
Jorge Aragón Campos
Las Consecuencias
Aunque parezca increíble, aquí en Culiacán nos seguimos asombrando cuando un miembro notable de nuestra notable sociedad, aparece envuelto en asuntos de narcotráfico, como acaba de ocurrir con Ignacio Muñoz, propietario de la cadena María Ferré.
Por principio de cuentas, cabe aclarar, Muñoz no es aún culpable de nada así que más vale no adelantar vísperas, porque sus problemas son con la justicia gringa, y allá sí hay leyes y quien las haga cumplir. Si al final resulta inocente, el gobierno estadounidense no lo va a poder arreglar con un “usted disculpe”, porque allá también la ineptitud del aparato de justicia está más acotada. Mucho más.
Volviendo a la idea original de este artículo, ya deberíamos de agarrar la onda y empezar a nombrar las cosas por su nombre, empezando por desaparecer de nuestro léxico la expresión “lavado de dinero”, cambiándola por “servicios financieros focalizados”.
En el México actual, desde el sexenio anterior las únicas actividades en verdad rentables son aquellas cuyo principal insumo es la corrupción, no hay negocio honrado que prospere, desde que empezaron los golpes contra nuestra economía, siendo el primero la estrategia contra el virus AH1N1, luego el impuesto a los depósitos en efectivo, después la imposibilidad de hacer tratos en dólares cuando somos frontera con el país que los emite, y ahora últimamente la reforma fiscal de Peña Nieto.
Así no hay negocio que dé.
Particularmente en Sinaloa, con esa racha de “mala suerte” que nos traemos desde el año 2011, cualquiera que presente prosperidad económica (rápida, lenta, nueva o vieja) es sospechoso de no andar bien.
En este que fuera uno de los estados más prósperos del país, hoy no es posible sobrevivir dedicándose al trabajo honrado: la agricultura se acabó, el camarón está enfermo, el mango dejó de haber, la ganadería no logra reponerse del maltrato que tuvo los dos sexenios anteriores, la minería nunca ha sido nuestra, el comercio está paralizado… en fin.
Siempre nos hemos manejado con el discurso de que somos el principal productor de alimentos del país, somos agricultores, sabemos sembrar y producir… pero por lo visto, y pese a ello, aún no aprendemos que se cosecha lo que se siembra. No sé bien a bien la historia de cada plaza sinaloense, pero en el caso particular de Culiacán, desde hace años sólo dos negocios han prosperado: los Oxxos y los casinos. Los primeros son expendios disfrazados y de los segundos no necesito dar mayores explicaciones. Con un ambiente así, no podemos contar con una economía socialmente adecuada, estamos en un momento en el cual es virtualmente imposible obtener éxito económico, mientras uno se empeñe en respetar los cánones mínimos de la civilidad, la decencia y la legalidad.
De qué nos asustamos, pues.
