DOS A LA SEMANA. ¡ASÍ PERDIÓ HITLER!

+

Jorge Eduardo Aragón Campos jaragonc@gmail.com

El tío Adolfo es buen ejemplo de un error común desde su época: confundían lo grandote con lo grandioso. Por eso no tuvo la bomba atómica antes que los gringos. Pago caro su poca elasticidad mental (adaptarse a nuevas ideas) y su baja capacidad para la abstracción (ver la utilidad de una idea nueva): Alemania poseía la mayor reserva de físicos importantes de aquel momento y Hitler tuvo la propuesta más temprana para desarrollar una bomba atómica. La rechazó. No debe extrañarnos, el espíritu de esa época era el monumentalismo: Suez y Panamá, el Titanic (ni Dios lo hunde), la Torre Eiffel, el Bismarck, el Tanque Tiger I, La Locha… ninguno de los liderazgos del momento entendió la trascendencia de las reacciones atómicas en cadena: no era fácil imaginar de lo que podían ser capaces unas babosaditas que nadie había visto –ni vería- nunca, pero que ahí estaban, según afirmaban a Hitler sus mismos físicos alemanes que poco después migrarían a USA. Con todo y los tratados de Versalles y la crisis del crac del 29, cuando el Tercer Reich llegó al poder en 1933 Alemania superaba a todas las naciones del mundo en educación, cultura, desarrollo científico, industrias de punta… recientemente había parido al marxismo, al sicoanálisis y a la teoría de la relatividad… su sociedad se distinguía por su disciplina, su racismo y una vocación belicista del tipo ustedes disparen y después virigüen. Sigue siendo motivo de discusión y de asombro que un pueblo con esas innegables virtudes, además de poseer una rancia tradición militar, le haya entregado el poder a… un cabo.

Con esto de la pandemia, seguimos presentando una cualidad de teflón para aceptar, adoptar y adaptarnos a lo que nos han estado recordando los científicos de verdad, no los burócratas de la ciencia: un virus es un fenómeno natural. Las leyes de la naturaleza son cumplidas rigurosamente por todos los fenómenos que se dan en ella, pero ninguno lo hace de la misma manera y para evitar sus efectos nocivos nos hemos visto obligados a encontrar diferentes respuestas para cada caso: una sequía puede medio predecirse, al igual que la trayectoria de un ciclón pero con mucho mayor certeza, mientras que frente a los terremotos estamos inermes. Esta primera diferenciación es necesaria, porque debemos tener claro que a las fuerzas naturales no se les enfrenta porque no hay manera de ganarles, lo que se hace es sacarles la vuelta: la sequía se puede atenuar ahorrando agua o inyectando nubes pero el aire seco ahí seguirá; los barcos pueden buscar refugio, las ciudades pueden reforzar ventanas pero al ciclón no lo vamos a mover de trayectoria; contra los terremotos, salvo los sistemas constructivos y en algunos casos las alertas tempranas no hay más, pero al terremoto en sí no le hacemos ni cosquillas ¡Claro! ¿Cómo te le vas a oponer a un terremoto o a un ciclón? Razonarán ustedes, curtidos en atestiguar con frecuencia esos cataclismos ¿Pero a las amenazas chiquitas?

Nadie le dio mucha importancia a la noticia porque nadie se asustó con ella. Así de felices seguimos después de un año liendova drema ¡Y vamos por más! Kit Yates es un experto en matemáticas de la Universidad de Bath, en Inglaterra, de quien sospecho ya anda hasta la madre de aislamientos y distancias sociales, porque realizó un ejercicio matemático propio de desquehacerados pero en  nivel desesperación: calculó que al juntar todas las partículas del virus de Covid-19 que hay en este momento en el mundo, ocuparían un espacio equivalente al de una lata de refresco de 300 ml. Eso que pensó usted (no puede ser) es lo mismo que pensó Hitler y por las mismas razones: no hay manera de darse una idea acerca de lo que estamos hablando. En parte esa fue la razón que llevó a Yates a realizar el ejercicio: poner de manifiesto cuánta devastación causan las minúsculas partículas víricas. Al final viene el enlace a la nota (Forbes) donde describe metodología, analiza resultados, comenta sobre el virus y ofrece lo que arrojó su cálculo: dos trillones de partículas (2 000 000 000 000 000 000 000 000) que bien caben en una lata de refresco, porque el diámetro promedio de la cepa anda en 100 nanometros (-100, 000, 000, 000), lo cual nos brinda un asidero porque ¿quién no ha visto un metro? Esa imagen que tiene usted en su cabeza pártala por la mitad, a las dos resultantes hágales lo mismo hasta obtener cien mil millones de piececitas. Adonde quiero llegar es a que no puedes esconderte de algo así; te puedes salvar, que no es lo mismo, porque la diferencia está en la cantidad de esfuerzo que debemos dedicarle: la opción ocultarse es… eso nada más… y esperar que la suerte no se ensañe con nosotros, lo otro es tomar el toro por los cuernos y asumir el control de daños. Hace un año nos expusieron con claridad que la única solución sería una vacuna y ya la hay, por lo tanto la novedad es que entre el público ya comenzaron las dudas sobre los posibles riesgos. Conclusión: tuvieron todo un año para documentarse pero no lo hicieron porque estaban muy atareados escondiéndose. Ya le están repelando a la solución que se esperaba y aparte nadie hace un balance sobre la relación costo beneficio.

Pero la culpa de todo la tiene el gobierno.