
Las instituciones de México, sobre todo las que se presumirían sustanciales, sufren un acoso sistemático por parte del grupo político en el poder y de manera patética por parte de la misma población (el pueblo bueno y zafio). Nunca mejor dicho, el gobierno representa fielmente a buena parte de su población, hay una consonancia en su actuar barbárico, irracional y sociópata.
En fechas recientes tuve una visita a una unidad médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, las carencias son tan evidentes y urgentes que la conversación diaria del personal gira en torno a ese tema con distintos matices: falta de insumos básicos, insuficiencia de infraestructura, saturación de las áreas, simulación directiva, riesgos sanitarios, pagos de prestaciones del personal atrasados, en medio de la improvisación gubernamental la salud y vida de los pacientes.
Sumado a esto en las condiciones laborales del sector salud también se están llevando a cabo modificaciones que pareciendo que tratan de subsanar condiciones de insuficiencia, lo que generan es la pauperización del servicio, los médicos, el personal de apoyo y administrativos. Los experimentos de gabinete del gobierno federal están poniendo en una circunstancia límite a los profesionales de la salud, no hay parámetro más capitalista que abaratar la mano de obra y el conocimiento especializado, poner a las enfermeras a dar recetas con las consecuentes repercusiones legales, pagar más a pasantes sin estudios superiores que a residentes en formación, traer mano de obra esclava de Cuba y otros inventos paleolíticos que venden como innovación.
La otra embestida reciente de irracionalidad es contra las instituciones educativas en México por parte de elementos de la población: la agresión con machetes a maestros y personal administrativo, en Torreón, Coahuila; la amenaza expresa y anónima de los padres de un alumno, poniendo una corona de muertos en el exterior de un Colegio en Culiacán, Sinaloa; la demanda judicial por parte de una madre de familia a un maestro por poner un ejercicio didáctico en clase, cumpliendo con el programa escolar, en Martínez de la Torre, Veracruz.
Hago la siguiente pregunta y consideración:
¿Estas muestras fehacientes de incapacidad mental por parte de personas que tienen a cargo el cuidado y formación de menores, no ameritarían la revisión de su papel como tutores de dichos infantes o adolescentes?
Estaría dentro de lo prudente que las autoridades correspondientes consideren con seriedad la revocación de la guarda y patria potestad de los padres involucrados en los hechos arriba apuntados, siendo estos, a mi consideración, prueba suficiente de la incapacidad de llevar la crianza, de los menores a su cargo, apropiada para la convivencia social y su sano desarrollo, al contrario mostrando en el desenvolvimiento del actuar de los adultos rasgos preocupantemente violentos y sociopáticos que impactan de forma negativa la futura formación de los niños y adolescentes como ciudadanos funcionales para nuestro país.
Es curioso que presentando México una baja tasa de natalidad (no es reciente, pero hasta ahora lo da a notar el INEGI) y que dentro de menos de 20 años nos va a presentar un problema estructural, estemos desmantelando los 2 sistemas a los que tendríamos que estar poniendo más atención, el que prolonga la vida sana y funcional de los individuos y el que provee educación, preparación y capacitación para maximizar el potencial de nuestra juventud.
Los políticos en el poder han pasado de querer reinventar un país cada seis años a querer inventar una nueva civilización en el mismo tiempo.