¿QUÉ ES ÚBER?
Jorge Aragón Campos jaragonc@gmail.com
Desde hace tiempo, no recuerdo qué tanto, en medios de comunicación, redes sociales y de boca en boca, comenzó a aparecer información y comentarios sobre el concepto de Úber, y cuando digo “desde hace tiempo” estoy hablando de por lo menos dos años.
Con el paso de los días, me fui enterando a cabalidad de las peripecias de Úber en el mundo: los países donde iba entrando sin problemas, otros donde si enfrentaba resistencias, otros donde en definitiva nunca pudo ni asomarse (como Cuba o Corea del norte), hasta que llegó a México por la puerta grande, es decir por la CDMX donde tampoco la tuvo fácil. Hubo desde manifestaciones y demandas contra la aplicación y no faltaron los casos donde se llegó a las manos.
Caso contrario fueron plazas como Monterrey o San Luis Potosí, donde fue recibido con los brazos abiertos ante los antecedentes en su calidad y precio del servicio, ciudades que en el mapa nacional sobresalen por vivir desde mucho atrás una modernidad auténtica, no de dientes para afuera como ocurre aquí en Sinaloa, es decir sin mafias fósiles sobrevivientes de aquel viejo corporativismo priista, reducidas hoy a los pocos estados que siguen haciendo el papel de fosas de alquitrán, donde gozan de una tranquila y prolongadísima agonía: refugios donde esperan sobrevivir a expensas de la ciudadanía, hasta morir y recibir cristiana sepultura en el basurero de la historia. Pero en carácter de mientras aquí los tenemos gozando de cabal salud.
El punto es que con buena o mala bienvenida de los gobiernos locales y las mafias transportistas ídem, Úber ha terminado por imponerse donde quiera que ha llegado (me refiero a este país), salvo una ciudad hasta ahora: Durango. Cuando el gobernador (y el alcalde capitalino) del vecino estado, supieron que la autopista Mazatlán-Durango era inevitable, pusieron manos a la obra para ofrecer al turismo una nueva ciudad capital, empezando por el transporte público, concretamente los camiones, que tal y como era de esperar se opusieron y presentaron mil resistencias; el gobernador en ningún momento busco valerse de simpáticos bailecitos para convencerlos, se fajó en aras del interés general e hizo un convenio con los taxistas: la autoridad los apoyaría con el costo de la gasolina (todo), a cambio pondría las tarifas y los taxímetros.
Úber puede entrar a Durango cuando guste…nomás que no le ha gustado. No es para menos, en la ciudad capital de Durango las tarifas de taxis son, aproximadamente, una décima parte de las de Culiacán, de hecho es más caro aquí el camión que el taxi allá y ha tenido sus consecuencias: el servicio de camiones urbanos está por desaparecer y es común ver estudiantes usando taxis para ir a clases.
Todo esto lo sé no porque sea un genio, es nada más que me gusta informarme, como de seguro ocurre con buena parte de los lectores, y nada más por eso me parece increíble la respuesta de MALOVA y de su administración en general, ante la llegada a Sinaloa de Úber: no tenían previsto ni planeado nada. Si eso no es vivir en la luna, yo no sé que sí lo sea.