ANDO POR LA PLAZUELA

El arte es un acto fallido de mercadotecnia.
Por Octavio Valdez

El Zurdo se afanaba en la memoria, encorvándose más de lo que la edad le impone a un lado de la barra, trataba de hacer cuentas exactas de las mesas que atendía; ya un pollo, una cubeta de cerveza o la coca cola que algún remilgoso le pedía, antes de poderse conformar con las cuentas que anotaba en la libreta el gerente lo apuraba a atender alguna mesa: “Zurdo, Zurdo, te están hablando ¡chihuahua!”. Ensimismado en los números tardaba en reparar -¿Eh? ¡Ah! Sí, voy voy…- Mientras que el bullicio de las personas que exigían su atención crecía -¡Estamos bien secos, Zurdo!- uno de ellos mostraban una cubeta de aluminio vacía, -Pero dales de beber- apoyaba, tratando de entonar una canción de José José, algún vecino de dicha mesa que a diferencia de los ocupantes de esta sí empinaba una cerveza sobre la que se deslizaban gotas de la humedad condesadas por la temperatura helada. Y ahí iba la humanidad envuelta en ese blanco inmaculado que es su traje, tan característico del mesero, hasta que únicamente se identifica su cabellera escasa engominada al  perderse entre la muchedumbre.

El medio día de primavera siempre es propicio para que El Guayabo se encuentre lleno, qué mejor lugar que una palapa y una cerveza para refrescarse, pero ese sábado me llevó hasta ahí la avaricia, un amigo me cruzó una apuesta en el partido Real Madrid contra Atlético de Madrid, la final de la Champion´s, así que con la intención de embolsarme 200 pesos de forma sencilla (sabrán que se me cebó) pedí al Zurdo una bien fría y me senté en la primera silla que encontré desocupada en alguna mesa, el lugar estaba abarrotado, más de lo común.  Además de los parroquianos habituales, uno los reconoce por las canas, las ropas aunque casuales en el linde de las fachas  y el intercambio confianzudo que tienen con las meseras  –Entonces ahora sí se me va  a hacer-  -Ni que tuvieras tanta suerte, aparte te pegan-, también se encontraban los aficionados y fanáticos consumidores de ese espectáculo-deporte que es el futbol, estos se presentan más jóvenes, cabello engominado y aunque con playeras deportivas o la casaca del equipo preferido más arreglados para la ocasión.

El ambiente transcurría en placentero jolgorio, entre los gritos por el gol anotado, el júbilo convertido en frustración del tiro fallado, las puyas y burlas entre los compañeros de mesa por los yerros del equipo contrario en afectos, es de notar que los cronistas televisivos son borrados por las reacciones y voces en conjunto, el coro atonal del auditorio presente  que es la mejor lectura de los devenires del encuentro.

Entre el estruendo de aquel lugar, a la orilla de la palapa que conforma el principal espacio, laboriosos pero silentes se veía otro grupo con aspecto menos común para el lugar, parecía como si alguna tribu urbana hubiera decidido colonizar, expropiando, una pequeña parte del territorio de la cantina, el más bucólico por cierto, donde se encuentra el pequeño guayabo que le da nombre al lugar, en la pared de ese rincón colgando se encontraban, abigarrados, varios cuadros otros que parecían flotar pendiendo de una cuerda delgada y transparente que alguien había cruzado de un punto indefinido hacía el rumbo de la cocina (de donde, por cierto,  sale un pollo frito que algunos consideran obra de arte) el trayecto no sobrepasaba los cuatro metros, obras en varios formatos y técnicas, una foto por aquí un óleo por allá. La atención que se le ponía al partido había evitado que los parroquianos y futboleros pusieran mayor atención a lo que sucedía con todo y que algunas de las obras eran bastante llamativas, recuerdo una silueta de mujer creo que en técnica pastel que llamó mi atención aunque no tuve oportunidad de acercarme para confirmarlo, aun así hubo un momento en que el partido menguó en intensidad y permitió que los grupos fuera de las mismas personas que llevaban aquella actividad apreciaran el ejercicio tan poco común para el cotidiano de la cantina –Mira estamos en una cantina trendy-, dijo alguno.

Para ese momento en las mesas había ocurrido otra singularidad, en algunas de ellas se mezclaron integrantes de las tres concurrencias, fanáticos del deporte, consuetudinarios del lugar y representantes del arte, lo que hizo pulular pláticas muy disímbolas – ¡Ay! Lo qué hago por Norma, nunca pensé entrar en un lugar como este- escuché decir, en la mesa en la que yo estaba, a una señora con apariencia de ama de casa, un amigo que encontré me aclaró que la obra plástica que se presentaba se debía a un evento llamado Bienal del Guayabo que se lleva acabo cada dos años precisamente ahí y que está edición estaba dedicada a Norma Millán, que se había desarrollado como maestra de artes plásticas tanto en la Normal como en la Universidad de Sinaloa e incluso en   algún momento como periodista, fallecida el año pasado, por lo que comprendí que la señora que había escuchado muy probable fuera, por las formas, del gremio magisterial y fue amiga de la homenajeada. Por otro lado escuché, en la misma mesa, críticas a la museografía incidental  –Mi obra está en el baño- cuchicheaba, indignada, una adolescente con su novio, recordé a Marcel Duchamp y me hizo gracia el ejercicio inverso (no sé si consciente) que se hacía de llevar al baño el arte, pensé también en la probable reacción de más de un borracho al ver invadido el horizonte del mosaico blanco con un cuadro de arte abstracto cuando se pare a orinar.

El público en general de la cantina, los que no estaban inmiscuidos en la Bienal, empezó a observar, curioso, desde su lugar el rincón donde habían aparecido cuadros, esculturas, bustos y jóvenes con vestimenta donde predominaba el negro (color del uniforme de artista), las melenas y los cortes de pelo asimétrico. Al echar un vistazo más detallado a la concurrencia, noté la presencia de alguna funcionaria de comunicación del gobierno y la dueña de un periódico local que trataban de pasar desapercibidas, gente que sería más normal encontrar en un café donde lo importante es a quién se ve o lo que se paga y no lo que se consume, no las trajo el arte, ni el futbol, ni siquiera el pollo o el frescor de la palapa apenas las vi tomar un mustio refresco, por la edad y el oficio era evidente que habían hecho la concesión a nombre de Norma Millán, no se acercaron a observar obra alguna, no tomaron cerveza tan pronto se dio inaugurado el evento in memoriam, una un poco antes que la otra, se retiraron en absoluta cautela, supongo que ya habrían cumplido con la amiga.

En tanto en la televisión el partido estaba en su ocaso, con una serie cardiaca de penales que volvió a atraer la atención de los aficionados hacia el espectáculo deportivo, el evento artístico empezaba a tomar más fuerza con la llegada de personas en fachas, pero no como la de los parroquianos sino de esas más medidas, estilizadas; cabelleras en distintos colores, camisas sin manga que muestran tatuajes, lentes que hacen juego con el collar, tupidas y crecidas barbas de incipiente erudición. En el lugar se había amalgamado un caleidoscopio de personalidades la conjunción de la cotidianidad en una cantina, el espectáculo mediático deportivo, la intervención artística y el tino de dedicarla a alguien con el reconocimiento social de Norma Millán, hicieron que confluyera por un momento la más barroca diversidad y asumieran una convivencia cercana en la que uno se enteró de la existencia del otro, por lo que entiendo en esto uno de los mayores logros y objetivos del arte, también creo que a esto se refieren cuando se habla de sacar el quehacer cultural de los foros cotidianos y agotados a la calle, de acercarlos a la gente. Alcanzo a ver que no fue una circunstancia planeada en todos sus elementos, pero bueno la mayoría de las veces la cultura es un ámbito fortuito en el que se encuentra a ciegas, no sé a dónde derivaría al final esta festiva Babilonia, pero el momento logrado justifica cualquier esfuerzo.

Algún purista criticó que las obras no estuvieran beatífica y canónicamente instaladas en una aséptica galería,  se podrá cuestionar la presencia del alcohol para la apreciación de las piezas, o la ligereza de las observaciones de los neófitos que van con otro interés distinto al de la apreciación estética. Todo eso se compensa con la sensación de vitalidad de la exposición, los espectadores son espontáneos en sus reacciones  por tanto la obra se siente viva, le aseguro que nadie en El Guayabo, como sucedió recientemente en una galería de San Francisco, va a confundir unos lentes tirados con una obra de arte, se haría lo que dicta el sentido común: buscar al dueño o ponérselos.

En la raya

LA TENENCIA… ¿Y LA COSTERA?
  • No tienen llene
Por José Luis López Duarte

El gobernador de Sinaloa tiene de plazo el último sábado de noviembre para entregar el proyecto de ley de ingresos y egresos del Estado de Sinaloa, es decir el presupuesto del gobierno, donde propondrá los ingresos y los egresos y se podrá ver de dónde sacará el dinero y dónde lo invertirán.

Muy difícil será para Quirino Ordaz continuar con la fuerza de los últimos gobernadores que han truqueado las cuentas públicas de tal manera que obscurecen el manejo del erario público, y lo peor, que los dineros no se sepa a dónde van, porque de donde vienen está claro: de los ciudadanos.

Uno de los temas fiscales más discutidos en estos meses por los diputados y los ciudadanos ha sido el tema de la tenencia, que a todas luces resulta un impuesto absurdo, sin sustento y hasta ofensivo para el elemental raciocinio del abuso que comete el gobierno al continuar con él.

Pero la tenencia es lo es más se conoce, pero lo que no sabe el ciudadano es lo que se esconde en el manejo de las finanzas públicas, como el caso del manejo financiero de la carretera “Costera Benito Juárez” y la caseta de peaje “San Miguel Zapotitlán”, cuyos ingresos fueron embargados mediante un crédito por mil doscientos millones de pesos con el decreto 402 del Congreso del Estado el 25 de octubre del 2006, casetas de peaje que desde el 2007 al 2016 han ingresado 6 mil trescientos cincuenta millones, de los cuales según las cuentas públicas se han destinado 3 mil cuatrocientos pesos para amortizar ducha deuda, pero solo se han amortizado novecientos trece millones.

Es decir, que los ingresos, las deudas y el manejo financiero del gobierno estatal es tan oscuro, confuso e interesado que no se sabe cómo es posible tener más de 6 mil millones de ingresos, decir que de ese ingreso se han canalizado casi tres mil cuatrocientos millones y sólo se han amortizado de la deuda de tres organismos como INVIES, proyecto “TRES RÍOS” y el “fideicomiso 2063 Autopista Benito Juárez Culiacán – Las Brisas” apenas 900 millones.

Así como el crédito de mil doscientos millones para pagar las deudas de esos tres organismos y el manejo de los ingresos de la carretera “Benito Juárez” y la caseta de peaje “San Miguel Zapotitlán”, existen otras muchas redes financieras que son auténticos monumentos al saqueo del erario público como el caso de la MAXIPISTA que fuera vendida a Carlos Slim (CARSO) en 280 millones de dólares cuando tenía un valor de 1500 millones de dólares, ingresos anuales por encima de cien millones de dólares, cuando era propiedad del gobierno de Sinaloa y sin que a este le tocara un peso de dicha operación.

La tenencia es un tema muy importante para los diputados y debieran terminar con ese absurdo y vergonzoso impuesto, pero si se dedicaran a revisar a fondo las cuentas públicas, sus antecedentes financieros en una cadena de decretos financieros van a encontrar una inmensa fosa séptica. Eso creo.

DOS A LA SEMANA

LO PEOR ESTÁ POR VENIR
Jorge Aragón Campos                          jaragonc@gmail.com

 

En definitiva los culichis no estamos sabiendo ponernos a la altura de nuestros retos, ya hasta estoy sospechando sea genético y en un descuido abarque a todo Sinaloa.

La oleada de asesinatos que asola a la capital, particularmente los de muchachos muy jóvenes, ha provocado una respuesta muy original de ellos: llamar a protestar contra los juvenicidios.

Al igual que las mujeres, frente a una situación que demanda a convocar a todos los sinaloenses sin distingos, los jóvenes han optado por poner su raya y separarse del resto de la sociedad, para exigir un trato especial que plantea no el logro de justicia, sino el privilegio de ser favorecidos por la autoridad responsable no de impedir ocurran esos hechos, sino de castigarlos conforme lo dicta la ley, que sin duda es la mejor manera de prevenirlos; es decir, en el discurso juvenil subyace la idea de mantener intocado el estado de cosas mientras a ellos no les perjudique.

Las mujeres se les adelantaron desde hace años y hasta la fecha no han logrado nada, bueno en realidad sí: han contribuido al empeoramiento del fenómeno, por la vía de alejarse del resto de los grupos afectados. Nadie quiere entender que los sinaloenses estamos todos juntos en esto, toda propuesta de solución que no nos abarque y beneficie a todos sólo redundará en nuevos fracasos.

En lo que va de este mes, en redes apareció un meme sobre Copérnico que decía “hace 500 años lanzó su teoría heliocéntrica, aquella que afirma que tú no eres el centro del universo. Ridícula!” Así estamos aquí, con un atraso aproximado de cinco siglos.

Los culichis seguimos pensando que el mundo se puede acabar sin ningún problema, pues es posible tal cosa ocurra sin que me afecte en lo más mínimo, cuestión de seguir cuidando bien mis muy particulares intereses así sea en detrimento de los demás, que los problemas de Culiacán son problemas de ellos y a mí que me esculquen.

Me parece en verdad increíble –en el peor sentido de la expresión-, nuestra firme voluntad para insistir en obtener resultados distintos por la vía de seguir haciendo lo mismo, es una demostración de irracionalidad que obliga a preguntarnos cómo es que aún no nos hemos matado todos contra todos, aunque para esto último ahí la llevamos, cuestión de pasearse por las calles de nuestra ciudad capital.

Ya no me alcanza la imaginación para especular hasta dónde vamos a llegar.