DOS A LA SEMANA

ADIOS AL CAMARÓN

Jorge Aragón Campos            jaragonc@gmail.com

 

Según lo consignan diversos medios, de nueva cuenta la temporada de camarón sólo traerá ruina este año, las capturas no están alcanzando ni doce kilos diarios por embarcación pues, según especulan los pescadores, “el camarón ya se fue”.

Veamos.

Aquí en Sinaloa arrastramos un problema desde siempre: los sinaloenses ignoramos casi todo sobre nuestro Estado. ¿La razón? No nos interesa saber nada sobre él…hasta que nos truena el cohete. “Requerimos un apoyo extraordinario del Inapesca que nos permita determinar la movilidad del camarón y las especies marinas”, declaró, al enterarse de la situación, la diputada federal Rosa Elena Millán Bueno. O sea que no sabemos nada sobre movilidad de especies en el mar de Cortez, ya no se diga en el Pacífico.

Pero el hecho concreto, es que el camarón se nos desaparece y necesitamos saber por qué. ¿En verdad se fue antes o nunca estuvo ahí? ¿O quizá no ha llegado todavía? No lo sabemos, ese es el segundo hecho concreto.

Otro asunto sobre el cual ignoro todo (aquí sí nada más yo), es la salinidad del mar de Cortez. Me explico: en la actualidad, el ecosistema de los valles sinaloenses, desde Elota hasta Ahome, es artificial pues fueron desposeídos de su vegetación natural, cambiándole la vocación al suelo y acrecentando efectos sobre él como erosión, salinidad, desertificación, alza en temperaturas ambientales, etc.

Los cambios al ecosistema natural sinaloense, provocados por la mano del hombre, escalan a partir de la inauguración de la presa Sanalona; recordemos que desde aquella época, comenzaron a volverse costumbre los ciclos agrícolas dobles (primavera-verano y otoño-invierno), y ahí cambió el flujo de agua dulce hacia el mar, estabilizándolo a lo largo de todo el año y haciendo lo mismo con la salinidad de nuestras costas, nutrientes, etc. Luego nos volvimos neoliberales y dejamos de sembrar todo el año, asimismo el número de hectáreas sembradas ha cambiado, por lo que, para finalizar, las condiciones de nuestra agua marina están sometidas a vaivenes inusitados, lo cual necesariamente debe reflejarse en toda la vida que tiene ahí su hábitat.

Tengo la sospecha de que no tenemos ningún estudio sobre la ecuación salinidad agua marina-flujo agua dulce-siembras agrícolas y su influencia sobre la fauna marina, mucho menos el impacto extra de las granjas acuícolas que de poco tiempo para acá se han sumado. Tengo el temor de que hemos incidido tanto y tan despreocupadamente, sobre nuestro ecosistema, que lo hemos transformado hasta un punto donde ya no logramos entenderlo.

¿Será atractiva la hipótesis para algún investigador? Es pregunta.