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Imagínese que usted tiene una fuga de agua en el baño de su casa, usted hace lo lógico y natural: le habla a un plomero. El tipo recibe un anticipo y pone manos a la obra, mientras usted se desentiende y se va a su trabajo. A su regreso, por la noche, se encuentra con que, gracias al especialista contratado (el plomero), aquella fuga del baño es ahora un torrente, la regadera no puede usarse porque en lugar de agua potable arroja aguas negras, la llave del lavamanos en lugar de líquido entrega gas, y el fregadero de la cocina da toques eléctricos cuando lo tientan.
Por la mañana, el plomero se presenta a cobrar el resto de sus honorarios a lo que usted, en un primer momento, se niega, dados los pésimos resultados mostrados. A sus reclamos, el tipo se indigna y le responde: ¡y qué quería, que me quedara de brazos cruzados y no actuara! Lo que hace falta aquí, es seguir haciendo lo mismo porque, aunque no lo parezca, sus instalaciones hidráulicas están en vías de mejorar, todo es cuestión de no aflojarle ni variarle… usted deme otro anticipo y deme más tiempo y ya verá que todo quedará resuelto. Usted, ante tan impecables argumentos, saca su billetera y le entrega más dinero, y se va de nuevo a su trabajo con la tranquilidad y la convicción de que esa noche, cuando regrese, sus plomerías lucirán mucho mejor.
De nuevo malas noticias: ahora el agua se escapa hasta por el tinaco, sobre el piso de la casa hay un espejo de cuatro centímetros de agua, su hijo menor tuvo que ser llevado al médico, pues desarrollo un severo cuadro gripal, y su vecino (que por cierto, es quien le recomendó al plomero) lo ha demandado pues afirma que su drenaje (el de usted, no el de él) está descargando hacia su patio trasero (el de él, no el de usted).
Al día siguiente, el dichoso plomero se presenta con una nueva explicación: claro que las cosas están mejorando, el problema es que usted no sabe darse cuenta, pero el señor le anuncia su próximo retiro de la actividad, y por ello le trae a una nueva recomendada que pertenece a la misma empresa; entre ambos le aseguran a usted que se ha hecho lo correcto, y le solicitan más dinero y, por supuesto, un nuevo plazo para concluir la chamba.
Poco más, poco menos, así nos ha ido con la dichosa guerra contra el crimen, que ahora ya no es guerra, ya no sabemos qué diablos es pero, eso sí, no faltará quien siga entregando dinero y concediendo nuevos plazos a los actuales responsables. Yo ya no.