En boca de todos

Marcelino Perelló

 

Si le digo, atento lector, que hoy voy a dar un consejo a los pejistas, es posible que se me desconcierte. Es pública mi aversión a todo lo que es y representa Andrés Manuel López Obrador. Y, además de pública, sustentada, bien sustentada. He tenido tiempo de cultivarla con esmero desde hace por lo menos 13 años. Esa aversión, naturalmente, se traslada, con sus matices, a quienes se proclaman sus partidarios, entre los que se cuentan dos que tres buenos amigos.

 

Pero me tengo por un adversario leal, y no puedo ver con indiferencia los graves errores que cometen el propio Peje y sus seguidores. Pero que conste que fue nada menos que Pascal Beltrán del Río, caporal de esta hacienda, el que empezó, como quien no quiere la cosa, a darles consejos. Fue él quien, viendo el galimatías en que estaban envueltos al organizar su manifestación, les dio la recomendación que al final siguieron. Mal, pero la siguieron.

 

Originalmente, hará unas tres semanas, los pejelagartistas empezaron a hablar de una manifestación (“marcha” dicen ellos, a la gringa) “antiPeña Nieto”, pero al ver que algunos panistas veían con buenos ojos, obviamente, su iniciativa, e incluso sugirieron sumarse, a más de uno de los organizadores le entró el tembleque y propuso que la “marcha” fuera “antiPRIAN”.

 

Y es en este punto que interviene Pascal, y con toda sensatez les recomienda, visto que a todas luces se tratará de una manifestación en apoyo de López Obrador, convocarla directamente así: “marcha proAMLO”, más claro y menos hipócrita.

 

La sugerencia de nuestro director, claramente razonable, parece haber sido escuchada por los amloístas, pero por lo visto no acabaron de ponerse de acuerdo y decidieron zanjar la cuestión haciendo dos manifestaciones consecutivas y de idéntico trazado: una contra Peña Nieto y otra pro López Obrador. Crasa equivocación.

 

Segundas partes nunca fueron buenas, asegura la sabiduría popular, que en otras ocasiones no es demasiado sabia, pero en ésta sí. Aquella en oposición a Peña no estuvo mal. No llegaron a ese millón que habían pregonado al principio, pero fueron casi 50 mil, lo que resulta asaz digno. Pero la del domingo en apoyo a AMLO fue mucho menor.

 

La prensa yla SSPevitan dar una cifra, pues los manifestantes contaron con la dichosa circunstancia de que simultáneamente se celebraba, también en el Zócalo, un gran mitin de apoyo a Miguel Ángel Mancera en el cuadro de su campaña electoral, al término del cual muchos de los participantes, miles, fueron a engrosar las filas de los manifestantes proAMLO. Aun así, esperaron más de dos horas después del momento anunciado para que el Zócalo tuviera un aspecto digamos presentable y se decidieran a iniciar la caminata.

Y es que si hubieran sido un poco más cultos y hubieran poseído un poco más de experiencia, habrían sabido que cuando en un diferendo se quiere satisfacer a todo el mundo, acostumbra a suceder que todo el mundo acaba inconforme.

 

Digamos que la manifestación del domingo fue una réplica de la del sábado, en términos telúricos. Y la sismología enseña que las réplicas acostumbran ser de mucha menos intensidad que el sismo original.

Aunque no siempre, déjeme decirle que precisamente hoy, martes 22, se cumplen 52 años (un siglo mexica) del terremoto, de hecho maremoto, de Valdivia, en Chile, el mayor que registra la historia desde que existen instrumentos de medición. En ese caso la tremebunda fue la réplica.

 

Pero volvamos a lo nuestro. Tal como anuncié al principio, yo también tengo un consejo a dar a los pejelagartistas: es una práctica poco recomendable el llevar a cabo “campañas contra”, es decir, aquellas que se basan principalmente en divulgar los defectos, ciertos o calumniosos, del adversario.

 

Lo único que se consigue de esta manera es popularizar y difundir el nombre y la imagen del contendiente odiado. No importa que lo que se diga sean denuestos, burlas o inventivas. Da igual cuán filosas sean. Lo que realmente interesa es que en ese trance se ven obligados a mencionar, aludir o reproducir la imagen del oponente. De alguna manera, a final de cuentas, están llevando a cabo una segunda campaña, más efectiva si cabe, a favor de éste.

 

Es una verdad sabida desde la más antigua de las antigüedades. Permítame, esclarecido lector —y que me lo permitan los escasos pejistas que recorren estas líneas, si los hubiere—, brindar algunos ejemplos célebres.

 

La primera cita que conozco se remonta nada menos que al siglo VI a.n.e. y pertenece al filósofo Pítaco de Mitilene, que afirma: “No hables mal de nadie, ni siquiera de tus enemigos”. Muchos siglos después, más de veinte, Cervantes nos legó este delicioso fragmento. Pongo entre corchetes y en cursivas la versión moderna de algunos términos y expresiones que podrían poner en aprietos a algunos lectores:

 

“Pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo [me importa un comino] que digan de mí todo lo que quisieren.

 

“Eso me parece, Sancho —dijo don Quijote—, a lo que sucedió a un famoso poeta de estos tiempos, el cual, habiendo hecho una maliciosa sátira contra todas las damas cortesanas, no puso ni nombró en ella a una dama que se podía dudar si lo era o no; la cual, viendo que no estaba en la lista de las demás, se quejó al poeta diciéndole que qué había visto en ella para no ponerla en el número de las otras, y que alargase la sátira y la pusiese en el ensanche [añadido]: si no, que mirase para lo que había nacido [iba a saber quién era ella]. Hízolo así el poeta, y púsola cual no digan dueñas [del asco], y ella quedó satisfecha, por verse con fama, aunque infame…”

 

Concluyo, sólo porque tengo que concluir, de la mano del despiadado Oscar Wilde. Que lo entienda quien quiera y pueda:

 

“Sólo hay una cosa en el mundo peor que estar en boca de los demás, y es no estar en boca de nadie”.

 

Y lo que hasta ahora han conseguido los aguerridos partidarios de AMLO es que Peña Nieto, por angas o por mangas, esté en boca de todo el mundo.

 

 

*Excélsior, martes 22 de mayo del 2012

 

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