Ustedes ya deben estar enterados: supuestamente, elementos de la marina andan tras los pasos de Joaquín Guzmán. Nada más que el operativo lo están haciendo entre los límites de Cosalá y Durango, mediante la imposición de un estado de sitio en una región de esos municipios, donde no se puede entrar ni salir, dejando en carácter de prisioneros a familias enteras que viven en pequeñas comunidades, mientras aquellas que lograron escapar, llegaron a Cosalá donde la única mano que les dio ayuda, fue el Partido Sinaloense, comenzando por ofrecerles como campamento el edificio que alberga sus oficinas.
El hecho lo consigné puntualmente, durante un programa en radio UAS que tengo el gusto de dirigir, en él expresé mi beneplácito por la solidaridad mostrada por el PAS cosalteco ante los desplazados que, por cierto, son en su mayoría pobladores de Durango, y no voy a negar la sorpresa que me llevé cuando lo hice.
Por diversos medios, no han faltado quienes pretenden enmendarme la plana por mi opinión, bajo el argumento de que el PAS sólo obedece órdenes de Cuén, quien actúa nada más en función de sus intereses; lo que más me llamó la atención, fue la incapacidad de mis críticos cuando les repelé por sus reclamos, en primer lugar me reconocieron que ellos no habían hecho nada por ayudar a las víctimas, inclusive no faltaron quienes admitieron no conocer Cosalá (ellos se lo pierden), posteriormente, tampoco han sido capaces de explicarme qué hay de malo en tener intereses personales, es más, también le planteo a usted, lector, la misma pregunta ¿si sólo debemos actuar bajo la premisa del desinterés, cómo vamos actuar si no nos interesa? No quieren admitir abiertamente, tener aspiraciones y objetivos para mejorar en lo personal, lo cual me obliga a ponerlos en mi clasificación de mediocres irremediables.
¿Hay alguna duda sobre Héctor M. Cuén Ojeda como político? Me refiero al hecho de que eso es lo que es: un político. Lo importante es si sus actitudes, comportamiento, discurso, etc. coinciden con los de los sectores mayoritarios de los sinaloenses, yo creo que sí, pero es mi opinión, y trato de sustentarla con argumentos sólidos, no basándome en la visceralidad de me cae bien o me cae mal. Honestamente, llegué a pensar que el anticuenismo era una corriente de opinión, pero cada vez me convenzo más que es la manifestación de una especie de síndrome, que afecta particularmente a las neuronas, así como los procesos sinápticos entre las que alcanzan a sobrevivir, porque quienes lo padecen tienen la característica de que no nada más Cuén, sino todo, les parece mal, en particular los resultados de quienes sí actúan.
A lo mejor consumen mucha comida chatarra.