Ni al presidente Enrique Peña ni a los mexicanos nos va nada bien
Por Héctor Melesio Cuén Ojeda
Este jueves 1 de septiembre, el presidente Enrique Peña Nieto entregó el IV Informe de Gobierno, a través del secretario general de Gobierno Miguel Ángel Osorio Chong, al Congreso General.
Muchos estamos convencidos de que, si a nuestros gobernantes les va bien, a los mexicanos también. No es el caso de nuestro presidente, pues prácticamente todos los indicadores expresan que México vive un retroceso en su economía, que la violencia será mayor que la del sexenio pasado, que la pobreza ha aumentado y que la seguridad social no se halla en sus mejores momentos. Claro, todo ello se manifiesta en una opinión negativa sobre el mandato del presidente Peña Nieto.
Con base en “La gran encuesta, Enrique Peña Nieto, 13 trimestres de Gobierno” elaborada por Consulta Mitofsky, los datos duros revelan que el 61% de los mexicanos reprueba este mandato, el 53% expresa que el principal problema del país es el económico, seguido del 42% que opina que es la seguridad.
En otras palabras, esta encuesta arroja que solamente el 33% aprueba los resultados obtenidos por el presidente Peña Nieto, muy por abajo del 52% con que se le calificó a Felipe Calderón en febrero de 2012.
Asimismo, esta consulta reporta cómo los ciudadanos calificaron las diversas políticas públicas de febrero de 2015 a febrero de 2016, y también aquí la mayoría reconoció que han empeorado en sus resultados: tanto la situación económica como la corrupción, la pobreza, el narcotráfico, la inflación y el campo. En todas estas se muestra una tendencia negativa.
En síntesis, el 61% de los mexicanos opina que México lleva un rumbo equivocado y solo el 25% piensa lo contrario; en una idea similar, el 66% expresa que al actual presidente el país se le está saliendo de control, mientras que solo el 28% sostiene lo opuesto.
En anteriores colaboraciones he detallado la serie de errores en que ha incurrido el presidente y sus asesores. Más allá de las desatinadas políticas públicas que afectan principalmente el bienestar de la sociedad, se encuentra el desacierto y mala implementación de las denominadas grandes reformas estructurales que ha impulsado el actual gobierno federal y que han encontrado eco en la mayoría de los grupos parlamentarios del Congreso de la Unión; el ejemplo más claro de ello es la Reforma Educativa, la cual prácticamente ha convulsionado a los estados de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, mientras que la Ciudad de México también vive un clima preocupante de violencia e incertidumbre.
En lo que respecta al IV Informe de Gobierno, quien tuvo la oportunidad de ver la reunión del Congreso General, se habrá dado cuenta de que prácticamente fueron dos partidos políticos los que avalaron los resultados de dicho informe, aun cuando este no ha sido motivo de glosa por los legisladores; y por el contrario, todos los demás grupos parlamentarios, incluyendo al diputado independiente, reprobaron al presidente Enrique Peña Nieto, e incluso con expresiones de falta de respeto.
Lo anterior es muy delicado y preocupante, pues si relacionamos la mencionada encuesta con la actitud que diputados y senadores tuvieron en el Congreso, estamos hablando del asomo de condiciones de ingobernabilidad en el país, ello cuando todavía le restan dos años al presidente para que culmine su mandato. Además, está el descontento generalizado provocado por el anuncio e implementación de nuevas alzas a la gasolina magna, diésel y a las tarifas eléctricas, pese a que se aseguró que con la Reforma Energética esto no iba a suceder.
El futuro inmediato en el renglón económico es más incierto; hoy se están haciendo recortes al presupuesto federal y se están anunciando otros más para 2017, lo cual lleva al Gobierno a informar que el próximo año será mucho más difícil. Todo esto se debe a que el país no ha crecido económicamente, como lo constata el comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) de los últimos 4 años, pues cuando se proyecta en un determinado margen, este se ve disminuido en el transcurso del periodo.
Por otra parte, sabemos que el protocolo de entrega de los informes de Gobierno ha cambiado en los últimos años. Con el esquema actual, los mexicanos ya no tenemos la oportunidad de que el presidente rinda cuentas de manera directa a la sociedad a través de los diputados federales y senadores, como se hacía antes en las comparecencias que se programaban para tal efecto. Hoy, a lo más que podemos aspirar es que los secretarios de Estado acudan a lo que se denomina la glosa del informe.
E incluso, en esta ocasión ni siquiera tuvimos la posibilidad de escuchar el mensaje político del Ejecutivo, mediante el cual teníamos la oportunidad de conocer de su viva voz el balance del año informado. Aquel mensaje se remplazó por un diálogo con los “300 jóvenes destacados del país”, lo cual si bien no es reprobable, sí es cuestionable, ya que esta acción sustituye toda posibilidad de que el presidente de la República responda a la nación de lo que hizo, cómo lo hizo y lo que dejó de hacer en el año.
Además, habría que señalar que muchos medios de comunicación y analistas políticos del país han cuestionado fuertemente la forma en que se seleccionó al grupo de 300 jóvenes, pues el criterio habría sido para que no incomodaran al presidente con sus preguntas y opiniones; muchos han señalado que estos jóvenes son trabajadores o becarios de alguna dependencia gubernamental o, en el peor de los casos, miembros del principal partido político que postuló a la presidencia a Enrique Peña Nieto.
Finalmente, nada indica que al mandatario del país le esté yendo bien en su mandato, pero lo más lamentable es que lo mismo nos está ocurriendo a los mexicanos. Nadie se puede alegrar de esta situación.
Gracias y que pasen una excelente semana.