Plato Frío

PLATO FRIO

Jorge Aragón Campos

            El chiste del columnismo político es que se trata de un ejercicio de adivinación, lo importante es anticipar lo que pasará porque lo contrario, los análisis a toro pasado, no tienen ninguna gracia.

En esta semana, principios de la siguiente cuando mucho, el PRI definirá sus candidaturas en Sinaloa. Las dudas sobre la postura que adoptaría el peñanietismo frente a la particular situación que vive aquí el PRI, han quedado despejadas; quizá por la distancia, quizá por el tiempo transcurrido, pero en el centro entendieron bien la lección del 2010: un PRI dividido pierde.

La estrategia, pues, es no levantarle la mano a ninguno de los grupos enfrentados y sí en cambio darles juego a todos. La estrategia no es mala, busca imponer de nueva cuenta la concordia bajo la mano firme de un líder sabio y magnánimo, es decir, se trata de regresar a la época del árbitro supremo, como se estilaba antes cuando el PRI tenía escriturados Los Pinos.

Hasta ahí todo bien.

Sin embargo los tiempos no son los mismos, han cambiado y ahora tendremos la oportunidad de ver qué tanto. No faltan quienes anticipan una verdadera rebelión en la granja, esgrimen una dignidad priista lastimada que no aceptará tan fácilmente el llamado a enterrar el hacha de la guerra. Yo dudo que ocurra tal cosa, soy un convencido de que esa “dignidad priista” es como el monstruo del lago Ness: nunca falta quien crea en él, pero su existencia sigue sin ser demostrada. Anticipo se impondrá la legendaria sabiduría priista, aquella que ve a la política como una rueda de la fortuna donde los que hoy están arriba mañana estarán abajo. Como recomienda la experiencia, harán sus cuentas y descubrirán que ahora les va mejor, pero  también concluirán que el péndulo ya trae tendencia hacia ellos. Recurrirán, pues, a la vieja máxima que dice “la venganza es un plato que se come frío”.

Al Menos Sorpresa ya No lo Es

Al menos sorpresa ya no lo es. La andanada contra el presidente del CDE del PRI desconcertó a muchos, al menos a aquellos que consideran imposible provocar cambios en la capital del país, a través de periodicazos en la capital del Estado. Bajo esa óptica tienen razón, pero evidentemente el asunto no anda por ahí.

Para encontrar el sentido de lo que ocurrió (y de lo que ocurrirá), debemos remitirnos a la experiencia del 2010. La derrota del PRI en la contienda por la gubernatura, se construyó en un principio mediante el enrarecimiento mediático del ambiente; si la política es antes que nada percepción, en aquel entonces haber creado la sensación de que era factible una derrota del PRI no fue poca cosa. Hoy se busca construir un escenario similar.

Cualquier general sabe que cuando el enemigo expone un flanco, es la oportunidad para cambiar el curso de una batalla. El discurso del presidente nacional del PRI, durante su última visita a la entidad, fue eso: cambió la percepción que existía en torno a la relación Peña Nieto-MALOVA.

La clase política local, ha sabido interpretar bien esos mensajes y los está aprovechando para acrecentar su fuerza. Cuando el discurso aquel de “la fidelidad se premia”, quedó la convicción de que el nuevo gobierno federal venía a acorralar su similar estatal, pero lo que vino después ha generado dudas y en política con eso basta.

En este momento, existe ya una opinión generalizada de que si bien el gobernador no podrá imponer candidatos ni delegados, sí al menos tendrá derecho de veto. Si comparamos esto con la certeza que se tenía en diciembre de que ni siquiera comisarios rurales le dejarían poner, el gobierno estatal ha logrado un importante avance, y si tomamos en cuenta el tiempo que aún falta, no deja de ser factible una voltereta al marcador.

Es de suponer que la estrategia del 2010, ahora corregida y aumentada, continúe, lo cual permite anticipar episodios más virulentos al que acaba de ocurrir contra Jesús Burgos. El hecho duro y real, es que un bando ha logrado demostrar ya más fuerza de la que le concedían, mientras el otro se ha visto más débil de lo que se pensaba. Nada mal. Para que tomen nota aquellos que insisten en no darle mayor importancia a la comunicación política.