¡Y AHORA A LA CALLE!

Jorge Eduardo Aragón Campos    jaragonc@gmail.com

Fue en el año 2008, unos días después del primer debate por la presidencia de USA, que en Graham Norton Show (BBC) estuvo de invitada Cindy Lauper; como era de esperar durante la entrevista, el conductor abordó el tema por la vía de consultarle sobre sus preferencias personales, Barak Obama, fue la respuesta instantánea de la artista y sin detenerse expuso su justificación; USA acababa de pasar por los ocho años de George Bush junior y la efervescencia por Obama era espectacular, sin embargo, la apariencia inicial fue que Cindy se iba por peteneras pues comenzó a explicar que su apasionamiento por el demócrata, obedecía a que durante la campaña lo vio tomando notas mientras lo entrevistaban en televisión: ese gesto me convenció de que él era el indicado, pensé que sin duda sería un gran avance para Estados Unidos tener un presidente que sepa leer y escribir -concluyó.

¡Ah pinche Cindy!

Las bravuconadas de AMLO han dejado de ser funcionales, como acaba de verse cuando declaró que con una manifestación de cien mil personas sería suficiente para retirarse; nadie en su sano juicio se creyó que se iría con algo así (primer error), todos tuvimos claro se trataba de un reto donde exigía lo que según él, era una meta imposible de alcanzar para la oposición (segundo error); el resultado obtenido fue que, al margen de los números sobre el número de asistentes (valga la redundancia), a todos sorprendió la magnitud de la asistencia y sobre todo la rapidez con que ocurrió, una falsa percepción reforzada por el conductor de las mañaneras, cuando su respuesta fue refugiarse en las mediciones demoscópicas, ergo las encuestas (tercer error).

Fue él presidente quien sacó a colación el tema de la didáctica del poder ¡Sobres profe!

El desaguisado tiene varias lecturas y todas son inquietantes; la del párrafo inicial es una, otra es que el espectáculo se fue a la calle, por una bombeadita de esas para cuarto bat: ambas partes saben muy bien a qué le tiran y, al menos a mí, ninguna de las ambas dos me simpatizan. No fue un acto de soberbia, menos de senilidad, el aplomo de considerar que en el México actual, el de 130 millones de habitantes, no hay cien mil personas que se le opongan, al menos no al punto de marchar en la CDMX. No olvidemos que ahí mismo, en el 2005, él mismo tuvo concentraciones mayores al millón de almas en apoyo contra su desafuero.

Reza la voz popular “dime de qué presumes y te diré de qué careces”; un día sí y el otro también, el presidente refrenda que no atiende provocaciones pero es un serpentinero para tirarlas, mientras por otro lado sus contrarios… ¿por cierto? ¿Qué dicen?

Acúsenme de lo que quieran (alarmista, exagerado, histérico, menopáusico), pero los mexicanos ya no sentimos lo duro sino lo tupido, el número de desesperados crece y no mejoran epidemia, ni economía, ni seguridad y eso no es lo peor, las expectativas ominosas para el futuro son generalizadas; hoy más que nunca, ocupamos una razonable dosis de concordia y civilidad que nos lleven al acuerdo y a la cooperación, pero en cambio los principales actores siguen empeñados en abonar a lo contrario.

Por estarse peleando por el timón, nadie está viendo el rumbo del barco.