PALCO PREMIER

Jorge Luis Telles Salazar

 

En días pasados, el amigo Guillermo Gastelum Duarte hizo la presentación en sociedad de su libro “Managers del Beisbol Invernal Costeño”, fruto de un trabajo de investigación de largos años en las hemerotecas de algunos periódicos que se editan en las plazas principales en las que se desarrolla la Liga Mexicana del Pacífico.

En lo personal, es algo que me place porque me siento parte de esta historia: como director de El Sol de Sinaloa – cargo que desempeñé por casi 20 años – le abrí las puertas de los archivos de este matutino a Memo Gastelum y le brindé todo género de facilidades para la realización de su trabajo. Y como lo consigna Gonzalo Camarillo en el prólogo de la obra: “a veces hasta contra la predisposición y negativa del empleado encargado del departamento, que alegaba carga extra a su trabajo”.

Bien lo expresa ese excelente cronista de beisbol que es Gonzalo: “fue una autorización genuina, sin condiciones, que Guillermo aprovechó en todo lo posible”.

Así salió este libro, respaldado por el Consejo Ciudadano para el Desarrollo Cultural del Municipio de Culiacán, que encabeza la profesora Alicia Montaño Villalobos, muy bien apoyada por Rodolfo Arriaga Robles y Jaime Alberto Felix Pico.

En la presentación de la obra, por parte del autor, Felix Pico fungió como moderador y José Carlos Campos y quien escribe esta columna, como comentaristas. El libro comprende dos partes: una, que narra algunas anécdotas en las que los managers han sido los protagonistas principales y otra eminentemente estadística, que plasma la trayectoria de todos los que han dirigido equipos en la Mexicana del Pacífico, desde 1958 a la fecha.

Y como son tan poquitos los libros sobre beisbol que hay en México y todavía más aquellos que se refieren a la pelota invernal, pues es algo que nos place y nos llena de satisfacción, como lo señaló José Carlos Campos en su intervención.

Gracias por esto Memo y enhorabuena.

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Y bien.

Dentro de las anécdotas de managers que Guillermo Gastelum narra en su libro, me permití extraer algunas, que bien vale la pena recordar y que disfrutarán, seguramente, los grandes aficionados a la pelota.

Por ejemplo:

= La renuncia de Julio Alfonso a la dirección de los Ostioneros de Guaymas apenas en la primera temporada de lo que inicialmente se llamó Liga de Sonora, “solo” porque el dueño del club, don Florencio Zaragoza, le recriminó la no alineación de un pelotero llamado Ildefonso Ruiz, pese a sus sutiles sugerencias. (Años después, este Ildefonso jugaría con Tomateros de Culiacán, en sus dos primeras temporadas de la LMP. El “gigante de espejuelos”, le decía don Agustín D. Valdez, en sus inolvidables reseñas radiofónicas). “Usted será el dueño; pero el manager son yo y el que manda en el terreno de juego es el manager, no el dueño”, le contestaría Julio Alfonso al señor Zaragoza, antes de firmar su dimisión.

= Las muy pobres actuaciones de Tomás Herrera y Chito García, quienes en el verano llenaron toda una época al frente de Diablos Rojos y Tigres del México, respectivamente. Por estar ubicados en la capital del país, el Sargento y el Chito eran objeto de una gran publicidad; pero aquí su estancia pasó prácticamente inadvertida. Tomás comandó aquí a Mayos de Navojoa y Chito a Yaquis de Obregón y Cañeros de los Mochis. Ni fu, ni fa.

= La base intencional que ordenó el manager de los Mayos de Navojoa, Deacon Jones,  a Héctor Espino, el eterno cuarto bat de los Naranjeros de Hermosillo, en la temporada 1972-1973. Una base intencional para Espino no era novedad; pero cuando Mister Deacon la ordenó, había casa llena. Deacon declaró, al final del partido, que prefería una carrera en contra que cuatro, en las primeras entradas del juego. No hay otra decisión similar en la historia universal del beisbol organizado.

= Las predicciones de Cananea Reyes en 1976. Primero, después de perder, por paliza, el quinto juego de la serie final ante los Yaquis de Obregón, que puso a la tribu a una victoria de la corona. Sexto y un posible séptimo partido tendrían lugar en el estadio “Tomás Oroz”, de la vieja Cajeme y Cananea, que dirigía a los Naranjeros de Hermosillo, no tuvo empaño en sentenciar: “ya hicieron todas sus carreras; no harán una más”. Y asi fue, en Ciudad Obregón, Pancho Barrios y Rich Hinton blanquearon a los Yaquis y el equipo de la capital de Sonora se coronó de manera sensacional. Días después, ya en la serie del Caribe, de República Dominicana, el zurdo Lalo Acosta le dio una base por bolas a Manny Mota en el cierre del noveno inning y entró, “de caballito”, la carrera con la cual Hermosillo perdió ante Aguilas de Cibao, en el estadio Quisqueya, de Santo Domingo. Ahí, Cananea dijo a la prensa: “nos ganaron, de “rana”; vamos por los otros cinco juegos y por el campeonato”. Y asi fue: Hermosillo triunfó en los cinco restantes y le dio a nuestro beisbol su primer título en el torneo caribeño.

= La estrategia psicológica de Raúl Cano, manager de los Venados de Mazatlán, en 1998, cuando, en la serie final contra los Mayos de Navojoa y  a punto de perder el quinto partido, que representaba ya la corona para los Mayos, armó un show enorme, que implicó la suspensión del encentro por varios minutos, ya en el noveno episodio. Cano sacó de ritmo a los Mayos y de concentración al pitcher Juan Manuel Palafox. Mazatlán terminó por rescatar ese encuentro y regresó al puerto para ganar los dos restantes y quedarse con el cetro. Fue una remontada memorable, histórica: se levantaron de un 0-3 para coronarse campeones.

Y bueno, algunas de ellas, de las que reseña Guillermo en su libro, me tocó vivirlas de manera intensa, dentro de mi trayectoria de ocho años como cronista deportivo en la sección especializada de El Sol de Sinaloa, bajo la tutela compartida de Antonio Pineda Gutiérrez y Agustín D. Valdez. Esa misión concluyó en 1980; pero mi afición por el beisbol siguió inalterable y la mejor prueba de ello es esta columna que usted lee en estos momentos.

¿De acuerdo?

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Ahora bien.

A esas anécdotas de Memo Gastelum, agregué, por cuenta propia, algunas más, que aún recuerdo, como dice el clásico: “como si hubiese sido ayer”.

Veamos:

= La rebelión, nunca publicitada, de los jugadores de Tomateros de Culiacán, en el arranque de la Serie del Caribe Mazatlán 1978, cuando, en el primer partido del torneo, frente a la representación venezolana, Raúl Cano, el manager, dejó en la banca a los peloteros que habían ganado el título y colocó en el infield a los refuerzos: Paquin Estrada, en la receptoría; Willie Aikens, en la primera base; Juan Navarrete, en la segunda; Aurelio Rodríguez, en la tercera y Mario Mendoza en el campo corto. Cuando las circunstancias propias del encuentro demandaron cambios; los aparentemente afectados se negaron a la orden. Juan Manuel Ley, el propietario del equipo, bajó de su palco, en el estadio “Teodoro Mariscal”, al dog out, para restablecer el orden en el plantel. Culiacán perdió cinco de sus seis juegos en esa serie del Caribe.

= La genialidad de Cananea Reyes en la serie del Caribe de 1986, en Maracaibo, cuando en el juego final, el del campeonato, Aguilas de Mexicali coloca a John Cruck en la tercera base y el inmortal Nelson Barrera está en la caja de bateo. El marcador está igualado a 7 carreras frente a las Aguilas del Cibao y Cananea se secretea abiertamente con Cruck y luego vá hasta donde Nelson para hablar directamente con el Almirante. ¡Demasiado telegrafiado como para pensar en un “esqueeze play”; pero asi fue. Nelson lo ejecutó a la pefección; Cruck cruzó, como bólido, sobre el plato y Mexicali bebió la gloria. Era, apenas, el segundo título para México en esta competencia.

= Nelson, como manager, también fue protagonista de un acontecimiento histórico, que la afición de casa recuerda con tristeza: es el cuarto  partido de la final Tomateros-Aguilas de Mexicali, aquí en el “Angel Flores” y los guindas requieren de la victoria, necesariamente, para igualar esa final de 1999. En la apertura de la novena, ganan los guindas por una carrera de ventaja; pero, después de dos outs, Mexicali, que curiosamente era dirigido por Paquín Estrada, coloca corredor en la tercera y el aporreador Eduardo Jiménez, zurdo, viene a la caja de bateo. A un out del triunfo, Nelson entra al campo de juego y le ordena pitcher zurdo al encargado del “bull pen”; pero, al llegar a la lomita, cambia la decisión y pide al derecho  Bob Scanlan, que venga a arreglar la situación. Nelson se equivoca de manera contundente. Al primer lanzamiento del gringo, Jimenez estrella la pelota contra lo más alto del jardín derecho y le da al encuentro un giro que hace enmudecer, como pocas veces, al “Angel Flores”. Como pelotero, Nelson fue un feria de serie. Como manager, uno de muchos.

Y obviamente nos quedan muchas, muchas de estas en el tintero; pero quedarán para otra ocasión. O quizás para nuestro libro, sobre beisbol, en proceso de elaboración.

Dios los bendiga.

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