolucionario, Cristopher Daniel James Barousse, anunciada para este lunes 23. Hasta nuevo aviso pues…COLOFON.- Por hoy hasta aquí. Ya nos fuimos. Feliz fin de semana, en compañía de lo más valioso: la familia, la que está con nosotros en las malas porque en las buenas no tiene gracia: todo mundo lo está. Dios los bendiga.