Jorge Luis Telles Salazar
En franca imitación al lenguaje tan común en el gobernador Mario López Valdez, el presidente municipal de Guasave, Armando Leyson Castro, declaró este jueves que, en el caso de los Algodoneros, “vamos perdiendo 15-1 y estamos en el cierre de la novena entrada, ya con dos outs”. Posicionamiento poco afortunado, capaz de aniquilar al más entusiasta de todos los optimistas. Si “Kory” quiso ser gracioso, lo único que ganó fue ser lapidario.
Hay que recurrir a la trillada frase aquella de que “en el beisbol no hay nada escrito” o bien la inmortal de Yogui Berra en el sentido de que “el juego se acaba hasta que se acaba” para tratar de entender a Leyson. Hasta donde yo sé, nadie que juegue pelota se ha levantado de un 15-1, con solo un out de vida. Y menos si no hay gente en las bases. En los llanos podría ser ¿por qué no?
El “Kory” ya escudriñó hasta en el rincón más obscuro de la casa club, en búsqueda de la tablita salvadora, que se llama Mario López Valdez; pero, por lo que se ve, el señor gobernador abandonó el partido hace rato.
= Es nuestra última esperanza – dijo Armando, el menor de la dinastía Leyson, allá en la región del Petatlán.
López Valdez, sin embargo, está muy lejos de un sentimiento de optimismo. En Mazatlán, cuando le preguntaron al respecto, dijo a los periodistas “la noticia no es todavía oficial”, cuando ya la nota tenía rato en el portal de internet de la Liga Mexicana del Pacífico. “Denme tiempo de hablar con Jaime Castro (el principal directivo del club) para ver qué es lo que puede hacer al respecto”.
Leyson Castro se aferra a una tablita de salvación: que la presidencia del circuito invernal le conceda tres temporadas más (justo las mismas de su mandato constitucional), para aplicar un adusto programa de austeridad; implementar nuevos modelos de mercadotecnia – como los tienen equipos de la talla de Hermosillo y Culiacán – y buscar, así sea con la lámpara de Diógenes, inversionistas locales que “le entren al toro”.
Para la Mexicana del Pacífico, en cambio, no hay más plazos. Los dueños de los otros siete clubes padecen sus propias pérdidas económicas, temporada tras temporada, como para cargar una adicional: la de Guasave.
Y en cuanto al gobernador López Valdez, puso su esperanza en una reacción de la afición, en doble cancha: en una de ellas que expresen su sentimiento por la desaparición del beisbol profesional en aquella ciudad; en otra, que le responden a los empresarios y que apoyen a la causa, con una mayor presencia en el parque de pelota. O sea, en el “Francisco Carranza Limón”.
A diferencia de los sucesos de hace dos años, todo parece indicar que este arroz “¡ya se coció!”.
Triste fin.
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Y bien.
Esta historia pone a flote, una vez más, el clásico cuento del lobo y el pastor mentiroso, que solía jugar con los sentimientos de los dueños del rebaño.
De acuerdo con esa fábula universalmente conocida, el pastor gritaba: “¡Viene el lobo”, para despertar la reacción de los lugareños, quienes acudían en masa al punto del pastoreo, solo para confirmar una mentira, ante el gesto divertido del travieso muchacho.
Lo hizo una y muchas veces más.
Cuando en realidad llegó el lobo, nadie le creyó y el salvaje animalito se dio un festín con los borregos. Hasta al pastor le tocó lo suyo.
En Guasave ya tenían rato con ese cuento.
Y lo maximizaban para propiciar el rescate de los gobiernos estatales y municipales, mismos que, quien sabe cómo, canalizaban importantes partidas anuales para contrarrestar las pérdidas económicas del club y para mantener el beisbol como espectáculo en aquella ciudad.
Para no ir muy lejos, hace dos años todo parecía indicar que las cosas se venían en serio. Igual que ahora la directiva de la Liga Mexicana del Pacífico difundió la información de la mudanza de los Algodoneros hacia la ciudad de Tijuana. Hubo gritos, desmayos, chillidos, pataleos y hasta imponentes manifestaciones.
El gobernador tomó el toro por las astas y le entró al quite con la lana, en convenio con el ayuntamiento municipal.
Y si esto es bueno o es malo no es cosa que vamos a discutir en este momento; pero lo importante de aquella intervención fue que los Algodoneros se quedaron en Guasave, ante la rabia de los empresarios de Tijuana, que acusaron de poco serios tanto a los directivos del circuito invernal como a los propietarios de la franquicia.
Así, transcurrieron dos temporadas más; pero, lejos de mejorar, la situación empeoró.
De una pérdida promedio de 5 millones de pesos por año, ascendió a 9, imposible de sostener ni por el gobierno estatal ni por el municipal.
A estas alturas del partido, todavía hay gente optimista que confía en una solución similar; pero, a nuestro leal saber y entender, esto ya no tiene remedio. Si los gobiernos no le van a meter un centavo más, porque no tienen y porque los recursos no son para eso ¿lo hará el sector privado?
Yo creo que no.
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Ahora que.
En Guadalajara ya se da como hecho el regreso del beisbol profesional y aunque este deporte no tiene tantos seguidores como el futbol, también cuenta con sus simpatizantes. No son pocos los paisanos de por acá – de Sinaloa y Sonora – que radican en la perla tapatía.
Aquí, en nuestra columna anterior, señalamos que Guadalajara no contaba con un buen estadio de pelota, a partir del recuerdo de aquel llamado “Tecnológico”, pero resulta que existe por ahí una infraestructura, herencia de los últimos Juegos Panamericanos, que será habilitada para la próxima temporada de la Liga Mexicana del Pacífico.
Y déjeme decirle algo: en Guadalajara no están esperanzados a tener beisbol profesional por solo una temporada. Lo quieren para muchos años más.
Noticia todavía “más peor” para los guasavenses.
¿Qué os parece?
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A manera de colofón.
Hasta aquí por hoy. Nos fuimos ya.
Dios los bendiga.