El Debut de Arnold León

Todos nos quedamos con las ganas de ver, a través de la Televisión, el debut de Arnold León en el mejor beisbol del mundo. Una, porque es un joven originario de esta ciudad, producto del movimiento de Ligas Pequeñas en Culiacán, cuyo principal impulsor – no reconocido a plenitud – lo fue el ya desaparecido doctor Humberto Rodelo López. Y otra, sencillamente, porque es parte del roster de Tomateros de Culiacán, en la Liga Mexicana del Pacífico.

La presentación del culichi con el equipo grande de los Atléticos de Oakland, de la Liga Americana, se daba como un hecho consumado. Incluso se boletinó, con toda certeza, desde las oficinas de la organización guinda, con los mejores deseos para el muchacho.

Sin embargo, lo clásico: del plato a la boca se cayó la sopa.

Bon Arum, el manager del equipo de la ciudad vecina a San Francisco, California, decidió postergar por un rato más la primera aparición de Arnold en Grandes Ligas. Y no solo eso: lo envió a Sacramento, sucursal del Oakland, en la Liga de la Costa del Pacífico de clase triple “A”, para observarlo mejor.

¿Qué tan largo será ese ratito? Pues no lo sabemos. Puede ser corto o largo, según se le antoje a Mister Arum que es quien tiene la última palabra. Por algo es el manager de los ex bigotones de Oakland, aquellos que escribieron historia en la Serie Mundial de 1974, con el flaco Horario Piña con un relevo de tres entradas sin carrera en el juego definitivo. Solo una cosa en común entre esto y aquello: el nombre del equipo.

Y bueno, que nos perdone don Bob; pero, a nuestro juicio, ya no hay nada que verle a Arnold León. Es el momento de probar, de una buena vez, si puede con el paquete en las Ligas Mayores. Si puede o no, los hechos lo demostrarán; pero si nunca se le da la oportunidad, la opción se perderá irremediablemente.

¿Qué más pueden observarle en triple “A” que no le hayan visto ya?

León ya no es un jovencito. Es más, llega tarde a las Ligas Mayores, a partir de una lesión en su brazo de lanzar que obligó a la famosa operación “Tommy Young”. Ya no más experimentos: que se le dé la oportunidad de una buena vez.

Digo. Con todo respeto.

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Por otro lado.

Ahora sí, el plazo fatal para la afición de Guasave fenece el 15 de los corrientes, en ocasión de la junta mensual ordinaria de la Liga Mexicana del Pacífico, en la ciudad de Hermosillo.

Ese día, los propietarios de los Charros de Jalisco tendrán que informarle a la directiva del circuito invernal si contarán, en definitiva, con el estadio de atletismo (sede principal de los Juegos Deportivos Panamericanos de 2011), que será habilitado como estadio para beisbol. O en contraparte, si no tendrán instalaciones adecuadas para la temporada venidera.

Y déjenos contarle:

De hecho, los Charros ya tenían la autorización del gobierno del Estado de Jalisco para ello (y además todo el apoyo de Aristóteles, el señor gobernador); pero, de última hora, surgieron inconformidades de quienes practican el atletismo en aquella zona del país, muchos de ellos con nivel de Juegos Olímpicos. Esto ha modificado un poco el esquema; pero, antes de encender la llama de la esperanza debe quedar claro que el equipo tapatío cuenta con el respaldo decidido y absoluto del gobierno de aquella entidad.

Es posible que, de no tener estadio, los Algodoneros regresen a Guasave a jugar su última temporada en el beisbol invernal, salvo que, en un futuro, esta franquicia sea adquirida, de nueva cuenta, por empresarios guasavenses o bien que se dé una expansión, cuento más trillado que el del Pastor, el Lobo y las ovejas.

En eso radica la última esperanza para los aficionados de Guasave y de esa flamita es de la que se agarra el gobernador Mario López Valdez para la continuación de su lucha hasta las últimas instancias.

Parece difícil, por no decir imposible; pero, bueno, la esperanza muere al último.

Por un lado, insistimos, porque hay todo el apoyo del gobierno de Jalisco hacia ese club de beisbol y por el otro porque la operación de venta a los empresarios tapatíos ya está finiquitada. De hecho, ya no existen los Algodoneros de Guasave.

De cualquier modo, lo mejor es esperar hasta el jueves 15. Y es que “aún no cae el último out”, dijo MaLoVa.

Ojalá.

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A manera de colofón.

La directiva del club Tomateros de Culiacán ya puso a la venta las butacas para la próxima temporada de la Liga Mexicana del Pacífico, misma que, como usted sabe, se jugará, por última vez en el viejo estadio “Angel Flores”.

El costo del espacio es de 3 mil 400 pesos, liquidables a seis meses sin intereses, vía tarjeta bancaria de crédito. O bien, un 25 por ciento de descuento, si se paga antes del 30 de junio.

Ambas opciones son buenas. La facilidad es obvia.

Conviene tener presente, además, que los tenedores de butacas tendrán prioridad para la campaña 2015-2016, que si se desarrollará en el nuevo parque (bueno, al menos eso suponemos), de manera coincidente con la celebración de los 50 años de historia de los Tomateros de Culiacán en la Liga Mexicana del Pacífico.

Así que no hay mucho que pensarle. Hay que comprar cuanto antes nuestra butaca. Viene una buena campaña para los guindas, con Benjamín Gil al frente del plantel.

Por lo demás, el avance de la obra civil del nuevo parque de pelota es impresionante. Sencillamente el estadio ya tomó forma en su cuerpo principal y los trabajos continuarán hasta donde sea posible. Hay que recordar que, por un amparo legal, no puede tocarse el viejo estadio; pero se presume que el problema está en vías de solución.

Bueno, al menos eso creemos.