AGENDA POLITICA

Jorge Luis Telles Salazar

 

(¿Ya lo notó usted? Increíble la tranquilidad imperante en las filas del Partido Revolucionario Institucional en todos sus niveles, tras la victoria del domingo próximo pasado, la cual le permitió, entre otras cosas: recuperar la presidencia de la República; aumentar de 20 a 21 los estados que gobierna en el país y quedarse a cosa de nada de alcanzar mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso de la Unión, además de recuperar y mantener su hegemonía en capitales e importantes presidencias municipales de la entidad. Luego de una ausencia de doce años de la presidencia de México y tras haber escuchado su sentencia de muerte como partido político en múltiples ocasiones, uno esperaría que, lo del domingo, daba para una prolongada fiesta en todas las zonas verdes con las que el Instituto Federal Electoral pintó el territorio nacional; pero no, no ocurrió así. El triunfo fue celebrado con moderación y el festejo no pasó de la noche del primero de julio. Y qué bueno que fue así. Fue un mensaje de respeto para el adversario, tanto para el que aceptó de inmediato su derrota como para el que impugnó y pretende anular la elección, a pesar de no contar con los elementos suficientes para ello. Siempre me ha gustado la frase de que en política hay adversarios; pero no enemigos, toda vez que a final de cuentas, todos, independientemente de la trinchera ideológica de que se trate, pretenden mejorar las cosas en nuestro país. Ojalá fuese siempre así. A como está el mundo, no es para menos. Escribo en sábado, desde Culiacán, la capital del gran estado de Sinaloa.

=0=

A propósito de la introducción.

Más allá de los sucesos del 2000, cuando fue verdaderamente traumático para el PRI, haber perdido la presidencia de nuestro país por vez primera en su larga historia – y para acabarla de amolar, con el primer sinaloense que tuvo posibilidades reales de llegar a la máxima responsabilidad política en México – en esta elección del domingo pasado queda muy claro, suficientemente claro, que Acción Nacional le ha respondido con la misma cortesía al Revolucionario Institucional. En términos semejantes. Ni más ni menos.

Mire usted:

Hace doce años, tan solo con los resultados de las encuestas de salida y de un conteo rápido llevado a cabo por la Cámara Nacional de la industria de la Radio y la Televisión, el presidente priista Ernesto Zedillo Ponce de León salió en cadena nacional a proclamar la victoria del panista Vicente Fox sobre Francisco Labastida, a pesar de que, para esa hora,  todavía operaban muchas casillas en ciudades del estado de Baja California, por ejemplo. El señalamiento de Zedillo fue lapidario para quienes todavía mantenían una tenue llama de esperanza – entre ellos, la mayoría de los sinaloenses -: “las tendencias a favor del licenciado Vicente Fox son irreversibles a estas alturas. El será el próximo presidente de los Estados Unidos Mexicanos”.

Esa misma noche, con diferencia de minutos y en acato a una disposición del mismo Zedillo, Francisco Labastida Ochoa también apareció en cadena nacional para reconocer que la tendencia, en esos momentos, no le era favorable, aunque sentenció que esperaría los resultados oficiales, mismos que serían escrupulosamente respetados por él y su partido, como ocurrió en efecto.

Días después, Labastida se reuniría con Fox en lo que había sido la casa de campaña del ex candidato presidencial de Acción Nacional.

A la vuelta de seis años, el PRI ni las manos metió. Así de simple y concluyente.

Con un candidato repudiado por la mayoría de los grupos que se mueven al interior del tricolor, el Revolucionario Institucional se cayó hasta un distante tercer lugar. Roberto Madrazo no pintó nunca en las encuestas sobre la intención de voto y hacia el final de las campañas, no pocos priistas de altos vuelos – incluidos los gobernadores de algunos estados – decidieron apoyar de facto a Felipe Calderón y otros tomaron otra  determinación más cómoda y segura: disfrutar de la faena de toros desde la clásica barrera.

En la etapa postelectoral, de aquellos días, el priismo ignoró el llamado a la solidaridad de Andrés Manuel López Obrador – que insistía e insiste hasta la fecha: “me robaron la elección” – y cerró filas en torno a Calderón (no obstante su magra delantera de medio punto porcentual), a quien le abrieron camino, en el estricto sentido literal de la palabra, para que llegase a la presidencia de la República. Es un secreto a voces la decidida participación de los diputados priistas en el operativo del primero de diciembre del 2006 en el Palacio Legislativo de San Lázaro, para la accidentada toma de protesta de Felipe, como titular del Poder Ejecutivo Federal.

Nobleza obliga.

En estos primeros días posteriores a la elección, el PAN se ha comportado como el mejor aliado del tricolor.

La noche del primero de julio, Josefina Vázquez Mota, únicamente con los resultados de las encuestas de salida en sus manos, sale a dar la cara para anunciar que las tendencias no le son favorables, para avalar la limpieza del proceso electoral y para ponderar, de paso, la numerosa y responsable participación de la ciudadanía en general. Y en el mismo sentido, aunque ya con base en cifras del IFE, el presidente Calderón canta la victoria de Enrique Peña Nieto y le ofrece las condiciones necesarias para un proceso de transición tranquilo y equilibrado. Ambos personajes llaman a la razón a Lòpez Obrador y le piden respetar las cifras resultantes de las elecciones del domingo próximo pasado.

En estos mismos días, el PAN se ha hecho a un lado, para que el equipo ganador transite, sin problemas, a la presidencia de México. Nada de críticas, nada de señalamientos, nada de reclamos. Todo lo contrario: el blanquiazul, con Calderón a la cabeza, ha admitido su fracaso con pundonor y gran resignación, en contraste a la actitud de Andrés Manuel y sus seguidores, que demandan, incluso, la nulidad de la elección. Los lamentos de AMLO hacen, en los panistas, el mismo efecto que una lluvia primaveral en residencia blindada.

Es obvio, es claro, es evidente, que existen amplias diferencias entre el PRI y el PAN en todos los sentidos; pero dicen, quienes saben de estas cosas, que en realidad – y a pesar de las alianzas con el PRD en el  2010 – en el fondo son los grandes aliados políticos en este país.

¿Será?

=0=

Y bien.

Concluyeron ya los cómputos oficiales en la elección de presidente, senadores de la República y diputados federales y los resultados no hacen otra cosa que confirmar el reporte final del Programa de Resultados Electorales Preliminares.

Así, con la entrega de las constancias de mayoría correspondientes, la misión del consejo electoral del Instituto Federal Electoral está por concluir.

Viene ahora, sin embargo, otra importante fase del proceso electoral.

En esta, los protagonistas principales son los magistrados del tribunal electoral del Poder Judicial de la Federación, quienes tendrá n la tarea de recibir quejas, inconformidades e impugnaciones; analizarlas y proceder en consecuencia. Recibirá el TRIFE muchos recursos, sin duda; pero ninguno de ellos lo suficientemente convincente como para cambiar el resultado de la jornada electoral del domingo pasado.

¿De acuerdo?

=0=

Aquí los números de la elección:

En la elección presidencial, Enrique Peña Nieto es el triunfador indiscutible, con 38. 21 por ciento de los votos en su favor, según el cómputo final; esto representa un total de 19 millones 226 mil 896 votos en cifras ordinarias. Andrés Manuel López Obrador es segundo, con 31. 59 por ciento y 15 millones 896 mil 914. La diferencia es de 6. 62 puntos porcentuales y de 3 millones 329 mil 982 votos. Irrefutable.

En la de senadores, el PRI ganó 10 estados y 8 más en alianza con el PVEM, para sumar 18 en total. El PAN triunfó en 8 y las izquierdas en los 6 restantes. La coalición entre priistas y verdes controlará la cámara alta con 36 escaños a los que se sumarán 12, procedentes de aquellas entidades en las que se ubicó en segundo lugar. Es decir: PRI-PVEM ya tienen 48 senadores en la bolsa y podrían sumar 12 más – de los 32 que se repartirán bajo el esquema de representación proporcional – para llegar a 60. La mayoría absoluta se daría con 64. Dificil para los aliados llegar hasta allá; pero 60 ¡caray! son una suma muy respetable.

En la de diputados federales, el PRI y su aliado el PVEM – juntos en algunos distritos, por separado en otros – ya cuentan con 177 curules, contra 70 del movimiento de izquierda y solo 53 del PAN. A estas diputaciones súmele 200 que se repartirán por las formulas de la representación proporcional, mismas que a este bloque le corresponderán no menos de 60, para arribar a 237, en el entendido de que podrían tener derecho hasta 70, en función de las cuentas que aplicará el IFE para dar con ese número. La mayoría absoluta son 251. Quizás no llegue la alianza tricolor-verde; pero se quedará muy cerca. El Movimiento Progresista será segundo y el PAN, tercero. Nueva Alianza no llegará ni a los 10 asientos, tan siquiera.

En lo que hace a las gubernaturas, aquí si las encuestas tuvieron puntería de apache enojado: el PRI recuperó Jalisco, conservó Yucatán y recobró Chiapas, en alianza con los verdes, aunque perdió Tabasco. En el nuevo mapa electoral tendrá 21 gobiernos locales de 32 posibles. Las izquierdas mantuvieron su aplastante hegemonía en el Distrito Federal y sumaron dos nuevas gubernaturas a sus activos políticos: Tabasco y Morelos. Acción Nacional, por su parte, perdió Jalisco y Morelos – donde era gobierno – y solo le alcanzó para recuperar Guanajuato. En total: tres victorias para el PRI, tres para la izquierda y solo una para Acción Nacional.

Hay que establecer que en todo proceso electoral, todos se dicen ganadores. Aquellos que obtienen más triunfos, optimizan sus éxitos y los que alcanzaron menos, los matizan de un modo u otro. La victoria tiene una amplia paternidad y la derrota es huérfana, en sentido estrictamente objetivo. Los números aquí planteados, sin embargo, constituyen la mejor herramienta para una valoración objetiva y sin apasionamientos.

Salvo su mejor opinión, amigo lector.

=0=

Por cierto.

Entidad eminentemente priista – a pesar de los acontecimientos del 2010 -, el PRI le entregó buenas cuentas al Comité Ejecutivo Nacional de este partido político y en particular a Enrique Peña Nieto, el candidato ganador de la presidencia de la República.

Mire usted:

De los estados donde gobierna un partido de oposición – como es el caso nuestro -, Sinaloa alcanzó el primer lugar en votación relativa a favor de Peña Nieto y el tercero en la tabla general. Aquí, en efecto, Peña ganó con el 46. 65 por ciento del total – ¿alguien dijo por ahí que aquí el mexiquense no pintaba? -, solo por debajo de Nayarit, que le dio a EPN el 47. 01 y de Zacatecas, donde alcanzó un 51. 21 por ciento. Déjeme decirle, como dato curioso, que en el Estado de México, Enrique Peña ganó solo con un 43. 21 por ciento y esto debe haber sido una de las causas del fracaso de las firmas encuestadoras, en cuanto al margen otorgado, en su momento, al abanderado del Partido Revolucionario Institucional. En nuestro estado, Peña se adjudicó el triunfo, con márgenes contundentes, en los ocho distritos electorales. Sin discusión.

Sinaloa fue una de las 18 entidades en las que el PRI se apuntó el triunfo en la elección para senadores, con una delantera de más de diez puntos porcentuales sobre el segundo lugar, con la observación de que le afectó de manera importante el esquema de votos anulados por errores del elector. Además de Aarón Irizar y Daniel Amador Gaxiola, el priismo local tendrá un senador más en la persona de la diputada federal Diva Hadamira Gastelum Bajo, ocupante del cuarto sitio en la lista nacional de candidatos por el principio de representación proporcional.

Y en cuanto a diputados federales, Sinaloa aportará 6 de 8 posibles. Victorias holgadas en los seis distritos y contundentes en el tercero, el quinto y el séptimo, con Ponchín Inzunza, Jesús Valdés y Sergio Torres Félix. Al grupo se sumarà quién seguramente será el coordinador: Heriberto Galindo Quiñonez, noveno en la relación de candidatos en la lista correspondiente a la primera circunscripción plurinominal.

¿Mejor imposible? Ahí donde usted lo ve, pudo haber sido mejor.

=0=

Por otro lado.

Ante el golpeteo mediático, las especulaciones sin fundamento y en medio del fuego amigo y enemigo, Héctor Melesio Cuen Ojeda, visiblemente dolido todavía por el crimen de su hermano Alfredo – la mañana del lunes 02 de julio – salió a dar la cara para puntualizar:

= No vuelvo a la presidencia municipal.

Aclaración de más si usted quiera; pero producto de esa ofensiva constante contra Cuen. Héctor Melesio es un hombre de palabra y si él solicitó una licencia definitiva para separarse de su cargo como alcalde de la ciudad, no había ninguna duda que así sería. De todos modos, tuvo que ratificar su posicionamiento ante los medios de comunicación.

Cuen Ojeda, que llevó al PANAL al tercer lugar en el standig político estatal, anunció que buscará ejercer su plaza como profesor e investigador dentro de la Universidad Autónoma de Sinaloa y adelantó que volverá a la política en su momento.

Tal fue su postura, tras los últimos acontecimientos.

Tan claro como el agua.

=0=

A manera de colofón:

Un par de nuevos sitios de internet se suman a quienes nos honran con la publicación de esta columna: www.reportenaranja.com, del experimentado periodista mazatleco Víctor Flores y www.sinaloatv.mx, del amigo Jorge Aragón. Se agregan a: www.alinstantenoticias.com, de Jorge Inzunza; www.contraversion.com.mx, de Memo Contreras; www.criticapolitica.mx, de Ernesto Alonso y www.radiouas.org, del maestro Willie Ibarra. Junto a estos portales, el del Diario de Los Mochis y nuestro blog personal: jorgeluistelles.spot.blog.com.

Ya nos fuimos.

Dios los bendiga.