Golpe a Jesús Vizcarra Calderón

Jorge Luis Telles Salazar

 

Más que contra Aguilar Padilla, el golpe mediático parece dirigido hacia Jesús Vizcarra Calderón, con la evidente intención de eliminarlo – de una buena vez y para siempre – de la pelea por la candidatura del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura de Sinaloa. Pudieran existir otros propósitos, de acuerdo,  sin embargo, a simple vista se aprecia la intención. Fuego amigo o enemigo. Da igual.

Curiosamente, la publicación del diario capitalino Reforma, como su nota principal de su edición de este martes, se produce una semana después de la divulgación de los resultados de una encuesta de intención del voto en torno a los aspirantes, de todos los partidos, realizada por la cadena periodística sinaloense El Debate, justamente el medio de comunicación más crítico tanto contra Aguilar Padilla como contra Vizcarra Calderón. Rabiosamente crítico, si mucho me apura.

En este trabajo promovido por esa empresa editorial, propiedad  de la acaudalada, influyente y poderosa familia Salido – tanto en lo económico como en lo político – se incluyeron a los aspirantes a candidatos, de todos los partidos habidos y por haber y si bien los escenarios son cambiantes, en función de una diversidad de opciones, hay uno que permanece inalterable e inamovible: en todos, sin excepción, Vizcarra ganaría la gubernatura de Sinaloa, con una delantera de dos dígitos. Hasta con 20 puntos porcentuales, en promedio, para ser más concretos.

Obviamente, el resultado debe haber causado escozor entre las diferentes fuerzas políticas que se disputan la candidatura de nuestro Estado, a pesar de la reiterada negativa de Vizcarra Calderón en torno a un eventual regreso a la política partidista y de por ahí, de alguna de esas trincheras, precisamente, debe haber partido el misil, en contra de Vizcarra y Aguilar, con la más “sana” intención de que el estruendo de su impacto llegara hasta la oficina de Los Pinos, donde se tomará la decisión Sinaloa-2016, allá por enero o febrero del año entrante.

Detrás de esto hay mano negra – y a lo mejor hasta peluda – y también uno que otro reconocido especialista en guerra sucia, con excelentes relaciones en los medios capitalinos. Tan buenas como para llegar hasta Reforma, de los contados que conservan buenos niveles de seriedad y responsabilidad.  Por eso,  extraña la jerarquización, como principal, de una nota sin firma y sin una fuente confiable de información. Se trata, además del mismo artículo ya publicado años atrás, que formó parte, por si usted no lo recuerda, de aquella campaña de desprestigio en contra de los dos personajes citados, indisolublemente relacionados entre sí.

Vizcarra lo ha dicho en diferentes ocasiones y ante todos los públicos: no está interesado en buscar, de nuevo, la candidatura del PRI al gobierno de Sinaloa, menos ahora cuando sus empresas registran crecimientos impresionantes tanto en México como en el extranjero; pero, por lo que se ve, su postura no convence a sus rivales políticos, que lo ven como un peligro latente para la conservación de privilegios inimaginables y para la cristalización de proyectos individuales y de grupo.

Así las cosas, en política esto se clasifica como “Rudeza innecesaria”; pero no vaya a ser. El fantasma de Jesús Vizcarra no deja dormir a más de alguno.

Todo lo anterior, para concluir, disfrazado de un golpe hacia el ex gobernador Jesús Aguilar Padilla, por presumibles nexos con la delincuencia organizada, según una investigación, ya encarpetada, del gobierno de los Estados Unidos. Absurdo. Aguilar fue, como todos, un gobernador con virtudes y defectos, con realizaciones y promesas incumplidas; pero sin ninguna acusación seria y documentada de relaciones con el narcotráfico,  señalamientos que, por lo que se ve, son hoy moda en diferentes entidades de nuestro país.

Digo.

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En tanto.

El Partido Revolucionario Institucional registró hoy, ante el Instituto Nacional Electoral, a todos sus candidatos a diputados federales, tanto por el principio de mayoría relativa, como por el de representación proporcional. En el caso concreto de Sinaloa, siete por el primer esquema y tres por el segundo. En este último: David López Gutiérrez, Enrique Jackson y Martha Tamayo Morales.

Pendiente, el candidato para el octavo distrito, con centro de operaciones en el puerto de Mazatlán, donde, como ya es del conocimiento público, va en coalición con el Partido Verde Ecologista Mexicano, instituto político responsable de precisar el nombre del abanderado aliancista.

El plazo para el registro fenece el domingo 29 y al parecer el PVEM llegará hasta la fecha fatal para tomar una decisión al respecto.

Extraña la incertidumbre y el misterio en torno al candidato, máxime que es un hecho que, de cualquier modo, el abanderado será un militante del Revolucionario Institucional. Al parecer, se mantiene la propuesta a favor del empresario hotelero, Quirino Ordaz Coppel, sin descartar, para nada, a la señora Irma Tirado Sandoval, habilitada para el cargo, por cierto, a raíz de su renuncia en tiempo y forma a su trabajo en el gobierno federal.

Pendientes.

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Por cierto.

Aquí en Sinaloa, concretamente en el puerto de Mazatlán, el ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Víctor Antonio Corrales Burgueño, solicitó su registro como candidato independiente a diputado, por el sexto distrito electoral federal. Esto, ante el correspondiente consejo distrital del INE, por supuesto.

Corrales Burgueño sustentó su petición en un total de 24 mil 849 firmas de ciudadanos en apoyo a su candidatura, cifra que representa el 11 por ciento del total del padrón electoral de la demarcación. El mínimo era del 2 por ciento, según la nueva ley electoral federal.

El sábado 4 de abril, Víctor Antonio recibirá respuesta a su solicitud. Será aprobatoria, sin duda, toda vez que los requisitos exigidos se cubrieron a plenitud.

Y el domingo 5, el arranque de su campaña, posiblemente en Cosalá.

Víctor Antonio Corrales es considerado, desde ya, como uno de los principales protagonistas de la contienda electoral por el distrito 06. Ya es considerado, incluso, como el rival a vencer, por el mismo candidato priista, Germán Escobar.

Ya le contaremos.

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A manera de colofón.

Por hoy la dejamos hasta aquí. Exactamente de este tamaño.

Ya nos fuimos.

Dios los bendiga.

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El Incidente de 1978 en la Primera Serie del Caribe

= El incidente de 1978 en la primera Serie del Caribe.

= Benjamín Gil y su apoyo a los peloteros de la franquicia

= San Juan-2015 nos dejó, un gran sabor de boca, sin duda.

El sábado 04 de febrero de 1978, en pleno carnaval de Mazatlán, Tomateros de Culiacán protagonizó su primer juego en una Serie del Caribe, días después de ganado el campeonato de esa temporada de la Liga Mexicana del Pacífico. Era ya la octava participación de nuestro país en el clásico latinoamericano y el saldo no era nada halagador, con todo y la corona lograda por Naranjeros de Hermosillo en República Dominicana en 1976, cuando se alternaron como sedes las ciudades de Santo Domingo y Santiago de los Caballeros, ésta última en la zona del Cibao.

Hasta antes de Mazatlán-78, solo cuatro franquicias mexicanas habían tenido el honor de representar al circuito invernal en una Serie del Caribe: Hermosillo, en tres ocasiones; Mazatlán, en dos; Ciudad Obregón, en una y Guasave, en otra. El evento ya no era nada nuevo para los aficionados; lo nuevo, en realidad, era la presencia de Tomateros de Culiacán.

La noche del 29 de enero del 78, con el multireseñado cuadrangular de Jesús Sommers, los guindas ganaron el título, bajo la dirección de Raúl Cano, cuya alineación titular era la siguiente: Ike Hampton, en la receptoría (Porfirio Ruiz, como siempre, en segundo plano); Clarence Jones, en la primera base (ni de chiste, aquel que quemó la Liga en 1970); Joel Serna, en la segunda; Jesús Sommmers, en tercera y Ron Farkas, en el campo corto. Y en los jardines: Rommel Canada, en el izquierdo; Jerry White, en el derecho y Natanael Alvarado, en el central. Sus brazos fuertes: Tomás Armas, Vicente Romo, Guadalupe Salinas y Cesar Díaz, en la rotación de abridores, además de un bullpen de super lujo: Aurelio López, Sid Monge, Horacio Piña y Pablo Gutiérrez.

Sin embargo, los Tomateros de Culiacán que saltaron aquella carnavalera tarde – en un ambiente de fiesta grande en el viejo estadio “Teodoro Mariscal” (si ya entonces era viejo, imagíneselo ahora, 37 años después) – en bien poco se parecían a los que habían ganado la Liga, apenas días atrás: Paquín Estrada, cátcher; Willie Aikens, en la inicial; Juan Navarrete, en la intermedia; Aurelio Rodríguez, en la antesala; Mario Mendoza, en el terreno corto y en las praderas: Ike Hampton, Jerry White y Rommel Canada. El pitcher abridor lo fue el abuelo norteamericano George Brunnet.

De acuerdo, a simple vista, muchos de los mejores peloteros mexicanos del momento, encabezados por Aurelio, Mario Mendoza, Navarrete y Paquín (los cronistas deportivos de Hermosillo no perdonaron nunca la exclusión de Héctor Espino y Sergio Robles); pero el detalle es la marginación de que fueron objeto los peloteros del club de Culiacán por parte del manager Raul Cano, quien había llegado, por cierto, justo a media temporada, en sustitución del legendario Frank Robinson.

El juego parecía normal. Y normal el marcador: 7-3 abajo ante los Leones de Caracas, representantes de la Liga venezolana. Y normal porque por aquellos años los fracasos de los equipos de la LMP en Series del Caribe eran cosa de siempre. La cuota, si mucho, era de un triunfo por torneo.

Todo normal pues.

Y en la casa club de Tomateros de Culiacán, todo parecía normal hasta que llegó el momento, por allá en la séptima entrada, cuando Raúl Cano intentó hacer movimientos tanto a la ofensiva como a la defensiva. Para su gran sorpresa, los peloteros de Culiacán lo mandaron directo por un estrecho tubo y todos se negaron a entrar al campo de juego. Cano hizo malabares para sacar el inning y tuvo que demandar el auxilio del presidente del club, Juan Manuel Ley, quien aludió al profesionalismo de sus beisbolistas para salir adelante con tan embarazosa situación, aunque para entonces ya la causa estaba perdida. Ese 7-3 en contra, era prácticamente imposible de remontar.

Se trata de un pasaje no del todo conocido y del que poco se ha escrito en la historia del circuito invernal en general y de Tomateros de Culiacán; pero a mí nadie me lo contó. Lo viví. A mis 24 años de edad y ya con 7 en la crónica deportiva, tenía algunos privilegios. Entre ellos moverme con entera libertad en la caseta del equipo y por otros rincones del estadio en general.

Suyos los comentarios, amigo lector.

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Y bien.

El tema tratado no es obra de la casualidad, ni mucho menos ausencia de puntos por abordar. Viene al caso, por la actitud de Benjamín Gil en la reciente Serie del Caribe efectuada en San Juan Puerto Rico, precisamente al frente de Tomateros de Culiacán.

El posicionamiento de Benjamín, muy diferente al de Raúl Cano en aquel ya jurásico 1978. Gil, un manager al que no pocos colocaron al filo de la navaja durante casi todo el rol regular de la pasada temporada de la Mexicana del Pacífico, inició esta Serie del Caribe, bajo el criterio de privilegiar, en todo momento, a los jugadores que le dieron el campeonato a Culiacán. A los que se fajaron, en verdad y le pusieron alma, corazón y vida, particularmente en la etapa final.

Solo la ausencia de Ramiro Peña, por no tener el permiso de la organización a la que pertenece en el beisbol de los Estados Unidos y la lesión de Ismael Salas, propiciaron algunos movimientos estrictamente necesarios, como la inclusión de Manny Rodríguez en segunda y la de Walter Ibarra en el short; pero en general, Benjamín Gil se la rifó con su gente: Román Alí Solís, en la receptoría; Joey Meneses, en la primera almohada; Oscar Robles, en la tercera y Maxwell León, Rico Noel y Erick Farris en los jardines. Para decirlo con todas sus letras: la base de Tomateros de Culiacán en su versión 2014-1015. Justamente.

Una decisión de esta naturaleza – en contraste con aquella de Cano en 1978 – tampoco es cosa fácil para un manager toda vez que los jugadores llamados como refuerzos son casualmente los estelares en sus respectivos equipos y dejarlos en el banquillo debe ser bastante complicado. Porque déjeme decirle algo: los peloteros “estrellas” son tan divos como un consagrado en el canto, el baile o el cine universal. Y hasta en el periodismo, si mucho me apura.

Sin embargo, Benjamín se la jugó y mantuvo tal criterio hasta el final. Tuvo la comprensión, supongo, de los peloteros invitados y encontró el clásico justo medio. Quizás el no haber echado mano de algunos peloteros que vieron menos acción de la esperada, fue fundamental para no haber conquistado el campeonato; pero, de cualquier modo, el balance fue satisfactorio.

¿No?

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Ahora que.

En lo particular, a quien esto escribe, el resultado de la Serie del Caribe San Juan-2015, dejó un agradable sabor de boca.

El subcampeonato, hay que decirlo, no es nada despreciable.

Ya son cuatro segundos lugares y dos primeros, en los últimos seis torneos para el equipo guinda. De 1985 a la fecha. Y de los dos primeros, mejor ni hablamos, que quede claro. La contabilidad final suma 25 victorias y 23 derrotas. Números negros. Por encima de .500.

Esta vez, además del segundo sitio – cuanto no hubieran dado los boricuas por llegar hasta la gran final -, los tres triunfos y los tres descalabros, lo que verdaderamente cuenta es el espectáculo que dieron los Tomateros de Culiacán (y sus refuerzos, naturalmente) en sus seis partidos, sin excepción. Excepto uno, que fue por diferencia de 2 carreras, todos se decidieron por una anotación, tanto a favor como en contra. Y la emoción estuvo ahí y la esperanza también: hasta el último momento.

Naturalmente, deseábamos el título con fuerza verdadera; pero el beisbol es así. Existen imponderables, circunstancias, situaciones y otros detalles contra los que no se puede luchar. Las clásicas cosas del beisbol, aunque se enoje nuestro amigo y médico de cabecera de la familia, el connotado hematólogo, Ramón Rivas Llamas.

Bienvenido el subcampeonato.

El año que viene tendremos estadio nuevo. Y el 2017, Serie del Caribe en Culiacán. Yo creo que están en puerta episodios fabulosos para los beisboleros de Culiacán.

¡Salud!