Microscopio Social


Futuro incierto con los recortes presupuestales
y un presidente reprobado

Por Héctor Melesio Cuén Ojeda

El presidente Enrique Peña Nieto llegó a su IV Informe de Gobierno con las peores calificaciones económicas y políticas de que se tenga memoria en la historia de México. Un presidente cuyo declive popular parece no terminar; a cada pifia, le acompañan decisiones absurdas y anticlimáticas, como el desacierto de invitar al candidato republicano Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, y cuyo resultado más evidente fue la renuncia de Luis Videgaray Caso a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, una de las personas más cercanas al mandatario.

El presidente Peña Nieto llegó al poder con sólo 38% de la votación, y durante su primer año de gobierno el nivel de aprobación popular rondaba el 50% en la mayoría de las encuestas. Hoy, todas las casas encuestadoras lo ponen por abajo del 30% y parece imposible que concluya su sexenio con el 50% con que lo hicieron Vicente Fox y Felipe Calderón. Desde luego, estos números no son fortuitos y las razones para el desánimo abundan.

Para empezar, se desvanecieron las expectativas de crecimiento que se habían creado cuando el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto alcanzó la aprobación de las reformas estructurales, las que según revitalizarían la economía al permitir la participación de capitales privados y atraer más montos de inversión.

Recientemente, ante la lentitud con la que se mueve la economía mexicana, el Gobierno ya volvió a recortar sus previsiones de crecimiento para este año; en ese contexto, dos calificadoras de riesgo, Standar&Poor’s y Moody’s, rebajaron las perspectivas económicas, básicamente por la incertidumbre que les genera el sostenido aumento de la deuda pública y el letargo productivo del país.

No obstante reconocer la problemática de la deuda pública, la Casa de Bolsa Finamex resaltó la dependencia ante el desempeño económico de Estados Unidos, e incluso señaló que la incertidumbre del proceso electoral en ese país podría afectar las inversiones extranjeras.

El escenario mexicano se está complicando tanto, al grado de que el Banco de México alertó sobre un posible estancamiento de la economía nacional. Esta institución expuso que, al estancamiento del sector industrial, se añadió un freno al crecimiento del sector terciario, y resaltó que por ello el consumo privado se desaceleró, mientras que las exportaciones manufactureras y la inversión mantienen un débil desempeño.

Para el prestigioso Centro de Estudios Espinosa Yglesias, ante la complejidad económica que enfrenta el país, la ineficiencia en la operación del Estado es importante. Asimismo, señala que los recortes presupuestales que vengan no se deben hacer sobre bienes públicos como la salud o la educación, sino hacer más eficiente al Estado.

Y mientras la economía se desvanece, el presidente Peña Nieto se devalúa más rápido que el peso, y como lo hemos dicho, el alto nivel de desaprobación de los mexicanos a su gestión no tiene precedente. Por ejemplo, en agosto la Consulta Mitofsky dio a conocer que el 65% de los mexicanos desaprueba la gestión del presidente, frente a un 29% de aprobación.

Este desafortunado panorama, además de la invitación expedida a Trump, obligó a Luis Videgaray a renunciar a su cargo; por cierto, sin ninguna argumentación de tal separación. Y quien lo sustituyó fue José Antonio Meade Kuribreña. En el evento protocolario de toma de protesta, el presidente fue claro y enfático en las instrucciones que le dio al nuevo secretario:

Primera indicación. El Proyecto de Paquete Económico 2017 que se presente al Poder Legislativo deberá contribuir a la consolidación de las finanzas públicas, logrando por primera vez en muchos años un superávit primario.

Segunda indicación. El nuevo titular deberá continuar con la aplicación de medidas de responsabilidad fiscal, a fin de contener y estabilizar el crecimiento de la deuda del sector público como proporción del Producto Interno Bruto.

Tercera indicación. El esfuerzo necesario para garantizar la estabilidad macroeconómica deberá ser a cargo de un ajuste en el gasto público de la Federación; es decir, le tocará al Gobierno de la República apretarse el cinturón, no a las familias, ni a las empresas de México. En este sentido, refrendo mi firme compromiso de que no habrá nuevos impuestos ni aumentos a los existentes. Insisto, el ajuste recaerá en el Gobierno y no en la ciudadanía.

De nueva cuenta, todo vuelve a ser una falacia. Ayer viernes, José Antonio Meade entregó a la Cámara de Diputados el Proyecto de Egresos 2017. Lo primero que llama la atención es la reducción a los Programas Sociales, lo que impacta de manera negativa el bienestar de millones de familias.

Los sectores más afectados son Educación Pública, con 11.2% menos de presupuesto; Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, con 23.3%; Economía, con 33.7%; Desarrollo Territorial y Urbano, con 33.7%; Turismo, con 32.8%; Medio Ambiente, con 30.3%; Agricultura, con 24%, y Salud, con 6.4% menos.

Sin duda alguna, todas estas reducciones presupuestales provocarán más pobreza, mayor dependencia tecnológica, educación de menor calidad y, sobre todo, la ingobernabilidad en el país irá en aumento.

Gracias y que pasen una excelente semana.