DOS A LA SEMANA

EL PRI YA NO TUVO REMEDIO

Jorge Aragón Campos

            Vamos hablando en plata, en el 2012 a Peña Nieto lo elegimos la mayoría de los que salimos a votar, y de pasada mandamos al tercer lugar al PAN.

Hartos como estábamos de soportar los engaños, la corrupción y la incompetencia de la derecha, muchos decidimos que, de entrada, más valía malo conocido que bueno por conocer y volvimos a voltear hacia el PRI, que nos provocaba un nivel de dudas menor al de una izquierda empecinada en un canibalismo histórico que, para variar, acabó torpedeando a la única figura que en la anterior la había aruñado pero en esta quedó demasiado lejos. Ni modo.

A decir verdad, lo confieso, con todo y las tonteras de párvulos en que cayó Peña durante su campaña, me aferré a su opción con la esperanza, esa sí bien fundada, de que podría representar una nueva oportunidad para que los mexicanos contáramos con un nuevo PRI; bien que mal, sus relaciones con los viejos gángster representados por Beltrones y Gamboa no eran buenas, además venía rodeado de gente interesante y con deslumbrantes currícula como Videgaray y Nuño, sin olvidar que la presencia de figuras como Rosario Robles, evidenciaba una apertura y vocación plural merecedoras de un razonable optimismo.

Luego vino el inicio del sexenio con el pacto para sacar las reformas, fue un viento fresco que me hizo sentir le había atinado con mi voto, y entonces se vino la crisis con el poli y Chong enfrentándola con un estilo inesperado en un secretario de gobernación; ahora sí ya la hicimos. Pensé.

Y fue todo.

Desde entonces no volvieron a dar una y sí, en cambio, se la han pasado de fracaso en fracaso y de exhibida en exhibida, al grado de verse obligados a recurrir a aquel PRI que por un momento, nada más por un momento (pero que feliz y delicioso momento), suponíamos en proceso de inhumación.

Con Beltrones al frente, el cadáver del ataúd ya no es él, es el peñismo que nos defraudó peor que Fox y Calderón, y esos que hoy festejan el triunfal regreso mejor espérense a cantar victoria: el 2018 está más cerca de lo que aparenta, mucho más.

Por ahorita: adiós peñistas, que Dios los guarde y se le olvide donde los puso.