Arturo Rodríguez y César Tapia

Arturo Rodríguez y Cesar Tapia son dos de los cátchers en el roster de Tomateros de Culiacán, que militan en el  beisbol de la Liga Mexicana de Beisbol. Rodríguez, con Potros de Tijuana; Tapia, con Pericos de Puebla.

¿Y sabe usted cómo andan los “angelitos”?

Los dos dentro de los mejores diez bateadores del cálido circuito: Arturo, en el tercer sitio, con un porcentaje de .386, apenas superado, por tipos como Sandy Madera y Chris Robertson; Cesar, en el décimo lugar, con .350. Cierto es que, a diferencia de la Mexicana del Pacífico – donde sobran los dedos de una sola mano para enumerar a quienes brincan de la llamada línea mágica – allá fácilmente hay quince por encima de los .300; pero, estar dentro del clásico top ten es un verdadero mérito, por donde usted quiera verlo.

De estos dos elementos, quien acapara reflectores es Arturo Rodríguez, porque todavía es un novato. A esos .386 con Tijuana, súmele, para no ir muy lejos, un total de 10 cuadrangulares, 3 triples y 47 jonrones. Añádale también sus cualidades a la defensiva y su educado brazo, para llegar a la conclusión de que tendrá que ser considerado, necesariamente, para pelear por la titularidad de la receptoría con los guindas, a partir del 11 de octubre venidero, cuando arranque la temporada número 56 del circuito invernal. Con los Toros es la sensación. Así de simple.

Cesar Tapia, por su parte, vuelve a ser sumamente consistente con Pericos de Puebla, tal y como lo demuestra ese .350, que lo tiene dentro del selecto bloque de los mejores diez. Tapia solo ha pegado dos cuadrangulares; pero ha sido efectivo, con sus 41 producciones, según los últimos números en poder de la directiva de Tomateros de Culiacán. Ya no es un jovencito, ni mucho menos; sin embargo, no ha podido todavía establecerse en la Mexicana del Pacífico. Es más: no ha podido jugar una sola temporada completa. Y no es porque lo haya hecho mal, conviene precisarlo, sino porque ha sido una dura pelea por la posición entre los elementos con los que cuenta el team de casa.

Y por lo que se ve, amigos, la situación no será diferente a lo largo de la nueva edición de la pelota de invierno.

Arturo Rodríguez y Cesar Tapia no solo tendrán que competir entre sí, sino que lo harán también contra Román Alí Solis, quien acaba de tener otra probada de gloria con algunos juegos en Grandes Ligas, con Tampa Bay, su nueva organización. Alí no tuvo fortuna en su nueva incursión al mejor beisbol del mundo; sin embargo su ascenso al primer equipo constituyen, por sí mismas, buenas noticias para los aficionados de casa.

A estas alturas, a solo tres meses del cántico de “play bol”, podemos asegurar que los tres se quedarán en el roster de Tomateros porque ahora es práctica común contar hasta con tres peloteros para la receptoría. La gran pregunta es: ¿Quién de los tres será el titular?

Usted tiene su particular opinión, estimado lector.

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Y bien.

El comentario no es obra de la casualidad. Antes bien, responde, de algún modo, a la inquietud de algunos aficionados por la salida de Adán Amezcua del club Tomateros de Culiacán, luego de una trayectoria tan amplia como exitosa.

El mazatleco, avecindado en esta ciudad, al contraer nupcias, años atrás, con una agraciada jovencita de Culiacán, causó baja del equipo local, tras el draft de peloteros efectuado la semana pasada en la ciudad de Guadalajara, en ocasión de la junta mensual ordinaria de la Liga Mexicana del Pacífico.

Juan Manuel Ley, el propio presidente del club, estuvo presente en el evento y fue él quien tomó la decisión correspondiente.

Porque conocemos la personalidad de Juan Manuel nos consta que no fue algo fácil. Es un directivo que agradece a los peloteros su entrega y esfuerzo y que se encariña con aquellos que, como Amezcua, suman años en la organización. Posiblemente se le dé alguna salida de aquí a octubre; pero lo que es un hecho es que Adán ya no estará en la lista de activos del equipo local.

Sencillamente, su ciclo concluyó con la organización de casa.

Amezcua, cierto, es de los sobrevivientes de aquel campeonato de 1996, a los que se agregaron el de 1997, el del 2002 y el del 2004; sin embargo el Padre Tiempo ya le pasó la factura y sus condiciones físicas no son las mejores para jugar en el poderoso beisbol de invierno.

Resta agradecerle su esfuerzo, entrega, dedicación y amor por la franela y desearle el mejor de los éxitos para su nueva encomienda.

Así son las cosas.

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Ramiro Peña, que el año pasado tuvo su mejor papel en las Ligas Mayores, no atraviesa justamente por el mejor de sus momentos. Se lesionó a fines de la temporada pasada y por lo que reflejan sus números no ha podido recuperarse por completo.

El regiomontano, que debutó en el mejor beisbol del mundo con el equipo más emblemático de la pelota, como lo son los Yanquis de Nueva York, apenas promedia .194 de bateo, con 3 jonrones y 8 carreras producidas. A la defensiva, eso sí, conserva su indiscutible calidad, tanto en la tercera base, como en la segunda y en el campo corto.

Por lo pronto, Ramiro se mantiene en los planes de la directiva de Tomateros; pero habría que conocer, primero, la decisión del club y después saber si Peña está dispuesto a jugar, nuevamente, en el circuito invernal.

Oliver Pérez, el otro Tomatero en Ligas Mayores, conserva sus parámetros normales.

En papel de relevo intermedio, con Arizona, ha visto acción en 37 partidos, con 34 ponches y un excelente 2. 18 en carreras limpias admitidas. Oliver siempre ha dicho si a la invitación de Tomateros y ahora no tiene por qué ser la excepción.

Y bueno, ya que en esto andamos, déjeme decirle que, en cuanto a la ofensiva, el mejor mexicano es, por supuesto, Adrián González, de los Dodgers de los Angeles, con .254, 14 cuadrangulares y 56 producciones. En pitcheo, el sobresaliente es Fernando Salas, de los Angeles de California, con 4 victorias sin derrota y 2. 86 de efectividad.

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A manera de colofón.

Por ahora la dejamos aquí. De este tamaño. El Mundial de futbol de Brasil está por terminar y el beisbol de la Liga Mexicana del Pacífico comienza a despertar sentidos y emociones.

Estamos a cosa de tres meses.

Ya nos fuimos, entonces. Dios los bendiga.