DOS A LA SEMANA

 

¿LIBERTAD DE EXPRESION?

Jorge Aragón Campos

            Me parece que estamos confundiendo la gimnasia con la magnesia. Los atentados de que han sido víctimas miembros del periódico Noroeste en los últimos días, son sin lugar a dudas una escalada de agresión gubernamental contra ese medio: ha sido el único afectado por esas acciones en diversos puntos del estado. No puede ser coincidencia. La solidaridad con ellos y el reclamo por el esclarecimiento de los hechos, y el necesario castigo a los culpables, son obligados.

Por otro lado, la acción de la autoridad buscando impedir la segunda marcha a favor del chapo, es criticable no como un atentado a la libertad de expresión, sino por la forma en que se hizo: con las patas. Se demostró que la llevada y traída capacitación a los cuerpos policiacos no existe, seguimos contando con vulgares cuicos, nada más que ahora con uniformes más bonitos, patrullas más nuevas y armas más poderosas, que los vuelve mucho más peligrosos… para la ciudadanía, que no para los delincuentes, no al menos para los narcos.

Pero decir que con su actuar la autoridad incurrió en una violación a la libertad de expresión, es, me parece, discutible.

Es curioso que todos estemos siempre muy prestos a defender el derecho a expresar nuestras ideas de forma pública, pero nunca mencionamos nuestras obligaciones… porque alguna debe haber… ¿o no? Admitámoslo, somos comodinos, nada más nos gusta recibir pero no dar: todo derecho conlleva una obligación, y aún no veo a nadie hablando de lo último.

Como bien lo menciona Savater en uno de sus libros (no recuerdo si en ética o en política pata Amador), no es posible ponerse de parte de quien grita ¡fuego! en un teatro repleto, porque no existe ahí el uso, sino el abuso, de la libertad de expresión; las libertades, las garantías individuales y lo que se le parezca no pueden ser para amparar abusos; no pueden ser, digo yo (y lo dicen muchos) para la promoción de ilícitos, para atentar contra la convivencia pacífica o para incitar a la destrucción de un orden establecido que, nos guste o no, es lo mejor que tenemos para coexistir de forma razonable y que, sí, es perfectible y a eso hay que avocarse, no ha destruirlo ni a ponerse de parte de quien lo ha vulnerado.

Es cierto que en México no contamos con una legislación completa respecto a la libertad de expresión, lo cual genera lagunas que son aprovechadas por autoridades cuyo sello suele ser la intolerancia, a la vez que vuelve difícil definir el cuándo, el dónde y el quién, pero al menos en este caso particular yo no tengo dudas: una marcha a favor de un criminal condenado por la ley, evadido de la prisión donde purgaba una pena y, según dicen, confeso de mandar matar a tres mil almas no es, para empezar, un ciudadano con derechos plenos. Carajo, por fin uno que sí merece estar en la cárcel y va a resultar que debemos defender el derecho de sus cómplices a apoyarlo.

Para abusos del crimen organizado… ya le hemos tolerado muchos como para encima defender un supuesto derecho al cual… no tienen derecho. Al menos no ellos.

DOS A LA SEMANA

¿A LA TERCERA ES LA VENCIDA?

Jorge Aragón Campos

La primera marcha a favor de Joaquín Guzmán no dejó de ser una sorpresa hasta para el gobernador, ya no digamos para cualquier hijo de vecino como usted o yo. Hasta ahí pasa, bien que mal fue algo inédito y, sobre todo, sorpresivo.

Y es que primeramente muchos pensamos que la invitación era mera payasada, una broma de mal gusto, de esas que con harta frecuencia inician en las redes sociales y luego se extienden hasta el mundo real. Ni la primera ni la última vez que pasa.

Por más vueltas que se le diera, uno acababa pensando ¿para qué diablos quiere una marcha el chapo? Ni modo que para impedir la extradición. El asunto es que la marcha se hizo… y bien. De acuerdo, pensamos, no faltan en ningún lado aquellos que salen más papistas que el papa, y se lanzaron a organizar el evento para hacerle sentir calorcito al jefe. Al menos a mí, lo confieso, no se me ocurre otra explicación.

Pero luego vino la segunda y como todos sabemos se puso muy fea. Feísima. ¿Habrá una tercera? ¿En verdad los miembros del grupo criminal de Guzmán no tienen nada mejor que hacer? ¿No tienen un negocio, un territorio, una familia que defender contra la acechanza de los otros cárteles, aquellos que según afirman numerosas voces fueron mantenidos a raya por el hoy convicto?

Desde el pasado domingo, he recordado como en el 68 el movimiento estudiantil fue infiltrado por numerosos grupos políticos, para convertirlo en carne de cañón con miras a la inminente sucesión presidencial de aquel entonces; aquí en Sinaloa, numerosos actores universitarios de la lucha contra Armienta Calderón, confiesan que fue inevitable encarrilar el movimiento dentro de la lucha por la sucesión gubernamental; como se ve, hay una constante histórica sobre los movimientos que tienden a tomar la calle: tarde que temprano acaban insertándose en alguna pugna por el poder político, si es que de plano no tienen ahí su acta de nacimiento.

La primera marcha fue sorpresiva, la segunda ya acabó a balazos y si hay una tercera será con muertos, y de antemano les aviso que al chapo no le servirá ni para bien ni para mal, lo mismo que a su gente. Lo que pudiéramos estar viviendo es una bien orquestada campaña de desestabilización política, y ahí los beneficiados y los perjudicados no tendrán nada que ver con el crimen organizado.

¿O sí?

DOS A LA SEMANA

 

VAMOS PENSANDOLA BIEN

Jorge Aragón Campos

Yo no dudo que la medida de prohibir espectáculos circenses con animales se hizo con la mejor de las intenciones. Sin embargo, estoy seguro también que nunca se pensó que las cosas llegarían hasta donde han llegado hoy. Con toda la tinta que ha corrido desde que comenzó el asunto, la sociedad culichi se ha ido decantando en la toma de posiciones y veo con preocupación la posibilidad de enfrentamientos.

Los cirqueros se han visto obligados a radicalizarse, pues finalmente son seres humanos, mexicanos para mayores señas, que cuentan con un medio legítimo para ganarse la vida y, sin dudas, la decisión de la autoridad los afecta justo en eso. Me informan que este viernes, por la mañana, en el Congreso del Estado, realizaron una manifestación donde por cierto no iban solos, por el contrario, los acompañaban numerosos ciudadanos de esta capital pues, sí, está resultando que a muchos nos parece bien el circo con animales y no nos da ninguna vergüenza decirlo.

De seguir las cosas por el mismo camino, el ayuntamiento se verá obligado a reprimir con la fuerza pública a los cirqueros y, en un descuido, a ciudadanos que están convirtiendo en suya la protesta de esos artistas.

La verdad es que la prohibición fue algo decidido a bote pronto, la falta de reflexión en torno al tema es ya evidente y por ello no habría nada de malo en regresar a donde todo esto empezó, para dar tiempo a una discusión seria y responsable, con argumentos y no nada más buenos deseos, que sirva para tomar la mejor decisión. Esa es mi primera propuesta.

La segunda giraría en torno a procrastinar las decisiones de gobierno que impliquen afectar a personas (procrastinar es tomarse tiempo y revisar las cosas con detalle antes de decidir ), lo sugiero casi como filosofía de trabajo para la actual administración municipal, pues soy un convencido de que las decisiones de gobierno deben tomarse sobre la base de beneficiar siempre a la ciudadanía, por lo que siempre que alguien vaya a salir afectado (ocurre con asombrosa frecuencia) mejor pensarla dos veces primero.

Digo yo.