PALCO PREMIER

 

Jorge Luis Telles Salazar

 

Hace exactamente una semana, Juan Manuel Ley López, presidente del club de beisbol Tomateros de Culiacán, compareció ante los representantes de los medios de comunicación – por segunda vez, luego de concluida la pasada temporada de la Liga Mexicana del Pacífico, para dar a conocer dos noticias:

La buena. Y la mala.

Contra la costumbre – siempre preferimos la mala por delante – Juan Manuel soltó primero la buena: la contratación de Benjamín Gil como manager del equipo guinda para la próxima campaña del circuito invernal, que arrancará entre el 11 y el 12 de octubre venidero. La fecha oficial se definirá en la próxima junta de la liga.

Y luego, a boca de jarro, la mala: que siempre no habrá estadio nuevo de beisbol, no al menos para la edición 56 de la Mexicana del Pacífico.

Lo primero, algo así como una sorpresa. Lo segundo, ya se veía venir.

Así de simple.

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Vamos por partes.

El primer encuentro del año de Ley López con los cronistas deportivos de la ciudad, tuvo lugar diez días después de la eliminación de Tomateros de Culiacán, apenas en la primera instancia de la postemporada, en la que los guindas cayeron en solo cuatro juegos ante los Aguilas de Mexicali. Juan Manuel dejó pasar un tiempo prudente, a fin de digerir el trago amargo y de hablar con la razón y no con la pasión.

El presidente de la franquicia – acompañado de su hermano Alvaro, su segundo de a bordo en todas las empresas del corporativo – habló de todo y con amplitud. Y entre otras cosas, anunció la finalización del ciclo de Lino Rivera con Tomateros e inmediatamente después dio a conocer que precisamente estaban en busca del manager del equipo para la campaña venidera.

Ahí mismo, surgieron las especulaciones:

Un manager extranjero, de una lista encabezada por Eddie Díaz, tres veces campeón con Yaquis de Obregón; pero sin calificación para los “pley offs” la última temporada.

Un ex pelotero emblemático de Tomateros. Y se citó, incluso, el nombre de Benjamín Gil.

Y un posible regreso de Paquín Estrada, quien ha logrado seis de los nueve campeonatos de Culiacán, justamente como timonel.

La alternativa de Paquín la descartó casi de inmediato, bajo el argumento de que el sonorense padece serios problemas de salud; pero aclaró que se mantenía en los planes como parte del cuerpo técnico del plantel.

La primera quedó viva, sujeta a los planes de los Yaquis de Obregón para el puertoriqueño Eddie Díaz.

Y la segunda también. Sin abundar en detalles.

Finalmente la directiva se inclinó por Benjamín Gil, a pesar de que carece de experiencia en esta clase de responsabilidades. A juicio de Juan Manuel y Alvaro Ley, Gil puede suplir ese detalle, con sus conocimientos sobre el deporte; su facilidad para ejercer funciones de líder y su probada entrega a los colores de Culiacán.

Benjamín estuvo presente en esa conferencia y mostró, sin reservas, su beneplácito por su designación. Dijo sentirse profundamente emocionado de regresar a esta ciudad y prometió poner lo mejor de sí para regresar a la ruta campeonil.

Ojalá.

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Y bueno.

La verdad es que Benjamín Gil es, uno de los peloteros más emblemáticos de Tomateros de Culiacán, en sus 48 años de historia en la Liga Mexicana del Pacífico. A lo largo de este tiempo, en efecto, Culiacán ha tenido grandes ídolos en este deporte; pero pocos, muy pocos, del calibre de Gil.

Y hay sus razones:

En 2006, por ejemplo, Benjamín Gil fue uno de los pilares en la coronación de los Tomateros, luego de una sequía de once largos años sin campeonato. Gil llegó a Culiacán procedente de Algodoneros de Guasave y brilló intensamente tanto a la defensiva como a la defensiva, particularmente en partidos definitorios.

Y en el 2007, un recuerdo imborrable: aquel hit, en el cierre del noveno capítulo, para sembrar a Naranjeros de Hermosillo sobre la grama del “Angel Flores” y convertir a Tomateros en bicampeones de la Liga.

En 2002, de nueva la clase de Gil, para un título más a favor de Culiacán. Esa vez, hay que decirlo, un jonrón de Adán Amezcua escribió la historia contra los Venados de Mazatlán.

Y en 2004, cuando la última corona, otra vez Benjamín Gil se arropa con la túnica de héroe, al disparar un espectacular doble contra el cubano Ariel Prieto, que marcó las diferencias en un cerradísimo quinto partido frente a los Yaquis de Obregón.

En ese lapso, por supuesto, los dos campeonatos en Series del Caribe: en 96, en Santo Domingo y en 2002, en Venezuela.

Han sido, en lo particular, los momentos de gloria de Benjamín Gil; pero, en términos generales, un pelotero siempre protagonista, polémico, luchador, con la bandera de líder del equipo, no siempre con las simpatías del manager en turno.

Fue un peloterazo, sin duda.

Esto no da una garantía al cien por ciento de que también brillará como manager; pero, bueno, un buen jugador ya dio, con eso, el primer paso para ser un buen manager.

Ya veremos.

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Bien.

En lo del estadio, las declaraciones oficiales de Juan Manuel Ley López acabaron con las últimas esperanzas de los aficionados en el sentido de contar, para la próxima campaña de la LMP, con el mejor parque de pelota de América Latina. Posiblemente si lo tendremos; pero hasta la otra. Y la idea no es mala: coincidiría con los 50 años de los Tomateros en el circuito invernal.

Hay quienes creen que todavía es posible destrabar el problema; pero, por si usted no lo sabe, el asunto empeoró en los últimos días.

Sucede que el grupo de personas que ganó un amparo para que no se demoliera el “Angel Flores”, tomó la decisión de llevar el caso hasta la sede en Mazatlán del Poder Judicial de la Federación, cosa que incidirá en una demora mayor en el caso del estadio.

Para Juan Manuel ya no hay vuelta de hoja.

Por eso anunció ya, de manera oficial, que los Tomateros jugarán en el viejo parque durante la próxima campaña, lo que no implicará la suspensión de las obras de construcción del nuevo estadio, las que seguirán adelante hasta donde sea posible.

Existe un escenario peor: que el juez que lleva el caso ordene la suspensión definitiva de la obra y entonces sí, adiós estadio, a pesar de la inversión ya realizada hasta el momento.

Cosa de esperar.

Una vez que no queda duda alguna acerca de que no tendremos estadio nuevo para la próxima campaña de la Liga Mexicana del Pacífico, hay algo rescatable, por encima de todo.

Esto:

Con el advenimiento de la temporada 2015-2016 – o sea la otra -, el club Tomateros de Culiacán cumplirá 50 años de historia en el circuito invernal, fecha emblemática que podría coincidir con la inauguración del nuevo parque de pelota para nuestra ciudad capital.

Y lo de podría, hay que subrayarlo: nada puede darse por hecho en tanto la autoridad judicial no de su fallo al respecto. O sea, su dictamen en torno al amparo interpuesto por un grupo de ciudadanos (la mayoría simpatizantes del Partido de la Revolución Democrática) para evitar la demolición de la estructura de lo que es hoy el “Angel Flores”.

Más categóricos: ya la acción de estos señores impidió que tuviéramos estadio nuevo para la nueva edición de la LMP y esa misma acción – hay que puntualizarlo – podría ¿por qué no? extenderse por más tiempo del previsto. Incluso, suspender, de manera indefinida, la construcción del estadio de beisbol, ahora sí, con serias consecuencias, incluso económicas, por lo que le vamos a platicar líneas abajo.

Caramba: ¿Quién lo imaginaría?

Una decena de personas, por encima de una legión de aficionados al beisbol. Los de ahora, los de ayer y los pertenecientes a las futuras generaciones.

En fin.

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Y bien.

Para quienes todavía albergaban la posibilidad del nuevo estadio, les precisamos:

Primero fue el propio presidente del club de beisbol, Juan Manuel Ley López, quien informó que, en definitiva, Tomateros de Culiacán jugaría, en el viejo coso de la colonia Almada, la próxima temporada de la Liga Mexicana del Pacífico:

= Me reuní con un grupo de especialistas en el ramo y la conclusión fue categórica: imposible terminar la construcción en la fecha prevista; es decir, en octubre venidero.

Bajo esta consideración y para disipar las dudas en torno a un posible traspaso de la franquicia a alguna de las ciudades interesadas, es que se tomó la decisión de seguir en el “Angel Flores”. Y aún con un fallo favorable del juez, el estadio seguirá en pié porque, si se derrumba, entonces si no habrá modo de ver beisbol profesional en Culiacán.

Hay algo más:

Cuando el principal accionista de la franquicia proporcionó la nota a los representantes de los medios de comunicación, el caso, en lo jurídico, seguía en la ciudad. Ahora, sin embargo, la situación empeoró porque lo trasladaron a Mazatlán y de allá vaya usted a saber cuándo es que llegará la resolución, en un sentido o en el otro.

Por eso fue que en días pasados, el presidente municipal de Culiacán, Sergio Torres Félix también proporcionó su versión, coincidente por un lado con la de Juan Manuel Ley aunque, por otro, mucho más optimista porque, adelantó:

= La obra seguirá adelante hasta donde se pueda; a principios de febrero demolemos el estadio y terminaremos rápido. Lo más tardado, el cuerpo del estadio, ya presenta avances notables.

O sea: Sergio dio por hecho que el dictamen de la autoridad judicial será en contra de los que se oponen a la demolición del parque; pero, la verdad de las cosas, es que nadie puede garantizarlo al cien por ciento.

En suma: tenemos que digerir que, por un año más, seguiremos en el mismo escenario y que para el siguiente pues a lo mejor sí.

Ojalá.

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Ahora que.

El asunto, de plano, no es tan fácil como se cree:

La interrupción de las obras – lo que sucederá pronto porque ya se aprecia, en efecto, un adelanto muy importante – podría traer una consecuencia inmediata: el embargo de los recursos federales ya autorizados por su no aplicación, para canalizarlos a otro tipo de proyectos.

A lo anterior habría que agregarle una noticia lamentable para los prestadores de servicios turísticos de Culiacán:

Que al no contar con el estadio, se vendría abajo la firme posibilidad de conceder a Culiacán la sede para la Serie del Caribe de 2017, cosa que se daba como un hecho, hasta antes de la aparición del lío jurídico citado.

La sede en favor de nuestra ciudad, se daba como un hecho. México ya la tiene; pero, después de esto, podría ser para otra plaza: Mazatlán, Mexicali o Hermosillo, a final de cuentas.

El asunto es más que obvio: la Confederación del Caribe no va a avalar una sede con características complicadas. Con un estadio viejo y obsoleto y otro, a medio construir a un costado, con los consiguientes problemas de muchos tipos que esto representaría.

El caso, como se ve, ya se enredó.

Pero todavía tiene una solución.

Esperemos, antes de fortalecer las especulaciones, a conocer el veredicto de la instancia del Poder Judicial de la Federación, desde su sala de circuito en el puerto de Mazatlán.

Pendientes.

Por lo pronto este año ya no. Y el que viene, quién sabe.

Y hasta aquí por hoy.

Ya nos fuimos.

Dios los bendiga.