LECCIONES DE “MANUEL”
Jorge Aragón Campos
No son muchas las lecciones que nos dejó “manuel” en Sinaloa, particularmente en Culiacán. Todos sabíamos que la isla Musala se inundaría, los únicos que no lo vieron fueron los que decidieron hacer ahí la inversión de su vida. Igual en todos los desarrollos construidos en los lechos de los ríos durante los últimos veintidós años; eso sí, tampoco hay que dejar de reconocer que la precipitación fue inédita, no existen registros de algo así y, claro, hubo sectores que nunca antes se habían visto afectados y esta vez se las vieron negras. Sin embargo, más que motivos para la queja los hay para el regocijo, pues “manuel” fue un casi un ciclón a la carta: pocos vientos (lo cual nos salvo de muchísimos daños a la infraestructura urbana, eléctrica, etc.), mucha agua (que nos urgía) justo donde hacía falta, es decir, en la zona central del estado, donde ahora dos de las tres presas de ese sistema (varejonal y sanalona) cuentan con volúmenes suficientes para garantizar más de un ciclo agrícola.
Hasta ahí todo bien.
Sobre los daños, nada más conviene reflexionar sobre un hecho: antes de “manuel”, la sanalona se encontraba en alrededor del 40% y hoy está por arriba del 100%, esto nos indica la avenida que detuvo ese embalse, agua que no se nos vino encima y lo mismo ocurrió con el varejonal; si las presas hubieran estado más llenas, la inundación pudo ser, con facilidad, el doble de la que tuvimos, pues al final de cuentas sólo nos afectó la lluvia que pegó entre las ciudades y las cortinas de esas dos presas. Todo lo que cayó más arriba (que por cierto fue allá donde más llovió) se quedó almacenado para usarlo en el futuro.
Lo que sí es el colmo de los colmos son nuestros dos gobiernos, el municipal y el estatal, que pese al transcurrir de tantos años y de las experiencias acumuladas, nomás no quieren agarrar seriedad. No puede ser que un estado como Sonora, cuyas contingencias climáticas son fundamentalmente sequías, y que se ve afectada por lluvias con una frecuencia escandalosamente menor a la de Sinaloa, estén mejor preparados que nosotros. De allá nos mandaron un convoy de varios tráileres bien cuidados, con el rótulo “Unidad Especial para Atención de Desastres de Sonora”, donde un vehículo es una cocina industrial, otro es una planta tratadora de aguas residuales, otro es una potabilizadora, etc. en verdad es de aplaudir el nivel de previsión de nuestros vecinos, mientras que lo de nosotros es una vergüenza: hay dependencias estatales y municipales que ni siquiera tienen radios para comunicarse entre ellos, cuentan sólo con teléfonos celulares y, como a todos nos consta, basta una meada cerca del centro de cobro de Telcel para que las redes se vayan al carajo.
Urge, en verdad urge, que quienes proveyeron a Sonora de esa magnífica infraestructura para atención de emergencias, vengan a Sinaloa a ofrecer… no sé… ¿quince p