Un Black Friday Tropical

10 de noviembre de 2021



Dados como somos a la imitación y a copiar los modos, comportamientos y conductas de los estadounidenses, en México también tenemos nuestro Black Friday tropical. El Buen Fin arrancó ayer, y las chapuzas –se entiende, de los comerciantes— están a la orden del día: los televisores modernos, esos que permiten presumir que se forma parte de la privilegiada clase media o clase alta, abrieron con el mayor aumento experimentado en casi 20 años. Pero eso a fin de cuentas no importa. Los compradores, enfebrecidos, se lanzaron al asalto de las tiendas, con dinero y sin dinero que para eso están las tarjetas de crédito. Lo que importa es el instante. Ver a la multitud arremolinada a las puertas de las grandes corporaciones comerciales, y ya dentro sus miradas extraviadas, jadeantes, peleando entre sí por cada palmo de terreno, es un verdadero espectáculo. Me hizo recordar a Zygmunt Bauman: “en el mundo actual todas las ideas de felicidad acaban en una tienda”.
Una idea lleva a otra: en un sistema como el nuestro, en el que la modernidad tiene un enorme patio trasero, el de la pobreza, cada vez más amplio, hay millones de excluidos. Un modelo concentrador y excluyente del ingreso, ensancha cada día la brecha entre la opulencia y la indigencia, aquéllas que Morelos en Los sentimientos de la Nación se proponía moderar para distribuir con sentido de equidad los frutos del progreso. Esos excluidos y marginados –pensaba mientras veía a las masas de compradores persiguiendo a las mercancías -sí, ahí, parecía que éstas tenían vida propia— no tienen lugar en el sistema. Viven en la planta baja del edificio nacional, mientras que en el décimo piso de ese edificio vive mucho menos del uno por ciento de la población. Esos excluidos y marginados, ¿qué son? No forman parte del proletariado, categoría ya en desuso. Vuelvo a Bauman: formarían parte de lo que denomina precariado, una nueva clase social constituida por personas que viven en la inestabilidad económica, política, social y cultural, que experimentan una exclusión económica y cultural permanente, son “nómadas urbanos” y viven también en un permanente estado de ira y ansiedad. En ellos se condensa, dice Bauman, la precariedad de la vida occidental.
La clase media también se integra a esa nueva clase social que es el precariado.


Como el ser humano es aspiracionista por naturaleza, aunque a López Obrador no le guste, en México casi nadie se dice pobre. Es cierto que aquí, como en Mazatlán hasta el más pobre se siente millonario. Si nos guiáramos por las encuestas, tendríamos que decir que en México hay una poderosa clase media que constituye el colchón de amortiguamiento de los conflictos y contradicciones de nuestra vida colectiva. Sin embargo, la pandemia nos ha obligado a aceptar la realidad: la clase media se ha encogido. Son varios millones los que han salido de este sector, para pasar a engrosar las filas del precariado.

Se dieron a conocer los resultados de la investigación “Cuantificando la clase media en México 2010-2020”, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), y los datos verdaderamente dramáticos, aterradores: entre 2028 y 2020, ¡en tan solo dos años!, 6.2 millones de mexicanos dejaron de pertenecer a esta evanescente y difusa clase media. Qué significa este dato: que de una población del orden de los 120 millones de habitantes, en 2018 pertenecían a este segmento 53 millones 472 mil 152 personas. En medio de la crisis sanitaria que estalló por allá en marzo de 2020 y de la recesión económica que empezó en el último trimestre del gobierno de Peña Nieto y que se profundizó a lo largo de todo el primer año de gobierno de López Obrador, este grupo está constituido por 47 millones 201 mil 616 personas.
Decía que esta categoría de clase media es bastante evanescente y difusa. Según el INEGI, la clase media tiene un ingreso mensual promedio de 23 mil 451 pesos en las zonas urbanas, mientras que en las zonas rurales es de 18 mil 569 pesos. El 55.9 por ciento de la clase media es asalariado formal, y el 43.2 por ciento es director, mando o jefe. Si sus ingresos son inferiores a los señalados, por más aspiracionista que sea, mejor ni se apunte.


Ahora, si matizamos un poco estos datos, lea los siguientes, para que le vuelva el alma al cuerpo: le hace pertenecer a la clase media tener una computadora; gastar aproximadamente 4 mil 380 pesos en alimentos y bebidas fuera del hogar; al menos un integrante del hogar cuenta con un trabajo estable, esto al gozar de un salario con un contrato en una empresa; a cabeza del hogar cuenta con estudios de nivel medio superior (por lo menos); los hijos asisten a una escuela pública. Por su parte, la OCDE hace el análisis de cuánto debe percibir una persona para considerarse de clase media: Ingresos de $20,000 por mes, con 4 integrantes por familia; una persona será de «clase baja» si recibe $7,500 mensuales que reparte entre dos integrantes de la familia; En México, cada persona de «clase media» debería recibir entre $5,000 y $14,000.
Sobre Sinaloa, el diario Noroeste apunta que “los hogares de clase media siguen estando por encima de la media nacional, pues mientras que en el país registra el 42.2 por ciento de los hogares en ese estrato, en Sinaloa son el 50 por ciento” y “sobre la clase baja, Sinaloa está por debajo del promedio nacional donde se cuenta que son 56.6 por ciento de las viviendas en México, contra los 48.8 que tiene la entidad”.

Folklore en la Política Estatal

Hay mucho folclor en la política estatal
El folclor se ha apoderado de la vida política estatal. Ciertamente, no es un asunto nuevo. Hemos visto en los últimos tiempos de modo recurrente expresiones divertidas, chuscas y bastante frívolas que demuestra la poca estatura de quienes conducen –o van a conducir— los destinos de la entidad en los años venideros. El respetable se mantiene entretenido a falta de ideas, proyectos y propuestas del estado que se tiene y al que se aspira para el futuro mediato e inmediato. El interregno que se abrió a partir de la elección del 6 de junio y que afortunadamente pronto concluirá, no fue pródigo en formulaciones relacionadas con estrategias y políticas públicas que permitan corregir el magro crecimiento de la economía sinaloense, y los grandes programas estratégicos vagamente formulados no permiten advertir cambios sustantivos en la forma de entender y hacer política. Probablemente esté pidiendo demasiado, pero vivimos una etapa marcada por la abreviación del tiempo histórico, y se requiere acelerar el paso para no quedar atrás de la rueda de la historia. Si no, como he dicho en otras ocasiones, a Sinaloa le pasará lo que al Búho de Minerva.

Hablaba del folclor. No son pocos los que siguen a Rocha, sentados en le filo de sus butacas, en el proceso gradual de construcción del equipo que le acompañará en la tarea de gobierno. Poco a poco ha ido develando las piezas, y le encanta –según sus palabras— que especulen los medios sobre si tal o cual personaje quedará o no; si está arriba o abajo en las preferencias; si está en el ánimo de quien tiene el poder de decisión o si hay factores más allá del gobernador electo que gravitan sobre decisiones cruciales. Algunos de los señalados, sobre todo aquellos que disponen de cierto margen de autonomía, deciden no guardar silencio y asumen el desafío de dar muestras de independencia. Es el caso de Héctor Melesio Cuén, de quien Rocha ha dicho y redicho, recio y quedito, que ocupará el cargo de secretario de Salud. Pero, según parece, no ha sido informado oficialmente de tal designación, y algunos gestos y actitudes indicarían que hay cierto grado de incomodidad al menos por lo que respecta a la ausencia de una comunicación adecuada.

Se ha enterado por los medios, dijo, y añadió que esperará hasta el miércoles, en que el gobernador electo dará a conocer todo el listado de servidores públicos. Como el asunto ha pasado a ventilarse en los medios, a través de los cuales, junto con las redes sociales— se intercambian mensajes, pues evidentemente a Rocha no le ha parecido la mejor forma, aunque su talante personal lo haya propiciado dejándoles para el disfrute el campo de las especulaciones, y ha utilizado la misma vía para responderle. El asunto es que lo ha hecho de manera chusca y divertida. De ahí el folclorismo a que hago referencia. Esta fue la respuesta de Rocha:
“Pues está mal que ande mandando recados por los medios. Que vaya y me vea, ya le dije yo. ¿Qué quiere?, ¿que mande un ramo de flores? Sí va a ser, pero tampoco que se de tanta crema, no me gusta tanto activismo, pero si se vuelve renuente el que les cuento, a lo mejor y se queda Encinas. Encinas es mi gran amigo, un gran cuate y le tengo mucho aprecio”. ¡Bófonos!, diría el gran columnista Catón.

Si se analizan bien las palabras de Rocha, habría que decir que estamos ante un lenguaje desusado. No por su dureza, si por su llaneza, no muy propia de la política en público. Es un lenguaje que está bien para una conversación privada, sobre un asunto personal, pero no para comunicarse o enviar mensajes a alguien con quien se tiene cercanía o coincidencias en un proyecto político común y compartido. En primer lugar, la reconvención: “está mal que ande mandando recados por los medios”. Luego, que se persone, que se mueva: “que vaya y me vea”. Enseguida, que se deje de “florecitas y de amores míos”. A continuación, que no se exceda, que no pierda piso: “que no le ponga crema de más a sus tacos”; posteriormente, que no sea protagónico: “no me gusta tanto activismo” y finalmente, lo que puede considerarse una amenaza o, dicho más suavemente, una advertencia: “a lo mejor y me queda (Alejandro) Encinas (actual secretario de Salud del actual gobierno del Estado)”.
Bien. Veremos qué responde Cuén, y seguramente habrá respuesta antes del miércoles, muy probablemente hoy mismo.

Héctor Melesio Cuén está deshojando la margarita
Ahora, sobre la misma cuestión: hay un debate interesante entre los integrantes del PAS sobre si Héctor Melesio Cuén debe aceptar o no el cargo de secretario de Salud en el equipo de Rubén Rocha. De ello dio cuenta el diario El Debate de Culiacán en su columna “La glorieta” en la edición de ayer domingo: “aseguró estar valorando qué es lo que le conviene más como proyecto, si aceptar esta responsabilidad como secretario o continuar en la presidencia del PAS, pues recordó que de integrarse al gabinete del morenista Rocha Moya, su trabajo sería completamente institucional, lo que en términos llanos significa hacer a un lado el trabajo partidista”.
Por supuesto, el asunto también llama mucho la atención de observadores, analistas y comentaristas. He tenido oportunidad de conversar sobre este tema con diversos amigos, algunos de ellos bastante versados en cuestiones de estrategia política. Cualquier decisión –me decía—tiene relación más que con la UAS, con el partido. Si Cuén decide aceptar el cargo, se creará en su partido una especie de orfandad política, pues necesariamente tenderán a debilitarse de manera natural los vínculos que hoy existen, sobre todo si consideramos la enorme fuerza con que gravita Cuén sobre su organización política, y la naturaleza de “un partido de un solo hombre”. Creo que esta opinión no es nada descabellada, pues Cuén, con ese estilo y ese talante para conducir, hay logrado mantener en un puño todo el aparato y la estructura partidista. Su presencia ha evitado que se activen las tendencias centrífugas, y ha generado en la vida interna una especie de paternalismo cuya consecuencia es la ausencia de liderazgos emergentes sólidos, con prestigio y reconocimiento social, más allá del que en alguna medida ha logrado conformar Víctor Antonio Corrales Burgueño, secretario general de la organización partidista y ex rector de la UAS, y quien sería el relevo natural en el PAS para el futuro inmediato. De acuerdo con algunas de las versiones e interpretaciones que he tenido oportunidad de escuchar, la aceptación del cargo por parte de Cuén significaría para muchos efectos prácticos, el fin del partido local, la dilapidación del capital político acumulado y la cancelación de oportunidades que hagan del PAS una fuerza realmente competitiva y opción real de poder.

El otro escenario, que Cuén no acepte la secretaría, es la mejor garantía de sobrevivencia para el PAS y para consolidar sus expectativas de futuro. El PAS necesita, por su propia naturaleza, un liderazgo firme, sólido, férreo; el único que puede garantizar la cohesión y la unidad es él; es la mejor garantía para enfrentar disensos, rupturas y fracturas. Con él al frente, el PAS garantiza tener, en la perspectiva del 24, un (pre)candidato sólido, que apoyado en el trabajo permanente de construcción partidaria, ahora desde el poder en Sinaloa y en no pocos municipios, así como una buena presencia en el Legislativo, puede asegurar buenos resultados en términos electorales.
Es cierto que ambas opciones tienen sus riesgos, sus costos de oportunidad. Por lo que se sabe, la decisión no ha sido fácil. ¿La sabremos oficialmente hoy?

AMLO y las Virtudes

AMLO y las virtudes de “un empresariado nacional
dependiente del mercado interno”
César Velázquez Robles

 

La calidad de nuestra deliberación pública es bastante pobre. El espacio donde debían darse cita las diferentes visiones sobre la realidad política nacional y estatal, ha sido copado prácticamente desde mucho tiempo antes de la elección presidencial, por el discurso del odio. Ni siquiera podríamos decir que hay mucho “ruido retórico”. No. Para nada. Lo que domina el ambiente es la descalificación, la diatriba, el insulto abierto y descarado hacia quien expresa una opinión distinta sea en las redes sociales, en los medios o en cualquier conversación cotidiana. La acusación de “reaccionario” que se lanza frente a cualquier comentario que cuestiona las acciones, decisiones y medidas que está adoptando el presidente electo, no tiene nada de inocente. Se cree firmemente en esa presunta “superioridad moral” que da estar de lado de toda iniciativa proveniente de la Cuarta Transformación. Ahí no hay espacio para la crítica, para la duda, para el cuestionamiento. La lealtad es total y absoluta.

Por eso, cuando escuchamos o leemos intervenciones en el espacio de lo público que tratan de ir más allá del ambiente político enrarecido en que nos estamos moviendo, y busca esclarecer nuestra realidad o, al menos, interpretarla sin la mirada obtusa que domina nuestras reflexiones, creemos que, pese a todo, hay posibilidades de enriquecer el debate, estimular la libre circulación de las ideas y acercar posiciones a través del reconocimiento recíproco de nuestra diversidad.

Es el caso del artículo de Gibrán Ramírez Reyes, publicado en el diario Milenio del pasado 19 de noviembre, con el título “El empresariado en la disputa por la nación”. Encontramos ahí un enfoque interesante de interpretación de la realidad política, con el que se puede discrepar o estar de acuerdo pero que, desde un mirador de libertad y tolerancia intelectual, puede y debe ayudar y contribuir a oxigenar un poco este ambiente turbio.

Ramírez Reyes abre su artículo con una afirmación que difícilmente puede ser rebatida: “La distancia entre las interpretaciones (sobre la realidad del país, se entiende) es tan grande que parece que estuviéramos viendo procesos completamente ajenos”. Y en efecto, así está ocurriendo. Hay una especie de disonancia cognitiva entre los actores de la vida política del país, que hace que el diálogo sea sustituido por monólogos y soliloquiosque, como apunto al principio, no añade valor a nuestra reflexión colectiva. El artículo aspira a romper con esa dinámica y, al compartir con el autor ese propósito, quiero también hacer mi modesta contribución a este debate.

1.- Ramírez interpreta el momento actual que vive el país desde la famosa teoría del péndulo,  planteada ya desde hace varias décadas por Daniel Cosío Villegas, y que ha ganado carta de naturalización entre analistas, historiadores, teóricos de la economía y de la política. Visto en retrospectiva, la evolución histórica del país se aborda a través de sus ciclos largos, es decir, que cubren toda una época. Así, se ha producido históricamente “por lo menos desde 1808, una lucha política entre los sectores de las élites económicas ligados al mercado interno y aquellos de vocación externa”.

2.- Habría, así, un ciclo largo de nuestra modernidad que abarca, para utilizar la terminología que busca imponer el nuevo bloque gobernante, la llamada “Primera transformación”, esto es, los prolegómenos de la lucha independentista, los inicios de la construcción del Estado-nación, la disputa entre liberales y conservadores que derivó en un inestable equilibrio de fuerzas, las intervenciones extranjeras en México y los esfuerzos de recomposición de la vida política nacional. El país en esta época fue un desastre. Ni una ni otra fuerza fue capaz de hegemonizar un proyecto de nación. No puede decirse que pudo imponerse un modelo de desarrollo hacia adentro o un modelo de desarrollo hacia afuera. Sin infraestructura, sin aparato productivo, con relaciones económicas propias de un régimen de producción mercantil simple, el país ni siquiera se asemejó a un “castillo  feudal con fachada capitalista de cartón”. Digamos que, apenas forzando mucho los hechos para acomodarlos a la teoría, podemos decir que en esta época se impusieron “las élites ligadas al mercado interno” o las de  “vocación externa”.

3.- Un segundo ciclo, no tan largo por su duración, pero si por su extensión y profundidad, es el de la Reforma, que buscó precisamente organizar ese tránsito de la producción mercantil simple a la producción mercantil desarrollada, es decir, para la implantación del capitalismo. Las leyes de este periodo tuvieron precisamente ese propósito. Fue la etapa fundacional del capitalismo en México, y es precisamente en ese sentido que puede hablarse, para seguir con la terminología en boga, de la “Segunda transformación”. Y creo que esos esfuerzos de la generación de la Reforma, de tímidos no tuvieron nada: leyes como la desamortización de los bienes eclesiásticos o la liquidación de las tierras comunales buscaron precisamente ampliar las fronteras de un capitalismo seminal que pugnaba por abrirse paso en un país que no acertaba a romper con su visión precapitalista. Si, ciertamente, podemos decir que en esta etapa de la historia del país el péndulo se movió hacia el mercado interno.

4.- La larga etapa de la modernización autoritaria, significada por la derrota del movimiento reformista que buscaba instaurar y consolidar el capitalismo en México, representó un nuevo movimiento del péndulo. El sector externo se convirtió en la locomotora de arrastre del sistema, y de esa época data el sistema de ferrocarriles que permitía conectar los centros de producción con los mercados internacionales. Esta etapa de  desarrollo hacia afuera, que de acuerdo con una tipología muy extendida puede definirse como modelo agro-minero exportador, no propició el desarrollo y florecimiento de un capitalismo interno, sino la formación de economías de enclave basadas por lo general en la superexplotación del trabajo, de donde procedía una parte fundamental del excedente económico generado. Ciertamente: el péndulo viró hacia las oligarquías que descansaban en el sector externo.

5.- El movimiento social de principios del siglo XX representó una nuevafase en esta teoría pendular de la historia. El viejo modelo de desarrollo hacia afuera que prohijó una oligarquía económica depredadora y una élite política extractiva, hizo crisis y fue sustituido por un modelo de desarrollo hacia adentro, de mercados económicos cerrados a la competencia externa, por tanto con un mercado interno cautivo. Asimismo, por un mercado político monopolizado a través de las políticas de unidad nacional que inhibiría durante mucho tiempo toda competencia seria por el poder, primero por los consensos activos en que se fincó, y luego por los consensos pasivos en que se desenvolvió el sistema político mexicano hasta ya muy avanzado el siglo XX.

6.- Este nuevo movimiento pendular “para regresar a un proyecto nacionalista fincado en las élites dependientes del mercado interno en la posrevolución mexicana… duró hasta finales de la década de los 70, cuando comenzó a incubarse la dependencia financiera del exterior y la vuelta de un proyecto contrario”, nos dice Gibrán. Aceptando sin conceder, como dicen los abogados, y reconociendo que ese largo ciclo estuvo marcado por profundas transformaciones en el orden internacional e interno, las dos guerras mundiales, la redefinición de la arquitectura financiera global, la nueva inserción estructural de las economías dependientes en el capitalismo que emergió de la segunda posguerra, la crisis petrolera de los años 70, etc., etc., solo forzando mucho el esquema analítico, se puede decir que aquí no hubo otra hegemonía que la de “las élites dependientes del mercado interno”. El correlato político del periodo de “desarrollo hacia adentro”, de fronteras cuasi-cerradas, de ausencia de competitividad económica, fue un régimen con acentuados rasgos autoritarios, con una democracia controlada y dirigida, rasgos todos ellos que pueden reproducirse  y recrearse en el caso de que ahora, como presume Gibrán, el péndulo oscile hacia un régimen más inclinado al desarrollo del mercado interno respaldado por un consejo asesor empresarial “integrado por notables miembros de la oligarquía… (que) tienen en común que son parte del empresariado nacional dependiente del mercado interno”.

7.-  Quienes hemos compartido en sus líneas más gruesas la dicotomía de Carlos Tello y Rolando Cordera en “La disputa por la nación”, asumimos que, en efecto, está por un lado, un proyecto pro-empresarial, privatizador, que deifica al mercado, y que se convirtió en dominante desde los años 80 , y por otro, un proyecto de desarrollo que se propone corregir las profundas desigualdades económicas y sociales, así como la extendida pobreza que es el patio trasero de la modernidad excluyente y concentradora que ha dominado.

8.- Pero ni uno ni otro proyecto se encuentra en estado más o menos puro. Ni el consenso de Washington ocupa todos los espacios de la vida económica y social, ni el Consenso de Santiago es solo una vaga y difusa aspiración. Hay muchos espacios entre los que por diversas razones, sea para impedir una mayor conflictividad de la vida colectiva, sea porque la correlación de fuerzas impide a los grupos oligárquicos imponer políticas draconianas, o porque no pueden completar un proceso de captura del Estado, encontramos algunos equilibrios inestables en países y regiones del subcontinente.

9.- Por eso, sostener “que el proyecto nacionalista moderado, es el que triunfó en julio pasado”es bastante aventurado, para continuar en verso. Hay, en esta visión, una sobrevaloración  de una burguesía que se presume nacionalista, y que en oposición a una oligarquía que se vincula a los intercambios  comerciales de los grandes bloques, está más interesada en ampliar el mercado interno, en reformas económicas y sociales que propicien la  integración, y aseguren una mayor presencia del estado en la vida colectiva.

10.- Según Gibrán, esta burguesía es la que se ha aliado a López Obrador, a través de este consejo asesor empresarial. Estos “notables miembros de la oligarquía”, esta “élite empresarial dependiente del mercado interno”, “unido al respaldo popular hipermayoritario del gobierno entrante, formará parte del bloque histórico triunfante”. ¡Cuánta virtud de los defensores y promotores del mercado interno! ¡Esa burguesía “nacionalista” que tantos ejemplos de entrega a los más altos intereses de la patria ha dado en estos años! He aquí algunos de sus nombres: Ricardo Salinas Pliego, Bernardo Gómez, Olegario Vázquez, Carlos Hank González, Miguel Alemán Magnani.

Esos “notables miembros de la oligarquía” buscan redefinir, como siempre, al amparo del poder político, las condiciones de su nueva reinserción en el modelo de control y dominación política, para asegurar las condiciones de reproducción ampliada de sus capitales.