DOS A LA SEMANA

 

¿QUÉ ESTÁ HACIENDO VIZCARRA?

Jorge Aragón Campos

¿Se acuerdan del juego del lobo? Así iniciaba, con alguien que gritaba ¿qué está haciendo el lobo? Y respondían ¡se está bañando! Al rato se preguntaba de nuevo y contestaban ¡se está poniendo la ropa! Y así seguían, hasta que sin previo aviso, quien la hacía de lobo se dejaba venir contra el resto de los jugadores que corrían a esconderse al grito de ¡sálvese quien pueda!

Con Jesús Vizcarra está ocurriendo exactamente lo mismo.

Si algo tengo muy presente yo, es que los priistas suelen comunicarse mediante señas, nunca hablan directamente, siempre son crípticos y nos traen a todos adivinando para ocultar lo que en verdad ocurre siempre: que en el fondo nunca saben bien a bien qué hacer. De ahí que manden pistas contradictorias para, al final, terminar diciendo que las evidencias en todo momento estuvieron ahí y que no las vio quien no las quiso ver. Son unos magos creando una ilusión de control: por las orejas sacan al orden de un sombrero hecho de caos.

Hace unos días estuve en la ciudad de México y los sinaloenses radicados allá (políticos y no políticos), coinciden en su apreciación: el proyecto de Jesús Vizcarra para la gubernatura de Sinaloa está oficialmente reactivado. O sea que no estaba muerto, andaba de parranda, nomás que ahora ya es oficial. Aaah.

En el informe de Peña Nieto: Vizcarra en primera fila. En la visita presidencial a China: Vizcarra en primer plano. Cuál fue el motivo para una de las pocas apariciones en público de la primera dama: la inauguración de una clínica de Vizcarra. Pues sí: al menos en lo político, Vizcarra está más vivo que nunca. Digo, porque aquí no faltaron los que lo dieron por muerto (lo dimos, dijo el otro).

Y por cierto, al viejo estilo priista, los signos se multiplicaron y coincidieron en el tiempo: un nuevo vocero presidencial (malo para David López), al PRI estatal llega Martha Tamayo (malo para todos los que la buscaban), y por encima de todo, el espeso silencio de un Jesús Vizcarra que ha regresado del autoexilio y de nueva cuenta cabalga entre nosotros. Así que de una vez se los digo: yo sí lo veo. Vamos, que tampoco se trata de inventar el hilo negro, sobre todo cuando el principal factor que de nueva cuenta ha vuelto viable su frustrada aspiración, lo encontramos en el mal desempeño del actual gobierno estatal, en el incumplimiento de todas y cada una de sus promesas de campaña, en los abusos y excesos del malovismo (aquí ya es lo de menos si es porque “engañan al señor gobernador”, en tres años el señor debió darse cuenta), al grado de que ya son legiones los arrepentidos de haberle dado su voto, de haber abrigado esperanzas de un cambio, y que ahora optan por refugiarse en el consuelo de que más vale malo conocido que bueno por conocer.

De que hay un nuevo actor en la carrera del 2016… lo hay.

DOS A LA SEMANA

 

“MANUEL” Y LOS DIOSES

Jorge Aragón Campos

 

Algo muy malo ocurre al menos en Sinaloa, y en el resto de México quién sabe. No puede ser, no es normal ni sano que la desconfianza social hacia la clase política sea tan alta. Digo, llegar al extremo de ver como muchísimos recomendaban no llevar ningún donativo, ni nada, a los centros de acopio organizados por políticos, a la vez que éstos se mostraban como buitres, proclamando a los cuatro vientos mediáticos cualquier acción personal a favor de los damnificados.

Si en verdad la forma es fondo, es innegable la alta calidad de la respuesta ciudadana comparada con la de nuestros políticos, de ahí que la desconfianza es, entonces, justificada. Que por el lado de la sociedad también hubo errores y excesos, claro que sí, pero no podemos poner al mismo nivel al ciudadano y al político, de la misma forma que no podemos comparar al barco con el faro.

La clase política es la depositaria de nuestros referentes éticos y morales, sus miembros son los sacerdotes de una fe secular que descansa sobre milenios de evolución social. Cualquier estudiante de ciencias políticas, conoce el largo viaje desde el antiguo Egipto hasta la actualidad: los faraones eran la casta gobernante y al mismo tiempo eran la personificación de Dios (el sol) en la tierra; oponérseles era blasfemia. Hoy nos puede sonar a locura, pero en aquella época el sistema funcionaba bien. Era el rasgo común en las culturas antiguas: no había división entre los asuntos de César y los de Dios. Avance, lo que se dice avance (según muchos estudiosos), ocurrió el 30 de enero de 1649 en Inglaterra, durante la llamada Purga de Pride, donde el parlamento (instigado por el puritano Oliver Cromwell) llevó al patíbulo al rey Carlos I, siendo la primera vez que un monarca era ejecutado de forma pública en la historia de Occidente. Desde entonces se sembró la idea de que quien mandaba era tan humano y terrenal como el más humilde de sus súbditos.

Como terremoto político, la reforma de Lutero inició poniendo en entredicho la integridad del Papa, y concluyó dejándonos con la certeza de que Dios tenía cosas más importantes que hacer como para andarse ocupando del gobierno. Pero nuestra condición humana nos exige tener algo superior a que aferrarnos, así que el vacío dejado por los dioses debió ser llenado por los hombres. En realidad así ha sido siempre: la humanidad se la pasa haciendo hoyos para tapar hoyos. Los griegos lo tuvieron claro siempre, de ahí que el color propio de su clase sacerdotal (el blanco) lo impusieron a los aspirantes a cargos públicos, es el origen de la palabra “candidato”: el de la blancura, la pureza, la honestidad, etc.

Actos como saludar a la bandera, el himno nacional y toda esa parafernalia, son rituales de sustitución para brindar seguridad al hombre desde que quedó huérfano de lo sobrenatural; al frente de todo ello está la clase política, y por más que ellos mismos se empeñen en tratar de hacérnoslo creer, no los queremos para que bajen recursos, gestionen obras, repartan despensas o manejen las variables económicas, están ahí para hacernos sentir que el universo tiene un orden, que descansa sobre las bases firmes de la vocación natural del ser humano por hacer mejores y más grandes cosas para las generaciones de hoy y para las venideras. Ah, y no es asunto de si están de acuerdo o no, es el papel que están llamados a desempeñar, en tanto inventamos algo mejor.

Por lo tanto, no podemos poner en el mismo rasero al que da las limosnas y al que las recibe. Por eso no es cualquier cosa el hecho de que ahora de sinvergüenzas y rateros no los bajen.

DOS A LA SEMANA

 

LECCIONES DE “MANUEL”

Jorge Aragón Campos

No son muchas las lecciones que nos dejó “manuel” en Sinaloa, particularmente en Culiacán. Todos sabíamos que la isla Musala se inundaría, los únicos que no lo vieron fueron los que decidieron hacer ahí la inversión de su vida. Igual en todos los desarrollos construidos en los lechos de los ríos durante los últimos veintidós años; eso sí, tampoco hay que dejar de reconocer que la precipitación fue inédita, no existen registros de algo así y, claro, hubo sectores que nunca antes se habían visto afectados y esta vez se las vieron negras. Sin embargo, más que motivos para la queja los hay para el regocijo, pues “manuel” fue un casi un ciclón a la carta: pocos vientos (lo cual nos salvo de muchísimos daños a la infraestructura urbana, eléctrica, etc.), mucha agua (que nos urgía) justo donde hacía falta, es decir, en la zona central del estado, donde ahora dos de las tres presas de ese sistema (varejonal y sanalona) cuentan con volúmenes suficientes para garantizar más de un ciclo agrícola.

Hasta ahí todo bien.

Sobre los daños, nada más conviene reflexionar sobre un hecho: antes de “manuel”, la sanalona se encontraba en alrededor del 40% y hoy está por arriba del 100%, esto nos indica la avenida que detuvo ese embalse, agua que no se nos vino encima y lo mismo ocurrió con el varejonal; si las presas hubieran estado más llenas, la inundación pudo ser, con facilidad, el doble de la que tuvimos, pues al final de cuentas sólo nos afectó la lluvia que pegó entre las ciudades y las cortinas de esas dos presas. Todo lo que cayó más arriba (que por cierto fue allá donde más llovió) se quedó almacenado para usarlo en el futuro.

Lo que sí es el colmo de los colmos son nuestros dos gobiernos, el municipal y el estatal, que pese al transcurrir de tantos años y de las experiencias acumuladas, nomás no quieren agarrar seriedad. No puede ser que un estado como Sonora, cuyas contingencias climáticas son fundamentalmente sequías, y que se ve afectada por lluvias con una frecuencia escandalosamente menor a la de Sinaloa, estén mejor preparados que nosotros. De allá nos mandaron un convoy de varios tráileres bien cuidados, con el rótulo “Unidad Especial para Atención de Desastres de Sonora”, donde un vehículo es una cocina industrial, otro es una planta tratadora de aguas residuales, otro es una potabilizadora, etc. en verdad es de aplaudir el nivel de previsión de nuestros vecinos, mientras que lo de nosotros es una vergüenza: hay dependencias estatales y municipales que ni siquiera tienen radios para comunicarse entre ellos, cuentan sólo con teléfonos celulares y, como a todos nos consta, basta una meada cerca del centro de cobro de Telcel para que las redes se vayan al carajo.

Urge, en verdad urge, que quienes proveyeron a Sonora de esa magnífica infraestructura para atención de emergencias, vengan a Sinaloa a ofrecer… no sé… ¿quince p