El eterno retorno del mesías de escritorio

Putin puso regalos en mi árbol de navidad, rellenó el pavo y me bautizó al plebe ¡Es un Santo!” .-Alguien en algún lugar de occidente.

Octavio Valdez

Es curioso observar como los elementos de lectura sobre los sucesos actuales, específicamente los hechos relativos a Rusia, su frente en Ucrania y la insubordinación de sus mercenarios del grupo Wagner (vaya nombre grandilocuente). Y es que el extravío general en este asunto se da en todos los grupos de edad, de los Milenial para abajo porque su marco contextual es falto de información y en los Boomers porque quieren darle lectura con elementos de la primavera del 68.

Es de llamar la atención, también, las simpatías que despierta Putin en todos los sectores de edad e incluso haya quien lo considere el redentor del occidente pecador, el problema es que su fe está fundada en un burócrata de la KGB, no niego que hay cierto atractivo en su discurso en contra de la agenda política de Washington porque está plagada de absurdos que quieren que la comunidad internacional se trague sin hacer gestos, ya no le echan ganas ni para embaucarlos.

Vladimir Putin representa a una oligarquía económica, burocrática y militar (a estas alturas ya no sé si las dos últimas resultan un pleonasmo) formada desde finales del siglo pasado hasta lo que corre del siglo XXI, con los residuos de su hegemonía de la desintegrada URSS, la cual con la invasión a Ucrania sólo busca su sobrevivencia y permanencia en el poder del país ruso, en esta medida Putin está imposibilitado, por formación y objetivo, para ser el mesías que muchos esperan redima a Occidente.

Algunos de los argumentos para explicar el alzamiento de Yevgueni Prigozhin, líder de los mercenarios del grupo Wagner, contra Putin, son como mínimo infantiles, como que Estados Unidos le ofreció cantidades millonarias, no entienden que un hombre con un ejército de alrededor de 50 mil hombres (25 mil desplegados en Ucrania), no busca dinero sino poder. También se baraja la idea, igual de pueril, que todo el episodio de Wagner es una simulación del ejército ruso porque hay una intrincada trama en la que se preparan para dar un golpe definitivo para conquistar hasta la Patagonia y provocarle un paro cardiaco a Biden y toda su pandilla de malvados neoliberales. Existen otras muchas variadas fantasías para explicar el episodio para quienes ven a Putin como un adalid de sus más profundos e íntimos deseos insatisfechos.

El tema de las bombas nucleares no ha dejado de esgrimirse como salida airosa de su valiente héroe eslavo anti imperialista, como especie de harakiri universal en el que prefiere perder la vida y quemar el mundo antes que perder el honor (que romántico diría Wagner, el compositor), lástima que en el parámetro de la moral posmoderna de un burócrata de acción y empoderado ese rango no existe.

La figura de hombre dominante, fuerte, sagaz y de voluntad inquebrantable que había vendido Putin se terminó de derrumbar (para quien lo comprara), este sábado 24 de junio, cuando con una diferencia de alrededor de 24 horas, pasó de amenazar en un vídeo con inminentes y severos castigos, incluso la muerte, por sus actos a los paramilitares de Wagner, que calificó de traición y puñalada por la espalda para el pueblo ruso, a perdonarlos por todo y prometer no tocar a ni uno solo de los mercenarios inmiscuidos, incluyendo al mismo líder (a quien él mismo empoderó) del alzamiento, Prigozhin. Después de que este tomara el destacamento militar más importante en el suroeste de Rusia y obligaran a negociar a Putin, a través del presidente bielorruso, Alexander Lukashenko. Menuda humillación.

Y como nos enseñan el relato de El proceso, de Franz Kafka, y Bartebly y compañía, de Enrique Vila Matas, no hay burocracia administrativa o de Estado que no engulla a su propia prole, cuando se sale de cause y control. Ya que como lo han demostrado desde hace seis meses los llamados públicos de Yevgueni Prigozhin hacia la nomenclatura del gobierno ruso, la incompetencia del aparato militar estaba costando vidas al frente de batalla, mientras las cabezas perdían el tiempo en sus intrigas de escritorio y la búsqueda de un chivo expiatorio para la papa caliente que se ha vuelto el desastre de la guerra en Ucrania.

Me parece extraño que a los mexicanos nos sea tan difícil observar con nitidez lo que pasa en Rusia, con los ejemplos que hemos tenido a través del tiempo con burócratas con ansia de poder que se venden como salvadores del peso, la patria o el pueblo. Pero en eso México es muy consistente, los mexicanos… México, siempre fiel a su costumbre: Nunca aprende.

Y después del Peje… ¿Qué?

«”Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:

¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!”

Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia

de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas

se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas»…

Fragmento del soneto de Percy Bysshe Shelley,

dedicado a Ramsés, el Grande, Faraón de Egipto.

El fulgor de la hoguera de vanidades que se ha vuelto la figura de Andrés Manuel López Obrador, al concentrar los intereses de los grupos que llegaron con él al poder, han impedido a la mayoría de la opinión pública abordar de manera clara lo que se avizora después de su mandato presidencial.

Una de las circunstancias más evidentes es que de ganar Morena la presidencia, ninguno de los pretendientes a suceder a López Obrador tiene la fuerza para mantener amalgamada en su persona los intereses, grupos y personalidades que llevaron al ejecutivo federal al poder.

Ponga el nombre que quiera, el que más le guste, el que le convenza o convenga, hombre o mujer. El que se ponga la banda presidencial para el 2024, no tendrá la misma predominancia en la esfera pública, ni tejerá, en volumen o calidad, los mismos compromisos (dieciocho años de campaña se dicen rápido). Empezando por los correligionarios, ese pastiche vario pinto y hasta con agendas contrarias que conforman Morena y sus partidos aliados. Parte de este escenario ya se puede ver en el proceso actual electoral de Coahuila, más tardan en anunciar la declinación de una candidatura en favor del partido oficialista, que el supuesto declinante en desmentirla.

Hay que dar por descontado que el mismo Andrés Manuel pueda hacer de “consigliere” o factor unificador dejando la presidencia, muchos intereses que acuerpan su administración se desprenderán de él en cuanto suelte el presupuesto. Las apuradas maniobras para dejar sembrados elementos afines que respondan a la influencia de López Obrador en otras entidades de poder como el INE y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no se han concretado, por lo visto, de forma que representen un capital seguro para maniobrar el peor año de un presidente, el séptimo. Y el mismo apuro con el que se han operado da una idea de lo que se está previendo.  

Y sí se tiene presente el comportamiento antropófago histórico de las tribus de izquierda nacionales, será de pronóstico la fragmentación que tendrán después de que el factor aglutinante ya no esté presente, si nos atenemos a los registros no sería extraño un centrifugado con navajas incluidas entre estos mismos grupos, que llegue hasta el actual mandatario.

Otro de los pilares a los que el grupo en el poder público apostó a futuro fue la formación de cuadros jóvenes, incipiente e insuficiente trabajo hecho de manera irregular y revuelta entre prácticas de la escuela priísta y del manual de la desorientada izquierda rosa latinoamericana (capitalista, subjetivista y antimaterialista). Si al PAN no le alcanzaron 12 años para formar cuadros de peso que sobrevivan sin el presupuesto, la expectativa esta ocasión es mucho menor.

Por otro lado están los gobernadores guindas que seguirán en funciones ¿Cómo se articularán a falta del tótem? Independiente de su carisma personal y su posición respecto a Andrés Manuel, las circunstancias locales de las entidades que gobiernan tomarán predominancia en su accionar a falta de un garante de sus compromisos de la misma magnitud en el ámbito federal, ninguno de ellos le deberá su arribo al poder al próximo mandatario.  

Los reflejos y olfato de cada ejecutivo estatal morenista, definirá si sobrelleva él su periodo de gobernanza post-obradorista como uno de transición y definiciones para su futuro político, o como un viacrucis con batallas interminables entre los grupos de interés local debido a la inestabilidad por la desaparición de referentes que todavía, pero con pinzas, dan sentido en este momento a la relación de poder entre ellos.

DOS A LA SEMANA: PRECIO CACHIRUL PARA EL MAÍZ.

TERCERA DE IDEAS SUELTAS SOBRE EL MAÍZ

Jorge Eduardo Aragón Campos

Me llama la atención, que nadie resalte la facilidad y la frescura con que “los productores” reclaman su derecho a imponer un precio justo a lo que producen. Podríamos preguntarles ¿Justo según quién? Pero eso sería caer en un juego en el que ya nadie cae, ni siquiera ellos. Pero bueno, al menos ya consta en actas quien metió al ruedo a doña justicia.

Circula en redes otro video, distinto al que nos hemos referido desde el inicio de esta serie de artículos, que muestra una supuesta discusión entre “los productores” que tenían tomado PEMEX Culiacán, donde uno de ellos se queja amargamente de la insolidaridad entre quienes les rentan las tierras que usan para producir, señalando que a diferencia del resto del público, seguían sin hacerse presentes en los plantones y, peor aún, pretendían se les pagara ya, en ese mismo momento, lo correspondiente al actual ciclo; furioso, cerraba su participación diciendo – en tono de “son chingaderas”- ¡Ya quieren cobrar y ni hemos empezado a trillar! ¡Y no hay precio! ¡Ah! ¡Pues hay que bajarle el precio a la renta! Y aquí entro yo para decir ¿Hasta ahorita?

¡Apa modelito de negocios que se traen estos!: siembro en tierras que rento al precio que diga el dueño, pago los insumos al precio que sea, usufructúo una infraestructura hidráulica pública que administro con las patas, porque no me gusta batallar para producir, pero le exijo al gobierno que me pague a un precio que me convenga, y a cambio, en lo que a mí respecta, que se siga robando lo que le plazca (SEGALMEX), que este año yo ya chingué y el que entra aquí nos vemos para lo mismo. ¡Ah! Y agradézcanmelo, porque para perder dinero la única forma segura es la agricultura.

Desde hace por lo menos 30 años, cualquier productor de un bien o de un servicio suda la gota gorda para lograr superar el punto de equilibrio, pues todo el gasto de inversión debe salir de su bolsillo, ante una banca que sólo ofrece créditos al consumo a tasa que pareciera diseñada por Hitler para aplicársela a los judíos (estoy hablando de genocidio económico); debe enfrentar además, periodos de inflación y de recesión, alta incertidumbre por los vaivenes económicos, altos costos energéticos, un sistema fiscal voraz que se ceba en los causantes cautivos y en la micro y mediana empresa… y todo esto es nada más para poder hacer acto de presencia en el mercado y, más vale, con un precio que resulte aceptable a los compradores, que en el caso de las grandes empresas, habrá que soportar condiciones de pago que no es nada de raro llegue a los tres meses de plazo ¡Ah! Pero aquí, el productor se indigna contra su rentero cuando se comporta igual que él.

A mí no me vengan con cuentos chinos: nadie me ha puesto nunca nada en mi mesa, todo me lo he pagado yo, a los precios de un libre mercado que durante la pandemia me puso la madriza de mi vida ¿y de qué me sirvieron éstos “productores”? ¡Carajo! ¿Tuvieron siquiera un gesto de solidaridad… empatía… impotencia? Sí, de impotencia: sobarnos el lomo con una declaración sectorial, lamentando el no poder contribuir en nada por estar tanto o más jodidos que nosotros… Digo, capaz que se las creemos: se la viven chillando. ¿Cómo se han comportado toda la vida los precios, la calidad y la disponibilidad de los productos agropecuarios que se producen aquí en Sinaloa? Que a mí me conste, de una década para acá no son raros los momentos donde los ponen más baratos en Guadalajara.

Nuestros “productores” no son más que rémoras con la misma estatura de nuestros políticos, de ahí su pretensión de apelar a la solidaridad y la aceptación de sus mismas víctimas, o sea nosotros.