TIEMPOS DIFICILES

El disimulo y la simulación

(Incursiones de Rocha en la literatura)

Melchor Inzunza

18 de marzo de 2014

El escultor que quita al mármol lo que está de más, el novelista le quita a la realidad lo que le sobra”. Gabriel García Márquez.

“Destrózalo Melchor con tu crítica, será muy útil para mi conocer tus despiadadas observaciones”. Rubén Rocha Moya (dedicatoria de libro Caña quemada, enero 2013). Sobres.

 

Dos o tres veces traté de leer El disimulo, así nació el narco (2013), de Rubén Rocha Moya, pero fracasé en cada intento desde las primeras páginas. Lo mismo me pasó antes con Caña quemada (2012), primer roce del autor con la literatura, o más bien su primera incursión en ella.

 

Fue hasta poco después de la captura de El Chapo cuando me empeñé en no dejarme vencer y leí ambos libros, aunque casi a la mitad de El disimulo…, dije me doy. No se deja leer tan fácilmente; de hecho, tampoco casi todas las referidas al narcotráfico, con pretensiones literarias: me han derrotado en los primeros rounds por la vía del cloroformo, aun las han tenido algún éxito editorial.

 

No sé si porque tomó en serio los elogios en serie que suelen hacer los presentadores de libros, obligados a la cortesía,  como ocurrió en la presentación de Caña quemada (2012), o porque sintió de nuevo el tardío ‘llamado’ de la literatura, o porque se dejó llevar por la irresistible moda oportunista de aprovechar al narco para alcanzar la celebridad literaria (chance y la captura de El Chapo le de un empujoncito), lo cierto es que emprendió a toda máquina su segunda incursión en el arte narrativo, ahora con la novela  El disimulo

 

Caña quemada

 

De Caña quemada ninguno de los comentaristas refirió los valores literarios. Uno de ellos destacó  que lo más meritorio del libro es que en él  “se puede encontrar a la gente del pueblo con sus anécdotas, con su particular forma de hablar, con sus costumbres y tradiciones”; otro felicitó a Rocha por no dejar que desaparezcan las raíces de los pueblos y plasmar la cultura de la gente”; otro más argumentó “que a decir de los que saben de literatura, las mejores obras no lo son por que cuenten buenas historias o por su lenguaje estético, sino también porque en su escritura se recupera el espacio, lenguaje, su historia y la identidad de los pueblos”.

 

Ninguno advirtió valores literarios. El licenciado Medina apenas los sugirió (“logra el propósito de todo escritor, contar bien”), pero el énfasis está en lo mismo que los demás. “Caña quemada es crónica, es el reportaje, la recuperación de los orígenes de los pueblos, donde el pasado busca permanecer a través del lenguaje de los valores, de las costumbres…” Luego Medina la elogia de tal modo convincente, que sería una lástima no creerle. Órale. A lo mejor Caña quemada no es del todo insalvable.

 

Y el propio autor indicó “que la finalidad de haber escrito esta obra fue rescatar e inmortalizar la cultura de los pueblos, para que no se pierda, es un homenaje a la memoria de los pueblos, su cultura y tradiciones”*.

 

De cualquier manera en las historias de Caña Quemada no hay creación y menos recreación del lenguaje del narrador, ni de los personajes narrados.

 

No se sabe quién es quién, cuando el autor es a su vez otro personaje que habla casi igual, desde dentro y desde fuera de las tramas, pero que deshace el artificio cuando lo traicionan sus palabras, propias de la jerigonza incompresible de los políticos y de los medios.

 

El narrador se hace bolas con el lenguaje, no encuentra su voz, el tono, el estilo. Desde la segunda página se delata  “(Rosario Toribio)… también se abría espacio para cultivar el maíz” (Quiso decir se daba tiempo). Pero luego se disfraza de lugareño para no infundir sospechas imita el habla de “la plebada del lugar”, y no deja de repetir “plebada” y “diatiro” y todos los modismos de sus personajes; enseguida de acuerda de que él no es como ellos y vuelve al lenguaje ‘culto’: “boom de la mota”, y en el cuento que da título al libro, el narrador  nos dice que “Ipso facto, Tacho, con la menor demora, se presenta…” Pero el latinajo no significa  ‘de inmediato’ o ‘ahora mismo’, sino  “por el hecho mismo” o “a consecuencia de” (Pero como quiso decir “de inmediato”, sobra lo de “menor demora”, un pleonasmo.)

 

Peccata minuta (para seguir con los latinajos). Pecados veniales a fin de cuentas de estos cuentos.

 

El disimulo

 

Sin embargo, en El disimulo repite la receta y empeora los resultados. El narrador lo mismo dice “incapacidad motora” en vez de paralíticos (sólo le faltó decir “personas con capacidades diferentes”), que “despavoridos”, “fenómeno del narcotráfico” y “corporación policiaca”, que “jale” y “guato”, “supremacía numérica “y “mutuo propio”, que “plebío muy alzado” y “hoyito del tragadero”, “terapia ocupacional” que “plebada” y “me lleva a tiznada” (le hace decir a un pudoroso narco), así en cada página. Vaya realismo chamagoso, quise  maravilloso.

 

En vez de recrear el lenguaje de los narrados, el narrador de nuevo los imita y empobrece, con el pretexto de ‘rescatar’ el habla de los pueblos, de retratar o reflejar la realidad. Pero rescatar el habla, secuestrada supongo, preservar los valores tradicionales o reflejar la realidad, ¿qué tienen que ver los valores literarios?

 

El disimulo no le deja bueno hueso alguno a la literatura. Y eso que en una de las tantas presentaciones, el autor considera su trabajo como producto de la inquietud por describir, de forma literaria” la omisión de las autoridades. Y que “a pesar de que es una novela clara” (clara oscuridad, diría yo, valga el oxímoron), es muy escéptico en el tema del combate al narcotráfico” (El Debate, 13 de enero de 2014)

 

El narcotráfico ha producido algunos buenos corridos y, casi sin excepciones, mala literatura. Al margen del éxito o fracaso editorial. La literatura absorbida por el narco está más interesada en describir el fenómeno del narcotráfico que en las cualidades literarias de sus narraciones. No es en este género donde están los mejores textos sobre el narco, sino en otros: la crónica, el reportaje, el ensayo.

 

No es necesario ser crítico literario (estoy lejos de serlo) para opinar sobre la moda que se ha abatido sobre la literatura. Basta que el lector encuentre placer de la lectura y aprecie el ‘oro que relumbra en los versos’, el goce del lenguaje, el vuelo de su ritmo, el juego con el tiempo, la libre fantasía, el deslumbre de la imaginación, la risa del humor (simple, no simplón), las emociones que encienden el corazón, ‘aparatito lleno de recursos’ (Rossi), para distinguir de vez en cuando la buena literatura que la que no lo es.

 

Y no es la de Rocha. Digan lo que digan los que le dan coba. Ya sea por quedar bien o por simple amistad.**

 

Las presentaciones y los presentadores de libros, asesores literarios, los cargos públicos, los contactos editoriales, los patrocinios, la publicidad, las influencias políticas, los florentinos castro ni los aguilares padilla, no hacen una buena novela.

 

El ensayo acaso se le da, la novela no. La posibilidad de un ensayo devino en la imposibilidad de una novela. Le sugiero que vuelva al ensayo que no le rehúye, y deje en paz a la novela, que huye de él como el diablo del agua bendita. El disimulo es una simulación. Finge ser lo que no es.

 

No hay creación artística en una prosa desarticulada, en un lenguaje incoherente, caótico. Un enredijo, por decir lo menos. Y la novela es el arte de la prosa, como dice Milan Kundera (uno de los autores que RRM admira al igual que tres o cuatro más que ha leído sin aprender mucho de ellos por lo visto)

 

La literatura absorbida por el narco está más interesada en las implicaciones sociales y culturales que en las cualidades literarias, en la temática que en la técnica, en los corridos y canciones de La rancherita que en la forma, en la música de la tambora que en la música de las palabras.

 

En la narrativa literaria (la precisión no sobra, porque ahora los comentaristas y analistas no paran de parlotear sobre la ‘narrativa’ de Peña Nieto), lo que importa no es lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Llámese realista, surrealista, romántica, costumbrista, fantástica, etc.-, lo importante en el cuento o en la novela es la forma. De hecho, como diría Borges, todas las artes aspiran a la condición de la música, que es pura forma, “la forma misteriosa del tiempo”.

 

Mejor aún, “en literatura la forma es fondo”, como lo expresó hace un año el novelista Javier Cercas. “O sea,  una buena historia bien contada es una buena historia y una buena historia mal contada es una mala historia. Madame Bovary contada por un necio es una imbecilidad, pero por Flaubert es una obra maestra. Es todo cuestión de forma, estructura, técnica, tono y ritmo.”

 

Todo eso que desdeñan los escritores de “lo narco”. Rocha llega a la extravagancia de incluir ¡en una novela! la entrevista que me hizo y publicó hace 13 años en Noroeste, y además me convierte en uno de sus personajes. Sin mi autorización desde luego. Es decir, hace uso y abuso de mi nombre y de mis opiniones. Si se tratara de un ensayo, pasa. Pero en una pretendida novela… bueno, eso ya linda con la estolidez.

 

¿Qué hacer? Ni Lenin lo sabría. Por lo pronto sólo me queda esperar que el arduo lector (hipálage, se entiende: el lector no es arduo sino lo que lee) llegue tan fatigado a la página 82, que de ahí no pase.

 

A los que en las presentaciones alaban obras con criterios extraliterarios, ai’ los quiero ver hablando ahora de los méritos narrativos de El disimulo. Seguramente encontrarán muchos valores, salvo el valor literario.

 

Si se propone seguir incursionando en la narrativa, sería bueno que Rocha no pasara por alto las observaciones de Rafael Lemus (él sí un crítico literario) sobre la narcoliteratura mexicana (le adjunto algunos párrafos resumidos), pero sería mejor que echara su novela al tonel de las danaides.

 

O, en paráfrasis de García Márquez, disipar, como Fermina Daza, todas las dudas y hacer sin remordimientos lo que la razón indica como lo más decente: pasar una esponja sin lágrimas por encima de su novela, borrarla por completo, y en el espacio que ella ocupa en su memoria dejar que florezca una bella pradera de amapolas.

 

 

*Pero qué joder con las tradiciones. Al parecer, aún es vigente la crítica de Jorge Cuesta en los años treinta del siglo pasado: “Es a la tradición a la que señalan como desamparada y desposeída, como inválida. Quien está más ignorado por la tradición, más abandonado por ella, luego supone que la tradición depende de algo como la concurrencia de fieles a su templo; luego predica a los hombres que cumplan con el penoso deber de auxiliarla, de retenerla… La tradición es tradición porque no muere, porque vive sin que la conserve nadie… No les interesa el hombre, sino el mexicano; ni la naturaleza, sino México; ni la historia, sino su anécdota local. Por lo que a mí toca, ningún Abreu Gómez logrará que cumpla el deber patriótico de embrutecerme con las obras representativas de la literatura mexicana. Que duerman a quien no pierde nada con ella; yo pierdo La cartuja de Parma y mucho más”. (Literatura y nacionalismo)

 

**No hace mucho, en el programa de Sentido contrario, que dirige Marcelino Perelló en Radio UNAM, dedicado a Liberato Terán, leí un correo que éste me envió hace cuatro años: “…y disfruto del arte de la amistad que siempre ha cultivado el licenciado Medina”. En efecto –añadí–, “para Medina la amistad es incluso más importante que la literatura; por eso ha presentado libros de Rubén Rocha, por insoportables que sean”.

 

-.-

 

Observaciones de Lemus

 

El crítico literario Rafael Lemus ensaya una lectura panorámica de la figura de “lo narco” en nuestras letras. (Balas de salva: Notas sobre el narco y la narrativa mexicana,  Letras Libres No. 81, septiembre 2005).

 

Destaco, resumidos, los siguientes párrafos:

 

*¿Cómo narrar la realidad? La literatura mexicana rara vez responde. Crece en el autismo, indolente, a espaldas de esa pregunta. Es abrumadoramente realista, y su realismo abrumadoramente inconsciente. Existe lo real y se lo retrata con entusiasmo primitivo. Se procede como si realidad y literatura fueran una misma cosa.

 

*Macedonio Fernández lo descubrió para todos: realidad y literatura son cosas distintas, opuestas… la realidad es un problema, no un asidero. Debe ser inventada, no retratada.


*Se escribe, se hacen novelas, se es del norte… Desde allá se escribe una literatura que alude irreparablemente al narco. Es imposible huir: el narcotráfico lo avasalla todo y toda escritura sobre el norte es sobre el narcotráfico. Algunos autores omiten su presencia y retratan su ausencia: el desierto de Daniel Sada, el circo de David Toscana, la metaliteratura de Cristina Rivera Garza. Otros miran de frente al narco y apuntan: Federico Campbell, Gabriel Trujillo Muñoz, Élmer Mendoza, Luis Humberto Crosthwaite, Juan José Rodríguez, Eduardo Antonio Parra, Luis Felipe G. Lomelí… El Barrio. Toda mesa de novedades está sitiada por el narco, algún día será tomada por su literatura.


*Una narrativa sobre el narco, una estrategia ordinaria: costumbrismo minucioso, lenguaje coloquial, tramas populistas. El costumbrismo es, suele ser, elemental. A veces excluye, casi completamente, la invención, como si la imaginación no pudiera agregar nada a la realidad. La prosa es, intenta ser, voz, rumor de las calles. Hijos bastardos de Rulfo, sabemos que nada hay más artificioso que registrar literariamente el habla popular. Todos se empeñan en esa tarea, algunos entregados a un fin dudoso: recrear una prosa idéntica al lenguaje coloquial, aun si ésta no es literariamente pertinente.

 

*Las tramas son, suelen ser, convencionales. Una idea parece sedarlas: ya es demasiado perturbador el contexto, demasiado brutal la violencia, para aparte crear tramas delirantes. Se extraen las historias de donde es usual: la picaresca y el melodrama…

 

*Ejemplo de este realismo ramplón es la obra de Élmer Mendoza. Son tres sus novelas (Un asesino solitario, El amante de Janis Joplin y Efecto Tequila) y todas aluden al asunto del narcotráfico. Aluden a él tradicionalmente: a través de un costumbrismo candoroso. La intención es sólo una: retratarlo todo, la política y la violencia, los espectáculos y los deportes, el norte y el otro lado.

                    

… *Dije Élmer Mendoza pero podría haber dicho otros nombres. En cualquier literatura él sería un autor; en la nuestra es un síntoma. Su realismo es el de muchos, el más representativo. Es inútil citar a los autores que comulgan con su costumbrismo: no es éste tanto un estilo como un vaho, una manía, de nuestra narrativa…  Un realismo estrecho.

 

*… La narrativa sobre el narco es relativamente nueva, aún no alcanza su cima. Una apuesta: no habrá cima… Ocurrirá con ella lo que con la novela de la guerrilla escrita hace treinta años: se apagará sin haberse encendido. El narco mudará y esta narrativa yacerá anquilosada. O peor aún: el narco triunfará, arrasará con todo, y entonces ya toda literatura será sobre el narco. No seremos felices pero habrá recompensas: un subgénero colapsará animosamente.

 

*… Llevar el realismo hasta el extremo: no copiar una realidad, volverse ella. Sólo se capturará al narcotráfico si se remeda formalmente su violencia. Una prosa brutal, destazada, incoherente. Una estructura delirante, tan tajada como la existencia. Una narrativa homicida, con vocación de suicidio. El narco —ruido, absurdo, nada— no es novelable; para recrearlo, se necesitan antinovelas. Un detalle: casi ninguno de los autores norteños cuenta con recursos para la tarea.

 

*Se nos ha dicho que la narrativa del norte marcha a la vanguardia de nuestras letras. Lo cierto es que, en su mayoría, está sumida donde el resto: en un costumbrismo dócil, en la abulia formal. Ni Élmer Mendoza ni Eduardo Antonio Parra, ni Gabriel Trujillo ni Juan José Rodríguez, ni Federico Campbell ni Rafa Saavedra escribirán esa narconovela. La literatura mexicana debe aprender de los sicarios: violencia y sacrificio.

*Hay una realidad y se la copia. Hay pobreza y se la denuncia. Hay narcotráfico y se lo retrata.  


*… La narrativa sobre el narco no escapa a la tentación sacralizadora. Dibuja al norte con demasiada tinta. Desea, aunque no lo pronuncie, construir una epopeya, una épica de la frontera. La tarea: demostrar que el norte es distinto al centro, que la frontera posee una identidad única, definida aunque vertiginosa. El anhelo: probar que allá arriba es donde ocurre el país. Qué mejor que el narco para convencernos de ello. Es un negocio y más que eso: una cultura. El norte es la narcocultura, entre otras cosas, sobre todas las cosas. Mitifiquemos, por lo tanto, al narcotráfico.

 

*Dotemos a la realidad de un aura que no tiene. Que la violencia aparezca exacta, embellecida. Que los corridos marquen el ritmo de nuestra prosa. Que las botas, los cuernos de chivo y los ajustes de cuentas a medianoche compongan nuestra iconografía….

 

*Nada puede criticársele a este objetivo. Que cada quien sacralice lo que le plazca. La pregunta es: ¿sacraliza esta narrativa? Muy pobremente, al revés de los narcocorridos. Distribución es destino: como toda literatura, la norteña se fatiga en un auditorio muy restringido. Peor aún: equivoca su público. Es populista y se vende a las clases medias. Es del norte pero se edita, preferentemente, en la capital y se lee en las apáticas ciudades del centro… A ese público se dirigen los autores del norte y, por lo mismo, rara vez evitan el didactismo. Casi toda obra sobre el narco es didáctica. Lo son las novelas de Élmer Mendoza, los ensayos regionalistas de Heriberto Yépez, la especulación policiaca de Juan José Rodríguez. Es tan obvio como esto: el norte se define a partir del centro. Es norte porque entre él y el sur hay un punto medio. Mientras más se insista en la particularidad de la región, más se escribe para el centro. No extraña que los mejores escritores norteños vean en su ubicación apenas un accidente: Daniel Sada, David Toscana, Cristina Rivera Garza, Patricia Laurent Kullick.


 *Una de cal: las novelas sobre el narco, felizmente, no denuncian. Los autores no proceden a manera de jueces sino de oyentes. Escuchan y registran. Escuchan y mitifican. Escuchan y ríen. Puede decirse cualquier cosa de esta narrativa salvo que sea solemne. Casi cualquiera de estos autores posee humor y talento para la caricatura. Cualquiera, salvo Parra, más cercano al arrabal, al melodrama. Seamos sinceros: ninguno de estos autores denuncia porque ninguno desea el fin de la narcocultura. De ella se nutren sus novelas, de ella depende su imaginario.

 

*No dije por ejemplo, como señala Eduardo Antonio Parra, que la literatura del Norte fracase por ser realista. Toda literatura, insisto, lo es. Dije, y prometo no citarme: buena parte de la literatura del Norte fracasa por su tipo de realismo…un realismo que, bajo el pretexto de escuchar el mundo, desatiende los llamados de la forma. ¿Que no toda la literatura del norte es así? Nunca sugerí lo contrario. Festejé las excepciones, subrayé: hay, hubo, debería haber, otros realismos. (Letras libres, Número 83, Noviembre 2005)

 

 

AGENDA POLITICA

 

Jorge Luis Telles Salazar

 

A quienes todavía exigen la redistritación en Sinaloa, les comentamos esto:

Desde el 10 de febrero pasado, esta responsabilidad solo compete al Instituto Nacional Electoral (figura que sustituye al IFE), de conformidad con recientes reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. De manera concreta al apartado “B” de la fracción “V” del artículo 41, que establece lo siguiente:

“Trátese de procesos federales o locales, al Instituto Nacional Electoral corresponde la geografía electoral así como el diseño y determinación de los distritos electorales y división del territorio en secciones electorales”.

Así las cosas, cuanta discusión se dé al respecto en Sinaloa, será estéril.

Solo al INE competerá decidir la cantidad de distritos electorales que tiene nuestro Estado y sí la distribución corresponde a su realidad política, social y territorial. El INE, por consecuencia, dictaminará si nuestra geografía electoral se queda como está en la actualidad – con 24 distritos electorales y al menos con un diputado por cada uno de los 18 municipios – o si se requiere de una modificación.

Parece una medida atentatoria contra la soberanía de la entidad puesto que esto implica una modificación de fondo a diversos artículos de la Constitución Política de Sinaloa y de su Ley Estatal Electoral.

Y lo es. De hecho, si lo es; pero esto lo analizaremos en su momento.

Por hoy, solo precisar que no más gritos y sombrerazos contra las instancias locales de quienes exigen la redistritación, en base a otros criterios, muy diferentes a los que se sostienen en la actualidad. Será un órgano nacional el que decidirá al respecto, sin más consideraciones que las de sus propios integrantes.

Centralismo en pleno.

Así pintan los nuevos tiempos.

Digo.

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En tanto.

El Ayuntamiento de Culiacán, que preside Sergio Torres Félix, lanzó ya, de manera pública, la convocatoria a todos los habitantes de la municipalidad, interesados en participar en la primera sesión de Cabildo Abierto, que tendrá lugar entre las 9 y las 13 horas del martes 25, en la sala de cabildos del Palacio Municipal.

En esta primera sesión, podrán abordarse cuatro temas torales para la respuesta del municipio a las demandas ciudadanas. A saber:

= Obras y Servicios Públicos.

= Cultura cívica y seguridad pública.

= Desarrollo económico y competitividad.

Y:

= Desarrollo social y políticas de igualdad.

El registro para participar en esta primera sesión de cabildo público ya está abierto y se cerrará el sábado 22, en un horario de 9 de la mañana a las 6 de la tarde. Podrán hacerlo todos aquellos ciudadanos avecindados en el municipio y siempre y cuando su intervención se circunscriba a los temas arriba mencionados.

A simple vista da la impresión de que será una jornada larga, cansada, soporífera y tumultuosa, con resultados muy discutibles; pero no será así. El programa correspondiente está a cargo del secretario del ayuntamiento, el doctor Guadalupe Robles, quien ya ha tomado las medidas necesarias para el mejor provecho de este ejercicio social. Le comento, por un lado, que las intervenciones tendrán límite de tiempo y por otro, que se excluirán del programa peticiones personales.

Se trata, hay que decirlo, de uno de los ofrecimientos del presidente municipal Sergio Torres Félix a lo largo de su campaña y se trabajará, desde luego, para obtener los mejores resultados.

Pendientes.

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Por cierto.

Este miércoles, a primera hora, el alcalde de la ciudad entregó a la pintora Milca Contreras el reconocimiento a la Mujer Culiacanense 2014, en atención a sus múltiples aportaciones al desarrollo de las artes plásticas en nuestra ciudad, a través del grupo “Prisma”, formado años atrás, aquí mismo, en la capital de Sinaloa.

Acto emotivo y significativo en la sala de cabildos del Palacio Municipal, en cuyo marco recordó y ponderó que fue el autor de esta columna, entonces director de El Sol de Sinaloa, quien le apoyó con la organización de la primera muestra pictórica de su carrera. Ocurrió esto en octubre de 2006 y fue justo el primero de una serie de eventos con los que celebramos los 50 años de vida de ese matutino. Un amplio y variado programa que culminó con la visita a Culiacán del todavía presidente y director general de Organización Editorial Mexicana, Mario Vázquez Raña.

En un universo en el que gratitudes, reconocimientos y lealtades son valores cada día más escasos en nuestra sociedad, gratifica, estimula y conmueve que ocho años después todavía permanezcan vigentes esta clase de expresiones.

Y no por regresar la flor; pero, más allá de su habilidad y aptitud para la pintura, Milca tiene valores mucho más importantes: humildad, sencillez y honestidad.

Enhorabuena.

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Por otro lado.

El viernes 21 de marzo, en la celebración de un aniversario más del natalicio del presidente Benito Juárez, los 22 diputados priistas al Congreso del Estado – encabezados por su coordinador, Jesús Enrique Hernández Chávez – donarán a su partido un nuevo busto de bronce del Benemérito de las Américas, para su instalación inmediata en la explanada del edificio sede del Comité Directivo Estatal que lleva el nombre, por cierto, del licenciado Fortunato Alvarez Castro.

El nuevo busto será colocado justo en el sitio donde se encontraba el anterior: a la entrada del auditorio que lleva también el nombre de Juárez. Ese busto, como usted sabe, fue víctima del vandalismo, tiempo atrás.

El autor de la iniciativa fue el propio Hernández Chávez. Los otros 21 aportaron la parte correspondiente. De buen modo, suponemos.

La cita es a las 10 de la mañana, del viernes 21.

Ahí nos vemos.

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A propósito:

La secretaría de Comunicación Institucional del Comité Directivo Estatal del PRI, a cargo del reciente cumpleañero (59) Heriberto Millán Godinez, confirmó, para este jueves, la visita de Ivonne Ortega, la secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional de este partido político.

La ex gobernadora de Yucatán viene a acompañar a Francisco Labastida Ochoa, en su conferencia magistral “Razones para una Reforma Energética”, que se desarrollará a partir de las 17 horas, de este mismo jueves, en el salón “Asturias” del hotel San Marcos. Nada casual, el PRI respaldará decididamente todo lo que sea apoyo a dicha reforma y aquí la mejor muestra.

Labastida Ochoa es una voz autorizada para hablar sobre el tema. Y a fondo, no de manera superficial.

Y es que más allá de que se trata de una gente del sistema político dominante en estos tiempos, hay que recordar que, antes de ser gobernador de Sinaloa, FL se desempeñó como secretario de Energía, Minas e Industria Paraestatal en el gobierno de Miguel de la Madrid. Y que, ya como senador, presidió la comisión correspondiente en el Congreso de la Unión.

Si. Ahí estaremos.

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De otras cosas.

Caramba. No solo fue la suspensión por un par de horas del servicio en el aeropuerto internacional de Culiacán; la interrupción de la energía eléctrica en gran parte de la ciudad; los daños al sistema de semáforos; los estropicios causados en algunos automóviles por la caída de anuncios espectaculares y la lluvia de polvo y basura sobre la ciudad. No fue solo eso: los pequeños tornados del domingo pasado también provocaron serios daños a los agricultores del centro de la entidad.

En efecto, de acuerdo al último reporte oficial, los fuertes vientos dañaron cuando menos el 15 por ciento de las 155 mil hectáreas sembradas de maíz, en una magnitud tal que el gobierno del Estado ya alista solicitud para la declaratoria de desastre en zonas de los municipios de Culiacán y Navolato.

Todo esto, solo de lo que sabemos. A lo mejor también hay otros estropicios, que ni enterados.

Lo más grave del asunto: que si fueron tornados. No de la intensidad que registran, por ejemplo, los de los Estados Unidos; pero lo fueron, de acuerdo a las explicaciones técnicas de gente que si conoce de esto, como el responsable del servicio agrometeorológico de la CAADES y el licenciado Roberto Soltero Acuña. Y lo peor, admitido por el secretario general de gobierno, Gerardo Vargas Landeros, que no estamos preparados, ni por asomo, para contrarrestar tal calamidad.

Así las cosas, ya no son solo huracanes la amenaza para Sinaloa. Los temblores de tierra son cada vez más frecuentes y ahora este tipo de tormentas. Ya solo nos falta un tsunami.

Que Dios nos agarre confesados.

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CORTOS.- Notable activismo social del diputado federal Jesús Valdez Palazuelos. En fecha reciente donó equipo deportivo a la Liga de Campeones de Beisbol de Tercera Fuerza llamada SERDI. Amante de este deporte y deportista en general, Chuy Vadez sacó adelante este pendiente. Enhorabuena…AGENDELO.- Desde hoy miércoles, con un desayuno en el restaurant “Camichin” del Motel Tres Ríos, comenzaron los festejos por el cumpleaños del profesor José Silvino Zavala Araujo, secretario general de la sección 53 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. El evento magno, como ya lo adelantamos, el próximo sábado, en Guamuchil, con la presencia del líder moral de Enlace Cívico Magisterial, el senador Daniel Amador. Gracias por la invitación…ORALE.- En tanto, también para este jueves, en la Feria del Libro Mazatlán-2014, la presentación de la obra “Teoría y Prácticas de la Educación para Adultos”, cuyo autor es el licenciado José Angel Pescador Osuna, presidente del Colegio de Sinaloa y ex secretario de Educación Pública del gobierno federal. Enhorabuena… COLOFON.- Por hoy hasta aquí. Ya nos fuimos. Dios los bendiga.