¿LIBERTAD O AUSENCIA DE CATEDRA?
Jorge Aragón Campos
Lo de la expulsión de Manuel Clouthier de un aula de una escuela de la UAS, No necesito recordárselos porque fue un buen escándalo. Sin embargo, al modo, lo que sobró fue ruido y lo que faltó fueron nueces.
En primer lugar, he de decir que el menos culpable del mitote fue el propio Clouthier: a él lo invitaron y fue. Tonto si no lo hubiera hecho, siendo un candidato en campaña a quien todo lo que sea reflectores le sirve, más cuando, él mismo así lo dice, lo han invitado a otras instituciones y ha sido recibido por todas las autoridades correspondientes, desde la más alta hasta la más baja. Ahí está la primera señal.
¿Por qué en otros lugares lo recibieron con bombo y platillo y en la UAS lo corrieron? La respuesta es sencilla: porque en las primeras las autoridades estaban enteradas, su visita fue informada (y solicitada la autorización) y aceptada, de ahí que fuera recibido con la pompa propia de una casa respetuosa de sus invitados, mientras que en la UAS el maestro se fue por la libre y no le avisó, para empezar, ni a su director. El argumento para la provocación de semejante desaguisado, fue que el maestro invitador tenía todo el derecho de hacerlo pues lo asiste el derecho a la libertad de cátedra. ¿En serio? ¿Así de abierta es la libertad de cátedra en la UAS? ¿Desde cuándo?
Confieso que me hicieron dudar, así que busqué el concepto de libertad de cátedra, primeramente, en los numerosos documentos normativos de la vida institucional uaseña, y hasta el momento he encontrado que en varios se le menciona pero sin profundizar ni definirlo; por otra parte, numerosas instituciones internacionales, como la UNESCO, ofrecen una propuesta (demasiado general y limitada, me parece), así como las Constituciones de algunos países; la mexicana también la menciona pero, al modo, se pierde en vaguedades que solo sirven para confundir aún más, mientras que la española se distingue por atender a una visión con un enfoque mejor definido pero todavía insuficiente. A lo que quiero llegar, es que en la UAS, parece ser, no se ha hecho nada en ese sentido, de ahí que la libertad de cátedra puede ser abordada desde una postura académica hasta desde una anarquista. Esto, con toda seguridad, es responsabilidad de Cuen y del PAS, así como los daños que ha provocado el fenómeno de mar de fondo, porque volviendo a lo de contar con una definición clara de la libertad de cátedra, no podemos reclamarle nada a quienes se asumen como académicos: ellos están para otra cosa. No me pregunten cuál, no lo sé y sospecho que tampoco ellos, ocupados como andan en renovar su permanente asombro ante una realidad que se resiste a ajustarse a sus modelos teóricos, porque, a mí que me perdonen, pero aceptar la postura del maestro que invitó a Clouthier, cuando sugiere que lo hizo sin siquiera sospechar la posibilidad de crear un conflicto, es una rueda de molino imposible de tragar.