
El presidente que durante su sexenio repudió y atentó contra todo lo que fuera ciencia, cultura, conocimiento, etc. Hoy se nos presenta como un prolífico autor de libros sobre… sobre… miren, búsquense a alguien que haya leído alguno y que se los explique, porque yo preferiría no hacerlo.
Que un político se dedique de forma sistemática a alborotar avisperos para sacar raja ocurre aquí y en China, de eso no nos vamos a asustar, lo que llama la atención es que López Obrador acabó auto comprándose las desinteresadas descripciones de Lord Molécula y Epigmenio Ibarra donde hacen de su temperamento atrabiliario una prueba fehaciente de talento para el mando.
Es demasiado evidente la brutal diferencia entre su último “gran éxito editorial Grandeza” y su nuevo mamotreto, que sin las compras al mayoreo de Adán Augusto pinta para estar con el 50% de descuento para este Halloween, o de regalo en la compra de una máscara de ladrón, de extorsionador, o de López Obrador.
Pero no es en lo referente a sus ventas donde está la noticia, sino en la poca turbulencia mediática que provocó esta vez su reaparición, con un insoportable y larguísimo soliloquio que apenas dio para cosechar una respuesta de Carmen Aristegui y algunas otras figuras acusadas de fascistas. Si acaso penosamente habrá logrado completar una semana de atención y muy a medios chiles. Esa es la verdadera noticia: López Obrador ya no es noticia.
¿Qué tuvo que hacer para llegar a este punto? La respuesta es… nada, salvo seguir practicando una amnesia selectiva donde todas sus barbaridades nunca existieron y pasó por alto que, de entre el montón de daños que le infringió a la estructura del “sistema”, el sitial reservado para los expresidentes lo dejó en menos que escombros. Su fracaso sirve para renovar dos viejas certezas sobre la comunicación política que siguen vigentes desde aquel tiempo inmemorial cuando era un honor ser priista por fervor: la opinión pública y la opinión publicada no son lo mismo y eso no es poca cosa, fue otro conveniente olvido (según él) y se tragó enteritos sus propios cuentos hasta creerse con el suficiente peso escénico como para vencer a mano limpia a los propios adefesios que él creó, como ese programa matutino de La Pirinola… o La Semanera o algo así… el punto es que ni ahí lo pelaron gran cosa, del resto ya ni para qué hablar; debe ser un trago muy amargo el ser noqueado por la indiferencia cuando todavía te trae flotando la convicción de ser un carismático líder de masas, semejante a personajes como Jesucristo, pero sin darle importancia –para no mencionarlo- al hecho de que ningún texto canónico o apócrifo pone al nazareno como papá de Barrabas.
Ya no tiene el presupuesto, ya no tiene magia: López Obrador ya ni para villano sirve, dos años le bastaron a su sucesora para desbancarlo.
Te lo digo chana, para que me entiendas Juana.