El Rencor Vivo

30 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

El presidente López Obrador es el rencor vivo. Como escribió hace tiempo Gilberto Guevara Niebla, “no es un hombre bueno”. Todo el que ose criticarlo recibe de inmediato su respuesta flamígera. Es puesto en la picota y recipiendario de todos los calificativos habidos y por haber. No estoy diciendo nada nuevo. Ha sido invariable norma de conducta desde su ascensión al poder, y las agresiones verbales, los insultos, las descalificaciones aumentan en la medida en que se levantan obstáculos a la que él entiende como la tarea de arrancarle a la epopeya un gajo. La semana pasada la emprendió contra Enrique Krauze y contra Héctor Aguilar Camín, padrecitos de dos iglesias culturales de nuestro país. El primero de ellos acaba de publicar un libro de ensayos que recoge una parte importante de su trayectoria intelectual, y uno de ellos se refiere al titular actual del poder ejecutivo federal, que reclama que nunca antes se criticó al poder como se hace ahora.

El director de la revista Letras Libres dio una respuesta puntual al presidente. Ahí dijo que reacios a la crítica han sido todos los presidentes. Sin embargo, lo nuevo “es usar la tribuna presidencial para insultar a los críticos”. Y agregó: “Hay una gran asimetría porque el presidente tiene la tribuna todos los días, dos horas para difundir no tanto sus ideas y conceptos sino sus insultos y sus agresiones y han sido muchas. Y los críticos, periodistas, académicos, intelectuales pues tienen medios infinitamente más limitados”. ¿Qué ocurre cuando en lugar de convertirse en el eje articulador de los consensos que requiere el país, propaga a diario una visión maniquea para la cual todo es blanco o negro, sin matices, sin zonas grises? Esto responde Krauze: “Envenena la atmósfera, envenena la convivencia, en las plazas, los cafés, las aulas, en el seno de las familias, esta polarización los mexicanos no la merecemos”. Y esta polarización, insiste, “es el mayor cáncer que estamos viviendo en México”.

Pues esta conducta reiterada se ha convertido en la especialidad presidencial. Hoy la emprendió contra la revista Proceso, contra Carmen Aristegui y contra el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Aristegui hizo público en el hebdomadario un reportaje sobre el ya muy famoso negocio de chocolates de los hijos de López Obrador y la relación que ello tiene con uno de los programas emblemáticos de este gobierno, Sembrando Vida. Ello causó la inquina, el coraje presidencial y la emprendió contra la periodista y contra la revista. Les dijo hasta de lo que se iban a morir. No hay en el presidente la más mínima autocontención. Ha perdido todo control, toda mesura, arrastra la investidura sin decoro alguno y todo ello no conduce sino a que cada vez le empiecen a faltar más al respeto, lo que resulta en verdad lamentable.

Entre otras expresiones para mostrar su desagrado por el reportaje están éstas: “Proceso y Carmen Aristegui nunca han estado a favor de nuestro movimiento y ellos dicen que porque son independientes. Y yo sostengo que sí son independientes, pero independientes del pueblo, que nunca se han involucrado, nunca han hecho un periodismo en favor del pueblo”. “No tenemos identificación, no hay simpatías, Carmen Aristegui, pues escribe en Reforma  y pues pertenece al grupo que apoya al bloque conservador. Entonces, nada más aclararlo porque ya no estamos en tiempos de simulación”. Como tiene para todos y reparte mandobles a diestra y siniestra, todavía le alcanzó tiempo para una de las instituciones académicas de excelencia que tenemos en el país, el CIDE. De ella dijo: “Hay que ver quiénes están ahí. A lo mejor pues es de los grupos de Krauze y de Aguilar Camín que acaparan todo, que estaban metidos en todos lados y esos son los que están inconformes porque nosotros lo que queremos es que se cuiden todos los procesos y que se acaben los cacicazgos en la academia, en los grupos intelectuales, porque también había mucha corrupción, todos estos grupos que estaban muy enojados por eso”.

Krauze y Aguilar Camín se han convertido en obsesiones enfermizas para el presidente. Pero no son las únicas. Todo aquél que exprese un disenso, forma parte del bando de sus enemigos, porque en verdad que así los considera, ya que impone en el espacio público una lógica de guerra. Eso es lo peligroso. No hay ninguna señal de que pretenda corregir ese rumbo. Vamos camino al abismo.

¿Hay vía libre para la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo?

La tarde del lunes 29 de noviembre, se dieron a conocer los resultados de la consulta a la población sobre la planta de fertilizantes en Topolobampo. Más allá de los notables desaciertos y desaseos del procedimiento, que tendrán que ser resueltos en las instancias legales correspondientes, los resultados son muy elocuentes: una gran mayoría de los participantes se inclinó por el sí. 75 por ciento dio su voto favorable, un porcentaje que se encuentra a medio camino entre el resultado el sondeo realizado en días previos por la empresa Enkoll (85 por ciento) y el realizado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de Los Mochis (65 por ciento). Ciertamente, el resultado no es vinculante, esto es, no tiene fuerza obligatoria para las instituciones, pero si es un gran aliento a quienes desde hace tiempo han apostado por este proyecto que está llamado a consolidarse como uno de los grandes detonadores del desarrollo económico del norte de la entidad. Es también un sólido aval para el gobernador del estado, Rubén Rocha Moya, que ha apostado fuerte por un proceso de industrialización de Sinaloa que rompa con un modelo de desarrollo, que siendo muy importante para la entidad, difícilmente puede contribuir a acelerar el ritmo de crecimiento de la economía sinaloense.

Volviendo a los resultados que arrojó la consulta, hubo un total de 39 mil 753 participantes, de los cuales 30 mil 59 votaron por el sí, y 9 mil 402 por el no. Higueras de Zaragoza, en Ahome, fue la sindicatura con mayor participación, en tanto que la casilla de Topolobampo, como era natural, fue la más cerrada: 54 por ciento se pronunció por el sí, y 45 por ciento por el no.

El conflicto, por supuesto, sigue abierto. Pero corresponde a las partes hacer ahora un esfuerzo extraordinario por acercar posiciones, encontrar convergencias y puntos de equilibrio de tal modo que la población entera pueda compartir un proyecto estratégico para la región, que genere empleos, ingresos, mejore el tejido social, incorpore a grupos sociales vulnerables al bienestar social y al progreso material. Se trata de hacer de la zona norte, un proyecto ganador, un juego de suma positiva, donde todos los participantes ganen. Diría, sobre todo, que hay que poner énfasis en las externalidades negativas que implica el proyecto de construcción de la planta, y que están contenidas en el trabajo coordinado por Federico Páez, y que cité ayer. Si todos son capaces de acercar posiciones, recurriendo a eso de lo que mucho se habla y poco se aplica, esto es, al método de aproximaciones sucesivas, no hay duda de que se abrirá una nueva etapa de prosperidad en esta región de Sinaloa.

ZONA POLITEiA:El control de la calle y de las instituciones.

29 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Históricamente, la calle, la plaza pública, ha sido de las oposiciones. El poder ha encontrado en las instituciones su trinchera desde la cual lanza sus estrategias que le permitan la reproducción ampliada de las más diversas formas de dominación política e ideológica. Así se ha dividido el monopolio de la arena pública, sobre todo si asumimos que ambos, la plaza y las instituciones forman parte del espacio público. Pero en nuestro país ocurre algo curioso: a la oposición no le sienta bien la calle. Parece gustarle más el confort, la comodidad, los mullidos bancos congresuales, las oficinas lujosas, los reflectores, los medios, las redes, que el trajín diario, el contacto con las multitudes, la orientación sistemática a la militancia, el trabajo desde la base social, el contacto con los grupos de trabajadores, o con las diversas expresiones de la sociedad civil. Quizá sea cierto lo que hace no mucho tiempo dijo un personaje de la vida política nacional: se está produciendo un aburguesamiento de las oposiciones.

Bueno, lo mismo pasa en quienes hasta hace tres años eran oposición. La llegada al poder cambia la forma de percibir la vida política. El acceso a las instituciones, a las decisiones y al control modula en los nuevos depositarios, una conducta que pronto olvida sus prácticas pasadas. Los que antes hacían de la calle su espacio vital, ahora son los nuevos burócratas, la nueva nomenklatura que se coloca por encima de la militancia, las propias estructuras partidarias y que hace de la administración pública un sistema de botín. Pero hay quien se siente bien en la calle, que añora la plaza pública, vivir en loor de multitudes, como se decía en el viejo y arcaizante lenguaje: Ya Saben Quien: el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador. Ocurre que ha convocado a una concentración en el Zócalo de la Ciudad de México para el próximo primero de diciembre, a fin de celebrar con la gran masa el tercer aniversario de su ascensión al poder.

Será un recuento de la mitad del camino recorrido al que solamente le faltarían tres reformas, según sus “ideólogos” para cerrar el ciclo de la cuarta transformación: la (contra)reforma eléctrica; la (contra)reforma electoral y la de seguridad, que tiene como propósito fundamental integrar la Guardia Nacional en el Ejército Mexicano. Ya sabemos cuál será la estructura del discurso del poder: una exaltación del hecho; un fenómeno histórico del que hay que destacar su condición de gesta heroica, de momento épico que condensó años de lucha del pueblo mexicano. El inicio de cambio de gobierno y de régimen, las grandes reformas que lo han ido haciendo posible, y la reiteración, como lo han hecho todos los presidentes, de que si no se hubiera actuado así, el país ya se les hubiera deshecho entre las manos, esto, es, redimensionar su condición de salvadores de la patria. Por supuesto, una nueva repasadita a los “conservadores”, y el llamado a prepararse para las nuevas gestas que habrán de librarse en la perspectiva de 2024 con sus estaciones intermedias.

Así será el script del primero de diciembre en el Zócalo. Pero me interesa más que cualquier otra cosa, destacar el espíritu de la convocatoria. Algo que las oposiciones han olvidado o que ha desaparecido de su ADN: recuperar la calle, tomar de nuevo la plaza pública, levantar las demandas de la ciudadanía, tremolar las banderas de la protesta ante el poder. Pues justamente, eso es lo que va hacer el poder dentro de dos días: tensar todos los resortes internos que son capaces de movilizar a la masa; recuperar el espíritu de cuerpo que cohesiona, identifica y genera los lazos de solidaridad que convocan a compartir aspiraciones y propósitos. Ese es el sentido del movimiento y, por supuesto de el Movimiento. Así que nadie podrá decir después que los tomaron desprevenidos, con la guardia baja. Al contrario, listos y dispuesto a la lucha.

No me canso de insistir. Lo he hecho en otras ocasiones en este espacio. Eso es justamente lo que deberían estar haciendo las oposiciones: convocar a la protesta, a la concentración en la plaza pública para exponer razones, argumentos y orientaciones de lucha a su militancia. A establecer el contacto con una miríada de organizaciones de la sociedad civil, ahora tan vilipendiada y humillada por el gobierno. A convocar a las instituciones de educación y cultura, a las organizaciones sindicales y gremiales, a los ciudadanos de a pie, comunes y corrientes, que están dispuestos a luchar pero a condición de que se les diga por qué y para qué. ¿No pueden? ¿No son capaces de hacerlo? ¿No tienen iniciativa? Ya empiezan a aparecer otras iniciativas que, de prender, los pueden dejar en el camino.

La iniciativa del Frente Cívico Nacional

Hay una iniciativa en marcha. Este pasado fin de semana se constituyó el Comité Promotor del Frente Cívico Nacional, una organización amplia, pluralista, con representaciones políticas que van desde la centroizquierda a la centroderecha, dispuesta a encontrar y procesar las convergencias estratégicas que permitan construir una candidatura y un programa de consenso en la perspectiva de la elección presidencial de 2024. En ese comité están Raúl Trejo Delarbre, Cecilia Soto, Gustavo Madero, Emilio Icaza, Guadalupe Naranjo, y muchas otras personalidades reconocidas en las luchas políticas sociales y partidistas. En el acto de formalización del comité, Acosta Naranjo señaló que “Mientras en el partido gobernante el partido oficial se teje un dedazo envuelto en una encuesta, nosotros queremos proponer que el candidato o la candidata que surja de un gran bloque opositor sea electo por los ciudadanos”. Por su parte, Cecilia Soto, ex candidata presidencial, apuntó: “La tarea, nuestra tarea, por eso se llama comité promotor del Frente Cívico Nacional, es fundar las representaciones, los frentes cívicos de los estados, los frentes cívicos estatales, de tal manera que este movimiento se extienda de manera muy amplia y en una fecha de los primeros meses del próximo año tengamos ya una gran convención fundadora”.

Es, sin duda, un movimiento esperanzador. Se propone organizar desde la base social un movimiento genuinamente independiente, que construya su propia propuesta, que la discuta y la debata en ambiente de libertad, pluralismo y tolerancia como expresión de su vocación y condición democrática. Se trata de una nueva pedagogía en la construcción de una alternativa política, que no nace desde arriba, desde una cúpula o un grupo de iluminados, sino de ciudadanos deseosos de hacer su contribución a la lucha por una sociedad democrática. Ahí estarán, seguramente, muchos mexicanos preocupados por la deriva autoritaria y antidemocrática, por el ambiente de choque, confrontación y polarización que se alienta desde el poder, y que aspira a una convivencia más respetuosa y civilizada.

Parece que la planta de fertilizantes va

Hubo protestas, manifestaciones, bloqueos, gritos, insultos a los medios, hubo de casi todo en la jornada de consulta llevada a cabo ayer para decidir si se apoya o no la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo. Era previsible que así ocurriera: los meses precedentes –más bien los años: el proyecto empezó en 2003— estuvieron marcados por una confrontación no de ideas, sino de prejuicios, de lugares comunes, de desconocimiento de detalles finos del proyecto, todo lo cual contribuyó a dividir grupos sociales. Habiendo razones atendibles por las partes, dominó la inquina, la descalificación. Estudios como el que referí en mi colaboración del viernes pasado, que hubiese sido un excelente documento orientador de un debate serio, maduro y responsable, fue dejado de lado. No hubo ideas; hubo frases zahirientes, diálogo de sordos. Es cierto también que, como todas las consultas que se han llevado a cabo, ésta también fue desaseada, y en estricto rigor no cumple con las condiciones establecidas en la norma.  

La empresa Enkoll, que levantó entre el 20 y el 22 de noviembre una encuesta con 868 entrevistas directas, y que anunciaba un claro triunfo del sí, realizó también una encuesta a salida de casilla, con un resultado abrumadoramente favorable al sí a la planta. 81.9 por ciento a favor de que sí se instale la planta en Topolobampo, y tan solo el 15.9 por ciento en contra, con datos actualizados a las seis de la tarde de este domingo 28. Por supuesto, esto no quiere decir que el asunto ya esté resuelto, y que la planta no enfrentará ya ningún obstáculo para su construcción. Hay amparos pendientes, y faltan todavía algunas resoluciones que deberán ser atendidas. Sería deseable que todos estos temas se resolvieran en estricto apego a la legalidad y respeto al Estado de derecho.

El gobernador ha apostado una parte de su capital político a favor de la planta. Ha hecho una decidida apuesta por la industrialización de Sinaloa, y la planta es clave en ese propósito. Perder esta batalla por decisión de la Corte, sería una derrota para Sinaloa y una derrota para Rubén Rocha Moya. Difícilmente podrá atraer y retener capitales e inversiones. Eso es lo que está en juego.

ZONA POLITEiA. Sinaloa: camino a la industrialización.

26 de noviembre de 2021

César Velázquez Robles

Los esfuerzos de Sinaloa en la perspectiva de su industrialización son de vieja data. Hace poco más de medio siglo, en 1967, se realizó el Primer Congreso Industrial, y ahí, funcionarios públicos federales y estatales, empresarios locales, nacionales y extranjeros, así como académicos e investigadores de instituciones de educación superior, discutieron políticas y estrategias para impulsar el crecimiento sostenido de la entidad, para la que se abrían importantes expectativas, desatadas por las grandes obras de infraestructura hidráulica que habían consolidado la actividad agrícola como motor del desarrollo regional y local. Se presentaron y discutieron proyectos y propuestas. Algunos se materializaron; otros quedaron en el olvido. Hubo un incipiente desarrollo industrial, más estrictamente agroindustrial, pero la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en 1994, dio al traste con ese esfuerzo. Quedan ahí como mudos testigos las carcasas de lo que fue una floreciente industria, y que se pueden observar sobre todo en el trayecto de Guasave a Los Mochis.

Pero estos propósitos siguen vivos. Pese a que también desde hace un cuarto de siglo se insistía en que la mejor política industrial es que no haya política industrial, en Sinaloa ha habido, sobre todo desde las universidades, una corriente académica que enfatiza en la necesidad de impulsar la industrialización como clave de un crecimiento y un desarrollo sostenido. Una parte de esa corriente, influida por las lecturas de economistas marxistas, cuya figura más destacada fue el profesor José Luis Ceceña Cervantes, propugnaba el modelo de impulsar primero la industria textil, esto es, industria ligera, para pasar posteriormente a una etapa cualitativamente superior: el desarrollo de la industria pesada, esto es, la producción de medios de producción. La experiencia de muchos países ha demostrado que ésta era una visión lineal del desarrollo, que no toma en consideración las condiciones estructurales, las ventajas comparativas o la dotación de recursos naturales y dinámicas particulares de expansión y crecimiento de las regiones.

Pero también ha habido una corriente poderosa, no directamente vinculada a las instituciones educativas, pero tampoco al aparato productivo y a las necesidades y exigencias de los agentes económicos, convencida de que en el desarrollo de la entidad, había que quemar etapas. La mejor evidencia está en el Plan Estatal de Desarrollo 2005-2010, que pone el acento en una política de desarrollo sustentada en el sector terciario con servicios altamente sofisticados. Es decir, la apuesta no estaba ya en la industrialización, y si se aspiraba a alcanzar a los más adelantados en la carrera, había que dar el gran salto. Es cierto: ahora tenemos un sector de servicios cuasi-hipertrofiado, que representa dos terceras partes del producto interno bruto de la entidad; el problema es que no son servicios sofisticados, sino, sobre todo, comercios pequeños que no pueden ser locomotoras de arrastre del aparato productivo en su conjunto.

Ahora, de nueva cuenta, el acento está y estará puesto en la necesidad de impulsar la industrialización de Sinaloa. Esa es la apuesta del gobernador Rubén Rocha Moya, y sus declaraciones no apuntan en otro sentido. No puedo decir que haya sido derrotado en aquel tiempo y que hoy venga por la revancha, ya desde la principal posición de poder en la entidad. No, porque, en primer lugar, no se trató de un debate teórico entre corrientes ni de disputas sobre el modelo de desarrollo a seguir; simplemente, que la corriente predominante en la conducción de la política en Sinaloa tenía una visión que se articulaba con la de un grupo de economistas y políticos en las más altas esferas del poder. Pero tiene claro que con todos sus bemoles es el camino que hay que (re)emprender como condición para un crecimiento sostenido, una estructura productiva diversificada, con capacidad de innovación y capaz de tener un efecto multiplicador sobre todo el aparato económico. Así lo señaló desde prácticamente el momento en que se cerraron las urnas en junio pasado: “Nuestra vocación natural es la agricultura, la ganadería y la pesca, nosotros somos productores de granos en gran escala, ahí vamos también a concentrarnos, en la industrialización desde luego, y en brindar oportunidades a los que menos tienen”, y lo reiteró en el reciente Foro del Mar de Cortés, e incluso advirtió que estará disponible un fondo de inversión que se orientará fundamentalmente a este añorado proceso industrializador de Sinaloa.

La planta de fertilizantes en Topolobampo: un paso decisivo a la industrialización

En este propósito, el gobernador no se ha andado por las ramas. Ve en la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo, la posibilidad real de transformar y consolidar la región norte de Sinaloa en un polo de desarrollo industrial, que modifique el rostro de Sinaloa. Todo indica que es una apuesta decidida, y en abono a ella, lo ha declarado sin reticencias: está a favor de la construcción de la planta, y la pondera como la oportunidad de poner en marcha un proceso virtuoso de reconversión de la planta productiva, de modernización del sector agrícola y del conjunto de las actividades económicas, de garantizar un crecimiento sostenido de la economía estatal, de atracción de nuevas inversiones, de generación de empleos mejor remunerados, de posibilidad real de incorporación a las actividades productivas y al mercado laboral, de grupos sociales largamente excluidos del progreso y el bienestar material y social.

Creo que no estamos ante un fenómeno de inflación de expectativas. Sinaloa requiere con urgencia romper los círculos viciosos que inhiben el despliegue de sus potencialidades económicas y productivas. Necesita recuperar el impulso y el dinamismo que ya no le garantiza –con todo lo relevante e importante que sigue el desarrollo de las actividades primarias–, su condición de proveedor de alimentos y garantía de seguridad alimentaria para el país. Y construir un tejido productivo sólido y firme requiere de ofrecer condiciones para la atracción de inversiones y garantizar certidumbre jurídica a quienes decidan arriesgar en esta región del estado sus inversiones.

Me parece que el proyecto de la planta de fertilizantes es una iniciativa muy importante en esta perspectiva. Más allá de los presuntos choques entre presuntos grupos de poder económico en la región, me parece –y si solo fuera por eso, valdría la pena hacer el esfuerzo de construir la planta— que se rompería con un esquema monopólico de control del amoniaco y urea, que impone por su propia naturaleza condiciones al mercado, eleva los costos de producción, hace de los pequeños productores rehenes y anula toda perspectiva de desarrollo armónico y sostenido del espacio local. Los estudios técnicos más calificados dan cuenta del notable incremento en la generación de empleo que traerá la planta, que presupone en un horizonte de mediano plazo una inversión del orden de los cinco mil millones de dólares, esto es, unos 100 mil millones de pesos. No ha habido en Sinaloa una inversión de esta magnitud después de aquélla que significó la introducción del sistema para el gas natural en el estado. Y a propósito: la utilización del gas natural para la producción del amoniaco y otros productos, será también una clave para detonar un nuevo estilo de desarrollo en la región y en el estado.

Apostar a la planta y, en consecuencia, al proceso de industrialización en Sinaloa, es una apuesta de futuro. No pocas veces Sinaloa, la región norte del estado han dejado pasar el tren del progreso, de la modernización, del progreso y el bienestar compartido. Hoy no puede permitirse ese lujo. Es una oportunidad histórica de contribuir a acelerar el crecimiento económico, a hacer que la cantidad de beneficiarios de la modernización sean muchos menos, y menos también los excluidos que siguen viviendo en la pobreza, ese patio trasero de la modernización.

Con el tema de la planta, se ha hecho demagogia en exceso, se han explotado miedos aprovechando el desconocimiento de las condiciones técnicas de construcción y funcionamiento de una unidad de producción de esta naturaleza, llamada a ser la más moderna de su tipo en América Latina, y que garantizará a los productores acceso a productos que empiezan a alcanzar en un mercado bajo control precios exorbitantes. Este es un plano del debate que poco se ha tomado en consideración, y que deberá ocupar ahora un lugar preponderante en el debate.

Un debate lleno de prejuicios y alejado del conocimiento científico

Advertirá, si ha tenido el valor de llegar en su lectura hasta aquí, que no hago referencia a elementos de carácter científico-técnico relativos a la planta, su instalación, la relación con el ambiente, y muchas otras características que van mucho más allá de mi conocimiento. Pero sí debo decir que tengo una enorme confianza en que quienes han puesto sus saberes especializados al estudio concienzudo de la planta, así que doy por sentado. Aquí bien puedo decir: yo no tengo otros datos. Pero los datos que conozco, basados en la ciencia, al avalar la construcción, me dan la confianza necesaria para decir que estoy de acuerdo. ¿De qué estudio hablo? Hablo del estudio coordinado por el científico sinaloense Federico Páez, titulado “Alternativas para reducir el impacto medioambiental de una planta de producción de amoniaco adyacente a una laguna costera en el sureste del Golfo de California”, publicado en 2018 en el Journal of Cleaner Production, que sistematiza y pondera los elementos que inciden en el entorno de la planta, así como el conjunto de recomendaciones para mitigar y contrarrestar los efectos de las externalidades negativas que la hay y las habrá siempre en todo proceso industrializador. Asimismo, en las opiniones formuladas por el ex rector de la UNAM, José Sarukhan, quien actualmente preside la Comisión Nacional de la Biodiversidad (CONABIO), quien también se ha pronunciado en favor de la construcción de la citada planta.

Esto es lo que dicen las encuestas

Por último, me referiré a las encuestas que, a propósito de la planta, y en la perspectiva de la consulta programada para el próximo domingo 28 que se realizará en localidades de los municipios de Guasave, Ahome y El Fuerte. Hoy se hizo pública la encuesta levantada por la empresa Enkoll, y estos son los resultados que arrojan algunas de las preguntas:

  • Ante la pregunta ¿Usted está a favor o en contra de la construcción de la planta de fertilizantes en Topolobampo?, estas son las respuestas: 86 por ciento a favor y 14 por ciento en contra. Estos resultados de encuestas realizadas en vivienda, mejoran los resultados de una encuesta telefónica levantada en septiembre, en la que 71 por ciento de los encuestados estaba a favor, y 29 por ciento en contra.
  • Ante la pregunta ¿Por qué razón está a favor de la instalación de la planta de fertilizantes en Topolobampo?, estas son las respuestas: generaría empleos (51 por ciento); beneficiaría a los campesinos (14); beneficiaría a los habitantes del municipio (12); permitiría adquirir fertilizantes más baratos (5); mejoraría la economía (5); sería necesaria (2); modernizaría la región (1); sería amigable con el ambiente (1); por la cercanía (1), y atraería mayor inversión al estado 81).

La encuesta fue levantada del 20 al 22 de noviembre, en 808 entrevistas cara a cara en viviendas; bajo un esquema de muestreo probabilístico polietápico los resultados tienen un margen de error de +/-3.46% con un nivel de confianza de 95%.

También se dieron a conocer los resultados de otra encuesta realizada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAS Zona Norte. Estos son los resultados que arrojó: 65 por ciento de aceptación, y 25 por ciento de rechazo. Otros datos que acompañan la encuesta son los siguientes: 2 mil 800 empleos; se han concedido cuatro amparos contra la construcción de la planta y hay una controversia constitucional.

Así están las cosas. El domingo 28 de noviembre es la consulta. Es muy seguro que por la tarde-noche se conozcan los resultados definitivos. Estaremos al pendiente.