¡Andy panda! Pa´que sepas quien manda: Breves y tristes crónicas del “macho power” guachicoleado.

Víctor J. Pérez Montes

¡Yo no soy la abusadora!

¡Yo no soy!Laura León¡

Vamos a ver, cómo es… el reino del revés!

Chabelo, circa 1148 A.C

…bien canijo con la Carmela.

En plenitud de fastuosa tarde de verano, cuando la mente y el cuerpo buscan el reposo anhelado -que bien me lo tenía merecido- después de una ardua semana de trabajo, tráfico y presiones cotidianas de la rutina laboral,- ¡ah! Porque eso de ser chofer de los camiones de la Coca, ¡está bien canijo!-.

¡Por fin!, unas horas de sagrado descanso para el macho alfa del hogar, sin faltar las habituales cervezoskys bien helodias, con la botanita de camarones y callito de hacha “a la imaginación” –o sea, salchichas con chile, limón y sal, porque no hay para más– la pantallita de 90 pulgadas – sacada fiada  a 98 mil meses con un 559% de interés en la Coppel- y ¡por supuesto!, el clásico del balompié nacional: Guadalajara vs América, -porque no me  alcanza para contratar los canales deportivos del cablevisión-.

En plena degustación de las mieles del triunfo, de mi condición de macho alfa  de mi reino llamado hogar;  y en el máximo momento en el que el partido de la guerra civil futbolera nacional hacía de sus mayores galas, como invocada del más allá, mi voluptuosa, morenaza y redondeada esposa- por no decirle choncha, prieta y fodonga vieja- aparecía a escena y con su melódica vocecita de ultratumba:

¡Casiano! ¿Cuándo vas a ponerte a pintar la cocina?, ¡Eh! ¡Ya llevas como 3 domingos con la misma cantaleta!, ¡Nomas te la llevas haciéndote menso!, así que en este momento ¡Apagas esa televisión y me pintas la cocina, pero de ya! Panzón vaquetón y mentiroso.

Después de tales palabras ofensivas a mi persona, por supuesto que no me iba a quedar sin replicarle algo a mi bien amada bodoquito de azúcar moscabado:

¡Carmela!, ¡Ya te dije que voy a pintar la cocina después del juego de futbol!, así que ¡Deja de fregarme y vete a ver qué haces! ¡Estoy viendo mi partido y te esperas!, ¿Entediste?

¡Ay nanitas! Nunca me imaginé, el resultado de mis imprudentes palabras y lo que me iba a pasar. Les cuento: Sin más, ni más, en fracciones de segundo, la Carmela desconecta la tele de manera violenta, me agarra de las greñas y que me pone en la cocina y como arte de magia, misteriosamente la cubeta de pintura ya estaba lista para empezar con los brochazos colorinos.

De la desgreñada cósmica que me aplicó, quedé todo mariado, que ni supe dónde quedó la botana y menos las chelas, lo único que alcancé a ver, fue la cara de la Carmela, con mirada de tiburón blanco al acecho, nomás se la llevó dando vueltas a la cocina y preguntando que como iba.

Las lagrimitas nomás me salían escuchando al vecino –que por cierto, ése si controlaba a su fiera- gritando y festejando los goles del clásico nacional, como niño regañado y con una recién pela de perro bailarín, pintaba la cocina, imaginándome cómo hubiera sido el disfrute de ese juego de futbol, acompañado de unas refrescantes cervezoskys y esa romántica botanita de callito y camarones a la imaginación. Y me decía asi mismo: ¡Pero nadie me dijo que me casara!, porque  está canijo, bien canijo con la Carmela!

Pánfilo Casiano: ¡Murió por la patria!

Pánfilo Otilio López Rateros, descansa en su máximo nivel morfístico, cuando de manera súbita y tempestuosamente, un zumbido diabólico va sacando poco a poco de su plácido y reconfortante sueño hacia esa realidad tirana –y que se ríe a carcajadas de nuestro ilustre amigo-.

De pronto, un grito desesperado –igualito como el Woltz, cuando gritaba  desesperada y aterradamente por su caballo, decapitado por los secuaces de Don Vitto Corleone-, nuestro buen amigo Pánfilo, empieza a llamar a su esposa Rutilia, entre llanto de terror y sorpresa demoniaca y exclama desde lo más profundo de su pecho: ¡Vieja pútrida, hija de la tiznada!, ¡Engendra  de tu Harry Putter!, ¿Qué me hiciste vieja loca? Preguntaba nuestro buen amigo, víctima de las habilidades estéticas  de su bien amada compañera de vida, que a la vez, veía como estaba inundado el suelo de cabello negro crespo –así como las canciones de la Guzmán-

En eso, la susodicha, aún con las tijeras en la mano y con una mirada entre loca y asesina de Halloween gringo, abre su bella y sensual boquita y dice: ¿Te lo dije o no te lo dije?, pelafustán bueno para nada! ¡Que quede claro que yo te di la opción!, ¡O te ibas a cortar las greñas con la Yuyis o yo te las cortaba!, ¡Sobre aviso no hay engaño!…así que: ¡Ahora te aguantas chiquito!, ¡Y ni modo!, porque ya te la sabes, y sí no te gusta… ¡La puerta está muy ancha, y todavía te cabe muy bien la panzota por ahí! ¡Inútil mantenido! ¡Y ahoritita te me pones a barrer tus cochinas greñas!

Nuestro buen amigo Pánfilo, solo bajó la cabeza, tomó la escoba y con gesto y actitud de perro regañado, infravalorado, apabullado y sobajado, con breves, pero efectivos movimientos “barreatorios”, recogía sus greñitas, al tiempo que las lagrimitas de coraje o de miedo –ve tú a saber cuál fue la razón- caían de su rostro y se mezclaban con sus cabellos mutilados.

Pero, ¿Cuál fue el resultado de ese detallito marital? Nuestro ilustre Pánfilo iba derechito y de manera religiosa, a la estética de la Yuyis, cada 15 días, y por supuesto Doña Rutilia encantada, porque su marido ya no era un inútil greñudo, ahora era un inútil con corte de cabellera formal. ¡Tan tan!

Maximino alias el ex “Barbas”

¿Qué sí que me pasó?, ¡Pos ya me rasuré!, me obligó mi vieja y de manera arbitraria y en contra de mi sacrosanta voluntad accedí, y les cuento como fue… Me dijo: ¡Me cae gorda tu barba fea!, ¡Pareces perro lanudo de la calle!, ¡Estás bien feo! Y con pelos en la cara, ¡Peor!, en estos precisos momentos, te me largas a la tienda de don Toya y te me compras un rastrillo y ¡Te arrancas esos pelos horribles imitación de jipi mariguano!, ¿Entendiste?

Y yo, con el alma enamorada dentro de mi corazón –como diría el buen Chalino Sánchez– y tratando de hacer valer mi masculinidad y hombría del macho alfa pecho peludo máximo jefe del clan familiar, me levanté y con voz firme y poderosa como trueno, como los que salían de la espada del He-Man, le dije: ¡Vieja! Yo me voy a cortar la barba cuando se me dé la rechiflada y regalada y soberana gana, ¿Entendiste mija?

En ese preciso instante, un vacío de silencio penumbral sofocó el ambiente, aquella atmósfera se tornó tétrica, infernal, como sí estuvieras en una de las películas del Exorcista y con presentimiento de que el tiburón te va a comer…

Aproximadamente, a los 18 minutos, 23 segundos para ser exactos, salí con mi dignidad de macho alfa pecho peludo máximo jefe del clan familiar “guachicoleado” ¡Hasta el mismísimo averno!, y por supuesto, ¡Con los cachetes como nalguita de neonato! Y sólo, con una mirada de satisfacción y orgullo –como de cazador de leones-, y por sobre todas las cosas, y lo más sorprendente, es que sin una sola palabra me mandó un mensaje claro y contundente: ¡Andy Panda!, ¡Pa´que sepas quien parte el queso en este clan familiar!”

Ramona y Romino: El dúo dinámico.

Sería algo así como las 7:44 am. El viejo portón del estacionamiento, hacía el acostumbrado ruido de la entrada y salida de automóviles de los vecinos del edificio. A los minutos, la puerta del departamento se abre de una manera estrepitosa, y la bella, escultural y elegante dama que entra por esa puerta, de pronto, y sin esperarlo, fue sorpresivamente interceptada por su abnegado y desvelado esposo. E inicia la épica y acalorada conversación:

-¡Buenas madrugadas Señora de este hogar! ¡Vaya! Hasta que se aparece la reina de esta su humilde morada, ¿Ya se acordó que tiene hijas y marido la Señora?

-¡Romino! ¡No estoy para estos espectáculos tan temprano!

-¡Claro!, pues si nunca estás para nada en este hogar, aquí me dejas solo todo el santo día y la santa noche, con mi alma en un hilo de mortificación, piense que piense que te habrá pasado, o con quien habrás estado en la noche.

-¡Romino! ¡No empieces con tus celos ridículos!

-¡Pero si no son celos! Son un sentido reclamo porque me tienes aquí abandonado, sin preocuparte de mí, nunca me sacas, siempre aquí entre pañales, barriendo, trapiando, de mercado en mercado, para hacerte gastar menos, y ni siquiera soy merecedor de una salidita o un pantalón o camisa nueva.

-¡Ya me hartaste Romino! ¡Siempre con esa cantaleta! Eso pasa por que eres un mantenido, que no hace nada de su vida y que siempre te la llevas encerrado aquí. Esperando recibir el dinero del gasto y pasártela viendo futbol en la televisión.

-¡Claro! Ahora la señora elegante y fina, me va a venir a reclamar que mis únicos momentos de distracción son malos, ¿Tu crees que no me doy cuenta que ya me perdiste el interés como hombre?, ¿En qué te convertiste Ramona?, ¡Tu que me hablabas de amores y buena vida!

Al momento, que Ramona levanta la mano en ademán para dar una bofetada a Romino, pero se detiene y le contesta al sufrido y amnegado marido:

-¡Me convertí en la esposa de un hombre que aumentó como 20 kilos de peso, gordo, panzón, siempre con las manos descuidadas, despeinado y con la ropa con manchas, porque desde que nos casamos, te la pasas queje y queje, además de apestoso a sal y pimienta. ¡Ya estoy harta! ¡Me largo con el otro!

-¡Si ándale vete con el otro!, ¿Crees que no sé qué te entiendes con el secretario de tu despacho?, ¿Crees que no me han contado que los ven saliendo juntos muy felices del cine?, y de otros lugares, que no voy a mencionar para no manchar la santa memoria de nuestras tres niñas, que en las noches preguntan por su madre!

Al tiempo que las niñas –de 5, 3 y 1 años respectivamente- empiezan a llorar por los gritos violentos de sus progenitores.

-¡Me avergüenzo de estar casada contigo Romino!, ¡Me largo para siempre!, ¡Quítate mugroso panzón!

-¡Si vete!, ¡Y nunca vuelvas!, pero eso si te digo, que a mis niñas, no te las llevas, porque ellas no son hijas tuyas, son solo mías, porque yo las hice solo, en 3 deslices que cometí porque tú nunca me has querido. ¡Mala esposa!, que como todas, ¡Eres brillo de la calle, pero, tinieblas de su propio hogar!

Y ahí quedaba tendido sobre el suelo, nuestro buen amigo Romino, llorando a grito abierto, desconsolado, y parafraseando al Divo de Juárez, quedaba solo, triste y abandonado. Y así fue.

Liborio Machuca Pacotilla: Diario de un acarreo anunciado

liborio machuca

¡No son acarreados… son transportados!

José López Portillo y Pacheco

Frase de campaña, 1975

La vieja cancha destartalada de futbol, con más pinta de viejo potrero, que de centro deportivo, era el epicentro de toda esa marabunta de ruido, gente extraña –obviamente no pertenecía a la colonia, que era el centro de toda esa algarabía-, los camiones de redilas, formaban valla, de donde parecía que no paraba de salir gente, como si fueran hormigueros, previo al invierno.

Las banderas tricolores, los anuncios y las mantas del candidato, empezaban a establecerse. El templete de madera, recién construido y pintado para el evento, era la muestra viva y palpable,  de que aquello, era todo un frenesí fugaz, pero efectivo previo a los comicios electorales.

Las enormes bocinas y la música estridente son el perfecto fondo de toda esta festividad popular. Todo ese mar de humanidad que se pintaba del mismo color, y en sus pechos el apellido del “bueno”, parecía la uniformidad cromática del momento. ¡Vota por  Don Rómulo Durán!, se escucha por todos lados. Los sombreros, las gorras, las camisas y las banderas reafirman al hombre: ¡Vota por Durán!, ¡Vota por el PPU!

El pegadizo y enfadadísimo “jingle” que fusilaba la melodía folclórica de la región, con palabras de exhortación a votar por el cacique del poblado era el pan nuestro de todos los días. ¡Vota por Don Rómulo!, ¡Vota PPU! ¡Caray! –Diría mi comadre Juanga, la de la frontera pues- como chiflan en la loma estos bandidos, como sí de verdad les importara la Gente, en fin, les sigo contando esta epopeya electoral-.

-¡Apúrale pinchi Liborio! ¡O no te doy los pinchis $200 pesos del apoyo, cabrón!

-¡Ahí voooy Chinto!, ¡Pero no seas maje!, con el apoyo no te metas güey, ya ves, que para que me lo dieran fui a volantear por todo el bulevar del Gato Pinto 6 horas y a bailar con la botarga del candidato en el crucero de las Coloradas toda la mañana y ¡me sales con eso! ¡No la chifles que es cantada pinchi Chinto!

-¡Pos yo no sé Liborio!, ahí tu sabes si quedas bien, porque si no, no te apunto en la lista, y ya sabes, que si no jalas, ¡te ahorcas en la colonia cabrón!, Ya ves que nos prometieron el pavimento y el drenaje, y por tu culpa no quiero que no nos hagan buena la promesa, así que, te pones la botarga y ¡A bailar cabrón!

Nuestro indignado e infravalorado amigo, con los ojos rojos y húmedos de coraje, por el “pasquincito” recibido por su líder de Colonia, moviliza su humanidad decrepita y huesuda, y sólo piensa en su mujer y los 6 chamacos que están en su casa -bueno, si al tendejón de láminas, palos y cartón se le puede llamar casa-  todos ellos descalzos, cosquillosos, piojosos,  panzones y lo peor hambrientos y, de pronto, dice para sus interiores:

…todo sea por ellos, ¡San Malverde adorado! Santo patrono de los pobres, desamparados y bien jodidos como yo, ¡Ora si! , ¡Haznos el milagro de que nos pongan aunque sea el drenaje en la colonia, y si puedes, que nos pavimenten la calle, en tus manos encomiendo mi alma.

Liborio empezó a “hacer show”, mientras él veía como la gente reía de las payasadas que se hacía como parte de la rutina ridícula y acartonada que entretenía a la multitud. Las carcajadas y los gritos acallaban la frustración y el rencor de nuestro amigo, cuyas llagas políticas supuraban y dolían, mientras había una supuesta esperanza de mejora en su colonia. Todo esto, claro está, dentro de esa apestosa botarga.

Llegaba el candidato, rodeado de una serie de lambiscones, todos ellos con radios y  con caras de esfinges duras, sin sentimientos. Por contraste, Don Rómulo Durán, hacía gala de su sonrisa, pícara, con fuertes tintes de lujuria –especialmente cuando pasaba a un lado de una muchacha guapa o alguna guapa edecán de la campaña-, daba la impresión de un verdadero cacique, que reclama para sí, todo el poder.

Pero, ¿Quién era nuestro ilustre candidato?, ¿De dónde había salido? Aquí el ridiculum vitae de nuestro ilustre candidato:

Nuestro buen e ilustrísimo candidato a la gubernatura del estado, era un bandido –perdón- un ilustre empresario chupasangre – ¡Otra vez se me chipoteó, perdón!-, era el cacique de San José de las Caguamas – no del pisto, sino de las tortugotas en el mar, que quede claro ¿eh?-  un pueblo perdido en la costa norte del estado.

Su familia había dejado de ser pescadores, y comprando unos billares y adquiriendo una concesión de venta de alcoholes, empezó en el negocio de los “restaurantes y turismo paupérrimo”, es decir, vendían botana, pescado y cerveza a los pescadores del lugar, y por supuesto, regenteaban a las prostitutas del lugar, por muchísimos años.  La familia Durán eso haría a la sombra de los diferentes caudillos y “licenciados” de la “Contrarrevolución” del estado, así que ya sabrán de dónde venía la fortuna de nuestro ilustre empresario.

¡Y bueno!, claro está sin mencionar los diferentes negocios de la producción, distribución y venta de mariguana, amapola y otros dulcecitos, que se venden por toneladas. Con las ganancias de “los peculiares negocitos”, se hacían legendarias las fiestas con artistas y bandas musicales en su hacienda “El Mapachón pardo”.

Es más, cuenta la leyenda popular y las malas lenguas, que por allá en el ´63-64, fueron contratados –por no decir obligados por los pistoleros de Don Chencho Durán, y que en el infierno descanse, padre de Don Rómulo Durán- un grupo de músicos ingleses y  greñudos que cantaban siempre gritando ye, ye, ye, a una fiesta privada de Rómulo en esa hacienda, -cuando éste estaba chamaco todavía-, así que ya sabrán cómo estaba el asunto desde esos años.

En fin, era todo un hombre de negocios. Y por si fuera poco, el amo y señor de la costa norte del estado, con hijos regados por donde fuera en la región, y también, quien disponía de miles de votos al partido oficial, el Partido del Pueblo Unido, el famoso y legendario PPU –por cierto, algunos decían que era el partido de los Pendejos unidos, usted juzgue sí eso es verdad-.

Era toda una verdadera experiencia escucharlo hablar y sobre todo escucharlo leer a nuestro “culto y refinado Don Rómulo Durán”. En todos los mítines a los que asistía nuestro ilustre hombre, daba muestras de la elocuencia  y facilidad de palabra, ¡no rebuznaba nuestro candidato, nomás porque la naturaleza de los hombres no es tal!, pero a décimas quedaba de serlo.

¡Las promesas de campaña!, esas si estaban de locura. Se comprometía a pavimentar todas las colonias populares del estado, ponerles agua y drenaje, parques comunitarios, y escuela en cada colonia. Aquello era alucinante, los acompañantes  de Don Rómulo, de pronto, trataba de bajarle el ánimo de sus promesas. Sin embargo, el viejo cacique hacía ademanes de “me vale”, y decía: ¡Yoprometo!, ¡Que cumpla, es otra cosa!

Las cosas así. De pronto nuestro antihéroe y abnegado militante del PPU, ve la oportunidad y con todo y botarga puesta, corre tras del candidato. Nadie trató de pararlo, pensaba el equipo de guaruras o gorilas del candidato, que era parte del show, sin embargo no fue así. Liborio se pone de frente al Don Rómulo y quitándose la parte de la cabeza del disfraz, y con voz de desespero y ansiedad entre voz gritona y lastimosa, le suplica:

-¡Don Rómulo! ¿Cuándo me va a pavimentar y poner agua en la colonia?

Nuestro ilustre politicazo, de manera muy hábil le responde:

-¡Amigo! ¡Gracias por venirme a apoyar!, sé que eres un elemento de mucha valía para mi campaña, ¿Cuál es tu colonia?

Liborio, con un nudo en la garganta, sintiendo que San Malverde siempre virgen, había escuchado sus rezos, le dice:

-¡Don Rómulo! Mi colonia es Lomas del Zopilote, en la entrada norte de la ciudad, por favor, sufrimos mucho, ¡Háganos la caridad!

-¡Amigo! Será la primera en la lista de las acciones de gobierno, ¡Escucha bien!, a partir del primer día de mi gobierno, voy a mandar la maquinaria para tu colonia, y tú nos vas a ayudar a coordinar a la Gente de allá. ¿Estamos?

No se dejaba esperar. Las lágrimas de felicidad y esperanza de nuestro enclenque amigo eran una realidad, al fin, tantos años de apoyar al PPU y ser el ganado de la Contrarrevolución al fin daban frutos. No podía esperar para llegar a su morada – y literalmente era morada su casa, porque le habían regalado una cubeta de pintura morada y así había pintado los palos y las láminas de su mansión tercermundo style– y decirles a su mujer y niños que al fin, la Contrarrevolución había hecho justicia a su familia.

Pues como ustedes ya se habrán imaginado. Las elecciones fueron un éxito para el fabuloso PPU, ¡El carro completo!, el cacique llegó al poder, y las acciones prometidas nunca llegaron. Nuestro estimado Liborio, todas las tardes iba y venía a las oficinas del PPU, preguntando por las acciones del gobierno y en especial por la pavimentada y el drenaje de su colonia. El milagro solicitado, por supuesto, que nunca llegó.

Los hijos de Liborio ya crecieron y se casaron, por cierto, uno ya está en la cárcel por robar gasolina y otro lo agarraron vendiendo mota a los chamacos de la colonia –que por cierto nunca pavimentaron-.

Liborio hace 5 meses quedó viudo, y su mujer nunca vio el milagro de la pavimentada, ni del drenaje por supuesto. Y su mansión sigue igual, bueno, de otro color, pero su arquitectura Pauperrime Decó , no ha variado. Pero, ¿Qué creen?, el buen Liborio sigue firme y fiel a nuestro gran Partido del Pueblo Unido, mitin que existe, mitin que asiste. Su humanidad ya no da para meterse en una botarga, pero en el volanteo, no hay quien le gane.

Nuestro ilustre compañero, ya no es la carne de cañón, no es un simple acarreado como él mismo lo dice, ahora es un flamante líder de colonia. Ahora él acarrea otros incautos y  ejerce la presión que alguna vez recibió. Él ya sabe que todo el circo electoral  y  el de las promesas, es eso, un circo. Una fantasía que hace soñar a los más jodidos y mientras más jodidos, más fáciles de acarrear.

Pero eso sí. Liborio siempre que inicia sus labores acarreadoras, se avienta un speech politiquero que reza de la siguiente manera:

¡Compañeros y compañeras! ¡Nuestro gran Partido del Pueblo Unido los necesita!, ¡La Democracia y el progreso social los requiere! Porque nuestro partido tiene un camino, que debe ser recorrido, y este es: ¡Permanecer en el poder, por siempre y para siempre!, porque mis amigos, ¡Nosotros no somos acarreados!, ¡Somos transportados! Transportados por nuestras dignas y puras convicciones democráticas por nuestro país. Por eso, pésele a quien le pese: ¡Que viva nuestro ilustre candidato!, ¡Que viva el Partido del Pueblo Unido!, pero sobre todo: ¡Que viva México! Gracias.

Huextengo de todos los Santos: Un camino al cielo o al infierno.

Víctor Javier Pérez Montes

Desde el cielo una hermosa mañana

La Guadalupana bajó al Tepeyac…

La Guadalupana, cántico religioso popular

-¡Córrele López!, ¡Éstos están bien locos!, ¡Y no entienden razones!

Sólo se podía escuchar la respiración agitada, la visión se había centrado en un plano frontal, en el que sólo se percibía el humo que salía de la boca y las fosas nasales. El frío de la madrugada hacía gala de un entumecimiento en las piernas de ambos misioneros, que por más que se esforzaban, sentían que no podían avanzar y escapar de la turba enfurecida.

-¡Delgado!, ¡No puedo respirar!, ¡No me dejes!, al momento que era víctima de un obseso terrible y asfixiante de tos, provocado por su condición de asmático que llevaba toda su vida, 19 años para ser exactos. Cuando de pronto, el Elder López, era jalado de manera tempestuosa, por su compañero el Elder Delgado, en un esfuerzo por no ser alcanzado.

-¿Dónde está el maldito inhalador?, ¿Dónde fregados lo metiste? Cuando terminaba de preguntar el Elder Delgado a su compañero, una piedra se estrellaba sobre su frente, de inmediato la sangre brotaba a chorros y caía inconsciente, por el fuerte impacto de la pedrada recibida en la sien derecha.

De pronto, una sombra de terror se apoderó del Elder López, y sin mayores fuerzas, pero, con una cara de espanto hacía movimientos con sus brazos, con actitud de súplica ante tales circunstancias, pero la muchedumbre no entendía y menos le importaba. La turba enardecida, solo quería vengar la afrenta recibida, al tiempo que le propinaban golpes con palos y piedras, puntapiés e insultos entre gritos maldicientes.

-¡Con qué odias  a la virgencita cabrón!, ¡Pos ora te vamos a enseñar a que la ames, hijo de la chingada!, ¡Hereje!, ¡Pinche hijo de Satanás!, ¿Por qué la odias?, ¡Si es tu madre, desgraciado cabrón!

Siete horas antes…

-¡Oye Delgado! Entonces mañana, ¿A qué horas tenemos que levantarnos para ir a tomar el camión a Tantoyuca?

-¡Pos yo creo que a las tres de la madrugada!, ¡Nomás hay que llegar temprano, para descansar! Mañana será un día pesado. Vamos a tener que cruzar todo el pueblo, para llegar hasta la parada de los camiones en la pura entrada de Huextengo.

Mientras estos dos misioneros iban camino a su departamento, iban planeando la forma más eficaz de aprovechar su tiempo y las actividades que realizarían como parte de su propia rutina. De pronto Elder Delgado entre broma y advertencia le decía a su compañero Elder López:

-¡López! , vale más que arregles tus cosas, no te vaya a pasar como la vez pasada, que se te olvidó tu inhalador, y andes con tu tos de perro y no puedas ni chambear, ¡eh!

-¡No! ¿Qué pasó Delgado?, ya aprendí la lección, se siente horrible no poder respirar y más con este clima que cala los huesos y más en la madrugada.

En efecto, esos dos misioneros llegaban a su departamento a las 09:00 pm, y como rutina exacta, al momento de entrar al departamento, se arrodillaban, oraban, terminaban su oración, uno de ellos empezaba a preparar la cena, el otro se metía a la regadera, terminaba de bañarse, salía de la regadera y el otro se metía a bañar.

A las 09:30 pm, empezaban a cenar, al terminar de cenar a las 09:45 pm iniciaban su actividad de planeamiento del día siguiente. A las 10:00 pm, cada uno hacía su oración personal y con las luces ya apagadas dormían. Solo el viejo poste de iluminación pública, reflejaba su tenue luz sobre la ventana del departamento de estos dos jóvenes misioneros.

Era exactamente las 03:00 de la madrugada, el despertador de manera intempestiva  cortaba de manera cruel el descanso de ambos jóvenes, que en el frío de la madrugada iniciaban su ritual de preparación para salir a la calle. Calentar un poco de agua para lavar sus caras y sus respectivas axilas, aplicarse el desodorante, afeitarse, poner un poco de loción y peinarse.

Ponerse los pantalones y la icónica camisa blanca y la corbata de color sobrio, eran la culminación de la rutina, que entre despiertos y medio dormidos realizaban día con día. Salían por fin del departamento a las 3:28, previo a ello, se arrodillaban en la puerta y ambos ofrecían una oración de gratitud y protección.

Ambos misioneros salían de su departamento, con paso firme y veloz. El frío intenso de la madrugada avivaba los sentidos. No había mucho que hablar. Las mandíbulas empezaban a estar un poco adoloridas, el viento frío que golpeaba las mejillas de manera contundente, dejaba en ambos jóvenes un pequeño tic de temblor en la boca. En esos primeros minutos de caminata, sólo había un deseo de permanecer acostados en sus propias camas.

De pronto, el Elder Delgado, le hace una pregunta a su compañero Elder López: ¡Oye López!, ¿Nos vamos por el puente o por el lado del Viejo Barrio?, Elder López sin pensarlo le contestó: ¡Por el puente Delgado! Nos vamos a ahorrar como 20 minutos de caminata!

Aquella pareja de misioneros tomaron la decisión de irse por el camino del puente. No era nada extraño que durante todo el mes de diciembre, todo el pueblo tuviera música con banda y ruido de cohetes. La peregrinación de la Virgen de Todos los Santos era un ritual que se mezclaba con las obligaciones de tipo comunal que tenían los pobladores del lugar y de los pueblos de alrededor del mismo.

Dos días antes, hubo un incidente grave, entre un grupo de católicos  y un grupo de evangelistas. El motivo fue – y como siempre había sido- un desacuerdo de tierras, y como si fuera poco, la cuestión religiosa era un ingrediente más que abonaba a viejas rencillas, que iban desde insultos hasta machetazos. Aquella ocasión habían resultado 7 muertos y 13 heridos.

Era  algo muy común, que las diferentes comunidades alrededor del antiguo pueblo de Huextengo, se tuvieran dificultades durante todo el año, pero, iniciando el mes de diciembre, esta situación se volvía aún más caótica. Intolerante  era el adjetivo que más se apegaba a la realidad existente en aquellas comunidades, especialmente en ese mes.

Esos días eran algo muy raro. El ambiente era tenso. Aquellas procesiones eran literalmente unas bombas de tiempo, que con la más mínima provocación, la violencia estallaba de inmediato, sacando a relucir los más profundos resentimientos de esa gente hacia quienes pensaban de manera diferente. Por lo que se convertían en los enemigos jurados, y había que castigarlos o exterminarlos.

De pronto, el Elder López le preguntaba al Elder Delgado: ¡Oye Delgado!, ¿Por qué habría tanto alboroto para el lado del Barrio Antiguo hace 2 días? Elder Delgado  solo contestaría con una cara de ignorancia, y sin dar mucha importancia, casi rayando en la indiferencia, le respondería: ¡Sabe! ¡Aquí la Gente es muy rara!, reacciona muy diferente de cómo estamos acostumbrados.

Ambos misioneros eran oriundos del estado de Chihuahua. Elder López era de Delicias y Elder Delgado de Ciudad Juárez. Las diferencias de orden cultural y religioso, de sus lugares de origen en comparación con al lugar en que estaban asignados, -como lo era éste estado del centro del país-, tanto para vivir como predicar otro tipo de cristianismo, -diferente al catolicismo-, literalmente hacía de aquella experiencia todo un reto de vida.

Aquellos dos jóvenes misioneros, empezaron a cruzar el camino del puente viejo, a medida que avanzaban se podía sentir que algo muy raro podría pasar. A unos 20 metros se podía ver la muchedumbre de la procesión, entre músicos y demás acarreados. Muchos de éstos estaban evidentemente alcoholizados y desvelados. Aquello era una bomba de tiempo.

De pronto, y sin motivo aparente, algunas personas de la procesión empezaron a murmurar:

–¡Ésos no quieren a la madre de Dios!, ¡Ésos son los que mataron  a los de San Vicente!, ¡Ellos son los que nos quieren quitar nuestra religión!”. De pronto, uno de ellos empezó a gritar: ¡Mátenlos a pedradas!, ¡Nos quieren robar a nuestra Madre!

Como si esto hubiera sido esperado por toda la muchedumbre, de inmediato, todos los hombres y las mujeres, empezaron a agarrar piedras y palos, y como una cascada de pedernal, empezaron a lanzarla sobre los jóvenes misioneros. Inmediatamente, éstos empezaron a correr, impregnados de horror en sus rostros, sin tener una idea exacta de lo que había ocurrido.

En un intento desesperado, uno de los misioneros gritó, tratando de razonar con la enardecida turba: ¡Amigos!, ¡Nosotros les respetamos sus creencias!, ¡No queremos ofenderlos! En esos momentos críticos, y con una tensión infernal, Elder Delgado le gritó al Elder López:

-¡Córrele López!, ¡Éstos están bien locos!, ¡Y no entienden razones!

Sólo se podía escuchar la respiración agitada, la visión se había centrado en un plano frontal, en el que sólo se percibía el humo que salía de la boca y las fosas nasales. El frío de la madrugada hacía gala de un entumecimiento en las piernas de ambos misioneros, que por más que se esforzaban, sentían que no podían avanzar y escapar de la turba enfurecida.

-¡Delgado!, ¡No puedo respirar!, ¡No me dejes!, al momento que era víctima de un obseso terrible y asfixiante de tos, provocado por su condición de asmático que llevaba toda su vida, 19 años para ser exactos. Cuando de pronto, el Elder López, era jalado de manera tempestuosa, por su compañero el Elder Delgado, en un esfuerzo por no ser alcanzado.

-¿Dónde está el maldito inhalador?, ¿Dónde fregados lo metiste? Cuando terminaba de preguntar el Elder Delgado a su compañero, una piedra se estrellaba sobre su frente, de inmediato la sangre brotaba a chorros y caía inconsciente, por el fuerte impacto de la pedrada recibida en la sien derecha.

De pronto, una sombra de terror se apoderó del Elder López, y sin mayores fuerzas, pero, con una cara de espanto hacía movimientos con sus brazos, con actitud de súplica ante tales circunstancias, pero la muchedumbre no entendía y menos le importaba. La turba enardecida, solo quería vengar la afrenta recibida, al tiempo que le propinaban golpes con palos y piedras, puntapiés e insultos entre gritos maldicientes.

-¡Con qué odias  a la virgencita cabrón!, ¡Pos ora te vamos a enseñar a que la ames, hijo de la chingada!, ¡Hereje!, ¡Pinche hijo de Satanás!, ¿Por qué la odias?, ¡Si es tu madre, desgraciado cabrón!

La muchedumbre enloquecida los hicieron sus presas. Los golpes, las patadas, los escupitajos, insultos y gritos, ahogaban los intentos de súplicas de sus víctimas. De pronto, uno de los hombres sacó una cuerda y empezó a atarlos de las manos y de los tobillos, otro empezaba de manera espontánea  a quemar unas tablas y cartones, iniciando una hoguera.

Unas mujeres empezaron a gritar al unísono: ¡Quemen a esos cabrones infieles!, ¡Quémenlos!, ¡Quémenlos!, ¡Quémenlos! De repente, toda la muchedumbre inició a coro en repetición contundente y siniestra: ¡Quémenlos!, ¡Quémenlos!, ¡Quémenlos!

A la distancia se empezó a escuchar un sonido de sirenas: ¡Ahí viene la policía!, de inmediato la turba desapareció, en cuestión de segundos. La Policía nunca llegó, era el sonido de una ambulancia, que había cruzado a unas cuadras del puente.

Los cuerpos de ambos misioneros estaban en el piso húmedo y frío. Los rayos matutinos del alba mostrarían las diferentes heridas producidas por los violentos golpes de apenas unas horas previas. El reloj marcaría las 06:46 de la mañana, cuando uno de los vecinos del lugar, llamaría a la Cruz roja.

A los 15 minutos aproximadamente, una de las ambulancias llegaría a levantar los cuerpos de ambos jóvenes, cuya humanidad violentada era totalmente irreconocible. En la clínica local serían estabilizados, pero ambos jóvenes serían trasladados inmediatamente a la capital del estado.

Nadie hablaba del incidente. Increíblemente, la apatía mezclada con el fanatismo, eran otra vez los ingredientes de tales sucesos. Era como si hubiera sido un mal sueño, algo tan real, pero a la vez inimaginable, que lo mejor era olvidar.

Esa misma mañana, en la misa de las 8:00 am, el sacerdote en la antigua parroquia colonial del lugar, cuya permanencia marcaba el antiguo centro del pueblo de Huextengo, oficiaba la misa y en su sermón matutino decía las siguientes palabras:

-Sé que algunos de ustedes son buenos cristianos. Sé que darían la vida por nuestra Santa Madre Iglesia, ¡Hijitos míos!, ¡Éstos son tiempos peligrosos!, y el Diablo y sus servidores, anda entre nosotros para destruir nuestras sagradas creencias, y quieren violar  y desacralizar a nuestra Madre eterna, ¡Nuestra Señora de todos los Santos!

-Yo los absuelvo ¡No del pecado!, porque no hicieron ningún pecado al castigar a esos servidores del Diablo, sino de la imprudencia de haber corregido un poco violento a esos hijos de Mahoma, del Infierno, que enseñan en contra de nuestra Santa Madre Iglesia.

Y el sacerdote continuaba con su sermón:

-¡Ellos labraron su castigo, y su castigo es real!, ¡Defendamos a nuestra Madre Iglesia!, ¡Defendamos a nuestra Madre de todos los Santos!, ¡Defendamos a Dios Nuestro Señor!, ahora hijitos míos…Recemos por esas dos almas descarriadas, esclavos del Diablo y sus lujuriosas pasiones.

Al tiempo de terminar su sermón, un silencio apenas disfrazado por el rezo comunitario del “Padre nuestro”,  inundaba  aquella parroquia con un sentimiento de complicidad impune. Entre el humo de los cirios y la penumbra que apenas dejaba vislumbrar la figura encorvada del sacerdote, que al tiempo de perdía entre las sombras del atrio de la Iglesia, y que jamás se investigó sobre el penoso asunto.