Ante la pregunta recurrente y hoy por hoy más frecuente, en cafés, restaurantes, redes sociales, en reuniones familiares y lugares diversos ¿Cuáles elementos debo tomar en cuenta para decidir mi voto?
Considero que no es el partido, no en esta elección, el elemento fundamental: debe ser quien representa los valores fundamentales en torno a nuestras creencias, la familia, la propiedad privada, los derechos humanos, la solidaridad, el respeto al prójimo, la libertad de expresión, el derecho al trabajo y a buscar una vida digna para nuestras familias.
En esta elección la clave será LA CONVICCION, cuya definición es “la seguridad que tiene una persona de la verdad o certeza de lo que piensa o siente”. Por ende, no debe movernos ni el interés, ni la necesidad, ni la promesa fácil de dadivas y regalos.
No puede haber una mayor seguridad en un individuo, que la certeza de sentir como fundamental para su persona el defender la libertad, ante todo el derecho a educar a sus hijos con valor y con valores, orientarlos al trabajo y a la superación en un ambiente de respeto a su persona y a los que los rodean.
No podemos permitir engendrar un clima de odio y polarización, la historia nos lo reclamará y nuestros hijos lo padecerán.
Seamos sensatos y pensemos con detenimiento nuestra decisión para este 6 de junio, un día después Sinaloa no se acabará pero si puede ser la llegada al estado de ideas y modos de gobernar, que promuevan valores antagónicos a los que la mayoría de los sinaloenses queremos.
Votemos con convicción, con la convicción de que el porvenir de Sinaloa debe ser en un ambiente de libertad, de alegría, de trabajo, de esfuerzo y desarrollo personal, respeto a nuestro medio ambiente, pero sobretodo respeto a nuestro prójimo.
Todavía estamos a tiempo de reflexionar nuestro voto y detener lo que a mi juicio esta carcomiendo las entrañas de nuestro entramado social.
¡Vamos a votar con convicción!
¡Detengamos la pauperización de nuestra economía!
¡Defendamos la libre empresa y el estado de derecho!
Este domingo nadie se quede sin votar, ejerzamos la máxima de la democracia; “un hombre, un voto”!
Si algún problema tiene el voto nulo, es que es más recurso táctico que reacción a botepronto, es decir reclama poseer un mapa de ruta que lleve del punto A al punto B, lo cual exige sentarse a pensar como mínimo dónde está ese punto B, eso para empezar porque como pasa con todo, una cosa lleva a la otra y ese primer paso nos conduce luego a pensar sobre la utilidad de nuestro voto, lo que nos obliga a definir con claridad nuestras expectativas a ese respecto… total que hay que echarle cabeza y eso a cualquiera le provoca aversión.
Somos una sociedad que ha proscrito el hábito de hablar en serio, esta afirmación se sostiene en conductas generalizadas que sólo pueden ser calificadas como absurdas, pongo como ejemplo dos situaciones harto comunes, la primera es el rechazo a todos los políticos y cuanto de ellos emane, con la afirmación de que todos son rateros, corruptos, etc. recordemos que los políticos son los que se encargan de llevar la marcha del país en el cual estamos nosotros, nuestras casas, nuestras familias, nuestros muertos, nuestra fuente de ingresos, nuestra historia, nuestro futuro… por lo que nuestra respuesta a la poca confiabilidad que los distingue (según lo demuestran una y otra vez nuestras mismas renegaderas) es asistir cada caída de una casa a la casilla donde dibujaremos una cruz sobre una boleta. Y ¡Ojos que te vieron ir! Con eso son tiempo y esfuerzo suficientes, para considerar debidamente atendidos los graves asuntos que determinan el rumbo que llevará el barco, aclarando que nuestra función de celosos supervisores cívicos se retoma la misma noche de las elecciones, con el cotidiano ejercicio de echarle la culpa de todo al gobierno y sus cochinos políticos, para volver a dedicarle atención a los asuntos públicos hasta el siguiente periodo electoral, que por cierto suele iniciar con reclamos a los candidatos porque nomás se acuerdan de nosotros los votantes cuando hay campaña. Deberían de venir cuando más nos importa madre, deberíamos mejor de reclamar. La otra rareza nuestra se aparece cada que un conocido, pariente o amigo deja de vivir en el error, ya sea por la vía electoral (cargo de elección) o la del compadrazgo (chamba): salvo honrosas excepciones, más temprano que tarde aparecerá el juicio sumario de que fulano siempre había sido buena persona ¡Ah! Pero nomás tuvo la oportunidad se volvió otro pillo como los que tanto criticaba el también. El también. Por supuesto el comentario concluye con el obligado ¿De dónde sacan a nuestros políticos?
Las elecciones no son la democracia, son la primera parte y ahí radica su importancia: votar y que el voto se respete. Pero eso es sólo el inicio. La democracia no es un sistema ni un conjunto de leyes, es una actitud ante la vida: el demócrata lo es siempre, no nada más durante las campañas. Un demócrata es entre otras cosas un animal político, que acepta la responsabilidad necesaria para vivir en grupo. La acción del voto nulo es inviable, en la medida que nuestro ecosistema democrático comprende un único periodo que inicia con las campañas y concluye con las votaciones, lo que terminó constriñendo de la misma manera a la política, hasta llegar al momento actual donde estamos viviendo un fenómeno que pudiéramos considerar como disolución social, donde cada individuo, tal y como hacen las galaxias en el cosmos, se va alejando del resto. Padecemos de una degenerada noción de colectividad, donde para cada uno de nosotros sólo importan las condiciones de nuestro camarote, sin que nos perturbe el hecho de que el barco esté naufragando. Winston Churchill repudiaba a la democracia por los numerosos defectos que le observaba, pero a la vez reconocía era lo mejor que habíamos encontrado para ponernos de acuerdo entre grupos sociales grandes. En México somos cerca de 120 millones de habitantes, eso no es un grupo social grande, es más bien un grupo social muy grande y háganle como quieran y digan lo que gusten decir, pero hemos permitido que las elecciones nos queden como el último reducto de lo que insistimos en llamar la democracia mexicana, pero en ellas ya está pasando lo que ya ocurrió en los principales órdenes de la vida nacional: ante el abandono institucional y ciudadano, presentan clara tendencia hacia abajo, van de mal en peor. El actual proceso resulta inquietante frente a su circunstancia, si estos son los niveles de polarización y desquiciamiento a los que somos capaces de llegar hoy, es obligado reflexionar en que de dentro de dos años las presidenciales van a estar a tope. Estamos en la semana de las votaciones, si nos atenemos a nuestras prácticas esto ya se acabó y aquí nos volvemos a ver dentro de dos años. Lo otro sería incurrir en lo inesperado, tanto que nadie es capaz de imaginarlo y conste que lo tenemos frente a nuestras narices.
Nuestro país es algo más que nuestro hogar y nuestra familia y eso no lo quiere reconocer nadie, salvo de dientes para afuera y pese a la abrumadora evidencia en contra. Atente al santo y no le reces, suele decir a manera de advertencia la voz popular.
No es poca cosa el hecho de que, este fin de semana, en México, la población la pasó como si se tratara de otro fin común, cuando toda la semana el ruido mediático sobre el coronavirus, ocupó todos los espacios de la agenda pública disponibles. Hablando en plata: no puedo asegurar que intentaron vendernos miedo, pero sí resultó evidente que no quisimos comprarlo.
Fue de llamar la atención, la rapidez con que brotaron testimonios sobre lo que fue la “epidemia del H1N1”, a manera de respuesta contra las voces alarmistas que reclamaban medidas similares; más notoria todavía, la buena recepción pública hacia ellos, favorecida por la empatía que se iba generando conforme la memoria le refrescaba a cada uno, los estragos que en lo personal había padecido aquella vez.
Si bien es cierto aún no está controlada la pandemia, lo cual mantiene vigente la amenaza, también es cierto que no es aconsejable desatendamos nuestras experiencias, más cuando el costo de las medidas aplicadas fue a todas luces excesivo… sin dejar de mencionar que años después, se reveló que el medicamento Tamiflú no cumplía con los atributos que le atribuían… y que entre los principales accionistas de esa farmacéutica, estaba quien fuera secretario de la defensa durante la presidencia de George Bush Jr.
Por supuesto, ha sido fundamental la postura del gobierno federal, al negarse esta vez a llevar la voz tronante para la siembra del miedo, que no la de la precaución; su forma de actuar, contribuyó con mucho para que se impusiera la vía de una respuesta ponderada a la amenaza, que es lo menos que debía hacer… y lo hizo. Bravo!
Por supuesto no faltaron expresiones de pánico, al punto de provocar escases de algunos productos de uso común, pero aun así quedaron como incidentes aislados, de significancia más que nada anecdótica. Lo que en verdad resulta trascendente, al menos para mí, es la rapidez con que los mexicanos dimos respuesta no a un hecho (un virus nuevo), sino a una de las versiones sobre la cual tenemos sobradas razones para sospechar; más me sorprende que el episodio del H1N1 fue hace once años, pero lo recuperamos y lo traemos como si hubiera sido ayer. Yo sigo sosteniendo que la naturaleza profunda de las redes sociales, radica en su función de ser las depositarias de la memoria colectiva. Nos es tan común disponer de nuestros recuerdos, es –dijéramos- un flujo tan sencillo, que apenas comenzamos a apreciar las diferencias en sus efectos cuando su escala pasa, de lo individual, a los números grandes de individuos. El primer resultado tangible, es que ya no se puede afirmar que los pueblos no tienen memoria y eso lo cambia todo.
Y eso es nada más para empezar. La esencia de las redes sociales es que son los auténticos medios de comunicación, su capacidad para rememorar y actualizarse, arroja luz sobre la facultad que han mostrado las redes para la rectificación; se trata de una forma poco considerada de inteligencia artificial, donde el todo acaba siendo mayor a la suma de sus partes; es una idea que apenas algunos pocos autores de ciencia ficción han abordado, de seguro su evidente estrambotismo ha contribuido en algo, pero el enfoque no deja de ser seductor, frente a la búsqueda de formas de aproximación para entender un fenómeno cuya complejidad y efectos, son resultado de fusionar a los usuarios con la tecnología, obteniendo un tercer ente muy superior a ambos.