Plato Frío

PLATO FRIO

Jorge Aragón Campos

            El chiste del columnismo político es que se trata de un ejercicio de adivinación, lo importante es anticipar lo que pasará porque lo contrario, los análisis a toro pasado, no tienen ninguna gracia.

En esta semana, principios de la siguiente cuando mucho, el PRI definirá sus candidaturas en Sinaloa. Las dudas sobre la postura que adoptaría el peñanietismo frente a la particular situación que vive aquí el PRI, han quedado despejadas; quizá por la distancia, quizá por el tiempo transcurrido, pero en el centro entendieron bien la lección del 2010: un PRI dividido pierde.

La estrategia, pues, es no levantarle la mano a ninguno de los grupos enfrentados y sí en cambio darles juego a todos. La estrategia no es mala, busca imponer de nueva cuenta la concordia bajo la mano firme de un líder sabio y magnánimo, es decir, se trata de regresar a la época del árbitro supremo, como se estilaba antes cuando el PRI tenía escriturados Los Pinos.

Hasta ahí todo bien.

Sin embargo los tiempos no son los mismos, han cambiado y ahora tendremos la oportunidad de ver qué tanto. No faltan quienes anticipan una verdadera rebelión en la granja, esgrimen una dignidad priista lastimada que no aceptará tan fácilmente el llamado a enterrar el hacha de la guerra. Yo dudo que ocurra tal cosa, soy un convencido de que esa “dignidad priista” es como el monstruo del lago Ness: nunca falta quien crea en él, pero su existencia sigue sin ser demostrada. Anticipo se impondrá la legendaria sabiduría priista, aquella que ve a la política como una rueda de la fortuna donde los que hoy están arriba mañana estarán abajo. Como recomienda la experiencia, harán sus cuentas y descubrirán que ahora les va mejor, pero  también concluirán que el péndulo ya trae tendencia hacia ellos. Recurrirán, pues, a la vieja máxima que dice “la venganza es un plato que se come frío”.

Liberato Terán: honestidad y leyenda

Jorge Medina Viedas

12 de abril de 2013

Coloquio sobre Liberato Terán en la UAS

 

Escribe Marcel Proust lo siguiente:”…los hombres que producen obras geniales no son los que viven en las más delicadas de las atmósferas, cuya conversación es la más brillante o su cultura la más extensa, sino aquellos que han poseído el poder, cesando repentinamente de vivir sólo para vivir para sí mismos, de transformar su personalidad en una suerte de espejo, de manera tal que su vida, por más mediocre que pueda ser socialmente y, en cierto sentido, intelectualmente, se vea reflejada en él, puesto que el genio consiste en la capacidad de reflejar y no en la calidad intrínseca de la escena reflejada”.

 

Los que conocemos a Liberato Terán compartimos la opinión de que es un universitario que merece este y muchos reconocimientos. Pero también puedo asegurar que cada uno tenemos una diferente y hasta contradictoria forma de pensar y de hablar de las razones que nos hacen respetarlo y admirarlo.

 

Algunos, es posible, le debamos algo más que este homenaje. De ello será lo principal de mi intervención y lo haré más adelante.

 

Empiezo por precisar que ya no sabré lo que piensa el mismo Liberato de esto que voy a decir, no por la situación en que se encuentra, sino porque asumo que ya lo sabe y nunca lo hemos comentado, y tal vez porque no consideramos importante saberlo.

 

Ahora sí lo es; es el momento de hacer algunos recuentos. De hacer memoria y de rescatar de los hechos, parte de lo que nos permitió vivir juntos una etapa fundamental de nuestras vidas.

 

Al situar a Liberato en el centro del  movimiento estudiantil  de Sinaloa, el lugar donde está y estará siempre,  todos sabemos que se abren las puertas a una de las etapas más ricas de la historia de las luchas políticas reformistas del país, y que se produjeron a partir de los años sesenta en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

 

El movimiento universitario de Sinaloa pulsó sus fuerzas con el autoritarismo,  la imposición y el intervencionismo estatal. Se batió en defensa de la democracia, la autonomía y la reforma universitaria.

 

Es ahí, de 1966 a 1973, en la etapa revolucionaria de la lucha por la reforma universitaria, cuando Liberato, como una de las figuras principales del movimiento, forjó su personalidad de leyenda.

 

Lo vemos en 1966 en el balcón del edificio central de la UAS haciendo sus primeros ejercicios discursivos, se le oye pronunciar palabras cultas, demasiado elevadas para su rostro imberbe, de joven  precoz.

 

Pronto, fue líder de la FEUS sin la rivalidad de nadie; se echó sobre sus hombros el movimiento, ocupó todos los espacios y las responsabilidades, desarrollo su vocación de escritor y de periodista.

 

Él, personalmente, lo mismo elaboraba los oficios para gestionar un apoyo a un estudiante o para una convocatoria a una reunión, que los documentos fundamentales del movimiento y hasta los volantes.

 

Alguien me recordaba que su libro Sinaloa, estudiantes en lucha había sido su libro de cabecera, su libro espiritual. Va a los países socialistas y produce un pequeño folleto del aquel mundo de horrores, pero se niega a verlo, todo se lo imagina, nunca pierde su “inocencia” ni su “visión seráfica” del socialismo.

 

En un verano se traslada a Cuba con un grupo. El grupo regresa y él no. Pasan días, semanas, más de dos meses. Temíamos lo peor, o estaba enfermo o  preso o ya saben ustedes.  Es presidente de la FEUS y aquí suceden cosas. ¡Hablé por teléfono con él! Pese a que habló con palabras cifradas que no entendí, algo nos tranquilizamos.

 

No recuerdo que explicación dio a su regreso.

 

Con su hermano Rito, formaban una pareja de dirigentes intachables. Éste era implacable, duro, sin matices. Liberato es el líder. Es la honestidad y la ética de la política personificada del movimiento. Es el símbolo. Pasa todas las pruebas y vertebra su posición política en medio de tormentas y ciclones de revolucionarios que lo buscan llevar a la aventura. No cede. En respuesta, Los enfermos hicieron un ensayo de muerte y lo golpearon hasta dejarlo inerte frente a la Prepa Central, entonces refugio de matones en formación.

 

Liberato es firme, cerebral pero de modos suaves. Difícil es verlo alterado: “el corazón en llamas, el cerebro en hielo”.

 

Pero él usa la máscara. Es la máscara de su pasión, de su alegría, de su extraordinaria inteligencia, pero sobre todo de un sentido del humor que explota en risas contagiosas. (Yo inventaba anécdotas para provocar su risa. Hasta la fecha. Ríe con lágrimas en los ojos.

 

Melchor Inzunza, siempre ha dicho que Liberato es el alma de la fiesta de nosotros, de aquel entourage al que Eduardo Franco llamaba, los “intelectuales”, lo que decía en tono de afecto, respeto y burla. Al  modo de ese gran hombre que fue Eduardo. Otros, desde la arrogancia del saberse más “comunistas” que nosotros -cosa que era absolutamente cierto, por fortuna- nos tachaban  de  “demócratas”).

 

En aquel grupo que formábamos  César Velázquez,  Melchor Inzunza, Rubén Burgos, con  Liberato, entraban y salían decenas de amigos, siempre atraídos por el mito de la figura de Liberato.

 

Nunca atrofiamos nuestra relación con cultos a la personalidad. La de nadie. Hasta su figura de leyenda era objeto de irreverencia. Lo nuestro era los libros nuevos de los escritores del boom latinoamericano, Vietnam, Cuba, la suerte de las guerrillas colombianas, el padre Camilo Torres, el movimiento de 1968, los presos políticos. Todo en un solo territorio: la Universidad Autónoma de Sinaloa.

 

Contra lo que se puede pensar, en aquellos tiempos de conspiraciones, nosotros no teníamos ni secrecías ni mucho menos conspirábamos. Lo nuestro era la alegría de estar juntos, de oír música, de hablar de libros, de reírnos de la solemnidad. Leíamos en voz alta a García Márquez hasta que nos cansábamos.

 

Las cartas del Che nos la sabíamos de memoria, las recitábamos. En la casa de los papas de Lolis, nos encerrábamos a oír, (¡tres horas!) los discursos de Fidel en un disco de 33 revoluciones y en un tocadiscos portátil que llevábamos a todos lados.

 

No recuerdo una sola vez que nos hayamos reunido para discutir un punto sobre la teoría y la práctica del socialismo. Ni una. La única vez que “conspiramos”, fue en un cuarto improvisado de la calle Juárez donde vivía, para pedirles permiso para pugnar para ser rector.

 

Somos y hemos sido siempre los amigos de Liberato; simplemente, amigos, los somos hasta hoy con las cargas naturales de algún resentimiento o la cicatriz de un golpe mal dado;  pero eso fuimos entonces, eso somos ahora, amigos.

 

Hace unos días le mandé un mensaje a Melchor, dime le dije, quién es ése Liberato que me soñó ….

 

Permítanme, voy a abusar de su posición silente y les voy a leer aquel sueño de Liberato.

 

MELCHOR: Te adjunto la narración de un sueño terrible, aunque tal vez mal contado de mi parte, que tuve la noche del lunes pasado.

 

El centro del mismo, como ves, es el Licenciado Medina. Ojalá no sea premonición de nada fatal. Por eso que me interese darlo a conocer cuanto antes.

 

EL SUEÑO

 

Fue la noche del lunes para amanecer martes.

 

Estábamos en un campo todo violencia; lodoso, lluvioso, de un  nublado permanente. Era como al final de un combate sangriento, luego de haber pasado por allí, arrasándolo todo, una gentuza infame entre matones a sueldo, “enfermos” y/o ligosos de la 23 de Septiembre.

 

Había terminado el desastre, como una degollina de la Noche de San Bartolomé. En la orilla de un campo minado y fangoso aparecen -lejos unos de otros-, Audómar, Rocha y Jorge Medina Viedas. A mí, sorprendentemente, no me pasa nada más allá de un sentimiento turbado frente al escenario de horror. Los tres, heridos de gravedad, manan sangre por todo el cuerpo. Preocupado, aunque al mismo tiempo apacible e impasible, me fijo en el tercero.

 

Transcurre un tiempo indeterminado, días y noches que no se perciben.

 

Por la tarde llegan, provenientes de lejos, Lolis, Jorgito y Vanessa de una edad de hace veinte años; observo a todos, pero me sobrecoge la niña que llora sobremanera alarmada mientras corre al encuentro de su padre. Ellos supieron del acontecimiento por aviso de mi o de alguien y apresuraron  su arribo. Soy testigo de que Lolis dispone de inmediato tomar providencias. A Jorge se lo llevan, desaparece.

 

Al día siguiente salgo temprano de mi casa y camino bajo la lluvia, pero en plan de un recorrido mañanero, de ejercicio. El tiempo y los lugares, ahora, son precisos.

A la altura del puente del Oxxo decido pasar por donde Jorge. Quién quite esté y yo  pueda saber cómo sigue o si lo trasladaron a otra parte.

 

Llego hasta la casa de los Medina Armienta y encuentro un inusitado movimiento de dos que tres mujeres que salen a dejar basura y entran súbitamente. A la casa se llega por un plano inclinado, no como siempre, lo cual me sorprende. Subo, me asomo como por una ventana que hace las veces de puerta y pregunto por Jorge.

 

Diviso a Lolis hacia la derecha, cabizbaja, que prepara cosas, como en la cocina; y a Jorgito al fondo, de pie, mirando atento hacia una cama.

Entiendo que puedo pasar.

 

Me acerco y veo a Jorge semi recostado sobre la cama, con la cara cubierta. Pregunto y platico algo con Jorgito, quien me responde con sorprendente naturalidad. En eso Jorge se incorpora. Sin pronunciar palabras, habla con la mirada. Muestra tantas heridas como el primer día, pero viste ropa normal  y le cubren vendas brazos, pies y piernas. Completo, camina unos pasos dando tumbos entre una cama y otra, en la recámara aquella.

 

Jorge cae de pronto a consecuencia de un tropiezo. Se derrumba y adivinamos que, más que las heridas, le duele un sentimiento de ánimo interior. Para él algo ha terminado. Sigue sin pronunciar palabra y mira a todos.

 

En eso Arturo Guevara, quien ha entrado de repente, se inclina, levanta y carga a Jorge sin dificultad llevándolo hasta un sofá cercano. Nos explicamos: Jorge tiene cercenadas ambas piernas y nada volverá a ser igual para él.

 

Un aire de resignación nos invadía. Nadie hablaba; todos parecíamos admitir la fatalidad. Salí y seguí caminando desolado.

 

Repasar cada pasaje, personajes y cambios bruscos del propio sueño me sorprende, a la vez que me da escalofrío. Entre dormido y despierto me repetí  que aquello no fuera cierto, que nunca suceda.

 

El sueño, la pesadilla de Libe, fue en 2002. La verdad es que pareciera que fue ayer. La carta se la envía Libe a Melchor. Melchor es su otra parte, una parte fundamental de su rostro enmascarado. Es su cómplice. Me explico. Liberato reconoce el talento de Melchor. Lo sabe capaz de apreciar las cosas. Pese a su vida de desorden perfectamente planeado, (perdón por el oxímoron, que aquí es válido),  sabe que conserva y entiende el significado de sus mensajes. Melchor es su mensajero. A él le cuenta lo que a nadie.

 

Todos tenemos secretos. Libe los tiene. Muchos de sus secretos los guarda Melchor. Esta carta la conservó 11 años y dejo de serla para esta ocasión especial.

 

Pero lo que no quiero dejar de decir que  me quedaré siempre con la inquietud: ¿No hay en Liberato todas las evidencias de un narrador extraordinario? Leo de nuevo la carta y me convenzo de que tiene algo de Jorge Semprún.

 

“Había terminado el desastre, como una degollina de la Noche de San Bartolomé. En la orilla de un campo minado y fangoso aparecen -lejos unos de otros-, Audómar, Rocha y Jorge Medina Viedas. A mí, sorprendentemente, no me pasa nada más allá de un sentimiento turbado frente al escenario de horror. Los tres, heridos de gravedad, manan sangre por todo el cuerpo. Preocupado, aunque al mismo tiempo apacible e impasible, me fijo en el tercero”.

 

Algunas veces en el “grupo” nos hacíamos cuestionamientos sobre el significado de las palabras. Todas las sabía. Leyendo en algunas  tardes en silencio, le preguntaba por una desconocida para mí, y me respondía preciso y rápido; no había necesidad de consultar el diccionario.

 

Muchas veces leí y firmé sus escritos. Éramos lo mismo. Pensábamos igual en la política y respecto de los demás; raras veces discutíamos; conversábamos sobre lo sabido y entendido; seguramente como nuestros críticos lo hacían, nosotros también nos reíamos de ellos. Es algo conocido que les dedicamos aforismos ácidos en las reuniones del partido, los que nos pasábamos en sordina en pequeñas hojas de papel.

 

Era nuestra pírrica venganza contra la burocracia y su omnipotencia cínica.

 

Aquí me podría perder. Me detengo en dos hechos que quiero compartirles.

 

El 30 de marzo de 1970, nos detiene la policía en la lucha contra Armienta Calderón. Liberato al brincar de un primer piso, se quiebra el tobillo. Pasa casi dos semanas con el pie inflamado y con el dolor intenso. Nunca se queja, nunca reclama atención médica. Lo hacemos por él. Un día, ya en la cárcel, aparece con muletas, aseado, con ropa limpia, camisas desfajada manga larga y una bien definida barba de candado. Es Libe el preso de los tres hermanos Terán. Lorenzo y Rito, “peligrosos delincuentes”, dijo un policía cuando los llevaban detenidos.

 

Salíamos de comer de un restaurante chino de la calle Colón al poniente de la ciudad. Bajo de la banqueta y de repente un auto negro con vidrios ahumados se me echa encima, siento en mi brazo y hombro el jalón de Liberato y evado el golpe por un  milímetro.

 

Nos vimos a los ojos y caminamos en silencio por mucho rato. Era la lucha del Frente de Defensa Popular en  1969.

 

Liberato Terán, como muchos de nosotros,  no ha perdido su “visión seráfica” de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

 

Creemos en su porvenir con la fuerza irreductible de la juventud.

 

Perdura en él como la forma sublime de expresión de la capacidad de cambio, de transformar, de hacer el bien por los demás.

 

Esa ha sido su lucha. Construir un mundo nuevo,  justo, solidario, la Universidad como escudo y como adarga.

 

Esa lucha del movimiento de reforma hizo posible mantener de pie a la Universidad de los Buelna, de Monjaráz, de Liberato Terán.

 

Hoy, estos actos, este memorial de su obra profundamente humana y progresista, es la demostración de la razón superior de su lucha, de que nadie podrá hacer que por decreto autoritario se borre una historia luminosa sobre la que descansan el presente y el futuro de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

 

Liberato cabalga de nuevo, aquí está con nosotros para reivindicar al movimiento universitario, con su talento, con su honor de combatiente y con su sonrisa franca y  eterna.

 

¡Viva Liberato Terán!

La División en el PRI

LAS COSAS QUE PASAN

medinawalterio@hotmail.com,

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naninowalter@gmail.com

 

Finalmente estalló la crisis interna que se vive en el PRI de Sinaloa, registrándose incluso la salida del dirigente Jesús Burgos Pinto y el ingreso en su lugar de Jesús Enrique Hernández Chávez.

Una larga ovación de la clase priísta local, reiteró la aceptación respecto del trabajo desarrollado en el tricolor por Jesús Burgos, a quien anunciaron como nuevo Secretario Regional de su partido en la zona noroeste del país.

El movimiento de los dirigentes priístas en Sinaloa terminó siendo el resultado de una disputa por el poder, protagonizada por un lado por el grupo que encabeza el ex gobernador Jesús Aguilar Padilla y donde se agrupa, dicho sea de paso, una clase priísta agraviada por las traiciones que sufrieron el 2010; y por el otro el comandado por el gobernador Mario López Valdez, cabeza de los señalados como traidores y a quienes aparentemente estaría rescatando el diputado federal Heriberto Galindo Quiñones, líder de un tercer grupo, en una jugada considerada por algunos analistas como extraña, poco entendible y sobre todo riesgosa para el político de Guamúchil.

Desde luego que no estamos en una lucha entre buenos y malos, sino en la disputa por el poder entre fuerzas antagónicas.

Alguien nos decía que con la salida de Jesús Burgos de la dirigencia estatal del PRI, cambian, para bien o para mal, las expectativas de quienes aspiran a las candidaturas priístas a alcaldes, diputados locales y a regidores.

Se especula incluso que de los  traidores al PRI en el 2010,  algunos podrían figurar como candidatos del tricolor en este 2013 y que ello se daría a través de las alianzas que todavía están en proceso de concretarse con otros partidos.

A manera de ejemplo se hablaba de la posibilidad de que Faustino Hernández, líder de la ganadera y regidor postulado por la alianza PAN-PRD en el 2010, ahora apareciera postulado por la alianza  PRI-PVEM, propuesto por el partido verde, como candidato a una diputación local.

Después de las concesiones del PRI nacional a favor del señor López, a nadie extrañaría que este sea el camino que sigan los traidores al PRI, en la actual coyuntura electoral.

Y en lo que tiene que ver con la designación de los próximos delegados federales en Sinaloa, nuestros analistas advierten que parece ser que aquí también la opinión del señor López será determinante.

Difícil que no sea así, cuando la praxis política adquiere estas connotaciones y cuando cada día son más escasos valores como  lealtad y  congruencia.

¿Este es el ‘nuevo’ PRI de Enrique Peña Nieto?

Parece que si.

En medio de esta vorágine se dio el arribo de Jesús Enrique Hernández Chávez a la dirigencia estatal del PRI, cargo al que ha llegado ya por tres ocasiones.

Con Hernández Chávez estamos frente a una carrera política sumamente extensa e interesante.

Tres veces dirigente estatal del PRI, tres veces también líder del sector popular en la entidad, diputado federal y diputado local en varias ocasiones, forman parte de la trayectoria de Jesús Enrique Hernández Chávez, quien también se ubicó como uno de los mejores alcaldes que ha tenido la capital sinaloense.

También ha sido delegado del CEN priísta en diversas entidades del país.

No negó el popular ‘Chuyquiqui’ su relación afectiva con el ex gobernador Juan Sigfrido Millán Lizárraga, pero sí reclamó el que se valorara en su justa importancia todo lo que ha sido su trayectoria.

Hernández Chávez logró una nueva oportunidad en la política gracias a un buen desempeño como delegado del CEN del PRI en San Luis Potosí, durante las elecciones federales del 2012.

Hernández estaba en espera de su designación como delegado federal de SEDESOL en la entidad, pero como la política es de circunstancias le llegó de nueva cuenta la dirigencia estatal de su partido.

El ex alcalde sabe que no le espera por lo pronto una labor fácil, máxime la polarización que estamos viendo en la lucha interna priísta.

Desde luego que no esperamos expresiones radicales, pero tampoco la sumisión fácil de la clase priísta local a la imposición centralista del CEN del PRI.

Por ello nos parece puntual la expresión de Jesús Enrique Hernández Chávez, cuando asegura que su labor al frente del PRI de Sinaloa no estará supeditada a los intereses de ningún grupo político.

Sabe Hernández que la parte principal de su trabajo como dirigente tendrá que ver con la mejor administración posible de los daños que, en su partido, está generando la lucha por el poder entre los grupos.

Por lo pronto los próximos días serán claves en la vida interna del PRI, cuando enfrenten los procesos internos de selección de candidatos.

A Hernández le toca en buena medida la responsabilidad de que las cosas les salgan bien.

Ya  veremos los resultados.

Y bueno, Hernández Chávez tendrá que atender también las alianzas electorales que el PRI podría hacer con el PVEM y con el PANAL, sin olvidar que hace días se especulaba que el tricolor también haría alianzas parciales con el Partido Sinaloense en municipios como Culiacán, Mazatlán y Guasave.

Algo de ello lo había adelantado el dirigente del PAS Héctor Melesio Cuen Ojeda.

LAS COSAS QUE PASAN

Siguiendo con la política, la Federación de Propietario Rurales que en Sinaloa preside Sergio Osuna Sánchez, presentó al PRI una lista de miembros de ese organismo que aspiran a cargos de elección popular y en ella figuran, entre otros, Luis Cárdenas Fonseca que quiere la alcaldía de Guasave, Manuel Tarriba que aspira a una diputación local por Culiacán y el propio Osuna Sánchez que busca una regiduría en la capital sinaloense.

Desde luego que la lista es mucho más extensa e incluye propuestas para quince de los dieciocho municipios de la entidad.

Hablamos del sector privado de la agricultura sinaloense.

Por el lado del sector social, los ejidatarios priístas agrupados en la Liga de Comunidades Agrarias ya entregaron su propia lista al PRI.

En la Universidad Autónoma de Sinaloa siguen cosechando buenos resultados y ahora tocó el turno a 33 programas de posgrado que fueron reconocidos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Éstos están incorporados al Programa Nacional de Posgrados de Calidad, algo que se dice fácil pero que cuesta mucho esfuerzo lograrlo.

Ahí la respuesta de la casa de estudios a sus detractores.

En la UAS se hace camino al andar podría decir con satisfacción el rector Víctor Antonio Corrales Burgueño.

Por cierto en la próxima entrega hablaremos del reconocimiento que en la UAS se está haciendo a la trayectoria de Liberato Terán Olguín.

Un homenaje a un universitario distinguido.

En algo de lo nuestro, al principio de esta colaboración aparecen nuestros nuevos correos electrónicos, los dos últimos,  creados ante la imposibilidad de usar el que comúnmente utilizamos.

Nuestro agradecimiento entonces a su comprensión.

Así están las cosas…