LA MUERTE DE UN ESTADO MUERTO
Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com
Existen enfermedades terribles que reclaman del paciente agonías largas y penosas, frente a casos así, existe un amplio consenso que aprueba desde no prolongar la vida con recursos artificiales, hasta la eutanasia; son cada vez menos frecuentes, los casos donde los familiares optan por seguir echándole leña al asador, obteniendo al final el mismo resultado pero a un costo material y espiritual mucho mayor.
Es curioso que mientras se trate de casos individuales, somos centrados en nuestras opiniones y dejamos que sea el sentido común quien rija nuestras acciones, mientras que en el ámbito colectivo – donde todos somos afectados- simplemente nos convertimos en algo distinto para ubicarnos en nuestras propias antípodas. En esta tierra que por medio siglo fue emblema de prosperidad, casi a diario nos encontramos en redes sociales y medios de comunicación, invitaciones y exhortos para sumarse a eventos, colectas, rifas, etc. para apoyar a quien pasa por un problema de salud importante, porque al menos aquí en Culiacán, cualquier enfermedad seria es sentencia de muerte para el enfermo y de miseria para la familia.
Este fin de semana largo, ha representado para muchos –entre los que me cuento- la confirmación de que Sinaloa es un paciente irremediable que ya tiene tiempo en fase terminal. La semana pasada, dos hechos nos volvieron a poner en la picota internacional: el de una rumbosa boda en catedral y el de dos mujeres, emparentadas con el gobernador de Durango, que fueron asesinadas por policías de Sinaloa en la zona aledaña a la presa Sanalona. Así se despidió enero y el día domingo 2 de febrero, Culiacán despertó sobresaltado por una serie de balaceras tempranas, hechas en una forma que sugiere fueron concertadas, sin que hasta el momento se tenga una explicación, pero que muchos tomamos como indudable adelanto de algo más gordo que está por caernos. Tal sucesión de escándalos que pertenecen al campo de la seguridad, quedaron relegados de la atención pública por el temporal que se abatió sobre la entidad, causando daños inesperados a un sector agrícola que ya cuenta varios años “herido de muerte natural”. Mi punto es el siguiente: Sinaloa ya no está generando nada bueno, ni hacia adentro ni hacia afuera y basta cualquier mínimo contratiempo para dejarnos patas pa´rriba. Somos una sociedad golpeada, sin voluntad para plantarle cara a un presente sombrío que ni siquiera es decidido aquí.
A mi juicio, lo peor es que los sinaloenses seguimos actuando sobre la base de que todas las soluciones deben venir de fuera, concretamente del gobierno federal, que siempre es blanco de acusaciones de esos mismos sinaloenses en excesos como corrupción, soberbia, indiferencia, etc. Es decir, no existe la mínima disposición a enfrentar y resolver nuestra propia circunstancia ¡Qué lo resuelvan otros! Es el grito de batalla. A Sinaloa lo estamos matando los sinaloenses. Hay que tenerle piedad y hacerlo rápido, es lo menos que merece. Nos sirvió bien. El último acto que algo de reivindicación pudiera traernos, a quienes no supimos preservar el patrimonio que nos legaron nuestros mayores, es el de hacernos rápido a un lado para que tomen el timón las nuevas generaciones…si es que desean hacerlo, porque lo que sí es claro es que nosotros no.
Creo que iniciativas políticas como la del PAS, deberían tener ya su complemento en los organismos empresariales, las asociaciones públicas, los grupos civiles, etc. Necesitamos contar en nuestro inventario, rutas que partan de nuestra visión de nosotros mismos para resolver problemas que sólo a nosotros afectan y nos atañen; no es posible que teniendo ya el año entrante la elección para gobernador, alcaldes y congreso, se siga volteando al centro del imperio Mexica, tratando de adivinar lo que decidirá para nosotros un presidente que nos la tiene cantada y que sobradas muestras ha dado de que nos la va a cumplir. Para terminar y por si no les quedó claro: ninguno de los partidos nacionales nos va a servir para maldita la cosa. Nos jodió el PRI, nos jodió el PAN y ahora nos está jodiendo MoReNa. Yo recuperaría una consigna –y adaptaría- de la elección del 2018: ¡Fuera todos! ¡Aquí nomás los nuestros!