Jorge Luis Telles Salazar
Si de por si las derrotas siempre duelen, más lo es de la manera en que éstas se escriben y peor todavía cuando se trata frente a rivales directos en la pelea por la calificación a la ronda de “pley offs” de la actual campaña de la Liga Mexicana del Pacífico. Es el caso de Tomateros que de sus siete descalabros de esta segunda vuelta, dos han sido de esas que quitan el sueño – al menos la noche después del juego – y seis, precisamente, contra equipos que pueden despojarlo de su boleto a la fase de postemporada.
Expliquémonos:
Al arranque de la parte complementaria de la edición 56 del poderoso circuito invernal mexicano, citamos aquí que Culiacán había logrado una aceptable cosecha de puntos al término de la primera mitad. Es decir: cinco unidades que le dan muchas posibilidades de gestionar pase de abordar para las también llamadas “fiestas de enero”; pero también dejamos claro que tenía que producirse una condición prácticamente ineludible: que Tomateros estuviese siempre por encima de cuando menos dos de los antagonistas a quienes superó en el giro inicial. O sea: Mayos de Navojoa, Naranjeros de Hermosillo, Venados de Mazatlán y Cañeros de los Mochis.
Bajo tal circunstancia, alertamos del grado de peligrosidad de las tres primeras series de la etapa suplementaria, justamente contra esos adversarios directos: Venados, Mayos y Naranjeros. Cierto, hay que cuidarse de todos porque todos quieren pase para el “pley off”; pero más de los integrantes de este grupo al que había que sumar también a los Cañeros de los Mochis. Y es que además de todo hay esto: el saldo de sus partidos entre sí es fundamental porque un eventual empate en el standing se rompe con el dominio y esto puede marcar la diferencia entre seguir adelante en la competencia o regresar a casa a disfrutar en familia la noche de fin de año y el resto de las fiestas de la época.
Y bueno. Usted ya sabe lo que pasó: Tomateros perdió sus primeras tres series – incluso una en casa – y esto activó la alarma en las oficinas del club, a un grado tal que se tuvo que cabildear la posible salida del manager Benjamín Gil, así como de algunos otros peloteros cuyo rendimiento está muy por debajo de lo esperado. De esos siete descalabros, insistimos, dos cuando ya estaba lista la cena para celebrar la victoria.
Ese mal comienzo, envió a los guindas hasta el último sitio de la tabla de posiciones y llegó el momento en que, por todas las razones aquí citadas, estuvo fuera de la zona de calificación. Afortunadamente llegaron estos dos triunfos sobre Yaquis de Obregón – monarcas de la primera vuelta – que fueron algo así como un tanque de oxígeno para las aspiraciones de los guindas. En este momento, en efecto, Tomateros sería sexto lugar (por dominio sobre los Yaquis) y tendría nueve puntos en la bolsa, contra siete de los Venados de Mazatlán y siete y medio de los Mayos de Navojoa, que serian los equipos eliminados.
Esta ecuación, sin embargo, no es suficiente para alcanzar un estado de confianza. Tomateros debe mantenerse cuando menos sobre los .500 para no tener mayores problemas. De lo contrario, la situación podría volver a poner sumamente nerviosos a los seguidores del plantel.
Y casualmente está en puerta una de esas series que no se pueden perder: contra Venados de Mazatlán, aquí en el “Angel Flores”, este fin de semana.
Venados ya nos domina en ganados y perdidos en esta segunda vuelta y es prácticamente una obligación superarlos en la confrontación. Es de los que no deben estar por encima de los guindas y frente a quienes se tienen que tener números positivos en los encuentros entre sí.
Allá nos vemos.
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Y bien.
De acuerdo, cuando se gana la perspectiva es diametralmente opuesta a cuando se pierde; pero ahora nos gustó particularmente la manera en que Tomateros le peleó a los Yaquis el último de la serie, allá en el “Tomás Oroz Gaytán” de la antigua Cajeme.
Un encuentro que se disputó intensamente, out por out, hasta llegar al 27 y rubricar así la importante victoria para los guindas.
A diferencia de otros partidos, a Benjamín Gil ahora si le salieron las cosas bien: aguantó a Pancho Campos las cinco entradas que necesitaba para apuntarse un nuevo triunfo en lo individual – el “tirabuzón” le funcionó de maravilla – y luego vinieron taponeos impecables: Arturo Barradas, Gonzalo Sañudo, Dennis Reyes, Castillo y Oscar Villareal. Claro, no faltaron los momentos de angustia; pero el “bull pen” sacó a flote el asunto, a final de cuentas,
Y en la ofensiva, Gil jugó al toque de bola desde la cuarta entrada, con Ismael Salas como protagonista para avanzar a tercera y segunda a Eric Farris y Jorge Vázquez, que le habían ligado sencillos a Rolando Valdez. Culiacán perdía 2-0; pero ahí empató a 2, con línea de hit de Arturo Rodríguez al right-center. Y luego, un doble de Joey Meneses por toda la raya de la tercera (apenas fuera del alcance de Agustín Murillo) le dio a los guindas una delantera de 3-2 que ya no perderían. Parecía temprano para una jugada de sacrificio, más con un elemento como Salas que es el mejor bateador del equipo; pero funcionó y eso es lo importante.
Y la del remache, jugada estupenda, dos entradas más tarde: Peña en tercera base y Noel en primera, se pegaron a la almohadilla, con un globo de foul de Max León por rumbos de la inicial, que se advirtió complicado desde el principio. Sergio Contreras tomó la pelota, hacia atrás; pero perdió el equilibrio y la situación la aprovechó Ramiro para descolgarse a la registradora con el 4-2, ante la algarabía en la caseta guinda.
En suma: un choque muy peleado, con airados reclamos de Benjamín Gil por dos apretadas decisiones del ampáyer de primera (una, por lo menos, fue out) y por el conteo en el pentágono del juez principal. Gil estuvo concentrado y en lo suyo.
Si sigue por la misma ruta, serán más los triunfos que las derrotas a lo largo de diciembre. Será un buen regalo para el aficionado; pero mejor será la calificación a la postemporada.
Digo.
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En la misma sintonía.
Es prácticamente un hecho que en esta serie contra los Venados de Mazatlán se produzca el debut de un nuevo jugador extranjero: el garrotero Russel Branyan, nominado para ser utilizado como bateador designado, primera base o jardinero. Tipo veterano, con amplia experiencia en Grandes Ligas y ya conocido en el beisbol mexicano.
Branyan es un bateador de largo alcance. A los Indios de Cleveland, por ejemplo, les aportó 20 cuadrangulares y 31 a los Marineros de Seattle. No hace mucho todavía.
Aquí, en México, defendió la franela de los Aguilas de Mexicali justo la campaña pasada: durante el torneo regular atizó 11 jonrones y remolcó 35 carreras; en la postemporada, se fue tres veces “pa’ la calle” y remitió a 6 compañeros al pentágono. En el verano estuvo con Tijuana y allá conectó 19 de vuelta entera con 51 producciones.
Se trata de buenos números. Tanto que no dejan mentir. Es de esperarse entonces que le aporte esa potencia ofensiva de que adolecen los Tomateros y que ha sido su problema principal durante toda la temporada.
Y quien se va es Garret Weber, cuyo nombre no se grabará precisamente en la mente de los aficionados de casa. Un fiasco.
Pendientes pues.
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A manera de colofón.
Venados de Mazatlán en Culiacán es una de las series que inician este viernes, en la recta final de la temporada 56 de la Liga Mexicana del Pacífico.
Y las otras son: Obregón en Hermosillo, Mochis en Navojoa y Mexicali en Guadalajara.
Se aceptan apuestas.
Y mientras tanto: Dios los bendiga.