Jorge Luis Telles Salazar
Eduardo Medina Mora fungía como embajador del gobierno de México en Inglaterra, cuándo la presidencia de Felipe Calderón, allá por la primavera del 2010, luego de cuestionables resultados a su paso como Procurador General de la República. Si, es el mismo que hace dos días ha tomado posesión como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por decisión expresa del presidente Enrique Peña Nieto. Lo metió, como se dice, con calzador.
Precisamente, una fría mañana de abril de aquel año, regresábamos de un viaje por los países bajos y los del Reino Unido y documentábamos en el aeropuerto de Gatwick – uno de los cuatro que operan en Londres y segundo en importancia después de Heatrow – cuando la joven empleada de la Compañía Mexicana de Aviación, nos puso al tanto de una demora en la salida a la ciudad de México, a causas de un baño de ceniza que caía sobre la mayor parte de Europa, resultado de la erupción de un volcán en Islandia, país ubicado prácticamente en el techo del mundo entre Groenlandia y el viejo continente. “Esas cenizas cristalizan, se solidifican y se meten a las turbinas, con serio riesgo de estropearlas y de depositar el avión en el fondo del Atlántico”, explicó después un especialista ante el grupo de impacientes y mortificados viajeros.
La demora evolucionó a la cancelación del vuelo por tiempo indefinido. Y no solo del nuestro. De todos. Durante los siguientes seis días, en efecto, ningún avión pudo despegar de los principales aeropuertos de la Europa Occidental, ni tampoco aterrizar, por supuesto, en ninguno de ellos. La excepción fue España, cuya terminal aérea de Barajas, en Madrid, se convirtió, por aquellos días, en la más importante y demandada del mundo entero. Era, para acabar pronto, el único punto del que se podía salir y entrar a aquel Continente y solo a través de planes de vuelo, previamente autorizados por las más altas autoridades del mundo en materia de navegación aérea. Los riesgos tenían que medirse con escrupulosa precisión.
En esos seis días ni tan siquiera salimos del aeropuerto, aconsejados por el personal en tierra de “Mexicana”: “Nadie puede saberlo; pero la contingencia puede levantarse en cualquier momento y una vez que esto suceda, nos vamos de inmediato, con los que estén. Nuestro avión tiene el primer turno para despegue, tan luego lo determinen los especialistas. Y quienes no estén aquí, por la razón que sea, se quedarán para vuelos posteriores. Así que ustedes saben. Ese es el riesgo si deciden esperar en Londres”.
Obvio: nos quedamos.
Nos quedamos, si, junto con un numeroso grupo de mexicanos, jóvenes en su gran mayoría, quienes habían gastado su última libra en la adquisición final de los infaltables souvenirs para familiares y amigos, por lo cual la situación los sorprendió sin un solo “pound” en los bosillos y en lo sucesivo, con su suerte puesta en la solidaridad de los demás. Con esta decisión afrontamos los riesgos naturales y quedamos expuestos a todas las incomodidades habidas y por haber: dormir en las sillas de las salas de abordar; asearnos en los baños de la terminal; comer sándwiches y beber yougurt un día sí y al otro también y ver y escuchar noticias por la TV en espera de la información anhelada, angustia plenamente compartida por familia y amigos que nos esperaban aquí en Culiacán.
Durante esos dos primeros días, el embajador Medina Mora brilló por su ausencia, a pesar de tener conocimiento de que no éramos pocos los connacionales varados, por la emergencia, en los dos principales aeropuertos de la capital británica. Esto, a diferencia de diplomáticos de otros países que casi de inmediato acudieron en auxilio de sus compatriotas. Hacia el tercer día, al punto de la desesperación, contacté, vía Messenger, con el gobernador de Sinaloa, Jesús Aguilar Padilla, a quién le remití un dramático SOS, inspirado en mi situación personal: cerca de perder el empleo, inclusive, por un momento especial que se vivía en la empresa periodíatica para la que prestaba mis servicios.
Aguilar Padilla ya estaba enterado de otros sinaloenses – alumnos de una escuela secundaria privada, de Culiacán – en situación similar en el aeropuerto de Heatrow. “Hasta donde sé – me escribió – es muy poco lo que se puede hacer por ustedes; pero, de cualquier modo, voy a buscar a Medina Mora. Es mi amigo y podrá apoyarlos de algún modo”.
Y sí.
En verdad si era poco lo que se podía hacer y las opciones, además, eran inalcanzables: una, cruzar, por ferri, el Canal de la Mancha para llegar a Francia y de ahí viajar por tierra – carretera o ferrocarril – hasta Madrid, para volar a la capital del país o a alguna ciudad de los Estados Unidos; otra, navegar desde Liverpool, en Inglaterra, hasta Barcelona, España, para buscar un vuelo hacia América y la más descabellada: cruzar el mar, hacia Nueva York, en trasatlántico, en un itinerario similar al del Titanic en 1912. En todos los sentidos, inalcanzables, sencillamente, en todos los aspectos. Volar de Madrid a México, por aquellos días, llegó a costar el equivalente a 30 mil pesos en clase económica. No quedaba de otra: esperar, con la paciencia del Santo, el tiempo que fuese necesario. No había más.
Para entonces, hasta eso, nosotros ya habíamos alquilado una pequeña cabina ubicada en la planta baja del aeropuerto, destinada para aquellos pasajeros internacionales en escalas prolongadas. Su precio era de 60 libras por día y era lo más parecido a una casa de muñecas por lo reducido de su espacio; pero al menos teníamos privacidad, una cama para dormir y servicios sanitarios. Lo mejor: sin tan siquiera salir de la terminal. La mayoría de los mexicanos, particularmente los jóvenes, estaban diseminados en distintos puntos del aeropuerto, en circunstancia complicada; pero en medio de una atmósfera de gran solidaridad. Y por las noches hasta se hacía la fiesta a los acordes de “México Lindo y Querido” y hasta del “Cielito Lindo”. Una guitarra siempre aparece por ahí.
Horas después del contacto con el gobernador de Sinaloa, llegaron dos emisarios de Medina Mora, empleados de rango menor de la embajada de México en Gran Bretaña. A su arribo ofrecieron agua embotellada, emparedados, leche, galletas y algunas golosinas. También hablaron de un apoyo económico para aquellos afectados que realmente lo necesitaran, con una condición: quien lo aceptase, sería bajo el compromiso de reintegrarlo a su llegada a la ciudad de México, a través de la firma del pagaré correspondiente. Eso dividió las opiniones y mientras algunos tildaron de miserable a Medina Mora y hasta rechazaron dignamente la oferta, otros ponderaron su sensibilidad y espíritu de solidaridad, así hubiese llegado tres días después.
Opiniones encontradas, como suele suceder, en torno al controvertido personaje, en un pasaje que vino a nuestra memoria, luego de lo ocurrido hace un par de días, tras la propuesta de Enrique Peña Nieto en su favor ante el Senado de la República para designarlo magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Unos le aplaudieron; otros, en cambio, le adelantaron hasta la causa y fecha de su muerte. La relación entre esto y aquello vino de una manera natural. Inevitable.
Y bueno, a final de cuentas, la odisea londinense culminó seis días después de la erupción del volcán islandés, una vez que el avión de Mexicana – con la mitad de la lista inicial de pasajeros – despegó de una de las pistas del aeropuerto de Gatwick, en medio de un espontáneo aplauso general, justamente a las 7 de la mañana, decretado el final de la contingencia.
Y lo confieso: esto de Medina Mora fue solo un pretexto para compartir aquella experiencia sumamente positiva, a final de cuentas, con todo y sus malos instantes en un momento dado. Vivencias que, quiérase que no, se llevan en el corazón.
En fin.
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Por otro lado.
Este jueves, en el rancho San Isidro, propiedad del agricultor Eduardo Leyson Castro – localizado en las inmediaciones de los municipios de Culiacán y Navolato -, se desarrollará, por segundo año consecutivo, el evento denominado “Sinaloa Encanta”, que tiene como propósito contribuir a la promoción y la proyección de Culiacán y Sinaloa en otras latitudes del país y del extranjero, inclusive.
El evento consistirá en una exposición de primer nivel en la que participarán nueve empresas restauranteras y nueve vinícolas, incluida una monumental muestra gastronómica, además de otras actividades como intervenciones artísticas, literarias y culturales.
El evento iniciará a primera hora de la tarde y se prolongará hasta el anochecer.
Tendrá un costo económico por carnet y la utilidad se canalizará tanto al sistema DIF-Estatal como a la Fundación “Save the childreen”.
Valdrá la pena.
Y por allá nos veremos.
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De cosas políticas.
La foto circuló ampliamente a través de las redes sociales y generó, por supuesto, todo tipo de comentarios.
Sentados, de izquierda a derecha: diputado federal Alfonso “Ponchín” Inzunza, senador Aarón Irizar López, diputado federal Heriberto Galindo Quiñones, David López Gutiérrez – candidato a diputado federal – y Héctor Lie Verduzco, eterno jefe de prensa del Senado de la República. De pie, en el mismo orden: el banquero Jesús Gámez, Cesar Angulo – director general de la cadena de restaurantes “Los Arcos” -, Carlos Almada, embajador de México en Japón; Quirino Ordaz Coppel, aspirante a candidato a diputado federal (por el PVEM) y Vicente López Portillo, director general del Consejo para la Acreditación de la Educación Superior de la SEP,
La gráfica se tomó en un privado del restaurant “Los Arcos”, de Polanco, en la ciudad de México. ¿El pretexto? La despedida de Carlos Almada, a punto de viajar ya hacia el Japón.
El mensaje es más que elocuente.
Todos ellos, elegantemente vestidos, generosamente sonrientes y con la mejor de sus caras. De lejos, se ve, que hace mucho hay cosas que dejaron de preocuparles. Las mismas que mantienen inquietos y expectantes a las grandes mayorías de este país.
Digo.
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Mientras.
Al cúmulo de loas escuchadas en el foro del martes próximo pasado, sobre la conveniencia de hacer realidad el proyecto de los nuevos hospitales en Sinaloa, el doctor y diputado Víctor Manuel Díaz Simental, simplemente contestó:
= Después de la borrachera, vendrá la cruda realidad.
Víctor Díaz es el presidente de la comisión de salud del Congreso del Estado y fue invitado al panel en el teatro del modular Inés Arredondo; pero en ningún momento se consideró la posibilidad de que hiciera uso de la palabra.
Hubiese sido bueno, la verdad; pero tuvieron temor a que se les echara a perder la gran fiesta.
Sin comentarios.
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En tanto.
Todo listo para la elección interna del candidato del PRI a diputado federal por el tercer distrito electoral, reportó la presidenta del Comité Directivo Estatal, Martha Sofía Tamayo Morales.
Esto, mediante una convención en la que participarán un total de mil 227 delegados, democráticamente seleccionados en asambleas efectuadas en los tres municipios incluidos dentro de la demarcación: Navolato, Angostura y Salvador Alvarado. La cosa tendrá lugar en la ciudad de Guamuchil, a partir de las 13 horas del domingo venidero. Desde las 11, el registro de delegados.
Evelio Plata y Víctor Godoy son los contendientes.
Los mismos que firmaron, en su momento, un pacto de civilidad fraternal que han estado muy lejos de cumplir. Se han dado con todo.
Así es esto. Así ha sido siempre y así será.
Ya le contaremos.
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A manera de colofón.
Nos fuimos ya. Y Dios los bendiga.